La Ciudad de México está a las puertas de uno de los eventos internacionales más relevantes de su historia reciente: el Mundial de Futbol 2026. No se trata solo de un escaparate deportivo, sino de una prueba mayor sobre cómo se gobierna, planea y defiende una ciudad frente a intereses que, históricamente, han privilegiado la ganancia de unos cuantos sobre el bienestar colectivo. En ese contexto, el Plan General de Desarrollo (PGD) no solo es necesario: es inaplazable.





