Salvador Noriega
La Copa Mundial de la FIFA 2026 no sólo enfrenta a selecciones de futbol; también reúne trayectorias de vida muy divergentes pero atravesadas por la resiliencia. En un torneo donde se reúne la diversidad global, estos futbolistas representan la capacidad humana para sobreponerse a la adversidad, perseguir sueños y triunfar.
Detrás de cada camiseta mundialista hay historias que rara vez aparecen en las estadísticas, como aquellas que se originan en lugares tan insólitos como campos de refugiados; entre poblaciones migrantes o barrios pobres, pero que la persistencia, destreza y ganas de cambiar su realidad, conduce a muchos jugadores a los grandes torneos nacionales e internacionales, y hasta en los Mundiales de Fútbol, transformando el original infortunio en grandes oportunidades.
El guardián persa
Una de esas historias de vida, es la del portero de la selección de fútbol iraní, Alireza Beiranvand, quien en algún momento de su juventud durmió en la calle, aunque años después brilló como profesional del futbol de su país, luego en clubes de Europa; obtuvo reconocimientos internacionales y ahora formó parte del seleccionado de su nación en la Copa del Mundo 2026.

La información de Beiranvand, indica que nació en una familia nómada de pastores en la provincia iraní de Lorestán. Su padre,Morteza Beiranvand, tenía otros planes para él y veía en el fútbol, una pérdida de tiempo. Llegó a esconderle los guantes y los botines a su hijo para que se dedicara a otra actividad. Pero impulsado por su vocación, pidió dinero prestado a un amigo, y se subió a un autobús rumbo a Teherán, capital de Irán, para perseguir su sueño deportivo siendo un adolescente.
Lo que encontró en la capital iraní no fue precisamente una bienvenida. Sin dinero ni contactos, Beiranvand pasó sus primeras noches durmiendo a la intemperie en la explanada que rodea el arco Azadi.
Para sobrevivir, encadenó una serie de trabajos que combinó con sus primeros pasos en el fútbol. Trabajó en un taller de costura, como barrendero municipal y lavando autos. También trabajó de noche en una pizzería. En este empleo fue donde cruzó su camino con el entrenador Hossein Feiz, quien decidió darle una oportunidad en el equipo Naft Tehran.
“Dormía en la puerta del club y cuando me despertaba por la mañana me encontraba monedas que la gente me había dejado. ¡Pensaban que era un mendigo!”, recuerda Alireza.
Después de años de trabajo, sacrificio, hambre y frío finalmente llegó la recompensa; Alireza debutó como profesional en el 2010 con el Naft Tehran equipo de la primera división del fútbol iraní.
Ocho años más tarde, logró jugar su primera Copa Mundial con Irán en Rusia 2018, atajando un penal ni más ni menos que a la superestrella de la selección de Portugal y del balompié mundial; Cristiano Ronaldo. Beiranvand, se convirtió en héroe nacional de un día para el otro.
El rendimiento sostenido de Beiranvand a lo largo de una década lo convirtió en el primer futbolista iraní nominado a los premios The Best de la FIFA, en la categoría de mejor arquero.
El arquero iraní ostenta el récord Guinness al saque de manos más largo de la historia del fútbol con 61.026 metros, registrado en un partido de eliminatorias mundialistas frente a Corea del Sur. Habilidad que desarrolló de niño, lanzando piedras en su natal Lorestán.
Con esa trayectoria, y pasando por el fútbol europeo concretamente en equipos de Bélgica y Portugal, Alireza Beiranvand llegó a los 33 años a la Copa Mundial de la FIFA 2026. Disputando su tercera Copa del Mundo, se confirmó como una de las leyendas del fútbol iraní.
Beiranvand tuvo una actuación soberbia en el segundo encuentro de la selección de Irán en la Copa Mundial 2026 contra Bélgica, en los Ángeles California. El guardameta persa dio una exhibición total, con 7 atajadas clave y fue nombrado el mejor jugador del partido. Quizá la atajada al mediocampista belga Maxim de Cuyper puede ser la atajada de este Mundial.
El guardameta iraní Alireza Beiranvand es ejemplo de superación. Su historia recuerda, que el mayor triunfo no siempre ocurre dentro de la cancha, también en el camino que se recorre para llegar a él.
Del campo de refugiados al campo del fútbol
Nestory Irankunda y Mohamed Touré ambos delanteros de la selección de fútbol de Australia, comparten historias de vida muy similares. Irankunda nació en un campo de refugiados en Tanzania después de que su familia huyera de una brutal guerra civil en Burundi. Llegó a Australia a los tres meses de edad, ya que sus padres lograron emigrar a Perth, ciudad al suroeste del país oceánico. En 2013, la familia se trasladó a Adelaida, donde Irankunda comenzó a dar sus primeros pasos en el mundo del fútbol.

