Rossana Reguillo, otro modo de ser intelectual; recuento y celebración
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Rossana Reguillo, otro modo de ser intelectual; recuento y celebración

Tanius Karam*

El fallecimiento de la doctora Rossana Reguillo Cruz, el 24 de abril, conmocionó a la comunidad académica de comunicación y estudios culturales. La noticia circuló acompañada de testimonios, recuerdos y gratitud para una figura querida e influyente en el mundo iberoamericano. No se trataba solo de despedir a una investigadora reconocida, sino a una presencia intelectual crítica, generosa y situada, capaz de leer el presente desde sus heridas y signos más inquietantes.

Antes de su consolidación académica, Reguillo Cruz fue reportera en Radio Comerciales, locutora en Radio Universidad de Guadalajara y directora de la Biblioteca del ITESO. Esa relación temprana con la palabra pública, la escucha, la circulación del conocimiento y las mediaciones culturales marcarían buena parte de su obra.

Reguillo fue una intelectual en la tradición crítica de Raymond Williams, Stuart Hall y Jesús Martín-Barbero. Como ellos, no entendió la cultura como repertorio de obras, estilos o consumos, sino como campo de disputas por el sentido, atravesado por poder, desigualdad, conflicto, memoria y experiencia cotidiana. Fue una intelectual situada, atenta a voces subalternizadas, lenguajes de la calle, signos del miedo y formas emergentes de politicidad; también cronista, intérprete de coyunturas y productora de categorías para comprender las crisis latinoamericanas contemporáneas.

 Aunque su trabajo suele asociarse al estudio de juventudes, ciudades y subjetividad social, su producción excede cualquier clasificación única. Aquí proponemos cinco ejes que, sin agotar su obra, organizan algunos de sus aportes más difundidos: una hipótesis de lectura para agrupar acentos, problemas y desplazamientos.

  • Culturas juveniles, identidades y desencanto

 Este es probablemente uno de sus ejes más reconocidos y uno de sus aportes decisivos a los estudios culturales de la comunicación en América Latina. Desde “En la calle otra vez…”(1991), derivado de su investigación de maestría, Reguillo propuso mirar a los jóvenes no como “problema social”, amenaza moral u objeto pasivo de políticas públicas, sino como actores culturales capaces de producir lenguajes, estilos, territorios, pertenencias y modos de intervención en la vida urbana.

Esta perspectiva se consolida en Emergencia de culturas juveniles. Estrategias del desencanto (2000), donde sistematiza debates, conceptos y metodologías sobre los jóvenes, y en “Las culturas juveniles: un campo de estudio…” (2003), advierte acerca de la diversidad contenida en la categoría “jóvenes”: no un sujeto homogéneo, sino posiciones desiguales atravesadas por clase, territorio, género, consumo cultural y precariedad.

A esta línea se suma Culturas juveniles. Formas políticas del desencanto (2012), donde cuestiona la imagen de una juventud apática y muestra prácticas juveniles que expresan formas no convencionales de politicidad, pertenencia, crítica y disputa simbólica. La hipótesis del eje: en Reguillo, el desencanto juvenil no equivale a retiro o indiferencia, sino a una condición histórica desde la cual los jóvenes elaboran modos de estar juntos, imaginar futuro, intervenir en la ciudad y disputar sentido. También ahí se cruzan juventud, precarización, pertenencias límite y violencia.

  • Ciudad, vida cotidiana y construcción simbólica del espacio urbano

 Reguillo entendió la ciudad no solo como escenario físico, sino como entramado material, simbólico, comunicativo, político y afectivo. En “La construcción simbólica de la ciudad…” (1996), escrito a propósito de las explosiones del 22 de abril de 1992 en Guadalajara, analiza cómo un acontecimiento traumático desorganiza la vida urbana, pero también activa memorias, relatos, solidaridades, disputas por el sentido y recomposición colectiva. La hipótesis del eje: la ciudad no es únicamente el lugar donde ocurren los procesos sociales, sino una mediación cultural desde la cual los habitantes interpretan la crisis produce pertenencia y disputan la memoria.

