Xóchitl Bravo Espinosa*
La Ciudad de México está a las puertas de uno de los eventos internacionales más relevantes de su historia reciente: el Mundial de Futbol 2026. No se trata solo de un escaparate deportivo, sino de una prueba mayor sobre cómo se gobierna, planea y defiende una ciudad frente a intereses que, históricamente, han privilegiado la ganancia de unos cuantos sobre el bienestar colectivo. En ese contexto, el Plan General de Desarrollo (PGD) no solo es necesario: es inaplazable.
El PGD es el instrumento de planeación más ambicioso que ha construido la capital para los próximos 20 años. Desde Morena lo decimos con claridad: no podemos dejar la ciudad, como en el pasado neoliberal, al vaivén del mercado inmobiliario, la especulación del suelo o la ausencia de una visión social. Planear es gobernar con responsabilidad y con perspectiva de futuro. Nuestra jefa de Gobierno, Clara Brugada, está plenamente comprometida con ese esfuerzo.
Uno de los puntos que más incomoda a la oposición es el relativo a la vivienda. No es casualidad. Durante años defendieron un modelo que permitió la gentrificación acelerada, el encarecimiento de las rentas y el desplazamiento de miles de familias trabajadoras hacia las periferias. Hoy pretenden alarmar diciendo que el PGD “ahuyenta la inversión” o “interviene el mercado”. Lo que realmente les molesta es que, por primera vez, se coloca en el centro, el derecho a la ciudad y no la rentabilidad inmobiliaria.
Desde la izquierda sostenemos que regular no es prohibir y que ordenar no es frenar el desarrollo. La regulación de rentas, la construcción de vivienda popular desde el gobierno local y la planeación territorial son mecanismos legítimos para garantizar que la ciudad siga siendo habitable para quienes la sostienen todos los días. Quien se opone a ello, en los hechos, defiende la especulación.
Respaldando al barrio
Lo mismo ocurre con la economía barrial. El fortalecimiento de más de 340 mercados públicos y concentraciones no es nostalgia ni romanticismo; es una política pública para proteger el empleo local, el abasto popular y la vida comunitaria frente al avance desmedido de grandes cadenas comerciales.
La oposición vuelve a equivocarse cuando presenta esta estrategia como un ataque a la iniciativa privada. Nuestro movimiento apuesta por una economía con rostro social, donde el crecimiento no signifique la desaparición de los pequeños comercios.
Otro aspecto que incomoda a quienes siempre han pensado la ciudad desde el escritorio es la visión regional del PGD. Desde hace años se reconoce que la Ciudad de México no puede planearse de manera aislada, sino como parte de una metrópoli que integra al menos cuatro entidades federativas. Movilidad, vivienda, medio ambiente y empleo exigen coordinación real. Negarse a esta realidad es apostar por el desorden.
Ley de territorio, no de escritorio
El proceso de consulta del PGD ha sido amplio, abierto y democrático. El Instituto de Planeación Democrática y Prospectiva tuvo la tarea de elaborar el anteproyecto y sistematizar miles de opiniones recogidas en la consulta pública. A diferencia de otros tiempos, aquí no hubo planes hechos a puerta cerrada. El documento pasó de 22 a 27 ejes rectores, reflejo de una ciudadanía activa y participativa.
Entre los ejes más relevantes destacan el espacio público con enfoque social, político, ambiental y cultural; una economía dinámica con prosperidad compartida; el trabajo digno y el fortalecimiento de capacidades humanas; así como apartados específicos para mercados públicos, economías solidarias, vivienda, inversión responsable, combate a la corrupción y reducción de las desigualdades. Son temas que a la oposición le cuesta debatir porque desmontan la narrativa de “libertad de mercado” sin responsabilidad social.
Como legisladoras y legisladores de Morena en el Congreso de la Ciudad de México, asumimos con seriedad la siguiente etapa: el análisis, la discusión y, en su caso, la aprobación del Plan. Una vez promulgado, el PGD tendrá carácter de ley y su aplicación será inmediata, guiando las políticas públicas de los próximos cuatro lustros.
El verdadero debate no es si la ciudad debe planearse, sino para quién se planea. Morena tiene clara la respuesta: a favor del derecho de todas y todos a la ciudad, de un desarrollo económico que no excluya ni expulse y que reduzca las brechas de desigualdad. El Mundial 2026 pasará; la ciudad que construyamos hoy, permanecerá.
*Coordinadora del Grupo Parlamentario de Morena en el Congreso de la Ciudad de México
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