Acerca de la posible reelección de “Alito” Moreno
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Acerca de la posible reelección de “Alito” Moreno

René Juvenal Bejarano Martínez

Pensando con frialdad me pregunté: ¿qué tanto le conviene al PRI que «Alito» Moreno siga al frente de ese partido?

La respuesta que pudiera parecer obvia para un analista objetivo es la siguiente: el liderazgo de Alejandro «Alito» Moreno al frente del Partido Revolucionario Institucional (PRI) ha sido objeto de numerosas críticas y controversias. A medida que se acumulan los malos resultados electorales, el divisionismo interno, las rupturas, la desafortunada alianza con el Partido Acción Nacional (PAN), el deterioro de su imagen pública y la pérdida de militancia se vuelve imperativo reflexionar sobre la necesidad de un relevo en su cargo.

Desde que “Alito” asumió la presidencia del PRI, el partido ha experimentado una serie de derrotas electorales significativas. Estos resultados no solo reflejan la pérdida de confianza de los votantes en el partido, sino también la ineficacia de la estrategia política bajo su liderazgo. La persistencia de “Alito” en reelegirse y prolongar su mandato hasta después de la sucesión presidencial de 2030 no parece ofrecer una solución viable a estos problemas, sino que más bien perpetúa un ciclo de fracasos.

El liderazgo de “Alito” ha sido una fuente constante de discordia dentro del PRI. Las divisiones internas y las rupturas han debilitado aún más al partido, erosionando su capacidad para presentar una oposición unida y efectiva. La insistencia de “Alito” en mantenerse en el poder, a pesar de las crecientes voces de disenso, no solo intensifica estas fracturas, sino que también pone en peligro la cohesión y la integridad del partido.

La alianza con el PAN ha resultado ser altamente costosa para el PRI, tanto en términos electorales como de imagen pública. Esta alianza ha sido percibida por muchos como una traición a los principios fundamentales del PRI, exacerbando la desconfianza y el desencanto entre sus militantes y simpatizantes. Además, la imagen pública de “Alito” se ha deteriorado considerablemente, agravando la percepción negativa del partido en su conjunto.

La pérdida de militancia es otro indicador alarmante de la crisis que atraviesa el PRI. Bajo el liderazgo de “Alito”, muchos militantes han abandonado el partido, buscando refugio en otras formaciones políticas, incluyendo la Cuarta Transformación. Esta desbandada no solo debilita la base del partido, sino que también refleja un liderazgo incapaz de inspirar y mantener el compromiso de sus miembros.

La situación actual del PRI bajo “Alito” Moreno guarda una inquietante similitud con la experiencia del Partido de la Revolución Democrática (PRD) bajo la dirección de la corriente Nueva Izquierda, conocida como «Los Chuchos». Estos líderes, al aferrarse al poder y priorizar sus intereses personales sobre los del partido, contribuyeron significativamente a la decadencia del PRD. La obstinación de “Alito” en seguir una trayectoria similar amenaza con convertirlo en el sepulturero del PRI, emulando así el triste legado de «Los Chuchos».

La necesidad de un relevo en el cargo de presidente del PRI es evidente y urgente. La acumulación de fracasos electorales, el divisionismo interno, las rupturas, la desafortunada alianza con el PAN, el deterioro de la imagen pública y la pérdida de militancia son síntomas de un liderazgo fallido. La persistencia de “Alito” Moreno en prolongar su mandato hasta después de la sucesión presidencial de 2030 no solo ignora estos problemas, sino que también agrava la crisis del partido.

Para que el PRI pueda aspirar a una recuperación y desempeñar un papel relevante en el panorama político de México, es imprescindible un cambio de liderazgo. Este relevo debe ir acompañado de una profunda renovación de estrategias y principios, orientada a reconectar con la base militante y recuperar la confianza del electorado. Solo así el PRI podrá evitar el destino de convertirse en una reliquia del pasado.

Ahora bien, ¿qué tanto le conviene a la izquierda que “Alito” siga al frente del PRI? La situación actual del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y su dirigente, Alejandro «Alito» Moreno, plantea una serie de interrogantes y desafíos para la izquierda en México. Analizar la conveniencia de que “Alito” continúe al frente del PRI requiere considerar varios elementos clave.

