Jaguares de agua
Colaboradores, Historia

Jaguares de agua

Sergio Lugo 

Solidaridad, Quintana Roo.- Vicente Guerrero nació el 10 de agosto de 1782, en Tixtla, municipio que hoy pertenece al estado que lleva el apellido de este general, en su honor. 

Guerrero continuó la lucha después del asesinato de José María Morelos, y consiguió la Independencia de Nueva España (México), después de pactar con el general Agustín de Iturbide, pero éste último traicionó la causa y se autoproclamó “emperador”. 

Vicente Guerrero como Presidente de México, ya como república, en 1829, abolió la esclavitud.

Él tenía sangre indígena nahua, y también afro.  Es por eso que, los conservadores lo mandaron fusilar y trataron de borrar su historia.  El 9 de agosto se conmemora “El día internacional de los pueblos indígenas”. En esta ocasión quiero hablar de los indígenas descendientes de la región donde nació Vicente Guerrero, porque sus ancestros son quienes lucharon junto al insurgente, porque son de sangre indomable y merecen reconocimiento. 

Tixtla es un municipio que se ubica en la región conocida como la “Montaña baja”, ahí hablan la lengua náhuatl. Cerca  se ubican los municipios de Chilapa y Zitlala, los cuales tienen una cosmovisión indígena en común: el hombre cree que es descendiente del jaguar. 

Vicente Guerrero fue arriero, y su padre armero, seguramente recorrió todas esas montañas y cerros, conoció a gente, que le contaría historias fantásticas, así comprendió su manera de pensar y de vivir. Años más tarde, conocer esa región, le sirvió para sus jornadas de combate, además de Guerrero, los estados de Morelos y el sur del Estado de México, para combatir y derrotar al “realista” Iturbide, porque la mayoría de los pueblos, apoyaban al insurgente. 

Veamos la cosmovisión indígena: cuando los españoles llegaron a Mesoamérica confundieron a los jaguares con los tigres. La diferencia es que, los jaguares tienen manchas negras, y los tigres tienen rayas negras.  Los españoles nunca comprendieron o no quisieron aceptar, la conexión de los indígenas con ese animal. Entonces, no había tigres pero sí demasiados jaguares.

Siglos antes, esa región fue habitada por los olmecas, en el pueblo indígena de Acatlán, que pertenece al municipio de Chilapa, hay una cueva “Oztotitlan”, donde se encuentran pinturas rupestres. En una de ellas, resalta la unión sexual del ser humano con el jaguar. Por eso, los indígenas nahuas creían que el hombre viene del jaguar. 

Incluso, en el municipio indígena de Copalillo, Guerrero, que también hablan náhuatl hay una zona arqueológica llamada “Teopantecuanitlan” (algo así como “Templo sagrado de los jaguares”), que es olmeca, donde también hay esculturas de jaguares. Esas evidencias confirman que no solo en Tabasco y Veracruz habitaron los olmecas, también, en lo que hoy es el estado de Guerrero, por lo que la conexión con esos felinos es inseparable.  

Sin adentrarme al análisis gramatical, al jaguar, en la lengua náhuatl, se lo conoce como “Ocelotl”, o “Tecuán”. En la región mencionada de la “Montaña baja”, se realiza lo que se conoce popularmente como “Atltzatzilistli” (también se escriben con S), o la “Petición de lluvia”. Los hombres, se ponen máscaras de jaguares, hacen rituales, se golpean entre ellos, para pedir que haya lluvia y así tengan cosechas en el campo. 

En mayo de 2011 visité Acatlán, es un pueblo nahua que tienen arraigado la cosmovisión indígena. Se encuentra cerca de la cabecera Chilapa, y relativamente cerca de Tixtla. Era el 3 de mayo, justo cuando se celebra “el día de la cruz”, y aquí es donde se junta el sincretismo, los indígenas en todo lo que es el territorio de México, antes de que llegaran los españoles, hacían rituales, y le pedían permiso a la naturaleza, haciendo reverencia a los cuatro puntos cardinales, y al centro, (en la actualidad, se hace algo parecido).

Cuando los españoles se percataron de que no podían evangelizar completamente a los indígenas, modificaron algunos simbolismos, y el ritual de los cuatro puntos cardinales, lo cambiaron a la cruz católica. 

