19 de agosto; una herida histórica en la memoria del pueblo iraní
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19 de agosto; una herida histórica en la memoria del pueblo iraní

Abolfazl Pasandideh*

Queridos amigos mexicanos:

Hoy quiero hablarles de uno de los acontecimientos más importantes de la historia contemporánea de Irán; un acontecimiento cuyo conocimiento es fundamental para comprender una parte de la compleja relación entre Irán y los Estados Unidos de América.

El 19 de agosto de 1953, correspondiente al 28 de Mordad de 1332 en el calendario iraní, el gobierno del doctor Mohammad Mosaddegh, entonces primer ministro de Irán, fue derrocado mediante un golpe de Estado en el que participaron los servicios de inteligencia de los Estados Unidos y del Reino Unido.

Sin embargo, para mis amigos mexicanos hay otro aspecto de esta historia que puede resultar muy familiar y digno de reflexión.

Años antes de la nacionalización de la industria petrolera iraní, en 1938, el presidente Lázaro Cárdenas, en una decisión histórica, nacionalizó la industria petrolera de México y defendió el derecho del pueblo mexicano a ejercer soberanía sobre sus propios recursos naturales.

La experiencia de México al recuperar el control de sus recursos petroleros frente a compañías extranjeras fue uno de los grandes ejemplos históricos de la defensa de la soberanía de los pueblos sobre sus riquezas nacionales. Trece años después, en Irán surgió también un movimiento con un objetivo muy similar: el petróleo de Irán debía estar en manos del pueblo iraní.

El doctor Mohammad Mosaddegh y el movimiento por la nacionalización de la industria petrolera iraní, en 1951, defendían el derecho de los iraníes a decidir por sí mismos sobre sus recursos y su riqueza nacional.

Pero el destino de estas dos experiencias no fue el mismo.

En Irán, el 19 de agosto de 1953, el gobierno de Mosaddegh fue derrocado mediante un golpe de Estado en el que participaron los Estados Unidos y el Reino Unido. Este acontecimiento influyó durante muchos años en el rumbo político de Irán y dejó una profunda herida en la memoria histórica del pueblo iraní.

Por ello, la idea de que las diferencias entre Irán y los Estados Unidos comenzaron únicamente después del triunfo de la Revolución Islámica en 1979 no corresponde a la realidad histórica.

La experiencia de 1953 demuestra que los antecedentes de la intervención estadounidense en los asuntos internos de Irán se remontan a varias décadas antes de la Revolución Islámica.

Para los iraníes, el 28 de Mordad no es solamente el recuerdo del derrocamiento de un gobierno; también nos recuerda un principio fundamental: ninguna potencia extranjera debe decidir el destino de otro pueblo.

Y quizá sea precisamente aquí donde las historias de Irán y México se acercan.

Desde la nacionalización del petróleo mexicano durante la presidencia de Lázaro Cárdenas hasta la nacionalización del petróleo iraní durante la época de Mohammad Mosaddegh, podemos reconocer un ideal común: la independencia, la soberanía nacional y el derecho de los pueblos a disponer de sus recursos y riquezas y a decidir sobre ellos.

Por esta razón, quizá iraníes y mexicanos podamos comprender, mejor que muchos otros pueblos, el significado de la independencia y el principio de no intervención.

Hoy, al recordar el 28 de Mordad, nuestro propósito no es permanecer anclados en el pasado, sino aprender de la historia para construir un futuro mejor.

Un futuro en el que las relaciones entre los países no se construyan sobre la presión y la intervención, sino sobre el respeto mutuo, la igualdad, la soberanía nacional y el derecho de los pueblos a decidir su propio destino.

Debemos recordar la historia;

no para perpetuar las hostilidades,

sino para evitar que sus errores vuelvan a repetirse.

*Embajador de la República Islámica de Irán en México

18 de agosto de 2026