El regreso de Trump y el genocidio en Gaza
Colaboradores, Internacionales

El regreso de Trump y el genocidio en Gaza

Naief Yehya*

Nueva York. —Esto se escribe cuando Donald Trump ha tomado posesión por segunda ocasión de la presidencia estadounidense. El miércoles 14 de enero se anunció que Israel y Hamas habían acordado un cese al fuego. Joe Biden enfatizó que el acuerdo era idéntico al que “él presentó en la primavera pasada”. Según Biden el acuerdo se alcanzó gracias a “la presión que Israel le puso a Hamás con el apoyo de Estados Unidos”.

Basta una revisión de la prensa internacional para saber que quien rechazó cada vez el acuerdo fue el primer ministro israelí Benjamín Netanhayu, quien seguía afirmando que no se detendrían hasta la destrucción total de Hamás. En cambio Hamás aceptó el acuerdo y entregó a los rehenes.

En julio Israel volvió a rechazar otro acuerdo que Hamás volvió a aceptar. La situación del presidente estadounidense saliente era patética. El anuncio se hacía como un gesto desesperado para contradecir a Trump, quien afirmaba que el cese se había acordado gracias a su presión y que su enviado Steve Witkoff había prácticamente obligado a Netanyahu a sentarse en una mesa durante el shabat a negociar.

Por otro lado, si este era el mismo acuerdo que el esbozado por Egipto y Catar, con el apoyo de la ONU en mayo pasado, esto ponía en evidencia la incapacidad de Biden y Anthony Blinken para imponer la voluntad de la principal potencia mundial y el primer proveedor de armas del gobierno israelí.

Entre el anuncio del cese al fuego y su implementación el domingo 19 de enero, Israel aumentó el número y la ferocidad de sus bombardeos y ataques, asesinando por lo menos a 120 personas. Siguiendo su costumbre, Israel aprovechó los últimos días y horas antes del cese al fuego para tirar todas las bombas y municiones disponibles para causar el mayor daño posible (estrategia que han empleado en todos los ceses al fuego anteriores).

La certeza de que Hamás no estaba completamente derrotado y la confianza en que nuevos envíos de bombas no tardarán en llegar desde Estados Unidos una vez que Trump tomara el poder, los llevó al frenesí criminal. Una vez que el cese al fuego entró en efecto continuaron tirando bombas y cazando palestinos, principalmente en el norte de la franja de Gaza.

Al firmar el cese al fuego Netanyahu perdió el apoyo de su ministro de seguridad nacional, Itamar Ben Gvir del partido Sionista religioso, quien renunció al gobierno (lo cual fue celebrado tanto por sus propios aliados de la derecha como por los demás miembros del gobierno).

Sin embargo, para impedir que el ministro de finanzas Bezalel Smotrich siguiera sus pasos y retirara a su partido Sionismo religioso del gobierno, aparentemente Netanyahu le ofreció intensificar los ataques en Cisjordania, incluso empleando al ejército para escoltar a los colonos en sus incursiones criminales en los pueblos palestinos, algo que no es nuevo pero ahora se hace con total impunidad e incluso se están usando drones y helicópteros para atacar a varias poblaciones. La campaña lanzada en contra de Jenin se vuelve día con día más agresiva, destructiva y mortal. Smotrich declaró el domingo 19 de enero al Canal 14 israelí: “Tenemos que volver con un estilo completamente diferente. Tenemos que conquistar Gaza, instaurar allí un régimen militar, aunque sea temporal, para empezar a alentar la emigración (palestina), para empezar a arrebatar territorio a nuestros enemigos y ganar”.

El cese al fuego

La fase uno del acuerdo de cese al fuego consiste en el cese de hostilidades e intercambio de rehenes: tres mujeres israelíes que tenía Hamás en el norte de Gaza por alrededor de 90 mujeres y menores cautivos en prisiones israelíes en detención administrativa, la mayoría sin cargos. En las próximas seis semanas Hamás liberará a 33 rehenes israelíes (mujeres, ancianos, casos humanitarios y dos niños pequeños) a cambio de 1,900 palestinos, 110 de ellos condenados a cadena perpetua. Israel tiene cerca de 10,400 palestinos detenidos, por lo menos 320 de ellos son menores de edad. En esta fase Israel no se retirará por completo de Gaza.