En Acatlán, me explicaron el significado de las velas, que ellos elaboran. Sirven para dejarle ofrendas a la montaña, porque se cree que está viva. El 3 de mayo, todos los habitantes suben al cerro del “Cruzco” (lugar de la Cruz), que es la montaña sagrada de ese lugar, me invitaron a subirla, así que, en cada rincón, había cruces adornadas con flores, justo ahí se debía dejar las velas, como símbolo de ofrenda.

Mis acompañantes habrán llegado a la cúspide en una dos horas (nacieron en esa comunidad), pero yo me hice cuatro horas, porque no tengo condición física, pero valió la pena, en la cúspide, contemplé algo de lo más increíble que vieron mis ojos:

Las mujeres estaban cocinando guajolotes, que regalaban a los presentes, con sentido comunitario (hace siglos eran sacrificios humanos), y justo ahí, estaban los hombres (también pueden ser mujeres y niños), con sus máscaras de jaguar, de cuero, ellos a puño abierto, y otros con guantes de box o de electricista, pedían “pelear” con otro contrincante, Con los puños se golpeaban la cara, hasta que uno caía al suelo, en realidad no es una pelea, sino que ellos creen que al golpear la máscara sonarán como truenos, y así habrá lluvia y por ende, las cosechas. 

Fui privilegiado, porque en la cúspide sólo suben los indígenas, y yo soy mestizo. Me sugirieron que no tomara fotos, porque de alguna forma, es un ritual sagrado para ellos, y lo respeté. En ese lugar también podemos encontrar a los famosos “Tlacololeros”, hombres que se visten o simulan ser, campesinos que cuidan su “tlacolol” y truenan su chicote, sus grandes sombreros por lo regular llevan flor de cempoaxochitl. 

Igualmente, encontramos a los “Cotlatlaztin” (los hombres de viento), quienes emiten un sonido hacia el cielo, y que corren por las montañas, como sí fueran el viento, que metafóricamente atrae el agua, ellos cargan una madera llamada “teponaztli”, y hacen malabares con sus pies. La sangre siempre ha sido ofrenda para los dioses, en varios pueblos indígenas de México. 

Allá conocí a José Luís Matías, es un compañero indígena quien se dedica a realizar documentales sobre la cultura y rituales nahuas de esa región, recomiendo el titulado “Atltzatzilistli”, donde explica todo el proceso de ese ritual, pues la gente se organiza desde tiempo atrás, con oraciones, y preparando la tierra para sembrarla, además, unas personas se dedican a hacer esas máscaras especiales de jaguar. Él entrevista a los habitantes de Acatlán, quienes explican en su lengua nahua, la importancia del maíz para la siembra. 

En aquellos años, conviví en Taxco, (donde nací), con mi tía Martha Salgado, era profesora jubilada, ella me contó cómo murió su único hijo, y su decisión de irse a vivir por algunos meses, a varios pueblos indígenas de Guerrero (de la región de la “Montaña baja”), y de la región del alto Balsas (es un enorme río)  donde se habla náhuatl como en Xalitla y Oapan.

Para tratar de aliviar su dolor.

Ahí conoció a varios artesanos que hacían máscaras de madera, las cuales no eran  de adorno, sino que tenían un significado más profundo, las máscaras estaban “danzadas” porque les hacían rituales. Por ejemplo, me platicó su experiencia, de cuando vivió en un pueblo, y le pidieron que se dejara crecer su cabello por varios meses, así lo hizo, y después se lo cortaron, y en un ritual, a una máscara le pusieron su cabello, la “danzaron”, y de esa manera, la máscara tenía vida y la esencia de mi tía. 

Entonces con su dinero de su pensión, se dedicó a comprar máscaras, huipiles y pequeños objetos indígenas, los cuales se los llevaba a varias partes de México, para venderlos y así promover su cultura.

Participó en varias ferias importantes, como la de Zacatecas, donde su gobierno le daba facilidades para poner sus mesas en los stands. Ella me contó que en agradecimiento, donó varias artesanías al “Museo de la Máscara”, de la capital, cuando fui a Zacatecas en 2014, visité dicho museo, me conmoví al ver tantas máscaras de Guerrero colgadas, sobre todo, las más bonitas, las de los jaguares. 

Mí tía y yo, (no recuerdo el año), en mayo, fuimos a Acatlán, no pudimos subir al Cruzco, pero sí fuimos a un pequeño cerro llamado, “Comolian”, donde me dio alegría ver a las familias llegar con flores y velas como ofrendas, el tiempo parecía detenido en ese cerro sagrado. 

