Naief Yehya
Nueva York.- Una de las características que diferencian los tiempos de Trump de otras eras es el diluvio de insensatez que desata el ex estrella del Reality show “El aprendiz”, cada vez que abre la boca. En esencia, las agresiones a otras naciones, los atropellos a la ley internacional y el abandono de las necesidades de las clases más desaventajadas y las minorías a nivel doméstico, son similares en Estados Unidos bajo gobiernos demócratas o republicanos (aunque los demócratas pretendan estar con “los trabajadores”).
Pero el régimen actual es la culminación de un sueño autoritario, la eliminación de los controles y contrapesos que hacen funcionar a una democracia y sobre todo, es el triunfo del narcisismo y la explotación del poder que no pretende disimular su corrupción. Es una combinación descarada de la ambición personal de Trump y sus cercanos, la más incompetente improvisación así como el ejercicio de la crueldad y la venganza en contra de todo lo que perciben como progresismo.
El líder del “mundo libre” parece estar viviendo un deterioro bastante serio: se queda dormido constantemente, tiene sospechosas marcas e hinchazón en la manos y piernas, se contradice, a veces, en cuestión de horas, tiene exabruptos absurdos y vulgares, y como a otros dictadores, constantemente le hacen “estudios médicos” que siempre concluyen que está en perfecta salud. Pero quizá es debido a ese estado de aparente confusión senil que ha tenido momentos de algo parecido a la franqueza. El día de su cumpleaños, el 14 de junio, el presidente Trump anunció por cuadragésima vez (literalmente) que sus negociadores habían llegado a un acuerdo de paz con Irán y reconoció que Irán tenía derechos tener misiles, drones y armas para defenderse.
Desde que comenzó la agresión militar israelí estadounidense contra Irán (que duró 108 días), Trump ha asegurado diariamente que ya ha ganado esta guerra, que según él “no es guerra”. No obstante, muy pronto quedó claro que sin importar la cantidad de destrucción y muerte que podía dejar el eje estadounidense sionista (arrasaron o dañaron casi 149,000 infraestructuras civiles: hogares, escuelas y hospitales entre otras). La estrategia de provocar que el pueblo y el ejército se levantaran contra el régimen no funcionó.
Al inicio de su guerra (que no es guerra) Trump dijo que no aceptaría otro desenlace que la rendición total e incondicional de Irán. Pero después de bombardear sin cesar ese país tuvo que reconocer que la única forma de ganar sería con una extensa campaña militar terrestre que seguramente podría durar años, costaría miles de millones de dólares y muchas vidas para el imperio y su belicoso aliado.
Además de que representaría una catástrofe en el mercado de hidrocarburos y desmoronaría la estabilidad de los países del Golfo. Pero el problema mayor es que requería de un nivel de dedicación a la guerra que Trump, que no puede con centrarse en nada por más de unos minutos, es incapaz de comprometer.
Así la campaña Furia épica que comenzó con el objetivo de cambiar de régimen de Teherán, imponer una normalización de relaciones con Israel, destruir sus defensas aéreas y su capacidad de enriquecer uranio, hundir su marina, liquidar su programa de misiles y drones, requisar el material radiactivoha y convertir al estado de otro estado vasallo, fracasó escandalosamente.
Las baterías de misiles y drones sufrieron daño pero siguen operativas, algunos especulan que en un 70 por ciento. Irán no contaba con una marina muy poderosa (pero Estado Unidos hundió sin aviso ni justificación al buque iraní Dena, cerca de la costa de Sri Lanka, asesinando alrededor de un centenar de marinos), ni tenía una fuerza aérea considerable. El material radiactivo sigue ahí para ser objeto de negociaciones en el futuro o para ser transportado a otro país.
Trump y Netanyahu repiten sin cesar que el objetivo de esta guerra es impedir que Irán tenga una bomba atómica, pero desde el año 2000, el Ayatola Alí Jameneí, había declarado haram (religiosamente prohibido) el desarrollo, almacenamiento y uso de armas nucleares. La relación con Israel obvia mente sigue siendo de guerra intensa. Lo que lograron los israelíes y estadounidenses fue masacrar a miles de iraníes, incluyendo el primer día, el asesinato de más de 100 niños en la escuela de Minab, destruida el primer día de la agresión militar.
