La historia es la memoria compartida de la humanidad, no un arsenal para las disputas políticas del presente. Cuando un dirigente habla sobre las civilizaciones desde un escenario histórico, asume una responsabilidad que trasciende la política cotidiana: ser fiel a la verdad y evitar sembrar enemistad entre los pueblos. Invocar a Jerjes y las guerras entre Persia y Grecia para construir una imagen denigrante de los iraníes no constituye un ejercicio de comprensión histórica, sino un uso selectivo del pasado.





