El futbol también se juega con palabras
Colaboradores, Comunicación

El futbol también se juega con palabras

(Fe de erratas. Reproducimos aquí la versión correcta del texto publicado en la edición impresa de Zócalo No. 316 de nuestra colaboradora Alicia Alarcón Nava)

Alicia Alarcón Nava*

Mientras México se alista para recibir el Mundial 2026, vale la pena recordar que el futbol también se juega con palabras. Algunos escritores lo vieron: en la cancha también hay literatura.

En cualquier esquina, puesto de tacos, una sala con televisión, la pantalla del celular, una banca afuera de la tienda, en el puesto de periódicos de los pocos que quedan, en el bar, siempre hay alguien hablando de futbol como si estuviera hablando de la vida. Y quizá por eso el Mundial 2026 que ya se asoma en la puerta como visita importante, se siente no sólo como un evento deportivo sino también como una gran reunión familiar o de amigos.

A ratos pienso que el futbol no se entiende solamente por la tabla general, ni por las convocatorias ni por la modernidad del estadio. Se entiende por la manera en que lo contamos. Por la forma en que una jugada se vuelve anécdota y luego mito; por esa costumbre de discutir el fuera de lugar con una seguridad que ni los árbitros tienen; por el “¿viste?” que se repite al día siguiente como si el gol hubiera ocurrido en la cocina. El futbol aquí es una conversación que nunca termina. Y en esa conversación, aunque no siempre lo notemos, también hablan los escritores.

Hay un futbol que se queda en la estadística y otro que se queda en la memoria: el que te recuerda dónde estabas cuando cayó un gol, el que te devuelve a tu barrio con solo oír una narración vieja, el que te enseña que perder también tiene un lenguaje. Ese futbol el que se pega en la piel suele encontrarse mejor en un libro que en un resumen deportivo.

Galeano: Belleza, nostalgia, denuncia

Pienso en el escritor Eduardo Galeano, por ejemplo, que miraba la cancha como quien mira al mundo: con ganas de celebrar lo bello. Sí. También con el ojo abierto para lo injusto. Galeano escribe del futbol como si fuera una colección de pequeñas historias humanas.

En su libro Futbol a sol y sombra, integrado por más de treinta relatos, entre ellos: “El arquero”, “El hincha”, “El gol”, “El ídolo”, “El árbitro”, muestra un talento que aparece donde nadie lo esperaba, la alegría que se comparte como pan, el abuso disfrazado de “negocio”, la nostalgia por el juego cuando todavía era juego.

Eduardo Galeano. Foto: W Radio México

Leer a Galeano es como escuchar a alguien que quiere recordarte algo; que el balón puede ser una forma de felicidad, y que esa felicidad merece defensa. En la introducción del libro, se señala que el escritor permite acercarse a una mirada sobre el futbol: sus mitos, su historia, sus personajes. “En una galería que va desde Maradona a Pelé, pasando por Garrincha y Sanfilippo; desde los viejos enfrentamientos del futbol rioplatense hasta los clásicos Fla y Flu, pasando por los Mundiales… Un libro escrito por un mendigo del buen futbol, que recorre los estadios y pide una linda jugadita por amor de Dios”.

Galeano afirma que la historia del futbol es un triste viaje del placer al deber. A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí. En este mundo del fin de siglo, el futbol profesional condena lo que es inútil, lo que no es rentable. A nadie da de ganar esa locura que hace que el hombre sea niño por un rato, jugando como juega el niño con el globo y como juega el gato con el ovillo de lana: bailarín que danza con una pelota leve como el globo que se va al aire y el ovillo que rueda, jugando sin saber que juega, sin motivo y sin reloj y sin juez.

El juego -señala el escritor- se ha convertido en espectáculo, con pocos protagonistas y muchos espectadores. Futbol para mirar, y el espectáculo se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo, que no se organiza para jugar sino para impedir que se juegue. La tecnocracia del deporte profesional ha ido imponiendo un futbol de pura velocidad y mucha fuerza, que renuncia a la alegría, atrofia la fantasía y prohibe la osadía.

Hay un pasaje que Galeano le dedicó a Albert Camus, porque también este gran escritor premio Nobel de Literatura en 1957, no sólo era un gran aficionado del futbol, sino que fue arquero del Racing Universitaire d’Alger.

