Mario A. Medina
Concluyo este texto 24 horas antes del Francia vs Inglaterra por el tercer lugar, y 48 horas de la “Gran Final”, España vs Argentina. Luego la Copa del Mundial de Futbol 2026 habrá terminado.
Fue un Mundial, cuando menos en México, que animó hasta el éxtasis a la afición mexicana que cantó, disfrutó, festejó los tres primeros partidos, con los que el seleccionado de Javier Aguirre se alzó con la victoria. El cuarto, me parece, quedó satisfecha, a pesar de la derrota frente a Inglaterra, porque “le echaron ganas” y “nos brindaron ilusiones”, según algunos aficionados.
La Presidenta Sheinbaum siempre expresó su reconocimiento y entrega de los jugadores: “su desempeño quedará en la memoria de los mexicanos”, sentenció. Mientras que el famoso delantero inglés, Harry Kane calificó al tricolor como “un rival de gran exigencia durante los 90 minutos”.
La euforia terminó, pero es necesario que revisemos el papel que juega la organizadora de estos eventos: la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) y los intereses políticos y económicos que hay en su entorno. Es necesario recordar, lo que representa la FIFA para el futbol mundial.
Este Mundial celebrado en México, Estados Unidos y Canadá, según estimaciones de la FIFA, -el organismo que tiene su base en Suiza-, y cálculos de la OCDE antes del Mundial, la justa futbolera habría tenido un impacto de 41 mil millones de dólares. Hay estimaciones que afirman que el organismo habría tenido ganancias por algo así como 9 mil millones de dólares, “sin haber invertido un solo dólar, explotando a jugadores”. Otros calculan en más de 12 mil millones los beneficios “frente al riesgo que corren los anfitriones”.
Como bien ha señalado el periodista del diario El País, Jesús Sérvulo, la FIFA es un “organismo supranacional que está por encima de las normativas del Estado”, una organización que chantajea a los países anfitriones, que les pone condiciones para ser sedes de las justas “deportivas” en sus territorios. Lo mismo hizo en otros países donde organizó campeonatos como el Mundial Femenil, el Mundial de Clubes, la Copa Intercontinental, el Mundial Sub-20, el femenil Sub-20, los sub 17 de hombres y de mujeres, el Mundial Fut Sala, el Mundial de Futbol de Playa, el Mundial de Clubes, la Eurocopa, tal vez negocios menores pero al fin negocios.
Además, este Mundial ha sido “un negocio redondo” para las televisoras que adquirieron los derechos cuya audiencia en el mundo se calculó, según un informe del Bank of America, en 6 mil millones de personas. El 75% de la población mundial vio algunos de los partidos a través de la televisión, plataformas de streaming o redes sociales, informa Sérvulo.
La FIFA es una máquina de hacer dinero, lo primordial para su presidente Gianni Infantino. El suizo va por más dólares y más euros. Prepara ampliar el Mundial de 2030 a 64 selecciones. “Incrementar la representación deportiva abriría la puerta a mercados con millones de aficionados potenciales”, por lo tanto, más dólares, euros y ganancias.
La FIFA no representa, por ejemplo, el espíritu deportivo que promovió, Pierre de Coubertin, encarna, sí, el “capitalismo salvaje” del neoliberalismo. Todo en este mundial futbolero fue, es, bisnes. Las entradas llegaron a costar miles de dólares. En esta era digital, los boletos físicos se convirtieron en un souvenir; el ticket impreso se convirtió en un artículo de colección que llegó a costar 19 dólares, al convertirlo en un recuerdo personalizado con el nombre, detalles del asiento y el partido seleccionado.
Otra, quienes quisieron presumir que su nombre se viera en las pantallas gigantes de los estadios sedes, lo que la FIFA llamó el “Super Shoutout” (Súper Saludo), proyectar el nombre de los aficionados, tuvieron que pagar un precio inicial de 99 dólares; en oferta 79 dólares. “Elige tu encuentro y reserva un espacio para que tu nombre aparezca en el momento justo y en el partido correcto”, ofrecía la publicidad. Todo era negocio. Sólo faltó que cobraran por respirar.
Y bueno, al redactar este texto aún no se sabe si hay cola para adquirir fragmentos del césped utilizado en la Final del Mundial. Los precios que se promocionaban iban desde los 450 hasta los 3 mil dólares. “Una ganga”.
