
Gabriel Sosa Plata*
La extrema derecha no sólo crece en las urnas en el mundo, sino que también se expande en las pantallas con discursos que vulneran derechos humanos y derechos de las audiencias. La diferencia es que no en todos los países las autoridades regulatorias se quedan con los brazos cruzados. Tomemos lo ocurrido recientemente en Francia y comparémoslo con México.

En el país europeo existe un canal llamado CNews, que en 2025 se convirtió en la señal de noticias continuas más vista de Francia. Alcanzó una participación de audiencia de 3.4 por ciento, frente al 2.8 por ciento de BFM TV, de acuerdo con datos de Médiamétrie.
CNews forma parte del conglomerado mediático del empresario Vincent Bolloré. Su agenda editorial se focaliza en la inmigración, la inseguridad, el islam, el descrédito de la izquierda y la desconfianza hacia las instituciones judiciales y europeas, con coberturas que coinciden con la visión de la Agrupación Nacional, de Marine Le Pen. Ya se imaginará el tono de sus “noticias” y debates.
Pues bien, lo interesante es la manera en cómo intervino Arcom, la autoridad reguladora de la comunicación audiovisual y digital.
Desde 2024, y por resolución del Consejo de Estado francés, Arcom amplió su método para evaluar el pluralismo. Ya no debía limitarse a contar los minutos concedidos a dirigentes y partidos políticos. También tenía que observar las intervenciones de conductores, comentaristas, panelistas e invitados, así como los temas elegidos, los encuadres utilizados y la existencia de una contradicción real.
Después de una denuncia presentada por Reporteros sin Fronteras en enero de 2026, Arcom examinó una muestra de 168 horas de los programas informativos de mayor audiencia de CNews, que en conjunto concentraban más de la mitad de la audiencia del canal durante marzo de 2025.
La autoridad identificó cada uno de los asuntos discutidos, los clasificó mediante una nomenclatura temática internacional y analizó los puntos de vista expresados y la posibilidad efectiva de confrontarlos. No se trató, por lo tanto, de revisar una frase aislada o un programa particularmente polémico, sino de estudiar la programación durante un mes completo.
¿Qué encontró?
Las categorías “política e instituciones” y “criminalidad y justicia” aparecieron 263 y 243 veces, respectivamente. Juntas representaron alrededor de la mitad de todas las menciones registradas. Los cinco temas dominantes fueron la seguridad, la guerra entre Rusia y Ucrania, La Francia Insumisa (partido francés de izquierda), las relaciones franco-argelinas y la vida política.
En más de tres cuartas partes de las secuencias sobre esos temas, las personas participantes expresaron, con pequeñas diferencias, el mismo punto de vista. Cuando aparecía una posición distinta, generalmente quedaba aislada, disponía de menos tiempo o era descalificada por el conductor o por el resto del panel.
Arcom también observó que los hechos se presentaban brevemente antes de dar paso a largos comentarios; que los colaboradores habituales tenían mayor peso que especialistas externos, y que los editoriales de los conductores definían desde el inicio la orientación del debate. Esa interpretación era retomada por los panelistas e incluso reproducida en otros espacios del canal a lo largo del día.
La reiteración construyó un mismo marco general. La inmigración y el islam aparecían asociados con la inseguridad; la actuación del gobierno y de la Unión Europea era cuestionada sistemáticamente; predominaba la desconfianza hacia el Poder Judicial, y La Francia Insumisa (que fundara Jean Luc Mélenchon) era presentada recurrentemente como una amenaza política.
El 12 de junio de 2026, Arcom concluyó que existía un “desequilibrio manifiesto y duradero” y apercibió formalmente al canal. No la multó, pero sí representó un paso previo a una eventual sanción si la conducta se repite. CNews rechazó la resolución y anunció que la impugnaría.

