1968, todas las flores pisoteadas 
Colaboradores, Historia, Sociedad

1968, todas las flores pisoteadas 

Sergio Lugo

El general Marcelino García Barragán, fue uno de los asesinos de los estudiantes del movimiento estudiantil, no sólo del 2 de octubre, sino de todo 1968, así como durante el sexenio del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970), ambos del PRI, porque el militar era el Secretario de la Defensa Nacional (Sedena) y su jefe era Díaz Ordaz, por lo tanto, el Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas era (y es) el Presidente de la República.  

Otro militar asesino de estudiantes fue el general Luís Gutiérrez Oropeza, quien fue Jefe del Estado Mayor Presidencial (EMP) del Presidente Díaz Ordaz, aquel un cuerpo de élite de militares al servicio del mandatario en turno. 

El otro asesino intelectual fue Luís Echeverría Álvarez, Secretario de Gobernación bajo el mando de Díaz Ordaz. Y Alfonso Corona del Rosal, entonces Jefe del Departamento del Distrito Federal, también impuesto por el Presidente (1966-1970). Todos esos gorilas fueron las cabezas quienes ordenaron la masacre de estudiantes, desde que inició el movimiento, en julio de 1968. El jefe de todos: Díaz Ordaz, entonces nadie podía actuar sin las órdenes del mandatario.

Si bien, existe la teoría de que Díaz Ordaz traicionó a sus propios militares al ordenarle a Gutiérrez Oropeza, que el 2 de octubre, sus paramilitares del “Batallón Olimpia”, desde el edificio Chihuahua, dispararan a los soldados de la Sedena en la Plaza de las Tres Culturas, y mezclados con los jóvenes, para que así, los uniformados respondieran la agresión con más balazos, generar caos y confusión. Aunque no hay cifras exactas de la masacre, se calcula que 350 personas habrían sido asesinadas, entre estudiantes, mujeres, niños y ancianos. 

Pero el movimiento estudiantil no se debe estudiar como un hecho aislado. En 1968 había cambios en varias partes del mundo, desde Estados Unidos hasta Europa.

A nivel interno, el gobierno de Díaz Ordaz era autoritario, detestaba a los jóvenes estudiantes, que consideraba delincuentes y vagos. Además, era agente informante de la CIA (igual que Echeverría), su clave clandestina era LITEMPO, es decir un traidor a la patria. Además, la CIA participó en la desestabilización de los movimientos sociales en México.

Pablo Moctezuma Barragán en su libro El movimiento de 1968 (Ediciones Sísifo. 2010) presenta una excelente crónica del movimiento estudiantil, donde escribe de la participación de la CIA en aquel año, con el consentimiento del gobierno mexicano: 

“… los hechos son claros que, todos los actores políticos que han sido vinculados a la CIA fueron precisamente quienes promovieron las provocaciones y la represión. Es muy ingenuo pensar que actuaron así, sin relación alguna con los planes de Washington. Por lo contrario, puede ser que estas provocaciones y la represión que sufrió el pueblo de México, forman parte de la “guerra preventiva” que desde su fundación ha propiciado la CIA contra quienes considera sus enemigos…

“En ese sentido los servicios de inteligencia mexicanos manejados por Díaz Ordaz y Echeverría, por largos años, más que haber ‘fallado’ pudieron ser quienes aplicaron los planes de provocación y represión previamente estudiados”. 

Según García Barragán pudo haberse sentido traicionado por el Presidente, ese 2 de octubre, por lo que ya relaté, pero siempre le fue fiel a Díaz Ordaz desde el inicio de su gobierno.

Porque el general ejecutaba las órdenes del Presidente, para aplacar los movimientos sociales desde 1964, además, para enviar a miles de soldados al estado de Guerrero, para matar a los integrantes de las guerrillas de los profesores Lucio Cabañas, y Genaro Vázquez, quienes se levantaron en armas, el primero en 1967 y el segundo en 1968.

El diario El Sur de Acapulco, publicó en su edición del 1 de octubre, un texto de Jacinto Rodríguez y Pepe Reveles, titulado El ejército reconoce que la guerra sucia de los 70 y 80 fue completamente ilegal.

