A la caricatura política de izquierda, se le reconoce por su ácida crítica y aguda observación de la realidad nacional. Por eso cuando a la caricatura se le imprime movimiento y se convierte en documental, aquella producción pierde su solemnidad y se puede convertir en documental acerca de algún afamado caricaturista, “el mejor de México” para sus más cercanos colegas.





