Rafael Aviña*
El cine y el fútbol son quizá las expresiones populares de mayor arraigo y las que más pasiones despiertan en los espectadores. Lo curioso, es que de todos los deportes trasladados a la pantalla grande, justo es el balompié el menos afortunado. El fútbol y el cine se llevan poco y combinan mal.
Sin duda, la imagen cinematográfica es capaz de transformar cualquier evento deportivo en una epopeya o dramática, como lo muestran los momentos climáticos de filmes como: Rocky (John G. Avildsen, 1976) y Carros de fuego (Hugh Hudson, 1981) con temas boxísticos y de atletismo.
Al igual que en: El número uno (Tom Gries, 1969) con Charlton Heston como quarterback de los Santos de Nueva Orleáns y en las dos versiones de Golpe bajo (Robert Aldrich, 1974 y Peter Segal, 2005), con Burt Reynolds y Adam Sandler, respectivamente, también como mariscales de campo, liderando a equipos de reclusos sin redención que se enfrentan a sus custodios.
El fútbol soccer –al igual que la selección de México- está muy lejos de alcanzar esos clímax y alardes epopéyicos en la pantalla. De entrada, por simples elementos de tiempo y suspenso. En el fútbol no existen los dos minutos finales. Tampoco hay campana que detenga los ya de por sí vertiginosos rounds. No existe un disparo que corta la respiración y marca la salida para jinetes y corredores. Ni la emoción de una bola que se va del diamante hacia las gradas. Menos aún, la violencia extrema y circense acompañada de sangre, sudor y músculos a reventar sobre los encordados de un cuadrilátero como sucede en La bestia magnífica (Chano Urueta, 1952), o en El luchador (Darren Aronofsky, 2008).
Con todo, el fútbol ha sabido instalarse en el cine, aprovechando justamente el impacto popular que genera y en ocasiones, colocando a los ídolos de la afición como improvisadas estrellas o comparsas de tramas regulares o mediocres. Aunque, no todo está perdido en el “el juego del hombre”, como le llamaba el gran poeta de la crónica deportiva, Ángel Fernández (“Me pongo de pie”), colega de otros grandes como: Jorge Sonny Alarcón, Antonio Andere y Fernando Marcos.
Sin tratarse propiamente de un filme futbolero, Mi pie izquierdo (1989) de Jim Sheridan ofrece una de las mejores y más emotivas es cenas de una cascarita callejera. En ella, Daniel Day-Lewis paralítico cerebral la hace de guardameta en un filme antisolemne que evita la conmiseración del minusválido.
Richard Harris protagonizó y dirigió una insólita cinta de ambiente futbolístico sobre una estrella del balompié idealizado por un joven en El desengaño (1971). En cambio, el documentalista Francois Reichenbach se adentró en la cultura del fanatismo a través de la máxima figura del fútbol mundial, Pelé (1976); un relato a medio camino entre la ficción y el documental como lo intentó Alberto Isaac en Fútbol México 70. Asimismo, una escena memorable es aquella de Liberto Rabal y Javier Bardem en silla de ruedas quienes dejan momentánea mente su agria discusión por un golazo del Real Madrid en Carne Trémula (1996) de Pedro Almodóvar.
Pocos son los filmes destaca dos que incluyen en su trama la pasión futbolera, sin embargo, algunas referencias futbolísticas funcionan de manera inquietante en algunas tramas que poco o nada tienen que ver con el deporte: es el caso de la ganadora del Óscar a la mejor cinta de habla no inglesa, El secreto de sus ojos (Juan José Campanella, 2009): la escena en el estadio, o las cartas del asesino en las que hace referencia a jugadores del Racing.
En uno de los diálogos del guion escrito por Eduardo Sacheri se dice: “En Argentina uno puede cambiar de cara, de nombre, de familia, de Dios, pero hay algo que no puede cambiar: de pasión.” El asesino y violador de una joven se vuelve visible debido a su pasión por el Club de Avellaneda.
Algo similar sucede con otro relato argentino ambientado durante la instalación de la dictadura militar a fines de los setenta: Cordero de Dios (Lucía Cedrón, 2008), en el que, a través de idas y venidas en el tiempo presente, la acción se detiene en 1978 durante el campeonato mundial de fútbol en Argentina que coincide con la extraña muerte de un cronista deportivo y activista político, en una historia sobre el duelo y la memoria.
En la también argentina, El camino de San Diego (2006), su realizador, Diego Sorín, elige un tono a medio camino entre el documental antropológico y cierto realismo mágico con un humor agridulce, para contar la vida de Tatí, un fanático del astro Maradona, quien se ha tatuado el 10 en la espalda y lleva siempre la camiseta de Diego: el nombre que le pondrá a su próximo hijo, justo cuando es despedido de su empleo y por ello acaba aprendiendo el oficio de la madera. Un día, Tati descubre una raíz de un árbol con la forma de Maradona en los momentos en que el jugador ingresa a la clínica Suizo-Argentina en Buenos Aires para restablecerse y el protagonista decide atravesar el país para homenajearlo con su regalo.
Esa anécdota de la clínica suiza se encuentra en el filme de Paolo Sorrentino La juventud (2015), un filme sobre el ineludible paso del tiempo donde lo último que nos mantiene jóvenes son las emociones y el coraje de seguir mirando hacia adelante. Así lo entiende el anciano y retirado director de orquesta (Michael Caine), empeñado en mantenerse alejado del mundo, cuando su mejor amigo, un viejo y vital cineasta (Harvey Keitel), toma una contundente decisión al enterarse de que su proyecto se viene abajo.
