Con motivo del Día Internacional de la Paz, 21 de septiembre
Embajador Plenipotenciario de la República Islámica de Irán en México, Abolfazl Pasandideh
La paz no significa únicamente el silencio de las armas. Es también el derecho a vivir sin miedo, a disfrutar de seguridad, dignidad, educación, salud y un futuro esperanzador. La paz es ese horizonte en el que los niños, en lugar de buscar refugio, pueden acudir a la escuela; en el que las familias, en vez de temer los bombardeos y el desplazamiento, pueden planear su futuro; y en el que las naciones destinan sus recursos al desarrollo y al bienestar colectivo, y no a la destrucción.
Por ello, la paz no debe considerarse solamente un ideal moral ni un tema ceremonial reservado para los discursos internacionales. Es una condición esencial para la felicidad y la prosperidad de todos los pueblos del mundo. Ninguna sociedad puede alcanzar un desarrollo sostenible en medio de la guerra, y ninguna nación puede construir su seguridad y bienestar sobre la inseguridad y las privaciones de otros pueblos.
El Día Internacional de la Paz nos brinda una oportunidad para reflexionar sobre la responsabilidad compartida de los gobiernos, los organismos internacionales, los intelectuales, los medios de comunicación y todos los seres humanos. En un mundo que continúa enfrentando guerras, ocupaciones, sanciones, amenazas, intervenciones y ataques contra la población civil, no basta con hablar de paz: es indispensable demostrar una voluntad auténtica y actuar con responsabilidad para alcanzarla.
El islam: una invitación a la paz y a la convivencia
El islam es, por su propia esencia, una religión de paz, misericordia, justicia y amistad entre los seres humanos. La palabra “islam” mantiene un vínculo profundo con los conceptos de paz, seguridad y concordia. El Sagrado Corán considera a los seres humanos, pese a sus diferencias étnicas, lingüísticas y culturales, integrantes de una gran familia, y señala que el propósito de esta diversidad no es la enemistad ni la superioridad de unos sobre otros, sino el conocimiento mutuo.
En el pensamiento islámico, la paz duradera es inseparable de la justicia. Una paz basada en la humillación de los pueblos, la ocupación de territorios, la discriminación o la privación de los derechos legítimos de las naciones no puede ser estable ni honorable. La paz verdadera surge cuando se respeta la dignidad de todos los seres humanos, se reconocen los derechos de los pueblos y ninguna potencia se considera por encima de las leyes y de sus compromisos internacionales.
La cultura y la literatura de Irán también han transmitido durante siglos un mensaje de convivencia y solidaridad humana. Las palabras inmortales del poeta persa Saadi de Shiraz —“Los hijos de Adán son miembros de un mismo cuerpo”— no constituyen únicamente un verso, sino la expresión de una profunda visión sobre la unidad del destino humano. El sufrimiento de un pueblo termina afectando, tarde o temprano, la tranquilidad de los demás, y la prosperidad duradera solo será posible cuando se desee para todos.
Irán y la defensa de la paz
Irán, como país poseedor de una civilización milenaria, no ha iniciado ninguna guerra contra otro país durante más de dos siglos. El pueblo iraní ha enfrentado en numerosas ocasiones agresiones, ocupaciones, una guerra impuesta, terrorismo y presiones extranjeras; sin embargo, siempre ha procurado mantener abierto el camino del diálogo y la diplomacia, al tiempo que defiende su independencia, su integridad territorial y su dignidad nacional.
Uno de los ejemplos más claros de este enfoque fueron las prolongadas negociaciones de Irán sobre su programa nuclear pacífico. Con el propósito de disipar las dudas y preocupaciones planteadas por los países occidentales, la República Islámica de Irán sostuvo negociaciones durante varios años y, finalmente, en 2015 firmó el Plan de Acción Integral Conjunto, conocido como PAIC o acuerdo nuclear, con los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y Alemania.
Este acuerdo fue resultado de la diplomacia multilateral y demostró que incluso las controversias internacionales más complejas pueden resolverse mediante el diálogo y el entendimiento.
No obstante, en 2018 Estados Unidos se retiró unilateralmente de este acuerdo y sustituyó el cumplimiento de sus compromisos por una política de presión y sanciones. Esta decisión no solo perjudicó gravemente la confianza entre las partes, sino que también debilitó la credibilidad de la diplomacia y el principio fundamental del cumplimiento de los compromisos en las relaciones internacionales.
En junio de 2025, mientras Irán y Estados Unidos habían logrado avances tras cinco rondas de negociaciones, nuestro país fue atacado en pleno proceso de diálogo. En febrero de 2026, pese a la reanudación de las negociaciones, la República Islámica de Irán volvió a ser objeto de una agresión. Atacar a un país mientras se encuentra negociando representa una contradicción evidente entre la invitación al diálogo y el recurso a la fuerza, además de causar un profundo daño a la confianza indispensable para cualquier proceso diplomático.