Una obra sugerente por su forma es Lotería urbana. Un juego para pensar la ciudad (2001): más que material educativo, propone mirar la ciudad desde la experiencia cotidiana. Su carácter multimodal -juego, imágenes, textos y categorías urbanas- per mite reconocer una pluralidad de recorridos, memorias, miedos, encuentros y desencuentros. Ciudadano N. Crónicas de la diversidad (1999) desplaza el análisis hacia ciudadanía y diferencia; “Ciudades translocales…” (2005) amplía la mirada hacia flujos migratorios y experiencias urbanas translocales.

También pertenecen a este eje “Ciudades y violencias…” (2005), “Los miedos contemporáneos…” (2006) y “Sociabilidad, inseguridad y miedos…” (2008), donde la ciudad aparece atravesada por violencia, incertidumbre y desconfianza. Se advierte ahí un desplazamiento: de la ciudad como espacio de memoria hacia un territorio fragmentado por miedo e inseguridad, laboratorio de cartografías afectivas de inclusión y exclusión.

  • Miedo, inseguridad y subjetividad social

Conforme madura su obra, se vuelve más visible su interés por la subjetividad social: las formas cómo los sujetos perciben y narran las crisis. El miedo y la inseguridad no son emociones individuales o puramente psicológicas, sino fenómenos socio culturales que organizan prácticas, imaginarios, relaciones y modos de habitar. La hipótesis interna: para Reguillo, los afectos no solo se sienten; también orientan la percepción pública, clasifican sujetos, jerarquizan territorios y producen realidad social.

Esta preocupación aparece en “Imaginarios globales, miedos locales…” (1998), ponencia de ALAIC, y en “Los laberintos del miedo…” (2000), donde analiza la búsqueda social por contener aquello que amenaza la certeza de la vida. Se prolonga en “Los miedos contemporáneos…” (2006) y “Sociabilidad, inseguridad y miedos…” (2008), donde muestra que el miedo “toma cuerpo” y “toma lugar”: se encarna en sujetos percibidos como amenaza y se localiza en territorios reconocibles.

El contexto mexicano de incremento de la violencia y la “guerra contra el narcotráfico” intensifica esta reflexión. Reguillo evita reducir el miedo a reacción automática frente al delito: le interesa mostrar cómo se produce socialmente y circula en relatos mediáticos, conversaciones, rumores, políticas de seguridad y fronteras simbólicas. Así, el miedo reorganiza el espacio público, convierte a muchos jóvenes en cuerpos sospechosos y prepara condiciones culturales para aceptar exclusiones, controles y formas de deshumanización.

Subjetividad sitiada…” (2007) y “Subjetividad, crisis y vida cotidiana…” amplían esta preocupación hacia pasiones contemporáneas, acción y poder.

  • Violencia, necropolítica y normalización del horror

Este penúltimo eje tiene como obra señera Necromáquina: cuando morir no es suficiente (2021), donde Reguillo analiza la violencia mexicana no como suma de hechos aislados, sino como maquinaria social, política, económica, mediática y afectiva que produce muerte, desaparición, terror e indiferencia. La violencia no es solo daño físico ni dato criminal: es producción de sentido que escribe mensajes sobre los cuerpos, reorganiza la vida cotidiana y redefine la relación entre Estado, ilegalidad, mercado, medios y ciudadanía.

La necropolítica puede entenderse aquí como el modo en que ciertos poderes administran quién puede vivir, morir o desaparecer, y qué vidas pueden dejar de importar. Reguillo desplaza esta discusión hacia la “máquina”: un dispositivo difuso, paraestatal y paralegal que opera más allá de las instituciones formales, pero no necesariamente fuera de ellas. La “necromáquina” nombra así un ensamblaje de complicidades, economías, omisiones, lenguajes y regímenes de visibilidad que hacen posible cuerpos dañados, vidas desechables y duelos administrados.