La decisión de Arcom reconoce expresamente que un medio puede tener una línea editorial, privilegiar ciertos temas y transmitir programas de opinión. Tampoco exige que cada debate tenga una representación aritméticamente equilibrada. Lo que no permite es la sobreexposición estructural de una sola corriente de pensamiento en el conjunto de la programación.
Y para quienes afirman que se trata de una persecución contra la derecha, hay un dato adicional. Arcom también apercibió a Radio France por subrepresentar a la Agrupación Nacional (partido político de derecha, fundado por Jean-Marie Le Pen) y anunció que vigilará el pluralismo en las cuatro cadenas nacionales de información continua. La regla, al menos formalmente, se aplica a todas.
En México observamos un proceso comparable, pero con resultados muy distintos.
Tomemos de ejemplo a TV Azteca. Sus espacios informativos han reducido cada vez más la distancia entre los intereses empresariales de su propietario y su activismo político. Ricardo Salinas Pliego no oculta su participación en la llamada “batalla cultural”. En septiembre de 2025 lanzó el Movimiento Anticrimen y Anticorrupción, el MAAC, y ha utilizado sus propias plataformas para promover sus diagnósticos muy críticos sobre el gobierno, el “comunismo” y la necesidad de una movilización opositora.
La cobertura de TV Azteca reproduce con frecuencia esos planteamientos sin una distancia periodística reconocible. Uno de los episodios más burdos ocurrió en 2023, cuando Javier Alatorre presentó en Hechos Noche los libros de texto gratuitos como un supuesto “virus comunista”. ¿Lo recuerda?
La estrategia no termina en la televisión. Está documentado que Salinas Pliego invitó públicamente al desprestigiado español Javier Negre a trasladar a México su proyecto mediático. Negre abrió en enero de 2025 la edición mexicana de La Derecha Diario y reconoció que lo hizo como respuesta a esa invitación. Se trata de un portal nacido en Argentina y extendido a distintos países para participar abiertamente en la “batalla cultural” contra la izquierda.
La operación mediática se expande mediante videos, fragmentos de programas de televisión, portales ideológicos, cuentas de influencers y redes coordinadas que reproducen los mismos mensajes.
Hace algunos días tuve la oportunidad de entrevistar en Media 20.1 a Fernando Buen Abad, doctor en Filosofía, rector internacional de la Universidad Internacional de las Comunicaciones y director de la Cátedra Internacional Seán MacBride.

Para él lo ocurrido en México es un fenómeno presente en el mundo, en el que el arsenal mediático monopólico se organiza y se despliega cada vez más en todos sus frentes camuflados como entretenimiento, como iglesias mediáticas, como noticiarios, y cuya característica más importante es que lo hacen con una visión de derecha.
Ese camuflaje es fundamental, nos dice. La propaganda deja de reconocerse como tal cuando adopta la apariencia de información, debate o entretenimiento. La guerra mediática y cognitiva, dijo, no busca únicamente ganar votos. Pretende apropiarse de los significados, explotar miedos y fijar los límites desde los cuales una sociedad interpreta la realidad.
¿Qué hacer ante un escenario así?
No se trata de copiar mecánicamente el modelo francés, pero sí de aprender de sus alcances. Francia cuenta con una autoridad pública independiente que puede examinar periodos completos de programación, identificar coberturas persistentes, analizar la diversidad real de participantes y actuar cuando encuentra desequilibrios estructurales.
En México todavía no existe un estudio institucional equivalente sobre TV Azteca ni sobre otros medios comerciales y públicos. Con el diseño regulatorio actual, difícilmente existirá.
Los Lineamientos Generales para la Protección de los Derechos de las Audiencias, publicados por la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones el 28 de agosto, recuperan obligaciones elementales pero necesarias. Entre ellas se encuentran distinguir información de opinión, identificar la publicidad, contar con códigos de ética y defensorías, publicar sus recomendaciones y garantizar un procedimiento para atender las quejas.
Sin embargo, la propia CRT ha insistido en que no calificará contenidos y que su intervención se limitará a asegurar el cumplimiento del procedimiento. Tenemos, entonces, derechos que proclaman la pluralidad y la veracidad, pero carecemos de un mecanismo institucional capaz de analizar si una televisora excluye sistemáticamente otras perspectivas o convierte la programación informativa en propaganda.
Se trata, como ya hemos dicho, de lineamientos muy ligeros y aun así se desató un escándalo, sobre todo entre medios que no están muy lejos de las prácticas editoriales identificadas en CNews.
Defender los derechos de las audiencias y realizar un análisis como el de Arcom sería de gran utilidad en momentos en el que comienza un nuevo proceso electoral. Esto no significa censurar a la derecha ni a los medios que han sido calificados de “oficialistas”. Significa impedir que una concesión incumpla su función social, que la propaganda se disfrace de noticia y que el pluralismo sea reducido a una simulación.
Qué gran ejemplo nos aporta el estudio de Arcom; aquí lo puede consultar: https://www.arcom.fr/presse/pluralisme-des-courants-de-pensee-et-dopinion-mise-en-demeure-de-cnews
*Profesor e investigador de la UAM-X. Defensor de audiencias de Radio UdeG y Canal 44.





