Naief Yehya*
Nueva York.- El mundo está siendo recorrido por un fantasma.
El fantasma de Jeffrey Epstein, multimillonario, pedófilo, espía y supremo manipulador de influencias, está estremeciendo a distintos círculos del poder planetario, desde Noruega hasta el sudeste asiático, pasando por la familia real británica y grandes corporaciones financieras europeas. Las revelaciones de sus vínculos y amistades han causado despidos, renuncias e investigaciones en varios continentes pero en el país donde Epstein operaba principalmente, Estados Unidos, las consecuencias han sido mínimas.
La correspondencia, fotos y videos contenidos en los archivos liberados recientemente (tres millones de documentos muy censurados o “redactados” que son alrededor de la mitad de lo que supuestamente tiene el FBI) han sido tóxicas para numerosas celebridades e instituciones, tanto conservadoras como liberales. Los archivos vienen a confirmar las sospechas sobre la podredumbre e impunidad de las más altas élites gubernamentales, corporativas, académicas, intelectuales y del mundo del espectáculo.
Epstein era una especie de Mefistófeles capaz de seducir con su poder, conexiones, dinero, sexo y una isla de depravación a gente de cualquier ámbito y procedencia. Epstein comenzó trabajando como profesor de matemáticas en una prestigiosa escuela neoyorquina y a partir de entonces siempre mintió al respecto de su educación y preparación. Luego trabajó en finanzas donde se inventó una reputación de genio del mercado de valores.
Eventualmente, logró crear una red de conocidos, socios y amigos que incluye a Donald Trump, Bill Clinton, Woody Allen, Noam Chomsky, Deepak Chopra, Sarah Ferguson (exduquesa de York), el famoso violador y productor de cine caído en desgracia Harvey Weinstein, el fundador de Microsoft Bill Gates, el abogado Alan Dershowitz, Lawrence Summers (el funcionario del gobierno de Clinton y ex presidente de Harvard), Kenneth Star (quien realizó la investigación para condenar a Clinton por sus actos sexuales con Monica Lewinsky), la princesa noruega Mette-Marit y el ahora caído en desgracia ex príncipe Andrew Mounbatten-Windsor.
El hecho de que su red de contactos está integrada por gente de varios lados del espectro político ha hecho a estas revelaciones un arsenal del cual todos pueden surtirse. Se puede atacar a figuras de izquierda o derecha con casi los mismos argumentos por su relación con Epstein y eso ha neutralizado los ataques políticos sectarios. Algunos le habían pedido financiamiento para proyectos científicos o filantrópicos, otros buscaban su ayuda para que aceptaran a un familiar o amante en alguna universidad prestigiosa, unos más visitaron su isla con claras intenciones de “turismo sexual”, muchos viajaron en su jet privado (el muy apropiadamente llamado “Lolita Express”), muchos más fueron invitados a las suntuosas fiestas que daba en su mansión de Nueva York.
Ahora bien, queda la duda de si Epstein era un maniático sexual con particular predilección por las niñas, que se rodeó de gente poderosa para proteger su obsesión y manía o bien era un agente con recursos de la agencia de inteligencia y espionaje Mossad y quizá la CIA que creó un “honeypot”, una trampa, para atraer figuras importantes, obtener evidencias comprometedoras para extorsionarlos y manipularlos. Ese misterio aún no se resuelve. No obstante, las conexiones con los servicios de inteligencia y altas figuras del poder político israelí son inocultables, en particular llama la atención de su cercanía con el ex primer ministro de ese país Ehud Barak.
Se le ha querido crear a Epstein un aura de invulnerabilidad, de poder casi ilimitado y acceso a todos los ámbitos, sin embargo fue objeto de acusaciones y una investigación por tráfico de menores en 2006 y en 2008 fue condenado en Florida, con lo que quedó estigmatizado y vulnerable. Ser su amigo cargaba con un riesgo moral y sin embargo muchos mantuvieron relaciones con él.
En 2019 volvió a ser arrestado por solicitar sexo a menores y el 10 de agosto de ese año se suicidó en su celda en condiciones en extremo sospechosas. Los videos de la noche de su muerte en la cárcel parecen mostrar a un individuo que camina en dirección de la celda de Epstein y eso ha dado lugar a sospechas de que fue asesinado o quizá liberado. Las circunstancias que rodean al suicidio de Epstein parecen mandadas a hacer para generar teorías conspiratorias.
Es difícil creer que realmente tenía un gran poder e influencia dado que del enorme escándalo de trata de mujeres que desató y en el que involucró a tantos otros, tan sólo él y a su compañera, socia y probablemente la agente que lo reclutó, Ghislaine Maxwell, terminaron en la cárcel. ¿Sería posible que Epstein fuera simplemente un bufón y un padrote que fue usado y sacrificado?
