El domingo 28 de noviembre fue el día escogido por WikiLeaks para lanzar los cables que han desnudado a la diplomacia estadunidense poniendo de relieve al mundo tal y como lo perciben sus diplomáticos. Desde entonces, periodistas de cuatro diarios y de una revista, elegidos por la web que dirige Julian Assange, contextualizan los datos fríos que contienen los 250 mil telegramas enviados al Departamento de Estado. Se destapan insultos, presiones, complots, amenazas o apologías. Alrededor del mundo son muchos y poderosos los afectados directa o indirectamente por la información. La presión a la que es sometida la web y, en especial, su fundador, es brutal. Sin quererlo, entonces, WikiLeaks crea dos bandos: los que están con ellos y los que están contra ellos. El primer golpe vino por parte de Amazon, una compañía estadunidense que ofrece servicios de alojamiento para webs. Luego, la empresa encargada de la gestión de sus dominios, EveryDNS.net también la expulsó. PayPal, dedicada a la transferencia de dinero por internet, le suspendió sus servicios. VISA, Moneybrooker, PostFinance y Master Card cerraron las cuentas utilizadas para recibir donaciones. Incluso, Twitter fue acusada de no incluir la página en sus listas.
Colaboradores, Comunicación, Política / 16 de julio de 2026 ¿Con esta narrativa pretende la derecha ganar la elección presidencial de 2030?
El triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en 2018, puede explicar se por diversos factores, uno de ellos, la realidad económica que permitía a amplios sectores de la población constatar que no formaban parte de la repartición de los beneficios del desarrollo. Más allá de la evidencia, López Obrador armó una poderosa narrativa que ordenó y confirmó lo que la gente ya sabía pero, sobre todo, permitió reconocer a los responsables de que el país no le ofreciera el nivel de vida que necesitaba.














