Un mundo de mundos  en torno a la IA
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Un mundo de mundos  en torno a la IA

Marco Vinicio Ferruzca Navarro*

No es extraño lo ocurrido el pasado 21 de septiembre de 2026 ante la negativa del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para detener el desarrollo de la inteligencia artificial (IA), porque considera que su país lleva la delantera respecto al resto del mundo, pero sobre todo con respecto a China.

La posición de Trump es una actitud de lo que pasa en realidad, son tres las visiones o paradigmas que de momento impulsan con mayor fuerza el desarrollo de la IA: el modelo americano, el modelo chino y el modelo europeo. La idea de ganar la carrera de la IA se corresponde con la orientación de mercado que ha impulsado el modelo de desarrollo en Estados Unidos, aunque también es cierto que muchas voces en ese país se han levantado para advertir sobre los riesgos que tiene un mal uso de la IA para la humanidad. En síntesis, el modelo americano de desarrollo apuesta por la supremacía tecnológica y la libre competencia.

Por su parte, el modelo chino, aunque también apuesta por una soberanía tecnológica, se caracteriza más por una dirección regulada por el Estado, pero también integrada a la economía y a la sociedad.

En el caso de Europa, al no poder competir con la misma velocidad que Estados Unidos o China, definió un modelo más orientado a proteger los derechos fundamentales de sus ciudadanos. Esta situación ha ocasionado que se produzca el denominado “Efecto Bruselas” a nivel global, donde su propuesta de marco regulatorio de la IA pareciera convertirse en un estándar global que siguen todas las empresas en el mundo.

Y en este mundo, donde pareciera sólo existen tres realidades vinculadas al desarrollo de la IA, también existen otras como la nuestra, México, que se ve colonizado por los grandes sistemas tecnológicos hegemónicos. Es el caso también de Latinoamérica y otros países del sur Global.

Ya lo dice Arturo Escobar en su obra Autonomía y diseño: La realización de lo comunal, el mundo no se compone de un mundo, sino que hay una diversidad de realidades y nos toca hacer las preguntas y reflexiones necesarias para no ser marginados del gran debate sobre la IA.

Centrar nuestra atención exclusivamente en torno a la capacidad de la IA para destruirnos como especie, a propósito de la declaración de Jacob Coxon, ex integrante de Anthropic, sería desconocer las otras amenazas que representa un mal uso de la inteligencia artificial. Google reportó hace unos días que Gemini vulneró la ciberseguridad de tres empresas, pero también Meta y Open AI han reportado casos similares.

MILA, es un instituto de investigación en inteligencia artificial localizado en Montreal (Canadá) que tuve oportunidad de visitar el pasado año en el marco de un encuentro sobre Inteligencia Artificial responsable y Derechos Humanos. Una de las principales lecciones que aprendí en dicho espacio es la importancia de impulsar el desarrollo de una IA ética y segura para la humanidad.

No basta con realizar declaratorias con los mejores principios al respecto, lo que urge es poder poner en práctica dichos ideales: que la IA sea transparente, muy bien, pero ¿cómo?, ¿es necesario realmente?, ¿es culpa de la IA la brecha digital y cognitiva? Estas son solo algunas preguntas por atender en todos los espacios de la sociedad: sector educativo, sector salud, sector empresarial, sector gubernamental.

Y sí, cada vez hay más marcos regulatorios sobre la IA, pero quién se encarga de ejecutarlos y cuál es la responsabilidad de cada una de las personas que se ven involucradas en la cadena de valor de esta tecnología, porque tan responsable son las personas que toman decisiones para la extracción de materiales raros para la producción de sistemas de cómputo o la construcción de centros de datos, como usted y yo cada vez que utilizamos esta tecnología.

El temor a la IA como tecnología no es algo nuevo que como sociedad experimentemos, si miramos a la historia, la imprenta, la revolución industrial, la electricidad, la radio y la energía nuclear, por citar algunas de las grandes invenciones del ser humano, también generaron cierto miedo o incertidumbre por el impacto negativo que pudieran llegar a tener en la sociedad.

En el caso de la IA, es razonable que exista cierto miedo con su desarrollo tan acelerado, pero si hemos aprendido algo del pasado, es que es necesario definir normas de seguridad. No se trata de prohibir su uso sino de verdaderamente mostrar voluntad para buscar respuestas a preguntas clave que inciden en su diseño, desarrollo y regulación.

Como bien señala la investigadora sueca, Virginia Dignum, del AI Policy Lab, en la Universidad de Umea, es necesario plantearnos la pregunta cero: ¿Es necesario realmente el uso de la IA para resolver el problema que pretendemos resolver? ¿Acaso no hay otras alternativas de solución sin IA?

Enhorabuena por incluir en la agenda internacional de organismos como la ONU, la discusión que se tuvo sobre IA y seguridad el 23 de septiembre. No obstante, también es relevante abrir espacios de discusión en las escuelas, hospitales o cualquier otro tipo de organización que pretenda incorporar esta tecnología en sus prácticas para debatir al respecto.

Recordemos que la tecnología, como ha sido señalado por autores como Latour, representa un conjunto de redes de relaciones entre personas y artefactos que tienen un impacto en las dinámicas sociales. La IA no escapa a ello, ya afecta, por ejemplo, las dinámicas dentro de las empresas, la toma de decisiones y la distribución de responsabilidades.

Usar la IA, como bien señala el filósofo Peter-Paul Verbeer, implica detenernos un momento para plantearnos preguntas éticas vinculadas al carácter moral de la tecnología. Más allá de la funcionalidad de la IA, esta tecnología está dando forma a nuevas maneras de cómo  hacemos las cosas y cómo experimentamos el mundo. ¿De qué manera la IA configura nuestras posibilidades éticas como personas?

En octubre de 2025, se realizó el Primer Censo Nacional “Usos y percepciones sobre la Inteligencia Artificial Generativa en la educación superior en México” (ENIAG 2025), impulsado por la Secretaría de Educación Pública (SEP) en colaboración con el Observatorio Interinstitucional de Inteligencia Artificial en la Educación Superior en México (https://observatorio-ia. org/) y varias universidades del país.

La importancia de este ejercicio radica en que fue el primero de su tipo en nuestro país y porque también ofrece un primer panorama de cómo se está integrando esta tecnología en el aula.

Participaron en el ejercicio poco más de un millón y medio de estudiantes y 163,259 docentes de una amplia diversidad de universidades nacionales. Uno de los grandes hallazgos de este ejercicio fue el identificar que la IA también se emplea con fines de apoyo emocional, y la tendencia sigue creciendo. 90% de los jóvenes declaran usarla para este fin, sea para pedir consejos sobre enfermedades de salud mental o tener alguien con quien desahogarse, o no sentirse solos.

Y no sólo la gente joven, en menor medida el personal docente también la utiliza con fines similares. ¿Es culpa de la IA los problemas mentales que aquejan a nuestra sociedad? Claramente no, pero entonces qué debemos hacer para canalizar este tipo de situaciones con expertos en salud o qué acciones debe emprender para que la sociedad también haga un uso ético y responsable de la IA.

En conclusión, tan importante es seguir, y de ser posible, ser partícipe del debate mundial sobre la seguridad de la IA a nivel mundial, como tomar medidas en nuestra propia tierra para garantizar que el impacto de la IA en nuestra vida cotidiana sea positivo.

*Profesor-Investigador Universidad Autónoma Metropolitana

24 de octubre de 2026