Mi hija Sandra Daniela es fan de BTS, al igual que millones de jóvenes en todo el mundo.
Quizás ese vínculo se explica, en parte, por las letras de sus canciones, que hablan de ansiedad, soledad, presión social, autoestima y amor propio, temas poco habituales en la industria tradicional del pop juvenil, pero también porque ofrecen un espectáculo visualmente muy poderoso con coreografías milimétricas, narrativas audiovisuales complejas y una estética que mezcla cultura asiática con referencias globales.
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