En primer lugar, tanto el PRI como “Alito” Moreno enfrentan un alto índice de opiniones negativas según los estudios de opinión. Este desgaste de imagen dificulta cualquier esfuerzo de recuperación del partido. Si no hay una renovación tanto de imagen como de liderazgo, es poco probable que el PRI logre revertir su declive. Para la izquierda, mantener a “Alito” al frente del PRI podría ser ventajoso, ya que perpetuaría la imagen desgastada y vulnerable del partido, beneficiando así a las opciones políticas opositoras, incluyendo las de la izquierda.

“Alito” Moreno enfrenta varios expedientes legales pendientes, lo que lo hace vulnerable e incluso susceptible de ser desaforado. Esta situación no solo lo debilita personalmente, sino que también proyecta una imagen de inestabilidad y corrupción dentro del PRI. Para la izquierda, esta vulnerabilidad es un punto de presión y ventaja, ya que un dirigente bajo constante amenaza legal puede ser menos efectivo en la oposición.

“Alito” es una figura de discordia entre otros líderes priistas, y su posible reelección podría ser fuente de mayores divisiones y rupturas dentro del partido. La falta de cohesión interna debilita al PRI, haciéndolo menos capaz de presentar una oposición unida y efectiva. La izquierda podría beneficiarse de estas divisiones, ya que un PRI fragmentado reduce la competencia y la capacidad de formar alianzas sólidas contra los proyectos de la Cuarta Transformación.

“Alito” Moreno no tiene la fuerza para generar una interlocución sólida con el gobierno de Claudia Sheinbaum ni con los gobiernos estatales. Esta incapacidad de establecer diálogos constructivos limita su influencia y efectividad política. Para la izquierda, la ausencia de una oposición fuerte y articulada facilita la implementación de sus políticas y programas.

Se percibe que el principal interés de “Alito” sería administrar en su beneficio las prerrogativas y las determinaciones políticas en las cámaras. Esta percepción de manejo personalista y oportunista puede erosionar aún más la confianza y el apoyo dentro del PRI y entre sus aliados. La izquierda puede aprovechar este enfoque autocentrado de “Alito” para destacar la necesidad de un liderazgo más comprometido con el bien común y menos con intereses personales.

El PAN ha mostrado señales de resistencia a continuar con la Alianza PRIAN debido a los costos electorales que ha implicado. Esta resistencia interna en el PAN podría ser exacerbada por la permanencia de “Alito”, debilitando aún más la alianza opositora. Para la izquierda, una oposición desarticulada y en conflicto interno representa una ventaja significativa en la arena política.

Los dos gobernadores del PRI, de Coahuila y Durango, han dado muestras de querer colaborar con Claudia Sheinbaum. La beligerancia de “Alito” podría estorbar estos intentos de cooperación, creando tensiones internas en el PRI. La izquierda puede capitalizar estas divisiones para fortalecer su posición y buscar alianzas más fluidas y efectivas.

En la agenda electoral de 2025, 2026 y las elecciones intermedias de 2027, la permanencia de “Alito” al frente del PRI podría acentuar el desgaste del partido y la pérdida de votos. Durante los próximos tres años, es probable que continúe el éxodo de priistas hacia la Cuarta Transformación, profundizando la crisis del PRI. Esta desbandada podría fortalecer a la izquierda, que absorbería a muchos de los desilusionados del PRI.

Rumbo a la sucesión presidencial de 2030, ya cumplidos los cien años de fundación del PRI con el nombre de Partido Nacional Revolucionario (PNR), es probable que el partido enfrente la pérdida de su registro. Esto confirmaría el dicho popular: «No hay mal que dure cien años, ni pueblo que lo aguante.» Para la izquierda, la desaparición o debilitamiento extremo del PRI representaría la culminación de una lucha histórica y una oportunidad para consolidar su hegemonía política.

La permanencia de “Alito” Moreno al frente del PRI parece más beneficiosa para la izquierda que para el propio partido. Su liderazgo cuestionado, la discordia interna que provoca, su vulnerabilidad legal y la percepción negativa generalizada contribuyen a un debilitamiento constante del PRI. Este debilitamiento, a su vez, facilita el avance de la Cuarta Transformación y fortalece la posición de la izquierda en el panorama político mexicano.

10 de julio de 2024