Colaboradores
El miedo y la satanización de la ética
Fotógrafo y editor de su propia revista, el entusiasmo de mi colega era exultante mientras me contaba cómo extorsionaba alcaldes. Fixer improvisado, cuando mi guía formal –un académico local– tuvo que ausentarse por un día, aceleraba su destartalado auto mientras me conducía por un tramo de alto riesgo en la frontera chica de Tamaulipas. De pronto, sacó debajo de su asiento un fardo de publicaciones que ilustraban el trato a los funcionarios: portadas lisonjeras para quienes le compraban su complacencia; vejatorios encabezados que enmarcaban imágenes desfavorables de aquellos que se resistieron al chantaje. Y sonreía, orgulloso de su mala leche cultivada como género periodístico, la calumnia como modelo de negocio.










































































