Ivonne Acuña Murillo*
El cine y las películas desempeñan un papel crucial en la reproducción de esquemas que explican el mundo a partir de la interpretación que los grupos más poderosos del planeta hacen de temas de política, economía, religión, cultura, familia, el amor… Interpretaciones todas dirigidas al mantenimiento del status quo.
Sin embargo, con frecuencia, esos mismos medios son utilizados por minorías capaces de construir mensajes que cuestionan las representaciones dominantes o que apuntan a temas de la vida cotidiana ignoradas por los grandes relatos épicos. En este marco, las películas nominadas por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas (Academy of Motion Picture Arts and Sciences) a los Premios Óscar no son la excepción.
Para el desarrollo de esta colaboración se tomará en cuenta únicamente la nominación a “Mejor Película”, dejando fuera categorías encaminadas a distinguir a actrices y actores principales o de reparto, dirección, guion, fotografía, vestuario, maquillaje, sonido, efectos visuales. Dicho esto, las nominadas a mejor película en 2026 son: Bugonia, F1 La película, Frankenstein, Hamnet, Marty Supreme, Una batalla tras otra, El agente secreto, Valor Sentimental, Pecadores y Sueños de trenes.
Como se anticipa arriba, dos de las cintas nominadas introducen tramas relacionadas con personajes y grupos empeñados en cuestionar regímenes políticos que de una u otra manera violentan los derechos humanos de quienes se atreven a cuestionarlos, en el mejor de los casos, o a enfrentarlos, en el peor de ellos. Por ejemplo, la cinta estadounidense Una batalla tras otra, dirigida y escrita por Paul Thomas Abderson, basada en la novela Vineland de Thomas Pynchon, protagonizada por Leonardo Di Caprio y Regina Hall, en la que se cuenta la historia de un grupo revolucionario de extrema izquierda comprometido con diversas causas como la liberación de migrantes detenidos.
Al inicio de la cinta pareciera que el eje de la trama será la lucha revolucionaria, pero se decanta por la vida privada y sexual de los personajes principales restando importancia a las causas sociales. La segunda cinta de este corte es la película brasileña El agente secreto, escrita y dirigida por Kleber Mendoca Filho, protagonizada por Wagner Moura en la que se narra cómo, en 1977, durante un periodo de dictadura militar, un profesor es perseguido por fuerzas gubernamentales que amenazan no solo su seguridad sino su vida.
Durante la trama, se dibujan pinceladas de su vida y la de su hijo, quien en un régimen político posterior reconoce el legado de lucha de su padre. A diferencia de la primera cinta, no se introducen tintes románticos que se superpongan a la trama principal.
Un segundo tema retomado en las películas nominadas es la vida personal y la introspección a las que nos conducen sus personajes principales, en contextos, espacios y épocas diversas. En este rubro, Valor sentimental cinta noruega dirigida por Joachim Trier, coescrita con Eskil Vogt, protagonizada por Renate Reinsve, Inga Ibsdotter y Stellan Skarsgard, la cual reproduce la rota relación entre un afamado director de cine y sus dos hijas en la que cada quien carga con traumas personales producidos durante la infancia y que en el presente dificultan su acercamiento íntimo y profesional.
El tiempo de la narración dista mucho de lo acostumbrado en el cine de Hollywood, donde los eventos se cuentan a otra velocidad. En la misma línea se encuentra Sueños de trenes (Train Dream), película estadounidense dirigida por Clint Bentley, coescrita con Greg Kwedar, basada en la novela homónima de Denis Johnson, protagonizada por Joel Edgerton y Felicity Jones. En ésta, se cuenta la manera en la que vive una familia cuando el padre se ausenta meses de casa para trabajar en la construcción del tren al no encontrar en su pueblo oportunidades que le permitan mantener a su familia.
La primera cinta se desarrolla en el contexto de la casa familiar y los escenarios teatrales, la segunda en una casa rural construida por el empleado del ferrocarril y en los bosques de donde obtienen la madera para la construcción de los durmientes, lugar en donde varias generaciones de trabajadores comparten sus vivencias, necesidades y desencantos.
Dos cintas más se ocupan de llevar a la pantalla grande la vida de dos hombres entregados a lo que han decidido sea su ocupación principal, la primera es Marty Supreme, película estadounidense dirigida y coproducida por Josh Safdie y coescrita por Ronald Bronstein, protagonizada por Timothée Chalamet, inspirada en el jugador de tenis de mesa estadounidense Marty Reisman (1930-2012), conocido como “el estafador de ping pong” y cuya vida estuvo marcada por escándalos, apuestas clandestinas y cuyo carisma desbordaba los límites del deporte.
Cabe decir que no todo lo que ocurre durante la trama es copia fiel de la existencia del personaje real, aunque con seguridad recoge las dificultades que una persona de clase baja debe afrontar para ascender en la escala social, incluyendo privaciones y vejaciones infringidas por quienes se encuentran en mejor posición. La segunda es F1: la película, cinta estadounidense dirigida por Joseph Kosinski, escrita por Ehren Kruger, protagonizada por Brad Pitt quien recrea el regreso a las pistas de un expiloto estrella de Fórmula 1 cuya vida errante, sin propósito ni grandes ambiciones, reproduce uno de los estereotipos muy gustados por cineastas estadounidenses resaltando por un lado la excelencia en el hacer y por otro el desinterés por la vida tradicional y segura de una familia y un trabajo estable.