Es una investigación militar sobre los vuelos de la muerte en Guerrero (donde los soldados mataban a guerrilleros, campesinos y estudiantes, y desde aeronaves los arrojaban al mar de Acapulco), ahí participó el general Acosta Chaparro (acusado por narcotráfico), quien fue amigo y asesor de García Barragán, es decir, todos esos militares seguían la misma táctica: exterminar estudiantes, campesinos y guerrilleros.

En el libro Los años heridos, Fritz Glockner, relata la historia de la guerrilla en México, entre 1968 a 1985. El libro inicia explicando que, después de la masacre del 2 de octubre, cientos de jóvenes optaron por las armas, y formaron guerrillas urbanas, (aunadas a las campesinas en Guerrero).

Esto ayuda mucho a entender el cinismo de García Barragán, quien después, trató de limpiarse las manos de sangre, incluso, se llegó a contar que, el gobierno de Estados Unidos le propuso que, en 1968, el general le diera un golpe militar a Díaz Ordaz.

Eso suena torpe, porque el Presidente mexicano, llenaba el prototipo de “los gorilas” que los gringos querían imponer en Latinoamérica: anti comunistas, fanáticos católicos, represores, sanguinarios, bajo el servicio de los yankees.

Díaz Ordaz calificaba perfectamente, él era similar al otro “gorila” chileno, Augusto Pinochet. Entonces, ¿por qué el gobierno de EUA hubiera querido tumbar a Díaz Ordaz y poner a García Barragán?, suena ilógico,

García Barragán juntó varios documentos, partes militares, archivos sobre el 68, quedando en manos de su hijo Javier García Paniagua (quien fue titular de la Dirección Federal de Seguridad DFS, de 1976 a 1978). Esa dirección era la policía política del gobierno del PRI que reprimía, encarcelaba, asesinaba y desaparecía a estudiantes y guerrilleros.

García Panigua entregó esos archivos al periodista Julio Scherer. Esa información alimentó el contenido del libro Parte de guerra, Tlatelolco 1968, que el periodista publicó con la colaboración del escritor Carlos Monsiváis.

Lo irónico es que, el periodista Julio Scherer era amigo de Javier García Paniagua, y aquél le pidió de favor que le diera empleo a su hijo Julio Scherer Ibarra.

Entonces, en 1981 el joven (que sería abogado) Scherer Ibarra fue secretario particular de Javier García Paniagua, cuando éste era presidente nacional del PRI y quería ser Presidente de México, pero finalmente, López Portillo le dio el “dedazo” a Miguel de la Madrid, por lo que, García Paniagua hizo tremendo berrinche.

Años más tarde, Scherer Ibarra fue despedido del gobierno obradorista, debido a actos de corrupción e influyentismo, en respuesta, Scherer Ibarra publicó un libro de resentimiento. Todo eso me hace preguntar ¿los documentos que recopiló García Barragán fueron verídicos? ¿El periodista Julio que le debía favores al hijo del militar fue imparcial con la historia?

Mi amigo y paisano de Guerrero, Armando Lenin Salgado tomó fotos durante el movimiento estudiantil de 1968, en casi todas ellas, hay soldados, es decir, la sombra de García Barragán. En una imagen una tanqueta aparece en el Zócalo de la Ciudad de México, cuando los militares tomaron escuelas y universidades, como el famoso “bazukazo” a la preparatoria 1 de San Ildefonso de la UNAM. Otras, fueron, del 3 de octubre, la mañana siguiente de la masacre: un soldado oprime con su bota, una masa encefálica.

En otra foto, un militar está sentado en la iglesia de Tlatelolco, como meditando. Armando me contaba que, los militares, arrojaban los cadáveres a los camiones, para llevárselos de la plaza de las Tres Culturas.

A todo eso: ¿García Barragán, no habrá tenido remordimiento al mandar asesinar a estudiantes? ¿Por qué nunca le presentó su renuncia al Presidente? Quizá porque le era fiel a Díaz Ordaz y ambos eran sádicos.

Armando Salgado colaboró en la revista Por qué? Del periodista Mario Menéndez, donde publicó varias de sus fotos famosas. Glockner en su libro citado, cuenta sobre esa revista: “La oportunidad de haber reunido un pequeño capital, permiten que para mediados de 1968 Mario Menéndez, asociado con algunos de sus hermanos, logre fundar su propio medio de comunicación, cuyo primer número aparece en junio de aquel año y que logra conseguirse en los puestos de periódicos cada jueves, a un costo de 2.50 pesos”.