Mí tía ya murió hace tiempo, pero de alguna forma, su esencia está viva en Zacatecas, con esos tecuanes, así como cuando le cortaron su cabello, y se lo pusieron a una máscara “danzada”. 

En Chilpancingo, 2012 conocí a Carlos de Jesús Alejandro, en la Secretaria de Asuntos Indígenas, del gobierno del estado de Guerrero, él es indígena nahua de Xalitla, que pertenece al municipio de Tepecuacuilco.

Con la gestión que Carlos hacía en dicha Secretaría me percate que para los indígenas de Guerrero, (sobre todo de la región de “la Montaña”), son prioritarios los instrumentos musicales, sobre todo los de “viento”, porque son sus herramientas de trabajo, ya que, los utilizan para tocar en fiestas, ya sean bodas, “quince años”, o cualquier tipo de celebración, Carlos hacía las gestiones para donarles los instrumentos a los músicos.

En el municipio indígena de Zitlala, que es un municipio cerca de Acatlán y de Tixtla, donde igual se habla nahua, también se hace la “petición de lluvia” o “Atltzatzilistli”, igual con hombres que se ponen máscaras de jugares, pero en lugar de golpearse con los puños, ahí lo hacen con una especie de lazo amarrado, que hace sangrar la piel.

Las máscaras están hechas de cuero de res curtido, con espejos (ojos) y pelos de jabalí. pintadas de amarillo, verde, rojo, blanco y negro. De todas las máscaras que hacen, las de Zitlala son las que más me fascinan, por su rostro. 

Cada golpe significa el rayo, el trueno para pedir agua, la cual sí es abundante, habrá muchas cosechas principalmente, de maíz.

En un texto de Rafael Cervantes Flores, publicado por el INAH, justamente titulado “Atsatsilistli”, describe cómo es la pelea:

“Los tigres (jaguares) se dividen en dos bandos… comienzan los enfrentamientos, en los que se golpean en el cuerpo, los brazos y las piernas, con un chicote hecho de reata trenzada y endurecido con mezcal, el cual se amarran alrededor de la cintura, simulando la cola del felino. 

El jaguar que más resiste a los golpes es el vencedor. También, cuando uno de los contendientes cae o se rinde, la pelea termina. El ganador alza su chicote en señal de victoria y baila con la música de banda que no deja de sonar y se entremezcla con el sonido del tambor y la flauta… tras los porrazos, algunos se dan la mano o se abrazan.”

A Carlos le pedí que me presentara a alguien para que me contara cómo era el ritual de la pelea de los jaguares en Zitlala. Él me comunicó con Alfreda Gasparillo Pineda, quien es abogada e interprete profesional de la lengua náhuatl, ella nos contó paso a paso cómo es la preparación para la petición de lluvia en Zitalla (que significa algo así como “lugar de las estrellas”).

“La petición de lluvia inicia el 25 de abril, a temprana hora, encabezado por las “mayordomías” y padrinos de los manantiales, ameles de agua que existen en el entorno del pueblo. se reúnen en la casa de los mayordomos, el padrino va con el rezandero o rezandera, e invitados, para de allí partir y hacer la limpieza en los manantiales, y en el interior y exterior de los pozos, dejando todo limpio de maleza.

Los rezos se realizan al inicio para pedir permiso y al finalizar la limpieza, para dar las gracias. la petición de lluvia se realiza en náhuatl y los rezos en español. 

Todos los días desde el 25 de abril hasta el 5 de mayo hay actividades en las casas de las mayordomías. 

Lo más relevante son los preparativos para la ofrenda en el cerro del “Cruzco”, es la montaña o centro ceremonial más sagrado y respetado. Desde el 25 de abril hasta el 5 de mayo, hay actividades en los 3 barrios de Zitlala. En el barrio de la “Cabecera” los preparativos recaen en la casa de “Tekiua” (como el que tiene la autoridad en la comunidad), que es donde se recauda y se prepara para toda la ofrenda. Y en los barrios de “San Mateo” y de “San Francisco” en las casas de las mayordomías. 

