Reporteros Sin Fronteras (RSF) analizó minuciosamente la actividad de la cuenta de X del presidente argentino durante un mes y medio. El resultado: 1,674 publicaciones hostiles a la prensa en 47 días, es decir, más de 35 por día. El jefe de Estado argentino despliega una comunicación agresiva en la que califica a los periodistas de “mercenarios” pagados para derrocar a su gobierno y los acusa de corrupción, mentiras y militancia política. RSF denuncia el mecanismo sistemático de descrédito y denigración de la prensa empleado por Javier Milei.
1,674 publicaciones de odio contra periodistas y medios de comunicación en 47 días, incluidos los retuits. Tantas como las que publicó Elon Musk en un año. Así lo revela el análisis realizado de RSF sobre la cuenta de X de Javier Milei entre abril y mayo de 2026. Estas cifras, vertiginosas, dan cuenta de la obsesión del presidente argentino con los periodistas, a quienes insulta regularmente calificándolos de “basuras inmundas”.
Acusar a los periodistas de corrupción
Con 498 menciones entre las 1,674 publicaciones de odio, las acusaciones o insinuaciones de corrupción contra los periodistas constituyen la categoría más visible de los ataques de Javier Milei contra la prensa. El presidente argentino, ya identificado por RSF como un depredador de la libertad de prensa, afirma que su gobierno ha “eliminado” la publicidad oficial y que, desde entonces, los periodistas, sobornados por gobiernos provinciales y empresas privadas, se vengarían difundiendo información falsa sobre él.
Ese es, precisamente, el núcleo de su argumentación: durante años, los medios habrían vivido de los fondos públicos. Privados de los ingresos de la “pauta oficial” (publicidad institucional del Estado) por la política del presidente argentino, los periodistas buscarían vengarse conspirando contra el poder de turno mediante “operaciones” de desestabilización —es decir, de desinformación— al servicio de sus adversarios políticos. Así, republica varios mensajes que explicitan esta lógica, entre ellos publicaciones que califican de “mendigos” a medios a los que se les retiró la pauta oficial, o que sostienen que los periodistas, “ensobrados” (literalmente, “metidos en sobres”, como los billetes de un soborno), “operan burdamente contra su gobierno porque les quitó la pauta”.
Más allá de la agresividad y la intoxicación del debate público, el argumento central carece de fundamento. Si bien el uso de la publicidad oficial ha sido objeto de controversias legítimas en Argentina, nada permite afirmar que los periodistas estén corrompidos por esos fondos ni que la cobertura crítica de Javier Milei sea consecuencia de la eliminación de la pauta oficial.
Tratar a todos los periodistas como opositores políticos
Para Javier Milei, sin embargo, casi todos los periodistas argentinos son adversarios. Incluso tiene una cifra sin sustento: según él, el 95 % de quienes hacen “periodismo” en Argentina son “basuras mentirosas”, “una banda de delincuentes” cuyo oficio es “mentir impunemente”, “corruptos adictos a la pauta y al sobre”. Esta cifra se ha convertido en una marca recurrente en las publicaciones del jefe de Estado.
Javier Milei borra así la frontera entre el periodismo crítico y la oposición política: cuestionar a su gobierno equivale, en su discurso, a combatir “las ideas de la libertad” y defender a la “casta”. El término “kuka”, contracción peyorativa que combina la “K” de los expresidentes Néstor y Cristina Kirchner con “cucaracha”, designa originalmente a los militantes kirchneristas. Sin embargo, Javier Milei también lo utiliza para referirse a periodistas críticos, equiparando así la crítica periodística con una forma de oposición política.
Cara, gano; cruz, pierdes
El presidente argentino va más allá del simple descrédito de los periodistas: alimenta una retórica circular en la que, en cualquier circunstancia, el periodismo es el enemigo. En una inusual publicación extensa, difundida el 4 de mayo, expone su visión:
“En un mercado verdaderamente libre, sería la propia sociedad la que se encargaría de limpiar el sistema, llevando a la quiebra a aquellos medios que publican constantemente falsedades, operaciones e injurias, […] Mientras la mayoría de los medios de comunicación sigan viviendo de la pauta oficial de algún gobierno subnacional —ya que nosotros eliminamos la pauta—, los mecanismos de corrección del mercado no funcionan, porque están sostenidos artificialmente al servicio de los intereses de tal o cual político”.
