Apenas unos meses después de que la capital jalisciense captara la atención internacional por haber sido sede de la Copa Mundial de la FIFA 2026, el estado vuelve a ocupar los titulares, pero esta vez por una razón muy distinta: el creciente descontento social ante la calidad del agua potable y la represión de manifestaciones ciudadanas que exigen soluciones a la crisis hídrica.