Yo agrego: que años después, en 1991, Mario Menéndez, fundó el periódico “Por Esto”. En 2023, conocí en Mérida, a la hija de Mario, se llama Alicia Menéndez, está al frente del periódico, ella me comentó que, cada 2 de octubre, publican un suplemento especial sobre el movimiento de 1968. Ya no me dio tiempo de conocer a Mario porque murió en 2024.

Armando me platicaba que la revista Por qué? era de los pocos medios de comunicación que decían la verdad sobre el movimiento estudiantil, pero después, el gobierno del PRI los censuró, y que como explica Glockner, la revista ya no recibió el papel para impresión (PISA) que monopolizaba el gobierno. Además, se boicoteó la distribución de ese medio tarea que hizo la Unión de Voceadores. Tiempo después a Armando también fue torturado varias ocasiones. Él murió en 2018.

Mi paisana de Taxco, Ana Ignacia “la Nacha” Rodríguez Márquez, es de las pocas sobrevivientes del movimiento de 1968, a ella le gusta usar muchos anillos, es amiga de mi tía Lupita. Estudiamos en la misma primaria, en diferentes épocas.

“La Nacha” fue representante de la Facultad de Derecho de la UNAM ante el Consejo Nacional de Huelga. Participó desde la marcha del 26 de julio de 1968. Le gustaba ser activista en las brigadas con la gente. Cuando el ejército entró a la UNAM “La Nacha” fue detenida y llevada a la cárcel de Lecumberri.

Posteriormente, sufrió dos secuestros de parte de la Dirección Federal de Seguridad, de Miguel Nazar Haro. Por lo que fue torturada en el centro de detención clandestino de Tlaxcoaque (a mucha gente la mataban ahí).

“La Nacha” también estuvo en la plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, el 2 de octubre. Cuenta que miró las luces de bengala, y a los paramilitares con sus guantes blancos, quienes empezaron a disparar, afortunadamente salvó su vida, al correr y refugiarse en las pirámides que están ahí cerca.

Ahora “La Nacha” tiene 82 años, le gusta mucho platicar cuando hablamos por teléfono, espero que se le pueda rendir homenaje en vida.

La película más icónica del Movimiento Estudiantil es “Rojo Amanecer” del director Jorge Fons. Estelarizada por varios actores de Izquierda como Héctor Bonilla y los hermanos Bruno y Demián Bichir. (En la vida real Héctor y Bruno fueron diputados para la creación de la Constitución de la CDMX en 2016).

Ahí resalta también, María Rojo, como la mamá de esa familia, desde su departamento, en el edificio “Chihuahua” pueden observar la masacre en la plaza de las Tres Culturas, los disparos por todas partes, incluso, ellos mismos son asesinados en su casa, por el famoso “Batallón Olimpia”. La cinta es de 1990 y María contaba las dificultades que tuvieron para filmarla (gobernaba Salinas).

A la actriz María Rojo la conozco desde hace varios años, recuerdo cuando nos invitó a mis amigos mineros y a mí, a su obra de teatro “Made in México”, (que nos conmovió bastante), desde entonces le propuse rendirle un homenaje y espero lograrlo.

En su libro La noche de Tlatelolco, Elena Poniatowska escribió: “El 3 de octubre (de 1968) a las siete de la mañana, después de amamantar a Felipe nacido cuatro meses atrás, fui a la Plaza de las Tres Culturas, cubierta por una especie de neblina. ¿O eran cenizas?

Dos tanques de guerra hacían guardia frente al edificio Nuevo León. Ni luz, ni agua, sólo vidrios rotos. Vi los zapatos tirados en las zanjas entre los restos prehispánicos, las puertas de los elevadores perforadas por ráfagas de ametralladora, las ventanas estrelladas, todos los comercios cerrados, los aparadores de la tintorería, de la cafetería, de la miscelánea hechos añicos, la papelería destruida, las hojas rotas, las huellas de sangre en la escalera y la sangre sin lavar, la sangre encharcada y negra en la plaza.

Los habitantes desvelados, perdidos, hacían cola frente a una llave del agua. Un soldado esperaba a que otro liberara la caseta del teléfono.

En el jardín de Santiago Tlatelolco todas las flores pisoteadas daban lástima. Desde ese momento empecé a recoger testimonios”.

2 de octubre de 2026