Se recolectan: maíz, frijol, garbanzo, huevos y gallinas, para que el 1 de mayo, preparen tamales y pasta de mole verde y rojo, y por la madrugada del 2 de mayo, llevarlo al cerro del Cruzco para ofrendarlos a los “Dioses” y “Diosas”, en punto de las 12 del mediodía. El padrino lleva los guajolotes. Tiene que ser justo al mediodía ya que a esa hora se aparecen los zopilotes para devorar la comida, pues se creen que son los enviados de los dioses. 

Como anécdota, se cuenta que, en una ocasión las mayordomías y los padrinos se atrasaron un poco en llegar, entonces los zopilotes sobrevolaron y como no vieron ninguna ofrenda, se retiraron, y ese año no hubo lluvias, sólo sequías. 

El 30 de abril, entre las 7 y 8 de la noche, los jóvenes suben al Cruzco, para llevar las cruces, provenientes de Atempa (un río), que es un lugar sagrado donde se concentran los tres barrios, truenan cohetes al inicio y al final, durante el recorrido, los tres barrios se van alternando para cargar las cruces, las cuales las visten con ropa nueva. 

El 1 de mayo por la tarde, la población encabezada por el “Tekiua” y las mayordomías de los barrios de San Mateo y de San Francisco trasladan las cruces a la iglesia, donde hay rezos, así como cadenas de flor de Cempualxochitl y pan. 

El 2 de mayo después de la misa, las cruces en peregrinación retornan a Atempa y ahí les quitan las flores y el pan. Inmediatamente dichas cruces son trasladadas a las casas de los jóvenes que tengan alguna “manda” o promesa, pero luego las tienen que llevar al cerro del Cruzco antes del mediodía para el “huentli” (ofrenda), la cual consiste en mole verde con huevo recocido, y tamales de frijol.

Ahí, después de la ofrenda, se empieza a servir la comida, empezando por los niños, colocándoles una corona de flores. Ese mismo menú se ofrece en los manantiales, ameles y pozos de agua. 

El huentli va acompañado de música de viento, así como de las danzas de “los Tlacololeros”, “Chivos”, “Machos”, “Mulitas” y “Zopilotes”. Nunca pueden faltar los Tlacololeros y los jaguares. 

El 5 de mayo es la culminación del “Atlsatsilistli”, con la pelea de los “tigres” (jaguares) en la plaza cívica de la cabecera de Zitlala, Guerrero. 

La preparación para dicha pelea, se prepara mínimamente con una semana de anticipación, con el torcido de las cuerdas de azar (con el que se golpean), y pintando las máscaras, así como los acuerdos para dicha ceremonia. 

Todos los preparativos se realizan en la casa del Capitán de cada barrio, al final sólo quedan dos barrios para competir. Los ejidatarios se unen al barrio de San Francisco y los comuneros se unen al barrio de la “Cabecera” y el barrio de San Mateo, se une en alianza con el barrio de la “Cabecera”. 

Los capitanes son los que los lideran por un año y son nombrados en asamblea, mientras los jaguares de cada barrio, es a través del voto abierto. Ellos costean los gastos de alimentación y bebidas durante el año de su liderazgo. Para el 2027 el líder del barrio de la “Cabecera” será el joven Tlacaé Gasparillo Camacho, quien fue elegido el 6 de mayo pasado, en la casa del Capitán, él ganó entre tres aspirantes, con voto libre.

Al terminar la pelea de los jaguares del 5 de mayo, no queda ningún rencor ni resentimiento, ellos se dan la mano en señal de respeto, después todos se ponen a bailar y a convivir. Posteriormente, regresan a sus barrios en la casa de los capitanes para comer, curar sus heridas y contar sus experiencias”. Así concluye mi paisana Alfreda Gasparillo. 

Yo agrego que, todos los domingos los indígenas de esa región de Guerrero, bajaban de las montañas, para vender sus artesanías, todo eso, no son objetos de decoración, son algo vivo, que todo mundo debe conocer. 

Para mí, esos jaguares de agua, así como esas montañas, esos jaguares de maíz, y esas máscaras danzadas, son la herencia de los indígenas que son de la misma sangre del general Vicente Guerrero, sus ancestros lucharon junto a él, por la independencia de nuestro país, como el indígena Pedro Ascencio de Alquisiras, quien anduvo luchando cerca de donde nací, pero esa es otra historia. 

Las fotos de los jaguares, las proporcionó Gasparillo, y pertenecen a “Ehecatl Tepectzin”.  

15 de agosto de 2026