La lógica mercantil que Javier Milei atribuye a la prensa argentina no se limita, sin embargo, a su supuesta dependencia del dinero público: también sería una cuestión de avidez por el dinero en general. Lo afirma sin rodeos: si los medios lo atacan, es también porque eso “les rinde más”. Así, resulta imposible satisfacer al presidente. O bien los periodistas se venden a cambio de publicidad oficial, incluida la de la provincia de Buenos Aires, gobernada por su rival peronista Axel Kicillof: “Nadie habla mal de Kicillof porque pone plata en todos los medios”, asegura una cuenta que él republica. O bien los medios lo critican para aumentar sus ingresos.
Un presidente que vive de retuitear
Javier Milei rara vez publica mensajes de su propia autoría: de los 1.674 mensajes hostiles identificados por RSF, 1.499 son retuits, es decir, el 89 %. A estos se suman 151 publicaciones con cita, en las que acompaña la publicación de otra cuenta con un breve comentario. Apenas 21 tuits, el 1,2 %, fueron escritos por él mismo.
El presidente argentino incluso puede compartirlos dos veces. Primero mediante un retuit simple y luego con una publicación comentada que incluye su eslogan favorito: “No odiamos lo suficiente a los periodistas”. A veces abreviado como NOLSALP, suele escribirse con un signo de dólar (NOL$ALP) para evocar la corrupción. El eslogan se convierte así en un sello que estampa para avalar los ataques de odio y en un verdadero mecanismo de incitación a atacar a la prensa.
Ese sello también alcanza a quienes defienden la libertad de prensa. La organización argentina de defensa de los periodistas, Foro de Periodismo Argentino (FOPEA), fue blanco de estos ataques después de publicar un informe sobre las agresiones contra la libertad de prensa en el país. RSF también lo fue, el pasado 1 de mayo: Javier Milei estampó el mismo “NOL$ALP” en una publicación que cuestionaba el retroceso de Argentina en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2026. El país ocupa el puesto 98, es decir, 11 posiciones menos que en 2025 y 69 menos que en 2022, debido, entre otros factores, a las políticas implementadas por el presidente Milei.
Indignarse solo cuando las críticas apuntan a su propio bando
Cada caso que involucra a la prensa se convierte, en el relato presidencial, en una oportunidad para atacar a toda la profesión. Los picos de actividad de su cuenta lo demuestran. Entre el 3 y el 5 de abril, el caso de la “trama rusa” —las sospechas sobre el financiamiento ruso de medios argentinos para publicar artículos críticos del gobierno— desató una intensa polémica. El presidente aprovechó la ocasión para presentar a los periodistas como enemigos, lanzando un veredicto contra toda la prensa y calificándolos de “corruptos y traidores a la patria”.
El 20 de abril, un equipo de TN, un canal de noticias, filmó con una cámara oculta espacios comunes del palacio presidencial, la Casa Rosada. La Casa Militar —organismo encargado de la seguridad y asistencia del presidente argentino— presentó una denuncia contra los dos periodistas involucrados. Javier Milei los calificó de “basuras repugnantes”, mientras sus partidarios los acusaron de espionaje. Tres días después, se prohibió el acceso al palacio presidencial a todos los periodistas acreditados.
Cuando la prensa investiga al entorno del presidente, este saca las garras. Cuando su jefe de Gabinete, Manuel Adorni, fue objeto de una investigación por presunto enriquecimiento ilícito, Javier Milei denunció un linchamiento mediático: “No voy a ejecutar a una persona honesta en el altar del ego de los periodistas”. A los periodistas que le preguntaron si su jefe de Gabinete era corrupto, respondió: “Los corruptos son ustedes”. En junio de 2026, Manuel Adorni reconoció haber omitido alrededor de 500.000 dólares en sus declaraciones juradas de bienes, antes de renunciar el 27 de junio.
Cuando un presidente de la República utiliza su cuenta de X para atacar continuamente a la prensa, insultarla, difamarla y presentarla como enemiga del Estado, ejerce todo el peso de su autoridad política para doblegar uno de los pilares de la democracia. Las andanadas de insultos que el presidente dirige contra los periodistas son inaceptables y revelan un profundo desprecio por la democracia. Utilizar los canales de comunicación de la Presidencia para sistematizar los ataques contra los periodistas equivale a atacar el derecho de los argentinos a la información, en lugar de protegerlo. Un jefe de Estado puede cuestionar un artículo, solicitar una rectificación, ejercer su derecho a réplica o, mejor aún, utilizar sus poderes para implementar políticas públicas ambiciosas en favor de la sostenibilidad de los medios. No faltan desafíos por abordar. Pero Javier Milei ha elegido profundizar la violencia verbal, los insultos y la desinformación. Es indigno de un alto funcionario público.
Thibaut Bruttin / Director general de RSF





