Las autoridades iraníes liberaron este 10 de mayo a Narges Mohammadi, Premio Nobel de la Paz 2023, mediante una suspensión temporal de su condena a cambio de una fianza elevada, tras una crisis de salud que puso su vida en riesgo.
Después de diez días hospitalizada en Zanjan, en el norte de Irán, donde cumplía su condena, la activista fue trasladada a Teherán para ser atendida por su propio equipo médico en el Hospital Pars de la capital.
La movilización se realizó en ambulancia y bajo la supervisión de médicos independientes, tras padecer complicaciones cardíacas severas y un deterioro físico extremo durante su encarcelamiento. Desde su último arresto sufrió presuntamente dos ataques al corazón, el 24 de marzo y el 1 de mayo. Ha perdido 20 kilos, le cuesta hablar y está “irreconocible”, dijo su abogada francesa Chirinne Ardakani en una rueda de prensa en París.
La liberación, sin embargo, es parcial y condicional. La Fundación Narges Mohammadi advirtió que “una suspensión no es suficiente” y que la activista requiere “atención especializada permanente”, y exigió asegurarse de que “nunca regrese a prisión para enfrentar los 18 años restantes de su condena”.
La trayectoria de Mohammadi es la de una vida entera consagrada a la defensa de los derechos humanos en uno de los regímenes más represivos del mundo.
Mohammadi nació en 1972 en Zanjan, estudió física y se convirtió en ingeniera, al tiempo que trabajaba como periodista. En los años 2000 se incorporó al Centro de Defensores de Derechos Humanos, fundado por la abogada Shirin Ebadi, también galardonada con el Nobel de la Paz. Sus tres causas principales, según su esposo Taghi Rahmani, son el respeto a los derechos humanos, el feminismo y la justicia. El precio ha sido altísimo: ha sido arrestada más de 14 veces y ha pasado más de 10 años en prisión.
En 2023, estando detenida y mientras el movimiento “Mujer, Vida, Libertad” sacudía las calles de Irán, le otorgaron el Premio Nobel de la Paz por su combate contra la opresión de las mujeres y su lucha en favor de los derechos humanos. No pudo viajar a Oslo para recibirlo; lo recogieron en su nombre sus hijos mellizos Ali y Kiana, junto a su esposo, los tres radicados en Francia desde hace más de una década.
En febrero de 2026 fue condenada a una nueva pena de siete años y medio de prisión por cargos de “reunión y colusión” y “actividades de propaganda”, pocas semanas antes de que Estados Unidos e Israel iniciaran su guerra contra Irán.
El Comité Nobel pidió entonces su liberación inmediata. Incluso desde la cárcel, Mohammadi nunca dejó de luchar: organizó sentadas de apoyo al movimiento feminista, hizo huelgas de hambre y publicó un libro, Tortura blanca, denunciando las condiciones de aislamiento de las presas iraníes. (Redacción)
Su postura no ha variado. “No dejaré que el encarcelamiento me haga callar. Nunca”, dijo a finales de 2024 en una videoconferencia con el comité Nobel. Su fundación exige ahora lo que la fianza no garantiza: la libertad incondicional y el desistimiento de todos los cargos.