En ambas cintas, las aventuras de sus protagonistas nos sacan de la introspección a que nos conducen Valor sentimental y Sueños de trenes para arrojarnos de lleno a la aventura que supone el vivir día con día, más allá de cualquier reflexión moral o ética.
Una séptima película, situada entre la realidad y la ficción, es Hamnet, coproducida por Estados Unidos y el Reino Unido, dirigida por Chloé Zhao y coescrita con Maggie O’Farrell autora de la novela homónima, protagonizada por Jessie Buckley y Paul Mescal, que ficcionaliza la relación entre Agnes y William Shakespeare (1564-1616), el dramaturgo inglés y su esposa, ante el impacto que tuvo en ambos, de manera destacada en ella, la muerte a los once años de su hijo Hamnet durante una epidemia de peste, tragedia que inspiró la escritura de la pieza teatral Hamlet, príncipe de Dinamarca.
Al embarazo, la maternidad y la vida en familia se suman elementos mágicos relacionados con el bosque, sus misterios y encantos como una manera de entender la existencia femenina en la Europa de fines del siglo XVI y principios del XVII. Aquí no son la introspección ni las aventuras lo que guía a quien observa sino el dolor profundo ante la pérdida de un hijo.
Tres películas más se adentran en la ficción para llevarnos de la introspección y las aventuras cotidianas al terror producido por los monstruos creados por la literatura y el propio cine. Estas son Pecadores, película estadounidense de terror gótico sobrenatural escrita y dirigida por Ryan Coogler, protagonizada por Michael B. Jordan que narra las aventuras de dos hermanos idénticos que abren un club de blues para la comunidad negra en el que son atacados por dos miembros del Ku Klux Klan (KKK) convertidos en vampiros.
Una trama singular que convierte a extremistas blancos en seres hambrientos de sangre que se ceban en sus acostumbradas víctimas: las personas de color. Con un poco de imaginación y buena voluntad se puede comprar la idea de que, en efecto, sólo un monstruo puede tratar a otro ser humano como han hecho algunos blancos con los negros en Estados Unidos.
La segunda cinta de este grupo es Frankenstein, coproducida por Estados Unidos, México y Reino Unido, escrita y dirigida por el cineasta mexicano Guillermo del Toro, protagonizada por Óscar Isaac y basada en la novela homónima de Mary Shelley. La cinta destaca por sus escenarios y el interés de Del Toro por resaltar los tintes góticos de la historia como el castillo, los paisajes, la sangre y el monstruo cuya conciencia y sufrimiento cuestionan la soberbia de quien se supone con el poder de dar vida a un ser inerte.
El tema tocado por Del Toro no es nuevo, en la versión cinematográfica de Frankenstein dirigida por Kenneth Branagh y protagonizada por Robert De Niro en 1994, ya había sido mostrado el lado “humano” del monstruo quien en la observación de otras personas y el contacto entre ellas se hace consciente de su abandono y carencias afectivas. Lo anterior no resta mérito a la propuesta artística del cineasta mexicano enamorado de la obra de Shelley, que a decir de él mismo: “… me hizo llorar. Lloré por el monstruo y admiré su sed de venganza. Me hablaba de las contradicciones esenciales del espíritu y del mundo.”
La tercera y última cinta nominada que explora nuestros temores es Bugonia: coproducida por Estados Unidos, Corea del Sur e Irlanda, dirigida por Yorgos Lanthimos, escrita por Will Tracy y protagonizada por Emma Stone y Jesse Plemons. Ésta es una comedia negra, remake de la película surcoreana Save the Green Planet, de 2003, que cuenta los esfuerzos de dos jóvenes convencidos de que la directora de una importante empresa farmacéutica forma parte de un grupo de “andromedanos” cuyo objetivo es dominar a los seres humanos.
Es interesante ver cómo el guion se ajusta a ciertas teorías de la conspiración que a lo largo de las décadas, más recientemente durante la pandemia de Covid-19, han corrido la versión de que una especie alienígena ha tomado control de la tierra. Una de las hipótesis que proliferó en redes sociales durante la emergencia sanitaria fue aquella según la cual a través de las vacunas anti-Covid-19 “los lagartijeanos” nos inocularían chips con la intención de controlarnos.
Si me preguntas, el Óscar a mejor actriz principal debería ser para Jessie Buckley por Hamnet, mejor actor para Timothée Chalamet por Marty Supreme, mejor actor secundario para Jesse Plemons por Bugonia y mejor película para Sirat, una cinta no considerada en esta lista de diez nominaciones. Sirat, coproducida por España y Francia, dirigida por Óliver Laxe y protagonizada por Sergi López, Bruno Núñez, Jade Oukid, Tonin Janvier y Richard Bellamy, es una cinta no convencional -en donde sonido, color y el paisaje desempeñan un rol destacado-, que te lleva a la exploración de los sentidos más allá de la vida cotidiana.
