De las “batallas de aura” a los teen takeovers: cuando la digitalidad deja de ser suficiente
Colaboradores, Sociedad

De las “batallas de aura” a los teen takeovers: cuando la digitalidad deja de ser suficiente

Maricarmen Fernández Chapou*

En el universo de los videojuegos, la palabra “farmear” se utiliza para referirse a cultivar o acumular recursos mediante determinadas acciones. En juegos como Fortnite o Minecraft, por ejemplo, el término se relaciona con realizar actividades para obtener puntos. Recientemente, los jóvenes trasladaron esta lógica al ámbito analógico. En lugar de acumular recursos dentro de un videojuego, comenzaron a hablar de “ganar” o “perder” aura en el grupo social.

Las “batallas de aura” sorprendieron en agosto a adultos, profesores y padres de familia, al ver a los más jóvenes reunirse en plazas, espacios públicos, escuelas y universidades para representar ese juego emanado de la cultura digital. Tener más o menos puntos de “aura” significaba caer bien, hacer algo simpático, causar gracia o incluso hacer el ridículo, con tal de obtener el reconocimiento dentro de un grupo.

Este tipo de tendencias no es nueva, pero en esta época marcadamente digital, estamos acostumbrados a ver a los jóvenes coptados por su teléfono. Aunque fueron coordinadas en redes sociales, las “batallas de aura” los llevaron por primera vez en mucho tiempo a la reunión espontánea, a salir a calles, plazas y explanadas para jugar y convivir públicamente.

Pareciera que la digitalidad ya no fue suficiente. La convivencia y el juego se dan principalmente en internet, pero estas reuniones fuera del ciberespacio muestran la latente necesidad, y derecho, de los jóvenes a expresarse y pertenecer a la comunidad.

Como ha sido registrado por distintos reportajes y análisis sobre el fenómeno, estas dinámicas no están relacionadas necesariamente con comportamientos inapropiados, violencia, anti-valores o anti-derechos, como en otras tendencias digitales. En la mayoría de los casos, se trata de un juego mediante el cual los jóvenes buscan divertirse, expresarse y convivir. Siempre que se mantengan dentro de límites sanos y no impliquen daño para nadie, las “batallas de aura” pueden propiciar la convivencia social en espacios públicos, que tanto se ha perdido en las ciudades modernas.

No obstante, en lugares como Chicago, Detroit, Florida o California, otras “ocupaciones adolescentes” del espacio público no han sido tan bien recibidas. Aún no terminaba de apagarse la tendencia de “farmear Aura”, cuando una nueva teen trend incendió las alarmas en Estados Unidos: los llamados “teen takeovers”, una “ocupación juvenil” de los espacios públicos que, en muchos casos, se volvió peligrosa.

Los teen takeovers

Como las “batallas de aura”, los teen take overs son concentraciones multitudinarias de adolescentes convocadas mediante Instagram, TikTok, Snapchat u otras plataformas para reunirse en centros comerciales, playas, parques o zonas céntricas de ciudades estadounidenses. Pero, según una nota de la DW, estas convocatorias masivas han derivado en peleas, daños, robos, ataques a vehículos, disparos y enfrentamientos con la policía.

Aunque suelen comenzar como encuentros informales para convivir, bailar y grabar contenidos, teen takeover es, sobre todo, una etiqueta mediática y policial, debido a que las reuniones inicialmente recreativas se volvieron difíciles de controlar y algunos participantes cometieron actos violentos.

El fenómeno es especialmente interesante si se analiza desde la relación entre plataformas, juventudes y pánico moral, del que el fenómeno de “farmear aura” no estuvo exento en México. La expresión takeover, “toma”, “ocupación” o “apoderamiento”, presupone que los adolescentes invaden un espacio que normalmente no les pertenece. Además, los titulares que hablan de “hordas”, “caos” o “ciudades bajo asedio” pueden convertir episodios localizados en la percepción de una amenaza juvenil nacional.

No obstante, conviene no confundirlos con protestas políticas, pandillas organizadas o saqueos planificados. Como advierte un reportaje de AP, en una misma concentración pueden coexistir jóvenes que solo quieren socializar, personas que buscan producir contenido espectacular y una minoría que incurre en conductas delictivas. 

Los teen takeovers son un fenómeno real, pero la etiqueta agrupa acontecimientos muy distintos y puede exagerar la idea de una tendencia homogénea o coordinada nacionalmente. Su crecimiento visible surge de la combinación de necesidades juveniles de convivencia, falta de espacios accesibles, capacidad de convocatoria de las redes y amplificación mediática de los episodios más violentos.

