La TV abierta decrece en México
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La TV abierta decrece en México

Gabriel Sosa Plata*

La Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2025, elaborada por el INEGI, nuevamente ofrece datos muy valiosos para tener un panorama sobre el consumo de contenidos en medios audiovisuales, Internet y redes sociales.

¿Cuál es la novedad este año? Que la televisión abierta sigue siendo muy importante, pero compite cada vez más con el celular, la smart TV, las redes sociales, YouTube, las plataformas de streaming, los videojuegos, las aplicaciones de audio y video, y todo ese ecosistema que pelea, minuto a minuto, por nuestra atención.

En 2025, por primera vez en la serie presentada, la TV abierta cayó por debajo de la mitad de la población usuaria. La ve 49.1 por ciento, equivalente a 59.9 millones de personas. En 2020 llegaba a 61.1 por ciento, con 70.9 millones. En cinco años perdió alrededor de 11 millones de personas usuarias.

No es un dato irrelevante si consideramos que durante décadas dominó el escenario comunicacional, de consumo, incluso político, con Televisa a la cabeza. Dejó de ser la pantalla obligatoria de la vida nacional, del espacio automático que reunía a la familia, en la que se enteraban millones de personas de lo que ocurría en el ámbito informativo y se definía la agenda política, cultural y deportiva.

Quienes todavía ven televisión abierta lo hacen, en promedio, 2.1 horas al día. La cifra confirma que conserva presencia y hábito, pero también muestra que ahora convive con muchas otras formas de mirar. Ver televisión ya no es necesariamente sentarse frente a un canal, sino también abrir una aplicación, buscar una serie, reproducir un video, entrar a una plataforma o ver clips en redes.

Ahí aparece uno de los hallazgos más interesantes del informe. El televisor no desapareció del hogar mexicano. Al contrario. En 2025, 89.9 por ciento de los hogares tenía televisor, lo que equivale a 35.7 millones de hogares. El porcentaje bajó frente a 2015, cuando era 93.5 por ciento, pero el número absoluto subió, porque entonces eran 30.1 millones de hogares.

El televisor dejó entonces de utilizarse sólo para consumo de televisión abierta y cada vez más es una pantalla conectada a Netflix, YouTube, Disney, Prime, videojuegos, música, noticias, redes y contenidos bajo demanda.

De ahí que entre los hogares con televisor, 75.6 por ciento ya dispone de smart TV. En 2023 era 62.1 por ciento y en 2024 llegó a 69 por ciento. El crecimiento es rapidísimo. La smart TV se está convirtiendo en el nuevo centro audiovisual del hogar.

Hay otro dato en el que debemos poner atención. Entre las personas usuarias de internet, 50 por ciento se conecta mediante smart TV, mientras que 36.2 por ciento lo hace mediante computadora. Es decir, la smart TV ya superó a la computadora como dispositivo de conexión. La sala mexicana se digitalizó antes que muchos escritorios.

Esto cambia todo para la producción audiovisual y el consumo real está mezclado. Una persona puede ver un noticiario en la mañana, clips en el celular al mediodía, una serie en la smart TV por la noche y fragmentos de debate político en redes antes de dormir.

La radio también muestra una transformación relevante.

En 2025 la escuchó 29.8 por ciento de la población usuaria, equivalente a 36.3 millones de personas. En 2020 era 35 por ciento, con 40.6 millones. La caída existe, aunque es menor que la de la televisión abierta.

Hay otro dato interesante: quienes escuchan radio reportan un promedio de 2.2 horas diarias, ligeramente por encima del tiempo dedicado a la televisión abierta.

La radio perdió alcance, pero conserva intensidad entre quienes la escuchan. Sigue viva en el transporte, en la cocina, en el trabajo, en los trayectos, en los comercios. La radio, pues, mantiene una fuerza cultural que no debería subestimarse.

El reto que ahora enfrenta la radio es de alguna manera el mismo que afronta la TV abierta en el mundo digital. Compite con Spotify, podcasts, audiolibros, videos escuchados sin mirar la pantalla, transmisiones en vivo, clips, asistentes de voz y plataformas que personalizan la oferta.

En 2025, 30.9 por ciento de los hogares tenía al menos un dispositivo inteligente y, entre ellos, 62.5 por ciento contaba con bocina o asistente del hogar. La escucha también muda a otros dispositivos.

¿Y el celular? Es ya la gran pantalla nacional. Entre las personas usuarias de internet, 97.3 por ciento se conecta mediante smartphone. Es el dispositivo dominante, que ya no sólo sirve para llamadas o enviar mensajes. Es televisión portátil, radio expandida, reproductor musical, sala de cine personal, centro de noticias, banco, escuela, oficina, cámara, periódico, consola y plaza pública.

Entre personas usuarias de teléfono celular inteligente, 77.8 por ciento utilizó aplicaciones para acceder a contenidos de audio y video. La cifra está muy cerca del uso de redes sociales, que alcanzó 80.4 por ciento, y por debajo de la mensajería instantánea, con 90.6 por ciento. Esto confirma que el consumo audiovisual ya está completamente integrado a la vida móvil.

La ENDUTIH también muestra que el país está mucho más conectado. En 2025, 104.9 millones de personas usaron  internet, equivalentes a 86.1 por ciento de la población de referencia. En 2015 eran 61.4 millones, apenas 57.4 por ciento. En hogares, 78.3 por ciento cuenta con internet, lo que equivale a 31.1 millones de hogares. En 2015 eran 12.6 millones.

El salto es enorme, pero las diferencias de ingreso y las brechas digitales persisten. En 2025, 36.4 por ciento de los hogares tenía servicio de streaming. En zonas urbanas la cifra llega a 42.5 por ciento, mientras que en zonas rurales apenas alcanza 12.4 por ciento.

Estos contrastes en el acceso se manifiestan, por supuesto, en el consumo de contenidos audiovisuales. Entre las personas usuarias de internet en zonas rurales, 67.2 por ciento accede a dichos contenidos. En zonas urbanas la cifra es de 81 por ciento. Esto significa que a brecha no está en el deseo de mirar o escuchar, sino en las condiciones materiales para hacerlo.

Esto significa que la disputa de las pantallas no es sólo tecnológica. Es económica, territorial, cultural y política. ¿Quién puede pagar las plataformas? ¿quién tiene buena conexión? ¿quién produce contenidos visibles en smart TV? ¿quién aparece en las búsquedas? ¿qué voces quedan escondidas por los algoritmos? ¿qué pasa con las audiencias que no están en el centro del mercado?

En síntesis, no basta con estar al aire. Los medios tradicionales deben estar disponibles y adaptados a los nuevos hábitos.

México no está apagando la televisión. Lo que ha cambiado es quién controla las pantallas. El duopolio quedó atrás. Ahora debemos preocuparnos y ocuparnos mucho más de los gigantes tecnológicos.

*Profesor e investigador de la UAM-Xochimilco y periodista.

18 de junio de 2026