Otro de los mecanismos que Infantino quiso imponer a las tres sedes para hacerse de más ganancias fue la exención del pago de impuestos a la FIFA, federaciones, patrocinadores y proveedores vinculados. Los gobiernos federales de EU y Canadá rechazaron tal propuesta, aunque sí hubo acuerdos con los gobiernos estatales sedes del mundial.
En México, el gobierno de Enrique Peña Nieto aceptó la imposición sin chistar cuando se acordó la sede. La medida, se dice, llegaba hasta 2028. En las oficinas del entonces titular de la Segob, Alfonso Navarrete Prida, “se aprobó un documento de 93 páginas, redactado en inglés y que se le denominó “Garantías Gubernamentales”, documentó ESPN. Todo para el vencedor. En 2025, gracias a las negociaciones de la SHCP, por instrucciones de la presidenta Claudia Sheinbaum, la exención de impuestos se acotó sólo para el año 2026.
Pero Infantino ha ido más allá de ver al futbol como un negocio. En ese espíritu supranacional, el suizo se siente como el Presidente de facto de Argentina, Leopoldo Fortunato Galtieri durante la Guerra de las Malvinas en 1982, reprime a todo aquel futbolista, integrante de una selección, jugador, directivo, incluso comentarista, todo aquel que se hubiera atrevido a criticar al organismo, al arbitraje.
En este Mundial 2026, prohibió la exhibición de mensajes o lemas políticos. Aquel aficionado que pretendió ingresar alguna cartulina con leyendas políticas o criticas a la FIFA se la arrebataban censura.
Pero a pesar de la prohibición salieron pancartas. El periodista argentino-mexicano, Federico Bonasso dijo que esperaba que la FIFA sancionara a Messi y a sus compañeros, luego de eliminar al seleccionado de Inglaterra, por exhibir una manta que destacaba: “Las Malvinas son argentinas”.
El propósito del comentarista del portal Astillero, es exhibir la intransigencia de Infantino y su cártel, quien igual amenazó al estratega de Egipto, Hossam Hassan por ondear en el campo la bandera de Palestina, mientras que “a su alrededor, se podía escuchar a los aficionados corear: “¡Libre, libre Palestina!”.
Otro acto de censura en este mundial fue la decisión sin precedentes de “expulsar de por vida” de las narraciones que involucren partidos organizados por la FIFA al reconocido periodista paraguayo Jorge “Chipi” Vera, según el portal deportivo Al Bat, aunque otros medios sólo afirmaron que el castigo fue únicamente durante el Mundial.
“Chipi” criticó severamente al árbitro salvadoreño Iván Barton quien expulsó al mediocampista Miguel Almirón en el partido Paraguay vs Turquía. La FIFA había anunciado, ciertamente, que se expulsaría a los jugadores por taparse la boca al discutir con algún jugador del equipo rival. Pero la roja a un narrador por ejercer el periodismo crítico es un acto nunca visto y, a todas luces una acción represiva que sólo, se supone, practican las tiranías
Cuando EU, por órdenes de Trump bombardeaba Irán, y se hacía el desentendido frente a la matanza del ejército israelí al pueblo palestino, Gianni entregaba al presidente de Estados Unidos, el primer Premio de la Paz de la FIFA. “Queremos ver esperanza, queremos ver unidad, queremos ver futuro, queremos ver de un líder, y usted merece sin duda el primer Premio de la Paz de la FIFA”. Lo mismo cuando le perdonó la tarjeta roja al jugador estadunidense, Folarin Balogun, luego de que en llamada telefónica Trump se lo pidiera a Infantino.
El Mundial se acabó, pero para lavar su imagen, la FIFA anuncia acciones de beneficencia: “En el marco del fondo de legado del Mundial de Catar-2022”, donde anuncia la donación de 50 millones de dólares (47,5 millones de euros), para 57 países, -a través de la OMS, la OMC y el Acnur- para desarrollar programas sociales relacionados con el futbol.
Que no le cuenten…
Sí, nada más 50 millones de dólares, mientras que en este mundial la FIFA movió 41 mil millones de dólares, 50 millones como un acto de “caridad” frente a los 9 mil o 12 mil millones de dólares que la organización, según cálculos de especialistas financieros, tendrá como ganancias al finalizar el Mundial 2026, es como una patada en el …