Lo cierto es que la explicación puramente delictiva resulta insuficiente. Como lo describe Associated Press, los propios jóvenes han expresado su descontento ante la falta de espacios seguros, gratuitos y atractivos para reunirse. Ciertas restricciones de acceso a centros comerciales y otros espacios semipúblicos, junto con el aburrimiento durante vacaciones o fines de semana, también explican el fenómeno. Si a eso se suma la necesidad de pertenencia y reconocimiento entre pares, el aislamiento y pérdida de vínculos que enfrenta la juventud y la escasez de actividades culturales para estas poblaciones, el problema se vuelve más complejo.

La propia Comisión Comunitaria de Seguridad Pública de Chicago ha relacionado el problema con la falta de empleos de verano y de “terceros espacios”, es decir, lugares distintos de la casa y la escuela, disponibles para los adolescentes. También advierte que excluirlos sistemáticamente de los espacios públicos puede canalizarlos hacia reuniones más riesgosas. Y, como en el caso de las “batallas de aura”, no es un fenómeno completamente nuevo. Chicago ha registrado reuniones juveniles convocadas digitalmente al menos desde 2019. El término teen takeover comenzó a extenderse en la cobertura mediática nacional para describir episodios semejantes en distintas ciudades. En 2026 adquirió especial visibilidad por la sucesión de incidentes durante fines de semana, vacaciones escolares y días festivos.

 ¿Es culpa de las redes sociales?

Las plataformas no necesariamente originan el malestar juvenil, pero transforman su escala y dinámica. Una convocatoria sin estructura formal puede alcanzar a miles de usuarios en pocas horas, gracias a la coordinación acelerada de las redes sociales. El contenido llamativo, desafiante o conflictivo es muy proclive al escalamiento algorítmico y puede obtener mayor visibilidad.

Además, los videos de una concentración ofrecen un formato reproducible y tienen gran poder de contagio. Para algunos asistentes, no basta con estar presentes: hay que grabar, transmitir y conseguir reconocimiento. Y, finalmente, unos cuantos videos violentos pueden convertirse en la representación mediática de toda la concentración, aunque la mayoría no haya participado en esos actos.

Las plataformas sociales son una infraestructura de movilización, visibilidad e imitación, las dinámicas de las plataformas explican cómo se convocan, escalan y documentan estas expresiones;  la economía de la visibilidad hace que ciertas conductas reciban más atención que otras y que sean imitadas.   

Pero, a pesar de todo, las redes no son la causa exclusiva de este tipo de fenómenos. Hay que tomar en cuenta, además, qué representación mediática se les da, y los sesgos que esta puede reproducir como criminalización, espectacularización y hasta posibles sesgos raciales. Existe incluso una disputa acerca de cómo nombrarlos. Algunos actores prefieren “reuniones juveniles”, mientras que representantes policiales hablan de “acción de turba” o saqueos. El nombre elegido modifica la atribución de responsabilidad y las soluciones imaginables: “delincuencia” conduce a vigilancia y castigo; “exclusión juvenil” conduce a espacios públicos, acompañamiento y programas sociales.

Más allá de las plataformas digitales, los jóvenes tienen derecho a ocupar su ciudad. La manera de enfrentar este problema tiene dos enfoques: el punitivo, con arrestos y dispersión policial, multas, toques de queda o restricciones, y el preventivo, con centros juveniles abiertos por la noche, actividades deportivas y culturales, programas de empleo de verano, consejos juveniles y participación de adolescentes.

Detroit, por ejemplo, creó una oficina de asuntos juveniles, un consejo consultivo y una liga nocturna de basquetbol. Chicago ha financiado encuentros diseñados por jóvenes.

No sabemos aún cuál intervención reduce mejor estas concentraciones, pero sí sabemos que los arrestos masivos no necesariamente disuaden la conducta adolescente. El reto en realidad está en reconocer los riesgos concretos de estas tendencias digitales sin criminalizar indiscriminadamente a las juventudes.

*Es profesora de la Escuela de Humanidades y Educación del Tecnológico de Monterrey e Investigadora del Observatorio de Medios Digitales de la misma institución. Doctora Cum Laude en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid.

Referencias:

Chicago Community Commission for Public Safety and Accountability. (2026, 12 de abril). Minutes from public meeting: District Council 024 [Minuta de reunión]. DW Español. (2026, 7 de septiembre). Qué son los “teen takeovers” y por qué preocupan tanto en Estados Unidos [Reel de Facebook]. Facebook.Eng, M. (2023, 10 de agosto). Language on teen gatherings divides Chicago leaders. Axios Chicago.

Galeassi Ramírez, M. (septiembre 5, 2026). Farmear aura satisface una necesidad de vínculo que la digitalidad no cumple. La Jornada, sección Cultura, p.3.

Riddle, S., & Williams, C. (2026, 25 de julio). How the lighthearted social media trend of “teen takeovers””  took a serious turn. Associated Press.

Vasquez Peralta, J., & Pasquantonio, V. (2026, 9 de junio). Why “teen takeovers” are taking off. PBS NewsHour Classroom.

29 de octubre de 2026