Aparte de ese brutal crimen de guerra, que además fue un ataque con misiles asistido por inteligencia artificial (el LLM, Claude de Anthropic), dieron en ese primer día golpes devastadores a la cúpula política, militar y científica iraní, en particular con el asesinato del líder supremo Jameneí y docenas de figuras principales del régimen. Se trató de una versión renovada del Shock and Awe que usó Bush al comienzo de la guerra contra Irak. En aquel conflicto trataron de matar a Saddam Hussein y “decapitar” al régimen para terminar la guerra de forma instantánea. Fracasaron y la guerra duró casi nueve años. En este caso, lo lograron y aun así, el régimen sobrevivió. Y mientras esto se escribe, Estados Unidos los arsenales de misiles y armas estadounidenses se encuentran severa y peligrosamente disminuidos.
Pronto Irán demostró que tenía un arma incomparable: el control del estrecho de Ormuz. Además, su planeación estratégica al invertir en drones y misiles, para usarlos contra Israel y las bases estadounidenses de la región si se veían atacados, resultó acertada y pudieron defenderse al exponer la vulnerabilidad de enemigos muy poderosos al asestarles golpes costosísimos y crear un estado de ansiedad militar regional y de inseguridad económica planetaria. Este ataque demostró nuevamente que la supremacía militar no siempre es suficiente para ganar guerras.
Es una curiosa ironía que el “presidente de la paz”, galardonado con el muy preciado, y único, premio FIFA de la Paz (que inventó el presidente de esa asociación, Gianni Infantino, para Trump en su inagotable servilismo y patética lambisconería) y que es director vitalicio de la Junta de la Paz (que él mismo creó), haya amenazado a una nación con borrarla del planeta y ritualmente anuncie que des encadenará destrucción y muerte masivas.
La firma del Acuerdo de entendimiento el 19 de junio (Trump en el Palacio de Versalles y el presi dente iraní, Masoud Pezeshkian en Teherán) vino, una vez más, a inyectar una especie de confianza en los mercados bursátiles y en la reducción del precio del petróleo (algo que no puede más que verse como una complicidad para la especulación, ya que se basa únicamente en la palabra de Trump y no en evidencia alguna). Seguramente, no fueron pocos quienes reconocieron en esa firma ecos de otro tratado de paz firmado en ese mismo palacio en 1919, después de la Primera Guerra Mundial, donde Alemania reconoció su derrota.
Las severas condiciones que le impusieron (reparaciones económicas, pérdida de territorio y des arme), eventualmente provocaron el resentimiento y la mentalidad que dieron lugar a la Segunda Guerra Mundial. Pero aparente mente, ni Trump ni su equipo de charlatanes se enteraron de esa ominosa referencia histórica. Lo que resulta curioso es que los críticos de este acuerdo son tanto demócratas, que supuestamente, siempre es tuvieron en contra de esta guerra, pero ahora quieren que continúe, por ejemplo, los republicanos, que algunos apoyaron y otros no, pero ahora quieren que la guerra siga.
Ahora bien, este acuerdo precipitado, casi des esperado, que es en esencia un rendimiento, es también la respuesta de Trump a la urgencia de acabar con este conflicto antes del aniversario de la independencia, el 4 de julio. Más importante aún, era necesario terminarlo antes de las elecciones de mitad de mandato y antes de que se agotaran las reservas petroleras estratégicas a las que han estado metiendo mano para estabilizar artificialmente el precio del petróleo. Trump declaró que las reservas se agotarían en “cuatro semanas”.
Durante la reunión del Grupo de los 7, los líderes europeos aplaudieron el Acuerdo antes de que se revelara su contenido, además, el vicepresidente JD Vance dio una gira por los medios de comunicación celebrando el logro. Los términos del acuerdo de 14 puntos se hicieron públicos el miércoles 17 de junio de 2026 y mencionaron que Estados Unidos “respetará la integridad territorial de Irán”. Asimismo, permitirá a Irán vender petróleo y se le retirarán sanciones para acceder a servicios bancarios, transportes y compañías de seguros internacionales.