La segunda fase del acuerdo, que debería de comenzar el 4 de febrero y que Netanyahu ha declarado que muy probablemente nunca será implementada, corresponde a la retirada de todas las tropas israelíes de Gaza y un cese al fuego permanente. En esta fase serán entregados los rehenes hombres y los soldados capturados. La tercera fase corresponde a la reconstrucción de Gaza y el establecimiento de un gobierno. Cada fase supone durar 42 días. Lo más urgente es que se permita el acceso a ayuda humanitaria que ha sido detenida o limitada a un nivel mínimo. Poco después de declararse el cese al fuego renunció el general Herzl Halevi, quien ha estado a cargo del genocidio y que declaró ser responsable de las terribles fallas que permitieron que el ataque del 7 de octubre tuviera lugar. Minutos después de este anuncio renunció también el general del comando sur Yaron Finkelman. La especulación es que el ejército está eliminando a los “derrotistas” para poner a militares más ambiciosos y dispuestos a seguir adelante con aún menos tribulaciones en la campaña de exterminio y limpieza étnica.

Las razones por las que Trump apoyó el cese al fuego son aún difíciles de entender. Para su base la mejor respuesta que podría ofrecer al respecto de esta matanza es decir que Estados Unidos no tiene nada que ver con ella. “No es nuestra guerra es su guerra” y “dejarlos que se arreglen entre israelíes y palestinos”. Al mismo tiempo seguiría suministrando armas, inteligencia, recursos, fondos y sancionando a cualquiera que se oponga al genocidio palestino.

Por otro lado los donadores, aliados corporativos y multimillonarios que apo yan a Trump quieren que Israel “termine su misión”, es decir que expulse o extermine a la gran mayoría de los palestinos de Gaza y Cisjordania. Por tanto, es una incógnita a quién quiere complacer con este cese al fuego. Lo que quedó muy claro en su primer día en la Casa Blanca fue que declaró que no tiene confianza de que el cese al fuego se mantenga.

Trump declaró, hablando como el promotor e inversionista inmobiliario que: “Gaza es interesante, tiene una ubicación fenomenal, en el mar, con el mejor clima, se pueden hacer cosas muy bonitas con eso, algunas cosas fantásticas se pueden hacer con Gaza”. Esto es un eco de las palabras de su yerno Jared Kushner, quien en febrero del 2024 dijo que Gaza era una propiedad frente al océano muy valiosa que Israel debía limpiar y desarrollar. Estos planes obviamente asumen que la población palestina sea eliminada, el marido de Ivanka Trump recomendaba enviarlos al desierto del Negev egipcio.

El cese al fuego llega después de 469 días en que el ejército de Israel llevó a cabo 10,100 masacres. El número de muertos palestinos puede situarse entre 50,000 y 75,000, (46,960 cuerpos fueron recibidos por hospitales) aunque aún no se puede saber debido a que desenterrar cadáveres de entre las ruinas será muy difícil, laborioso y largo. Los ataques indiscriminados, bloqueos y políticas genocidas de Israel causaron hasta donde se sabe la muerte de: 17,861 niños (incluyendo 214 recién nacidos) 44 por hambre y desnutrición, 8 por el frío; 12,316 mujeres; 1,155 médicos y personal médico; 205 periodistas; 150 académicos e investigadores, 760 maestros.

Aparte de eso, se registraron 110,750 heridos recibidos en hospitales; 4,500 amputaciones (18% de ellas a niños, lo cual hace a Gaza la capital mundial de los niños mutilados); 2,136,026 casos de enfermedades infecciosas; 2.1 millones de personas desplazadas de sus hogares, muchos de ellos varias veces. Las fuerzas israelíes destruyeron en su totalidad: 137 escuelas y universidades; 823 mezquitas; 161,600 unidades habitacionales; 3 iglesias; 216 edificios gubernamentales.