A pesar de estas experiencias dolorosas y de tales conductas contradictorias, la República Islámica de Irán continúa convencida de que el diálogo, la diplomacia, el respeto mutuo y la observancia del derecho internacional constituyen el camino más responsable para resolver las diferencias entre los países.
Insistir en la paz no significa ignorar el derecho legítimo a la defensa ni renunciar a la independencia y a la dignidad nacional. La paz sostenible únicamente será posible cuando todas las partes dialoguen en condiciones de igualdad, sin amenazas, imposiciones ni intimidaciones.
Una paz justa, no una calma impuesta
Hoy el mundo necesita la paz más que nunca, pero no cualquier clase de paz. La humanidad requiere una paz justa, honorable y duradera; una paz sustentada en la Carta de las Naciones Unidas, el respeto a la soberanía de los Estados, la no intervención en los asuntos internos de los pueblos y la prohibición de la amenaza o el uso de la fuerza.
La paz no debe convertirse en otro nombre para la rendición de las naciones más débiles ante las grandes potencias. No es posible hablar de paz mientras, al mismo tiempo, se financian guerras, se venden más armas, se ataca a la población civil o se aplican sanciones generalizadas que dificultan la vida cotidiana de los pueblos. La paz adquiere verdadero sentido cuando los principios del derecho internacional se aplican a todos los países por igual, sin excepciones ni dobles criterios.
La seguridad tampoco puede dividirse. Ningún país puede alcanzar una seguridad duradera provocando inseguridad en otros. La historia ha demostrado que las políticas de amenaza y dominación quizá logren imponer silencio durante un breve periodo, pero jamás generarán tranquilidad ni confianza. La seguridad auténtica nace de la cooperación, la justicia, el desarrollo equilibrado y el reconocimiento de las preocupaciones legítimas de todas las naciones.
Una responsabilidad compartida por todos los países
La humanidad enfrenta actualmente desafíos que no conocen fronteras geográficas: el cambio climático, la pobreza, la migración forzada, la inseguridad alimentaria, las enfermedades y la creciente desigualdad entre las sociedades. La solución de estos problemas requiere cooperación internacional. Los recursos que hoy se consumen en guerras y carreras armamentistas podrían destinarse a construir escuelas y hospitales, proteger el medio ambiente, combatir la pobreza y garantizar el futuro de las próximas generaciones.
Los países que poseen mayores capacidades y poder también tienen una responsabilidad mayor ante la paz mundial. El poder no debe convertirse en una licencia para intervenir, imponer decisiones o ignorar el derecho internacional; por el contrario, debe ir acompañado de una mayor responsabilidad.
Las Naciones Unidas también podrán conservar la confianza de los pueblos solamente si aplican los principios de su Carta a todos los países sin discriminación y al margen de consideraciones políticas.
Los pueblos de Irán y México, a pesar de la distancia geográfica, comparten un profundo respeto por la independencia, la soberanía nacional, la cultura y la dignidad humana. Ambos pueblos saben bien que la independencia y la paz no son bienes garantizados para siempre, sino valores que deben protegerse mediante la solidaridad, la conciencia y el compromiso con el diálogo.
En el Día Internacional de la Paz debemos reafirmar que las diferencias culturales, religiosas y políticas no deben convertirse en pretextos para la enemistad. Las naciones pueden ser diferentes y, al mismo tiempo, cooperar en un ambiente de respeto e igualdad. El mundo será más humano cuando la lógica del diálogo sustituya al lenguaje de las amenazas y la cooperación ocupe el lugar de la dominación.
La paz no es un privilegio reservado para unos cuantos: es un derecho común de todos los seres humanos. El futuro de nuestros hijos dependerá de las decisiones que tomemos hoy. Ha llegado el momento de que la comunidad internacional elija entre dos caminos: continuar el ciclo de violencia, venganza y destrucción, o avanzar hacia el diálogo, la justicia y la convivencia pacífica.
La República Islámica de Irán, a pesar de todos los sufrimientos y presiones que ha padecido, continúa tendiendo su mano de amistad a los pueblos del mundo y defendiendo una paz justa, honorable y basada en el respeto mutuo; una paz que no humille a las naciones, sino que acerque a los pueblos, amplíe la cooperación y contribuya al bienestar común de toda la humanidad.
La paz no es una señal de debilidad; es la elección más valiente de las naciones y el legado más sabio que podemos dejar a las futuras generaciones.