Esto en sí mismo ya sería un triunfo para la República islámica. Pero además, Estados Unidos retirará a sus tropas de las “proximidades” de Irán en 30 días y dejará de bloquear los puertos de ese país. Se incluye el requerimiento del fin “inmediato y permanente de la guerra en todos los frentes, incluido Líbano”. Este punto es importante, ya que aparte de proteger a un aliado, es un intento de crear un cisma entre Estados Unidos e Israel. Llama la atención que en el Acuerdo no se menciona limitar los misiles ni drones iraníes, otra de las premisas iniciales del conflicto.
Por su parte, Irán se compromete a abrir y limpiar de minas el estrecho de Ormuz y a nunca desarrollar armas nucleares, algo que han asegurado desde su compromiso con el Tratado de No Proliferación Nuclear de 1970, que refrendaron en el acuerdo con el gobierno de Obama en 2015 con el Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC). Pero ahora más que nunca, quedó demostrado que Irán no necesita de un arma atómica cuando puede estrangular la economía internacional con su control de ese pasaje marítimo.
El acuerdo estipula que Irán no cobrará tarifa alguna a la circulación naviera por 60 días y que después podrá acordar con Omán y otros Estados de la zona, cómo se administrará el estrecho. Esto puede representar ingresos de millones de dólares diarios para Irán en cuotas de “servicio, mantenimiento, operación o protección ambiental” que nunca antes existieron. De cualquier manera, este Acuerdo es simplemente una lista de puntos a discutir en una fecha futura en un acuerdo final.
El gobierno sionista del acusado de crímenes de guerra, Benjamin Netanyahu, ha declarado no ser parte de este Acuerdo (de hecho es muy significativo que Washington ni siquiera consultó con Tel Aviv los términos propuestos) y no está dispuesto a detener su violenta agresión, destrucción masiva, limpieza étnica y ocupación de Líbano. Para hacer patente su desafío, Israel volvió a bombardear el sur del Líbano y a destruir barrios en el sur de Beirut, pero esta vez, Irán cerró el estrecho nuevamente y disparó misiles y drones.
De aceptar el Acuerdo, Netanyahu quedaría como un cobarde no solo ante la extrema derecha con intenciones expansionistas, sino con la mayo ría de sus ciudadanos que están de acuerdo con la destrucción, invasión y probable apropiación de Gaza, el sur de Líbano, Cisjordania y partes de Siria. Trump, finalmente parece haber entendido que Israel aprovechó que Estados Unidos atacaba a Irán para lanzar una aventura mi litar de gran envergadura en Líbano. Esto provocó la furia del presidente que ahora está cuestionando la exagerada brutalidad de esa guerra, lo cual marca un cambio importante en esa relación.
En Israel, el Acuerdo fue considerado una grave traición de Trump. Los medios informativos, desde la extrema derecha (que usualmente se desvive en elogiarlo) ,hasta los centristas (que de cuando en cuando lo critican) se volcaron a atacarlo rabiosa mente. De ser “el mejor amigo de Israel”, súbitamente pasó a ser el enemigo. El 18 de junio, JD Vance tomó una posición defensiva sin precedente hacia su aliado por cuestionar a Trump. Dijo a los israelíes que dos tercios de las armas “que han protegido a su patria” son de fabricación estadounidense y fueron pagadas con el dinero de los impuestos de los estadounidenses y les advirtió que Estados Unidos era básicamente su único amigo.
Esto, para su propia base MAGA es un recordatorio incendiario, ya que va en contra de la idea de “Primero América”. Cualquiera que haya seguido el desarrollo del conflicto estadounidense e israelí contra la República Islámica desde su origen (tras la caída del Shah), sabe que la histeria alrededor de la posible bomba atómica iraní es meramente una campaña propagandística. Quien tome en serio esa “amenaza” lo hace por ignorancia o complicidad. El Acuerdo nuclear del gobierno de Obama tardó veinte meses en concretarse, con docenas de expertos y cientos de horas de tensas y complejas negociaciones.