Israel asesinó a los principales líderes de Hamás: Ismail Haniya en Teherán y a Yahya Sinwar en combate en Gaza. Así mismo, mató al principal líder de Hezbolá, Hassan Nasrallah. En buena medida Israel cambió el panorama político de la región con golpes certeros y costosos al Eje de la Resistencia: Irán, Siria, Líbano, Hamás y Yemén. Es difícil de imaginar ahora si Irán y sus aliados podrán reconstituir algo semejante a la red que tenían antes del 7 de octubre.

En su campaña Israel empleó numerosas bombas de dos toneladas, Mark 84 de “propósito general”, para causar daño en perímetros muy extensos (crean cráteres de hasta 15 metros de diámetro y 11 metros de profundidad) sin el menor interés en la precisión. Estas armas son responsables de la gran mayoría de muertes en Gaza. Tiraron alrededor de 80 mil toneladas de bombas sobre la franja de Gaza, lo cual sobrepasa el número de explosivos usados en los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial de Dresde, Hamburgo y Londres juntos.

Biden impuso una tibia moratoria en el suministro de estas bombas que Trump revirtió en su primer día en la Oficina Oval. Israel puede producir su propia versión de esta arma pero la gran mayoría provienen de Estados Unidos a través de una subvención de 3.5 mil millones de dólares que provienen de las contribuciones fiscales de los ciudadanos (que no tienen seguro médico universal, entre otros beneficios que deberían ser normales para los nacionales de la primera potencia mundial).

Si bien el ejército israelí a veces avisaba que un edificio será demolido con bombas con un “toque en el tejado” (una bomba pequeña precedía a una grande) o tiraban panfletos o hacían llamadas telefónicas para anunciar que arrasarían una zona, estas medidas apenas mitigaban el número de muertos y heridos, mientras que servían a su propaganda de ser el “ejército más moral del mundo”.

De cualquier forma esos avisos dejaron de hacerse hace tiempo. Cuando entraron las tropas a Gaza, veinte días después del ataque del 7 de octubre, las zonas que invadieron ya habían sido bombardeadas con brutalidad. Israel logró la destrucción casi total de la infraestructura que sostiene la vida en Gaza. Los palestinos que ahora regresan a sus hogares encuentran tan solo escombros, cenizas y restos humanos y animales.

La reconstrucción tomará décadas y de seguirse imponiendo las restricciones israelíes no será posible reconstruir nada. El primer día del cese al fuego miembros de Hamás salieron a desfilar armados poniendo en evidencia que aún no estaban derrotados. Esta provocación puede tener consecuencias para el mantenimiento del cese al fuego pero también manda un mensaje al mundo de la inutilidad de una campaña de tierra arrasada con su costo descomunal.

Los objetivos israelíes anunciados desde el inicio eran eliminar por completo a Hamas, lo cual no lograron hacer aunque hayan reducido significativamente sus capacidades y asesinado a miles de sus miembros (del brazo civil y del armado) y recuperar a los rehenes de los cuales mataron a más de los que rescataron y siguen decenas de ellos cautivos en Gaza. El secretario de Estado saliente, Blinken declaró el 14 de enero pasado: “Hamás ha reclutado casi a tantos nuevos militantes como los que ha perdido”. Esto que es bastante obvio pone en evidencia el fracaso de la estrategia militar.

Un sionista de corazón

En marzo de 2010, Joe Biden siendo vicepresidente de Barack Obama visitó Israel y el día de su llegada el gobierno israelí aprobó la construcción de 1500 unidades residenciales en Jerusalén Este. Lo cual fue un desafío directo a la política estadounidense que pedía que se detuviera la construcción en territorios palestinos con la esperanza de revivir las pláticas de paz y la “solución de dos estados”. Los gobiernos israelíes han recurrido a este tipo de provocaciones desafiantes en el pasado para mostrar su indiferencia y desprecio a las “imposiciones” del país que paga por una gran parte de su “seguridad nacional”.

De esa manera han humillado a más de un secretario de Estado en turno, pero esta vez se trataba del vicepresidente. Aparentemente Obama le pidió a Biden que boicoteara una cena que debería tener esa noche con el presidente “Bibi” Netanyahu. Biden rechazó la idea, se presentó a la cena y abrazó a “Bibi” ante las cámaras del mundo. Biden ha sido siempre uno de los políticos estadounidenses más prosionistas, lo cual lo ha hecho siempre vulnerable a la presión que ejerce en él Israel y el poderoso grupo de cabilderos AIPAC (America Israel Public Affairs Committee/Comité de asuntos públicos americanos israelíes).

