Enrique Iturralde*
En el nuevo ecosistema cultural nacional existe una categoría sui generis que ha surgido en los últimos años: los Fifas. Entidades que se caracterizan por su fanatismo a los discursos y valores generados en torno a la afición al fútbol, y toda la parafernalia comercial que, como negocio mediático, implica esta cultura.
Ellos no ven el fútbol: lo viven, lo exudan. Es su religión. Si tienes dudas sobre la importancia mística de este juego, te pueden citar “Dios es redondo”, de Eduardo Galeano, o “Los once de la tribu”, de Juan Villoro. Libros que probablemente no hayan leído, pero conocen por alguna referencia de algún cronista deportivo de las televisoras comerciales en sus notas de color.
El ecosistema del Fifas no es la sabana africana, sino la manósfera de Internet. Están estrechamente relacionados con la rama de los Incels: usuarios de redes y foros digitales que culpan a las mujeres de todas sus desgracias personales y siguen las cuentas de sus “coachs de vida”: “El Temach” o Diego Dreyfuss.
Lo futbolístico es el vehículo ideal para hacer despliegue de sus ritos de virilidad. Golpear con furia una pantalla que todavía no acaban de pagar, si pierde el América, o llorar como solo pueden llorar los “onvres”: por la descalificación de su equipo.
El nombre “Fifas” se popularizó en la jerga de usuarios mexicanos de las redes, tras los desmanes de aficionados del Cruz Azul, en Paseo de la Reforma, después del triunfo que dio el campeonato nacional al equipo celeste sobre el club, Santos Laguna, el 30 de mayo de 2021. El término se originó por usuarias de las redes para referirse a los aficionados que usan el vandalismo como forma de celebración (El Siglo de Torreón, 1 de junio de 2021).
Nació como una reacción a las críticas de los hombres no empáticos con las pintas de edificios y monumentos, de las protestas feministas, cuando ellos hacen lo mismo sin ninguna causa social de por medio.

Una de las principales herramientas del Fifas para interrelacionarse con sus congéneres son los videojuegos de la FIFA para consolas como X-Box, los cuales tienen que volver a comprar religiosamente cada año, pues los equipos cambian sus cuadros de jugadores.
Varios han sido los desmanes realizados por los Fifas mexicanos en las celebraciones realizadas tras partidos como el triunfo de la selección mexicana sobre Corea, en el Estadio Akron, de Jalisco: disturbios, riñas y daños a inmuebles y monumentos en lugares como Paseo de la Reforma, en la capital del país.
Después de la inauguración del Mundial de Fútbol 2026, en el Estadio Ciudad de México, destacó por su notoriedad una subcategoría: los Fifas Whitexicans. Son los “Chads”, es decir, los machos alfa de la manada. No portan playeras del América, sino del Real Madrid, el Barça o el Liverpool (playeras originales, claro, no piratas como las del vulgo). Lo mismo pasa si se trata de Alemania, España o Inglaterra, lo que de paso les da ocasión para presumir la ascendencia europea directa que aseguran tener. Poseen nombres como Dios manda: “Javi”, “Manu”, “Juanpa” o “Iñaki”. Obvio, prefieren ver la Champions, que la liga mexicana.
Desde la impunidad que les otorga el privilegio social y la posibilidad de pagar precios estratosféricos para acceder a la Copa Mundial FIFA 2026, los Fifas Whitexicans despliegan impunemente sus rituales masculinos en estadios y festejos.
Aficionados que compraron boletos en la zona para personas con capacidades diferentes y se paraban de sus sillas de ruedas al festejar los goles; otros dos que arrebataron a una madre buscadora una lona con fichas de búsqueda de desparecidos en el país, en Paseo de la Reforma, para taparse de la lluvia y golpear a un periodista que defendió a la mujer.

Otro más que hizo el gesto racista de los ojos rasgados para burlarse de una influencer coreana, en el Estadio Akron de Guadalajara.
Estas estampas, dignas del National Geographic o algún Panini, ilustran cómo los Fifas Whitexicans poseen la habilidad de proyectar globalmente la imagen del aficionado mexicano como alguien indolente, patán, poco solidario, racista, negligente y corrupto.

El fútbol es un espejo que desnuda nuestra realidad social, como dijo Eduardo Galeano, y también es una cuestión de diferencia de clases.
Una problemática que nos hace reflexionar, entre otras cuestiones, sobre las masculinidades tóxicas y las acciones a tomar, para contrarrestar los valores dominantes que nos inculcan los aparatos ideológicos de occidente, como la FIFA, las televisoras privadas y las redes sociales digitales.
Referencias:
El Siglo de Torreón. (2021, 1 de junio). FIFAS, ¿Por qué se les está llamando así a algunos hombres? El Siglo de Torreón. https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/2021/fifas-por-que-se-les-esta-llamando-asi-a-algunos-hombres.html