Resulta muy difícil imaginar la clase de expertos en que confiará un régimen que envió a dos incompetentes sin preparación ni experiencia como Steve Witkof y Jared Kushner a negociar. Muchos iraníes no aceptan el Acuerdo, a pesar de haber sufrido enormemente, ya que no tienen la menor confianza en la palabra de Trump. Estados Unidos ha bombardeado a Irán en dos ocasiones mientras supuestamente negociaba, lo cual, pone en evidencia las consecuencias de violar las reglas de la diplomacia. Un factor nuevo en este momento es que Irán ha perdido el miedo a los ataques militares, el sabotaje, los asesinatos políticos israelíes estadounidenses y a manejar los tiempos. Eso les da una gran ventaja.
El elemento que más puede causar revueltas internas en Estados Unidos es su compromiso de financiar con por lo menos, 300 mil millones de dólares para rehabilitación, desarrollo económico y reparaciones en Irán. Esto aún es muy vago, y probablemente Washington termine por imponer a los países del Golfo ese pago. Aparte de eso, Irán exige que se descongelen los fondos que les pertenecen y que están secuestrados en bancos occidentales. Otro resultado inesperado de las bombas israelíes y estadounidenses es que el nuevo gobierno iraní, del nuevo supremo líder, Mochtabá Jameneí, es aparentemente más radical y menos cauteloso que el anterior.
Netanyahu lleva décadas tratando de convencer a varios presidentes estadounidenses de lanzar esta guerra. Hacía falta alguien tan ingenuo e ignorante como Trump para emprender semejante operación absurda. Lo que parecía que iba a terminar con un triunfo total de Netanyahu, ahora amenaza volverse su Waterloo.
El Acuerdo viene a poner en evidencia el fracaso catastrófico de Estados Unidos y del estado de apartheid sionista en esta guerra. Israel no puede seguir la guerra sin el apoyo estadounidense; podrán seguir atacando y bombardeando pero el costo será cada vez más alto y las represalias serán cada vez mayores. Sólo les queda amenazar con su poderoso arsenal nuclear. Hay tantos radicales irresponsables en el gobierno israelí, comenzando con Netanyahu, que es evidente que habrá la voluntad de usar esas armas, especialmente cuando el mundo entero ha sido cómplice de Israel en sus campañas genocidas.
Es claro que nada se ha resuelto aún y que Trump será objeto de ataques, tanto de sus bases MAGA, como de los republicanos y demócratas al servicio de los intereses de Israel. Esto puede empujarlo a volver a las hostilidades, o bien, a retractarse en lo que ya ha firmado -no será la primera vez. Por el momento, este Acuerdo viene a cambiar décadas de política estadounidense al reconocer a la República Islámica como un rival digno y no un estado terrorista como ha pregonado su propaganda desde la revolución.
La guerra fue lanzada por la ambición israelí de convertirse en el único e indiscutible poder del Medio Oriente y, por lo menos hasta ahora, es Irán el que se ha fortalecido, está reorganizando las alianzas con sus vecinos, fracturando la hegemonía occidental y desmantelando la impresionante red de bases estadounidenses que la rodean. No se puede descartar, aunque suene conspiratorio, la posibilidad de que Trump sea objeto de un magnicidio.
A la vez que esto se escribe Trump, parece nuevamente delirar. Mientras JD Vance declaraba que establecía bases exitosas para la negociación, Trump siguió saboteando su propio Acuerdo y volvió a amenazar con desaparecer a la nación persa del mapa. En su desesperación e impotencia al presidente le queda rabiar y ridiculizarse públicamente. Al momento en que se escribe esto, Irán ha atacado a un buque carguero que desobedeció su control del estrecho. Veremos qué harán los estadounidenses ante este desafío.
Para terminar, tan solo un recordatorio de la inmensa vergüenza de la humanidad: el 3 de julio de 2026 se cumplen 1000 días desde el inicio del genocidio que sigue llevando a cabo Israel en Gaza con la complicidad y silencio de gran parte de la “comunidad” internacional. Ese es el principal di lema moral de nuestro tiempo.
Ensayista, escritor y periodista.





