Alberto Pérez Schoelly*
Para muchas compañeras y compañeros militantes y simpatizantes del partido en el poder, el título de esta nota podría parecerles exagerado, o en el mejor de los casos, un exabrupto que no tiene pies en la realidad. Y es que la historia del partido, viendo sus triunfos electorales desde 2018, parece indicar que es ahora el nuevo partido mayoritario hegemónico, como lo fue el PRI durante 80 años.
El discurso oficial nos habla incluso de que la “Revolución de las Conciencias” hace poco menos que imposible el regreso al poder de los partidos de la derecha mexicana, puesto que el pueblo mexicano está ahora sumamente politizado y rechaza en su gran mayoría el retorno del PRI o del PAN. Eso está claro.
Pero creo que esas son verdades a medias y hay que analizar las cosas con más cuidado y más de cerca. Desde 2018, con la llegada a la presidencia de la República de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), Morena entró paradójicamente en una parálisis política -se volvió algo parecido a una agencia de colocaciones- y devino en una instancia donde se procesan los ascensos burocráticos, controlados por los grupos políticos internos (aunque se diga que dentro de Morena no existen).
Se desmantelaron progresivamente los comités de base y las asambleas municipales y distritales, acabando así con la escasa democracia interna que había y los espacios de vida orgánica con los que contaba la militancia. La definición de candidaturas, casi en todos los casos, se estableció que debería de ser a través de encuestas abiertas a la población, cuya opacidad ya es proverbial. Se sustituyó así la discusión de perfiles y propuestas entre la militancia, por un mecanismo que es considerado veladamente -hasta ahorapor la militancia como un “dedazo disfrazado”.
Las desastrosas gestiones de Yeidckol Polevnsky y de Ramírez Cuéllar al frente del partido, culminaron con la anulación de las últimas asambleas distritales del partido por parte del INE y la designación de los cargos de presidente y secretaria general mediante una encuesta realizada por el mismo Instituto. Caímos en una situación inédita: el órgano electoral del país (dirigido además por el inefable Lorenzo Córdova) por primera vez designó a la dirigencia de un partido político. Una vergüenza total. El origen de ello fue una grave deficiencia interna: no se cuidó ni se resguardó debidamente el padrón de militantes, lo cual fue aprovechado por ex priistas infiltrados en Morena para demandar ante el INE la anulación de las mencionadas asambleas distritales. Hasta donde tengo conocimiento, jamás se ha llamado a cuentas al hoy diputado federal Gabriel García, quien fungía en esos momentos como secretario de organización del partido y responsable de la integración del padrón.
Por si esto fuera poco, llegó designado por la encuesta del INE a la presidencia del partido, el neoliberal-ebrardista Mario Delgado Carrillo, acompañado por Citlalli Hernández en la Secretaría General. Los arrolladores triunfos electorales nacionales de 2021 y de 2024 fueron acompañados, desde lo interno del partido, por las imposiciones de los gobernadores estatales morenistas en todas las candidaturas al Congreso y presidencias municipales.
Esto es, presenciamos la reedición del “Partido de Estado” ahora con chaleco guinda en lugar del tricolor. Los caciques políticos regionales del antiguo PRI son ahora los gobernadores de Morena. Estos triunfos electorales, casi en su totalidad, se debieron más bien a la enorme autoridad moral y política de AMLO y al prestigio acrecentado de su gestión al frente del gobierno federal, y no a las cualidades de los candidatos de la coalición.
La militancia obradorista, casi desde el inicio del gobierno de AMLO, empezó a protestar por esas conductas en Morena. Se desataron movimientos nacionales importantes como el Foro Nacional de Militantes de Morena (FNMM) de 2015, la Convención Nacional Morenista (CNM) de 2021 y el Movimiento Formativo Conciencia y Organización (MFCO) de 2025.
Se ha protestado porque los agravios han sido muchos: violaciones al Estatuto y la legalidad interna, el desmantelamiento oficial de los comités de base, de comités municipales y de asambleas distritales (cabe recordar que los actuales consejeros nacionales del partido no fueron electos en asambleas distritales como marca el Estatuto, sino en centros de votación donde las personas podían afiliarse en ese momento y hubo acarreo y coacción del voto a la vieja usanza priista).