Esta fue una de las veces en que el primer ministro israelí aprovechó para llevarle la contraria y exponer a Obama al ridículo, lo cual el entonces presidente toleró en silencio, incluyendo cuando Netanyahu fue invitado al Senado estadounidense por los representantes republicanos y lanzó un discurso rabioso e histérico en contra del plan de Obama de reestablecer relaciones con Irán.

Una vez que Biden llegó al poder decidió cambiar de actitud hacia Israel. En particular al evitar las críticas (vacías) que usualmente ofrecía la Casa Blanca cuando Israel lanzaba alguno de sus desproporcionados ataques en contra de Gaza. Biden optó por “Desechar el manual tradicional para navegar semejante conflagración”, dijo el autor Franklin Foer en su libro The Last Politician: Inside Joe Biden’s White House and the Struggle for America’s Future.

Así cuando Israel lanzó su ofensiva de mayo de 2021, Biden consideró que Israel tenía el derecho y el deber de defenderse a sí mismo contra los cohetes de Hamás y no hizo declaración alguna. En su visita a la región en 2022 Biden se reunió con Mahmoud Abbas, líder de la Autoridad Palestina en Cisjordania, y cuando éste le pidió que reiniciara el proceso de paz que había estado congelado por años, Biden respondió que “El terreno no está listo en este momento para reiniciar negociaciones”. Foer comenta en el libro mencionado que de esa manera quería evitar “empujar a Bibi” o hacer que se aferrara más a sus deseos extremos.

Biden no mostró el menor rechazo o enojo a pesar de que Netanyahu apoyó en la campaña presidencial a su rival, Trump, abiertamente. Después del ataque del 7 de octubre Biden visitó Israel para abrazar públicamente a Netanyahu, dio su completo y total apoyo sin restricción alguna a las represalias que lanzaría. Más adelante ignoró a las bases de su partido que estaban, por lo menos parcialmente, en desacuerdo con ese apoyo sin límite y pedían un cese al fuego.

Biden trató de mostrarse como un líder consecuente al imponer una “línea roja en la arena” a la invasión y destrucción de Rafah, pero Netanyahu simplemente lo ignoró, invadió destruyó y no tuvo la menor consecuencia.

Trump recibe el poder en un mundo que ha vivido un genocidio durante más de un año. Si bien su apoyo a Netanyahu es igualmente sólido que el de Biden su entorno e ideas siempre contradictorias pintan un cuadro caótico. Basta considerar a Elon Musk quien se ha convertido en una especie de confidente y gurú de Trump, que el día de la inauguración agradeció a la masa MAGA con un doble saludo nazi que solamente los muy ingenuos y los más siniestros quieren adjudicar a su uso de la ketamina o a su autismo o a su entusiasmo desmedido.

No hay escasez de ideólogos de extrema derecha con un profundo historial antisemita entre las filas del nuevo presidente. No obstante, eso no parece contradecir su alianza con el sionismo. Republicanos y demócratas comparten su complicidad en el genocidio de Gaza aunque Trump y su equipo tienden a decir en voz alta lo que los demócratas callan o dicen con eufemismos. De ahí que la cándida confesión de Trump de que no cree que el cese al fuego se sostenga confirma su desinterés y el hecho de que relegará el asunto a sus subalternos.

El nuevo secretario de estado, el político de origen cubano, Marco Rubio, ha querido demostrar sus impecables credenciales como super sionista (ha recibido más de un millón de dólares de AIPAC) y entre sus objetivos está eliminar a Hamás, Hezbolá y al régimen iraní. Amenazó en sus audiencias para ser confirmado en el puesto que revocaría las visas de cualquiera que apoye a Hamás. Una de sus primeras acciones al ocupar su nuevo puesto fue llamar a Netanyahu para felicitarlo por sus triunfos. Con esto arranca un período confuso, seguramente sangriento y desesperanzado para la paz en Palestina.

*Escritor, analista y periodista

12 de febrero de 2025