A pesar del alto al fuego pactado el pasado 17 de abril, el ejército israelí tomó el histórico castillo de Beaufort, protegido por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). La acción fue condenada por Francia, Alemania Qatar y la Liga Árabe.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, celebró la conquista y la calificó como un “punto de inflexión decisivo”. Además, el también prófugo de la Corte Penal Internacional instó a sus fuerzas militares a ampliar las operaciones más allá del río Litani y lograr el control en zonas que mantenían una influencia de Hezbollah, respaldado por Irán.
El castillo sobrevive a la época de Las Cruzadas sobre una meseta rocosa que recorre en su mayor terreno el sur de Líbano y solo una parte el norte de Israel. El lugar tiene un valor simbólico para Israel, que durante dos décadas de ocupación del Líbano usó la fortaleza de Beaufort como base, hasta su retirada en el año 2000.
En 2019 la Unesco inscribió el castillo en la Lista Indicativa de Líbano del Patrimonio de la Humanidad.
De acuerdo con Afp, la toma provocó que el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU) realizará una reunión de emergencia para tratar el tema del aumento de la ofensiva de Israel contra Líbano.
Francia solicitó la reunión, según su presidente, Emmanuel Macron, porque “nada justifica la gran escalada en curso en el sur del Líbano”, el mandatario pidió además que los combates cesaran “de una vez por todas”.
Durante el periodo comprendido entre el 2 de marzo y el 31 de mayo, el ejército israelí asesinó a 3 mil 412 personas e hirió a otras 10 mil 269, según reportes del ministerio de Salud libanés.
Información de la agencia Al Jazeera sugiere que Estados Unidos propuso a ambos mandatarios, el libanés Joseph Auon, y el israelí Netanyahu, un plan para reducir las tensiones. Marco Rubio es el encargado de conversar separadamente con los dos jefes de Estado.