Estos movimientos organizados de la militancia han tenido un gran crecimiento, se han movilizado las bases militantes como hacía mucho tiempo no lo hacían (la CNM logró organizar dos reuniones nacionales con 15 mil personas en total) porque el caldo de cultivo está presente: existe una gran inconformidad entre las bases por todo lo anterior y porque han sido desplazados de los encargos gubernamentales y de las candidaturas por los “chapulines”, que son ambiciosos vulgares provenientes de partidos enemigos de la Cuarta Transformación y que han sido recibidos en Morena con alfombra roja.
Hoy en día las condiciones se han agravado. La infiltración de ex priistas al interior de Morena se ha consolidado. Los que llegaron desde antes, hay que decirlo, fueron traídos por AMLO, y hoy ocupan posiciones predominantes en el Congreso, por ejemplo. Me refiero a Ricardo Monreal Avila y Adán Augusto López.
De los 23 gobernadores de la coalición morenista, 21 provienen del PRI. Y así podemos seguir encontrando a personajes de esta “Caballería de Troya” en todas las dependencias gubernamentales y estructuras del partido -unos más visibles que otros, por supuesto-. Ellos controlan ahora territorialmente a Morena. No porque sean mayoría dentro de la militancia morenista, sino porque controlan la burocracia del partido, de los gobiernos estatales y de las presidencias municipales. La mayoría de los militantes morenistas los desprecia y se opone a ellos.
Desgraciadamente, mucha militancia de base trabaja en las estructuras del partido o en instancias gubernamentales y dependen de su sueldo para sobrevivir. No pueden externar críticas porque pierden su trabajo o su carrera burocrática. Otros militantes suspiran por algún cargo o encargo y prefieren callar la boca; son acomodaticios y ambiciosos. Recuerdan siempre aquella máxima de Fidel Velázquez: “el que se mueve no sale en la foto”. Pero la abrumadora mayoría de las bases morenistas y obradoristas sigue apoyando a la 4T y en todos los ámbitos exponen sus críticas abiertas a la situación que prevalece y desean que esto cambie.
La pregunta hoy en día es: ¿Lograremos algo? Ni el FNMM ni la la CNM fueron escuchadas por el gobierno ni el partido. Hicieron como Salinas ante las demandas del entonces de izquierda PRD: “Ni los veo ni los oigo”. El MFCO acude hoy a que la Presidenta Claudia Sheinbaum intervenga en el partido para la definición de las candidaturas, basándose en consideraciones éticas y de pertenencia al movimiento. Esto es, si vemos que ya está metiendo las manos en el partido con la incorporación de Citlalli y Ariadna, pues que las meta bien y a fondo. Incluso se le hizo llegar una carta a la presidenta (https://drive.google.com/drive/folders/1lm2ld_Sbg6cws7ejrgAglKRlA35hwV2v). Veremos qué resulta de todo esto.
Creo que debemos analizar lo que ha sucedido electoralmente desde 2018, y encontrar la razón del porqué debemos estar sumamente preocupados y no entrar en un triunfalismo estéril que no sirve para diagnosticar la situación concreta actual y plantear acciones a futuro. El MFCO, por ejemplo, analizó los resultados electorales de 2018 al 2024, encontrando datos muy preocupantes;
- De 2,469 municipios de régimen constitucional, Morena preside 670, equivalente al 32.7%.
- De 1,613 municipios con menos de 50 mil habitantes (78.8% del total), Morena preside 443, equivalente al 27.5%, desglosado en: 168 de 663 con menos de 10 mil habitantes (25.3%); 116 de 435 con menos de 20 mil (26.7%) y 159 de 515 con menos de 50 mil (30.9%).
- De los 355 municipios ganados en 2018, entre los comicios de 2021 y 2024 se perdieron 253 (71.3%), conservando solo 102 (28.7%).
- En estados que preside Morena, perdió en 2024 diez capitales: Campeche, Mérida, Oaxaca, Chilpancingo, Morelia, Colima, Hermosillo, Cuernavaca, Zacatecas y San Luis Potosí.