La trama se desarrolla en el trayecto entre una rave y otra, fiestas de música electrónica, rítmica, cuyos tonos bajos te envuelven en medio de una comunidad que promueve la convivencia, el respeto, la paz, la unión y el amor fraterno llevando la introspección a otro nivel.
Pero en el mundo del cine no todo es arte, la política aparece cuando los reflectores y los micrófonos apuntan a quien tiene algo que decir, señalar, denunciar. Los ejemplos abundan, pero en esta ocasión se destacarán aquellos relacionados con la política actual de Estados Unidos, considerado por ellos mismos como la meca del cine mundial, y las polémicas decisiones tomadas por su presidente, Donald Trump.
Entre las conocidas personalidades del cine de Hollywood y el mundo de la música que han expuesto públicamente su rechazo a Trump y sus medidas represivas en contra del propio pueblo estadounidense, así como sus ataques a la libertad de expresión, la justicia social, las personas migrantes y en general las minorías sociales, se encuentran: Meryl Streep, Robert De Niro, Mark Ruffalo, Jamie Lee Curtis, Tom Hanks, Bette Midler, Quentin Tarantino, Demi Moore, John Cusack, Jennifer Aniston, Ben Stiller, Selena Gómez, Roger Waters, Cher, Bad Bunny, Billie Eilish, Finneas y Kehlani, entre otras. Comparto aquí algunos posicionamientos de Streep, De Niro, Ruffalo y Lee Curtis, en ese orden.
Conocido es ya lo dicho por Meryl en enero de 2017, al recibir el premio honorífico Cecil B. DeMille, en la entrega de los Golden Globes. Sin conocer lo que ocurriría en el segundo mandato de Trump, la galardona actriz destacó la riqueza que conlleva la diversidad cultural en Hollywood, recordando los nombres de actrices y actores no nacidos en Estados Unidos y cuya contribución al séptimo arte es innegable. Como respuesta a la amenaza deportadora de Trump y sin nombrarlo, textualmente dijo que: “Hollywood está lleno de outsiders y de extranjeros, y si nos echas a todos, no tendrás nada que ver, excepto fútbol y artes marciales, que tampoco son artes precisamente”.
Poniendo el dedo en la llaga, se diría, criticó la burla que Trump hizo del periodista con discapacidad Serge Kovaleski del New York Times y la potencial imitación, que suponía entonces y se comprueba ahora, por parte de los miembros de Maga en contra de los grupos señalados por el mandatario. Al respecto afirmó: “Me partió el corazón cuando lo vi, y todavía no puedo sacármelo de la cabeza porque aquello no era una película, era la vida real. Ese instinto para humillar a alguien desde una posición pública, nos atañe a todos porque legítima que otros hagan lo mismo”.
Por su parte, De Niro aprovechó su discurso al recibir la Palma de Oro del Festival de Cannes, en mayo de 2025, para enviar un mensaje a Trump: “Ahora en mi país luchamos con uñas y dientes por la democracia que antes dábamos por sentada. No se puede poner precio a la creatividad, pero aparentemente sí se le puede imponer un arancel. Claro que esto es inaceptable”.
Para no variar, en los Golden Globes de este año, Robert De Niro volvió a la carga contra Trump: “Voy a decir una sola cosa: Fuck Trump”. Ya en otro escenario menos formal se le fue con todo en un video aparecido hace nueve años en que lo describe y califica como: “Es descaradamente estúpido. Es un gamberro, un perro, un cerdo, un estafador, un embustero, un chucho que no sabe de lo que habla, no hace los deberes, no le importa, cree que está manipulando a la sociedad, no paga sus impuestos. Es un idiota, Colin Powell lo dijo mejor: es un desastre nacional. Es una vergüenza para este país. Me enfurece que este país haya llegado a este punto. Me enfurece que este tonto, que este payaso, haya terminado donde está…”. El video puede ser consultado en: https://www.youtube.com/ shorts/4juMWMf04lc. En otras ocasiones, De Niro ha sostenido y repetido estos calificativos en contra de Trump.
En el mismo evento que De Niro, Mark Ruffalo, calificó a Trump como “el peor ser humano”, criticando sus políticas migratorias violentas y la invasión ilegal a Venezuela. Ruffalo llevó en la solapa un pin con la frase “Be Good”, en homenaje a Renee Nicole Good, la mujer asesinada en un operativo del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), y externó su preocupación por el clima político y social creado bajo la administración republicana de Trump.
Termino esta colaboración con las palabras expresadas por Jamie Lee Curtis en un acto del llamado Proyecto Angel Food, en el marco del movimiento Abolish ICE cuyos lemas principales son “No kings” y “Hands Off”: “Hay que luchar contra Trump en las calles. Sólo vamos a lograr algo si desafiamos a estos hijos de puta (en referencia a los agentes del ICE)”.
No está de más decir que suscribo todo lo dicho por las personas aquí citadas.
*Doctora en Ciencia Social, maestra en Sociología Política y experta en tema de género.