Aquí, la juventud está más allá del cuerpo espectacular de Miss Universo (Madalina Diana Ghenea), de una masajista que prefiere tocar a hablar, de adolescentes que idolatran al astro Maradona tremendamente obeso, está el mecerse en el precipicio: la pasión por encima de la melancolía.
En Fue la mano de Dios (2021) Sorrentino regresa a Maradona. En el turbulento Nápoles de la década de los ochenta, existe sitio para festivas sorpresas como la llegada del legendario futbolista argentino Diego Maradona al club de fútbol napolitano y para una tragedia igual de imprevista.
El destino interpreta su papel, la alegría y la desdicha se entrelazan en el futuro del joven Fabietto Schisa: es la historia de su angustia y liberación. En 1986, el año en que Maradona anotaba aquel polémico gol con la mano en el Mundial de futbol en México en el partido Argentina vs Inglaterra. Todas las anteriores se encuentran en el extremo de relatos de fórmula como: Escape a la victoria (John Huston, 1981) con Sylvester Stallone, Michael Caine, Max Von Sydow y veteranos futbolistas como Bobby Moore, Osvaldo Ardiles y Pelé. Al igual que Gol (Danny Cannon, 2005), Gol 2 viviendo el sueño (Jaume Co llet-Serra, 2007) y Gol 3 (Andrew Morahan, 2009), con Kuno Becker como Santiago Munez/Muñiz, joven mexicano de orígenes humildes que termina como astro del balompié empezando desde abajo, en clubes como: Newcastle United y Real Madrid, así como en la Copa del Mundo en Alemania 2006.
Verdaderos ídolos del fútbol como Edson Arantes do Nascimento, Pelé, aparece en varios filmes brasileños y en el documental dirigido por Francois Reichenbach, al igual que Garrincha, estrella de Garrincha: alegría del pueblo (1961) de Joaquim Pedro de Andrade. Lo mismo ocurre con el francés Eric Cantona quien ha trabajado en varias cintas de ficción, entre ellas, Buscando a Eric (2009) del británico Ken Loach, centrada en un cartero fanático del Manchester que inesperadamente se topa con su ídolo, Cantona.
Al igual que el ex rudísimo delantero británico Vinnie Jones, a quien se le ve en: Juegos,Trampas y Dos Armas Humeantes y Cerdos y Diamantes, XMen 3, Tiro penal y encarnando al aterrador carnicero asesino de El expreso de la muerte/ El tren de la carne de medianoche. El también inglés David Beckham, aparece brevemente y es la inspiración de Keira Knightley en la agradable cinta de fútbol femenil: Jugando con el destino/ Quiero ser como Beckham (2002).
Finalmente, un par de reflexiones nostálgicas sobre la guerra y el fútbol: El Portero (1999) del español Gonzalo Suárez, sobre un guardameta de Primera División obligado a deambular en pequeños pueblos a causa de la guerra civil y cuyo espectáculo consiste en retar a los aldeanos a meterle un gol en improvisadas porterías.
Y El milagro de Berna (2003) de Sonke Wortmann, relato-homenaje a la Selección alemana de fútbol que ganó el Campeonato Mundial en 1954, en los momentos en que la Unión Soviética repatría a sus prisioneros de guerra, entre ellos, el padre de un niño alemán fanático del fútbol que ha encontrado como sustituto paterno al goleador Helmut Rahn, quien lo adopta como mascota.
Epílogo
De entrada Rudo y cursi (México, 2008) dirigida y escrita por Carlos Cuarón, intentó recuperar el impacto de Y tu mamá también (Alfonso Cuarón, 2001), trastocando a los amigos interpretados por Diego Luna y Gael García Bernal en dos empobrecidos hermanos con sueños guajiros en una suerte de fantasía provinciana/citadina armada a través de viñetas.
Da igual que la empresa platanera de Tlachitlán donde trabaja Beto El Rudo Verduzco (Luna) y su carnal Tato (García), hijos de padres distintos, se encuentre en Tabasco o Colima o en el norte del país ya que la mescolanza de acentos norteños y caribeños resulta apabullante. No obstante, la rutinaria vida de los Verduzco dará un giro al encontrarse con Batuta (Guillermo Francella), un entusiasta argentino transa, descubridor de talentos futbolísticos que recorre los pueblos del país en busca del “diamante en bruto”.
En ese sentido, Rudo y cursi remite a El fabricante de estrellas (Giuseppe Tornatore, 1995), pero en el ambiente del fútbol llanero. La ilusión de Beto es convertirse en portero profesional y la de Tato en cantante “grupero” a pesar de su talento futbolístico. De hecho, es a él a quien se lleva Batuta y lo transforma en el novato del año con el apodo de “Cursi” y esa fama le abre las efímeras puertas del estrellato musical pero su ingenuidad e ignorancia serán su perdición, como la de Beto su manía por las apuestas y la droga.
Se trata de un divertimento con algunos momentos jocosos: el videoclip, el bautizo en las regaderas, la escena del circo, el penalti, el anillo de compromiso. Una visión del fuereño que intenta hacerla en grande en la capital y acaba como empezó con el deporte y el negocio del fútbol como telón de fondo.
*Escritor y crítico de cine