“En 1930, era el gran san Pedro que custodiaba la puerta del equipo universitario de la Universidad de Argel. Se había acostumbrado a jugar de guardameta desde niño porque ese era el puesto donde  menos se gastaban los zapatos. Hijo de casa pobre, Camus no podía darse el lujo de correr por las canchas: cada noche la abuela le revisaba las suelas y le pegaba una paliza si las encontraba gastadas”.

Villoro: la crónica

Luego está Juan Villoro, que tiene oficio de cronista y oído de tribuna. El escritor mexicano que más conoce de este deporte en tiempos actuales. Si Galeano pone el futbol en el mapa grande de la vida, Villoro lo regresa al estadio, a la butaca, al grito al nervio. Hay mucho de qué hablar sobre este escritor.

Sus libros son leídos por todo mundo, y a todo mundo gustan. En su mirada el partido no es solo lo que pasa dentro de la cancha: es el viaje para llegar, el ritual de la playera, la frase que inventa la gente. Para Villoro el futbol también es un espectáculo narrativo: tiene suspenso, personajes, giro de trama, y de vez en cuando, una injusticia que deja al público con ganas de romper la pantalla.

En una entrevista realizada por Proceso (proceso.com.mx/cultura/2026/04/05), Juan Villoro habla de su más reciente libro Los héroes numerados.

Para Villoro todo lo que sea pasión o afición, ha sido explorado en las distintas maneras en que el futbol puede cautivar a las personas y revelar aspectos ocultos de ellas. Porque todas las aficiones liberan algo dentro de uno. Cada afición es una confesión indiscreta de nosotros mismos. ¿Qué historias cuentan? El futbol le ha permitido conocer mejor a muchas personas tanto en la práctica como en la contemplación del juego.

Muchas veces lo ha comentado, el futbol está ligado a su padre, Luis Villoro, pues ha mencionado el lugar donde más convivió con él era en la cancha. En el fondo explica, lo que le gustaba de jugar futbol era platicar con los amigos. “Era un pretexto para estar con los demás y poder platicar y eso hace que yo le vaya Necaxa porque es el sentido de la pertenencia. No extraño jugar. Lo que me emociona es que otros hagan las acciones”.

Coincide con Galeano, al señalar que el futbol se ha convertido en negocio. Precios inaccesibles, transmisiones del juego fragmentadas por meter comerciales donde los futbolistas participan como negocio, y estadios convertidos en espacios de lujo, y la FIFA que “se describe a sí misma como una organización no lucrativa y es un mega consorcio”.

El premio nobel de literatura de 1957, Albert Camus, es entrevistado durante un partido de futbol entre el Racing Club de París y el Mónaco, en aquel año. Foto: YouTube.

Camus: “la pelota no siempre viene por donde se espera”

Finalmente aparece Albert Camus, arquero antes que filósofo, recordándonos que el futbol enseña cosas que no caben en un pizarrón. En el arco se aprende la soledad. En el equipo la responsabilidad compartida. En el error, la vergüenza y la necesidad de seguir. Camus sirve para algo que a veces se nos olvida en tiempos de análisis táctico infinito, el futbol es una escuela moral rarísima, porque te obliga a decidir en segundos y a vivir con tus elecciones frente a todos.

Albert Camus, nacido en la Argelia francesa (1913-1960) posiblemente ha sido el único Premio Nobel de Literatura entrevistado en medio de un partido de futbol.  Estaba sentado con su interlocutor viendo al Racing Club de París enfrentarse al Mónaco, en 1957 (las imágenes en blanco y negro se pueden ver en YouTube). Tiempo después, la revista Racing France le pide un artículo para publicarlo, el reciente Nobel termina presentando ese ensayo, el cual había escrito cuatro años antes, 1953, para la revista de su Racing. Y el artículo fue publicado bajo el título Lo que le debo al futbol (se puede leer en internet). En 1959, menos de un año antes de su muerte, Camus le dijo a otro reportero que, junto con el teatro, el campo del futbol había sido una de sus dos universidades reales. Al final del Mundial todo pasará. Lo que se queda es lo que podemos contar después. Así que, con un libro de Eduardo Galeano, de Juan Villoro y/o Albert Camus bajo el brazo, el futbol no sólo nos obliga a reflexionar y observar a estos once héroes que salen a la cancha a buscar el gol. También permiten vernos como nos contamos a nosotros mismos las historias que cada quien se lleva a casa.

*Escritora y periodista.

6 de mayo de 2026

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