Lo que Díaz Ayuso presentó como una gira institucional de diez días en México terminó en fuga anticipada, acusaciones desmentidas y una carta de disculpa enviada desde Madrid a la presidenta Claudia Sheinbaum. La visita, que desde el primer día estuvo marcada por la provocación y el escándalo, dejó en evidencia no solo la irresponsabilidad de la funcionaria madrileña, sino también la visión colonial y antidemocrática que la derecha española sigue sin poder sacudirse.
El presidente español Pedro Sánchez fue el primero en pronunciarse. En un mitin en Andalucía, lanzó el asunto en pocas palabras: “Va la señora Ayuso a dar lecciones de historia a México y acaba dando vergüenza ajena. Menuda paciencia hay que tener con la derecha española, incluso fuera de nuestras fronteras.” Y envió un abrazo “al pueblo hermano mexicano, que acogió a los exiliados españoles tras la Guerra Civil”.
La reacción más extensa vino de la oposición en Madrid. Manuela Bergerot, vocera de la agrupación Más Madrid, opositora, envió una extensa carta a la Presidenta Sheinbaum para ofrecer disculpas en nombre de los madrileños. “Le escribo para disculparme en nombre de los millones de ciudadanas y ciudadanos madrileños que vemos con bochorno el ridículo perpetrado por la presidenta de mi Comunidad en su reciente viaje a México”.
La legisladora fue tajante al caracterizar la naturaleza real de la gira: desde su llegada a la presidencia de la Comunidad de Madrid, sostuvo, Ayuso se ha dedicado a “simular una agenda internacional” para costear viajes con dinero público con fines “vacacionales, de agenda ideológica o directamente de promoción de negocios privados”. En esta ocasión, la oposición señaló que pagó 310 mil euros para que le otorgaran una medalla en la feria de Aguascalientes.
Bergerot también desmontó la coartada histórica de Ayuso. Su reivindicación de Hernán Cortés dijo, denota “una ignorancia considerable sobre la historia de México y España”, y está sustentada en una “visión imperial, rancia y antidemocrática que intentó inculcar la dictadura franquista”. No es casual, subrayó la legisladora, que Ayuso se oponga también al reconocimiento de los descendientes del exilio republicano español, muchos de los cuales encontraron refugio precisamente en México: “se sitúa siempre en el lado de los criminales franquistas”.
La carta de Bergerot fue también un recordatorio histórico: “la sociedad madrileña tiene un gran afecto y admiración por México y su pueblo. Siempre tendremos un profundo agradecimiento a una nación hermana que, cuando el fascismo obligó a cientos de miles de demócratas españoles a huir de su país, los acogió con cariño, respeto y reconocimiento”. Ese México, escribió, merece “una relación bilateral de igualdad y respeto mutuo”, exactamente lo contrario de lo que Ayuso intentó imponer.
El desenlace de la visita completó el cuadro. Ayuso abandonó México acusando al gobierno de Sheinbaum de haber orquestado un “boicot” en su contra, una versión que fue desmentida tanto por el gobierno mexicano como por los organizadores del Festival de Cine Iberoamericano, quienes aclararon que fueron ellos quienes decidieron no invitarla para no politizar la gala.
El episodio, leído desde Madrid, no fue una operación de censura sino la consecuencia lógica de llegar a un país soberano a insultar su historia, interferir en su política interna y pretender que no habría consecuencias.
(Redacción)