Durante sus años juveniles en el fútbol australiano, jugó en el Northern Wolves y Parafield Gardens antes de ser fichado por el Adelaide Croatia Raiders, equipo de la National Premier Leagues (NPL). Su gran oportunidad llegó en 2021, cuando fue contratado por el Adelaide United donde hizo su debut como profesional.
Nestory Irankunda es considerado como el “futbolista australiano joven más prometedor de todos los tiempos”, y el sábado 13 de junio de 2026, en el BC Place de Vancouver, demostró por qué se ganó ese mote en su país. El delantero de 20 años, hoy jugador del Watford del fútbol inglés, convirtió el primer gol y fue la gran figura en la sorpresiva victoria 2-0 de los australianos ante Turquía en su debut en el Mundial de 2026.
Irankunda, se convirtió en el futbolista más joven en marcar un gol para la selección de Australia en una Copa del Mundo, sin duda su historia inspira a miles de niños en todo el mundo.
Por su parte, Mohamed Touré nació en un campo de refugiados en Guinea. Sus padres escaparon de la guerra civil liberiana y permanecieron más de una década en condiciones extremadamente difíciles antes de ser aceptados en Australia. En 2026, Mohamed cumplió el sueño familiar de que jugara una Copa del Mundo.

El hecho de que Touré haya llegado a ser profesional, es extraordinario por sus condiciones de vida difíciles. Sus padres arriesgaron sus vidas para cruzar la frontera, huyendo de la guerra civil en su país natal, Liberia, en 1990. Pasarían 14 años en ese campo, y Mohamed Toure se unió a ellos en 2004.
Tan solo unos meses después, la familia embarcó en un avión rumbo a Australia; un encuentro casual con un cooperante de la Cruz Roja fue clave en su decisión de dirigirse al país de los canguros.
“Nuestro pueblo fue atacado por un grupo de hombres y tuvimos que huir”, declaró Amara Touré, padre de Mohamed, al canal de YouTube, Football Australia.
La formación futbolística de Touré comenzó en el Croydon Kings, un club semiprofesional con sede en Adelaida, donde aprendió el oficio.
Y desde ese momento, no ha mirado atrás. Luego de fichar con el Adelaide United, marcó su primer gol con el club a los 15 años, convirtiéndose así en el goleador más joven de la historia de la A-League (Primera División Profesional del fútbol australiano).
Touré, actual jugador del Norwich City inglés, hizo historia al arrancar como titular en el juego inicial de Australia en la Copa Mundial 2026 contra Turquía, compartiendo delantera con Nestory Irankunda. “Si mi padre puede ir a trabajar y decir: ‘Sí, mi hijo jugó en el Mundial’… Para mí, eso me hace más feliz que jugar yo mismo en un Mundial”, dijo Touré.
La perseverancia desde el corazón de Medio Oriente
El delantero estrella de la selección de fútbol de Irak, Aymen Hussein, ha llamado la atención fuera del campo por las duras vivencias, su historia es de terror, drama y resiliencia.
Su vida es un reflejo de las vicisitudes que ha atravesado su país, desde la inestabilidad política en el régimen de Sadam Hussein, la invasión estadounidense y el embate de los grupos yihadistas que han intentado controlar el territorio.

En el año 2008, Aymen Hussein tuvo que hacer frente al golpe más duro de su vida. Su padre, oficial del ejército,fue asesinado durante un atentado perpetrado por el grupo terrorista Al Qaeda. Su madre se quedó viuda y tuvo que sacar adelante a sus dos hijos. Pero el terror no terminó ahí. La familia estuvo amenazada durante años por el grupo extremista Estado Islámico desde que descubrieron que el padre había sido militar.
La organización perseguía a hombres como el padre de Hussein de manera constante. En 2014, ISIS, otro grupo extremista, tomó el control de la zona Kirkuk, ciudad natal del joven Aymen, al norte de Irak. Su hermano era policía local, por lo que se encontraba en las listas de la organización terrorista. Los yihadistas lo secuestraron, 12 años después, su paradero sigue siendo desconocido. “Nadie sabe con exactitud qué le pasó”, declaró Hussein en 2016. Y añadió: “Esta no es la primera historia de terrorismo que vive mi familia. Probablemente no será la última”.
Aymen Hussein se hizo cargo de su madre y el fútbol sirvió como vía de escape para sus vidas.
Según se enteró, la casa de su familia en Kirkuk fue demolida mientras él se mudaba a Bagdad para seguir su incipiente carrera en las canchas. En marzo de 2026 Aymen Hussein hizo historia para su país, cuando marcó el gol de la victoria ante Bolivia en el repechaje mundialista, encuentro disputado en la ciudad de Monterrey, Nuevo León. Fue el responsable de llevar a su país de nueva cuenta a una Copa Mundial después de largos 40 años. Su gol despertó a Bagdad y, por un momento, las calles se llenaron de alegría.
Un estado de felicidad que no pudo disfrutar Hussein durante su infancia. Ya en la Copa Mundial de la FIFA 2026 Hussein marcó un sobresaliente gol de cabeza en el debut de la selección iraquí contra Noruega. Aunque el país nórdico ganó el encuentro 4-1, el delantero obtuvo el respeto de los adversarios, de los aficionados y de la prensa que conoció su historia.