Esta elaboración tiene antecedentes en “La narcomáquina y el trabajo de la violencia…” (2011), donde la violencia aparece como trabajo de disolución de lo humano: el cuerpo deja de ser solo evidencia de un crimen y se vuelve signo de un poder previo y mensaje destinado a producir terror. Continúa en De las violencias: caligrafía y gramática del horror (2012), donde la violencia aparece como sistema de inscripción con códigos, escenas y destinatarios.

En “Ensayos sobre el abismo…” (2023), esta reflexión se actualiza mediante una pregunta ética: cómo mirar la violencia sin estetizarla, banalizarla o convertirla en espectáculo. La hipótesis del eje: en Reguillo, la violencia contemporánea no solo destruye cuerpos y territorios; también produce lenguajes, pedagogías del miedo, zonas de indiferencia y formas de percepción social. Por eso su análisis intenta descifrar sus códigos y abrir espacio para “contramáquinas” de memoria, cuidado, búsqueda y resistencia civil.

  • Comunicación, cultura política, redes y acción colectiva

En este último eje se concentran preocupaciones de la etapa más reciente de Reguillo: nuevas formas de acción colectiva, uso político de redes sociodigitales, disputa por la visibilidad pública e irrupción de voces subalternizadas. Una obra que condensa esta línea es Paisajes insurrectos. Jóvenes, redes y revueltas en el otoño civilizatorio (2017), donde analiza movimientos como #YoSoy132, “Nos Faltan 43”, Occupy Wall Street, 15-M y Gezi Park desde una socioantropología del espacio-red.

Este eje no es simple prolongación de los anteriores. Su especificidad consiste en pensar la comunicación como condición de posibilidad de la acción colectiva contempo ránea. Reguillo atiende a politicidades juveniles: formas de participación que no siempre pasan por partidos, instituciones o programas ideológicos clásicos, pero que producen crítica, comunidad y demanda de reconocimiento. En esa línea, Paisajes insurrectos… observa escenarios donde se produce un “litigio por la palabra” entre 2010 y 2016.

La noción de espacio-red permite pensar la acción colectiva como articulación entre calles, cuerpos, imágenes, hashtags, plataformas y flujos de conversación. A la gramática de los miedos sobreviene una gramática de la indignación: lenguajes, consignas, performances, imágenes y narrativas mediante los cuales los colectivos hacen visible el malestar. También adquiere centralidad la relación afecto-política: la protesta se sostiene en rabia, esperanza, hartazgo, solidaridad y deseo de futuro.

Reguillo no define las redes como simples herramientas tecnológicas, sino como entornos socioculturales donde se configuran nuevas formas de presencia, visibilidad y acción. Sus trabajos muestran revueltas comunicativas, corporales, territoriales y digitales. Este eje se vincula con Horizontes frag mentados. Comunicación, cultura, pospolítica… (2005), donde ya aparecía una preocupación por el desorden global y la pospo lítica. La hipótesis interna: la acción colectiva contemporánea no puede comprenderse separando la calle de la red, el cuerpo de la imagen, el dato del afecto ni la protesta de sus lenguajes.

Finalmente, Reguillo fue una de las representantes mexi canas más relevantes de los estudios culturales en comunica ción, no solo por sus temas, sino por su manera de construir problemas, articular métodos e intervenir en el debate público. Si releemos su lección de 2004 publicada en el portal del InCom UAB, Los estudios culturales. El mapa incómodo de un relato inconcluso, encontramos una descripción que ilumina su producción: la tensión entre el momento subjetivo y el objetivo de la cultura; las políticas de reconocimiento de actores subalternizados; los planos como la cultura se produce, circula y disputa; y la tarea política de los estudios de la cultura.

Su obra no solo analizó juventudes, ciudades, miedos, vio lencias y redes: mostró cómo esos objetos condensan luchas por la significación, desigualdad y resistencia en América Latina.

*Escritor y catedrático de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y de la Universidad Anáhuac México Norte.

10 de junio de 2026

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