- En las recientes elecciones de junio de 2025 en Veracruz y Durango, Morena perdió, respectivamente, 60 de los 131 municipios que presidía (45.8%), mientras que en Durango perdió 11 de los 15 que presidía (73.3%), aunque ganó 8 nuevos.
- El PVEM y el PT presiden 219 y 184 municipios respectivamente, equivalentes al 60% del total que gobierna Morena.
- Partiendo del último censo de población del INEGI (2020), Morena es gobierno en municipios y alcaldías donde habitan 64.44 millones de personas, esto es, el 51.4% del total nacional.
- Sin embargo, en entidades con alto significado histórico y social, la población en gobiernos de Morena es de apenas el 19.0% en Morelos; 25.7% en Oaxaca; 39.3% en Michoacán; 43.1% en Guerrero y 43.7% en Chiapas.
- En el mismo terreno de elevado significado histórico y social: en Guerrero se gobiernan 16 municipios de 81 (19.8%); Puebla, 52 de 217 (24.0%); Michoacán, 29 de 113 (25.7%); Morelos, 10 de 36 (27.8%); Chiapas, 40 de 125 (32.0%); Veracruz, 71 de 212 (33.5%).
- La entidad federativa con menor porcentaje de habitantes gobernados por Morena es San Luis Potosí, con apenas 146,017 habitantes (5.1%), a pesar de que lo preside un partido aliado.
Con los datos anteriores, resaltan estos graves hechos: el declive electoral de Morena a nivel municipal (hoy solamente conserva 28.7% de los municipios que ganó en 2018), y hoy gobierna solamente el 32.7% de los municipios del país. Estos datos no son menores. Y la explicación de este declive está en dos elementos:
a) Se han escogido pésimos perfiles para las candidaturas municipales;
b) Las presidencias morenistas han desarrollado pésimas gestiones de gobierno, por lo que el electorado a ese nivel municipal le ha retirado la confianza a Morena, lo cual es gravísimo, ya que es el primer nivel de gobierno.
Con esta tendencia, posteriormente se perderán los gobiernos estatales y finalmente la presidencia de la República. Es urgente recuperar la confianza en este primer nivel, para que no continúe dándose el terrible señalamiento popular que acompaña a esta baja electoral: “todos son iguales”.
Millones de personas, tanto en 2018 como en 2024, votaron a favor de la transformación de México. Sin embargo, al tema de la problemática municipal señalada más arriba, se debe agregar otro: es importante destacar que prevalece un contexto de descomposición general del movimiento original de la 4T. Con el desmantelamiento de los comités de base, la eliminación de la democracia interna en Morena, y la incorporación creciente tanto en el partido como en el gobierno, de personajes que no solamente no se identifican con el proyecto de transformación, sino que en muchos casos son enemigos de ella, complica mucho las cosas.
Esta Caballería de Troya que ya está dentro de Morena y del gobierno de la 4T, se conforma por ex priistas, principalmente. Controlan ambas Cámaras del Congreso y casi todos los gobiernos estatales. Controlan territorialmente la estructura del partido, auxiliados por muchos compañeros que se les han sumado en aras de una supuesta “eficiencia para lograr triunfos electorales”.
Morena formalmente se ha declarado a sí misma como un “partido de izquierda” desde sus inicios, si bien al mismo tiempo se ha conformado como un partido “pluriclasista e incluyente”, lo cual no deja de ser contradictorio. Un verdadero partido de izquierda se construye junto con los trabajadores del campo y la ciudad, y defiende los intereses de clase de estos, no de sus explotadores. Pero, en fin, tal es la “inclusividad” de Morena. Revolver el aceite con el agua.
Con todas esas limitaciones, empero, es necesario que Morena de un giro a la izquierda, reactivando sus comités de base, su democracia interna y el alejamiento de los personajes ex priistas que hoy por hoy controlan al partido, y que solamente buscan refundar al PRI dentro de Morena.
Si la militancia obradorista de Morena no lo puede lograr, y a la compañera Presidenta no le interesa hacerlo, o bien no lo puede lograr, seguirá prevaleciendo la inercia actual -en la cual la Caballería de Troya impondrá los candidatos, tanto a nivel local como nacional- y en las elecciones de 2027 presenciaremos una catástrofe electoral para la 4T.
*Economista por la UNAM y escritor.