Ghislaine es la hija de Robert Maxwell, el editor y dueño de un imperio editorial (los periódicos del grupo Mirror y el New York Daily News), checo, nacionalizado británico, famoso por su despotismo y por haber estafado a los trabajadores de su empresa a los que les robó sus pensiones. El 5 de noviembre de 1991 murió misteriosamente ahogado (cayó al mar desde su yate). Maxwell fue un gran benefactor de Israel pero su relación con la Mossad ha creado dudas acerca de su verdadera función. Por supuesto que no ha sido confirmado que fuera un operativo aunque resulta muy curioso que fue enterrado en el Monte Olivo en Israel con los más altos honores del Estado en una ceremonia solemne a la que asistieron la plana mayor de los políticos israelíes.
El hecho de que los documentos publicados hayan sido censurados ha dado lugar a más desconfianza y más teorías conspiratorias: suprimieron nombres de co-conspiradores y clientes pero dejaron nombres de víctimas. Uno de los mensajes de alguien cuyo nombre ha sido borrado dice: “Gracias por una noche divertida… tu niña más pequeña se portó un poco provocadora”. En otro correo electrónico, Epstein le pidió a un destinatario, cuyo nombre también está censurado, que comprara varios juguetes sexuales, y añadió: “Quiero que hables tan obsceno, vulgar e imaginativo como puedas… Te liberará la mente. Es como un estornudo mental”.
Pero el mensaje que más se ha mencionado en los medios es uno que Epstein escribió en 2009 a otro destinatario no revelado (identificado recientemente como el empresario de los Emiratos Árabes Unidos, Sultán Ahmed bin Sulayem): “¿Dónde estás? ¿Estás bien? Me encantó el video de tortura”.
Además de las masas de documentos que han sido hecho públicos se suman miles y miles de falsificaciones, algunas de ellas hechas con inteligencia artificial, para incendiar aún más a la opinión pública o por el contrario para desprestigiar las revelaciones poniendo en duda la veracidad de cualquier material y haciendo creer que todo es falso. El escándalo viene a estremecer al mundo en un tiempo de genocidio, guerras imperiales, agudización de la desigualdad social y una crisis económica en el seno del país más rico del mundo.
La obsesión cultural que dio sentido en sus orígenes al movimiento MAGA (Make America Great Again) y su brazo lunático conspiranoico QAnon era la acusación de que numerosos miembros prominentes del partido Demócrata eran satanistas y pedófilos que traficaban con niños y llevaban a cabo bacanales sangrientas donde sacrificaban menores y bebían su sangre para nutrirse con el ficticio “adrenocromo”. Esta fantasía delirante dio lugar al fiasco del Pizzagate, donde un individuo atacó una pizzería en Washington, DC para liberar a los niños que se encontraban encerrados en jaulas en espera de ser traficados.
Ahí descubrió que no había niños cautivos, ni guardias armados ni sótano. Resulta una cruel y grotesca ironía que Trump el líder que han apoyado ciegamente, a pesar de tener una conducta que contradice los valores cristianos que su puestamente defiende, ha sido acusado y condenado por crímenes de naturaleza sexual, en particular de pedofilia. En los archivos de Epstein se le menciona literalmente miles de veces y sin embargo él continúa diciendo que esos documentos lo exoneran por completo.
Un reporte reciente ha revelado que el Departamento de Justicia, bajo Pam Bondi es responsable de haber borrado el nombre de Trump donde se mencionaba que había participado en sexo con menores. Al censurar los archivos retiraron docenas de páginas que se refieren a acusaciones de abuso sexual de una menor en 1983, donde Trump es mencionado. Es claro que en cierta forma estos documentos son una distracción.
El 22 de febrero, Austin Tucker Martin, un joven de 21 años, cristiano militante y fanático defensor de Trump entró armado con una escopeta y un bote de gasolina a Mar-a-Lago con la intención aparente de matar a Trump. Estaba furioso porque se sentía traicionado por su líder debido a su encubrimiento de los archivos de Epstein. Al ser confrontado por agentes del servicio secreto Austin levantó el arma y lo mataron. Esta es otra clara señal de la ruptura dentro del movimiento MAGA.
Otra guerra trumpiana
Trump, el individuo que desesperadamente busca ganar el premio Nobel de la paz, quiere una nueva guerra o más bien ha sucumbido a las exigencias del gobierno israelí de Benjamín Netanyahu de lanzarse a la guerra contra Irán. Así envió al Medio Oriente una “armada” gigantesca, con dos portaaviones el Abraham Lincoln y el Gerald Ford, trece Destroyers y toda clase de bombarderos (incluyendo F-35s y F/A-18), lanza misiles Tomahawk, drones y material diverso, tan solo comparable a la que fue desplazada para la guerra e invasión de Iraq, en 2003, con todos los costos que eso representa (billones de dólares de los contribuyentes fiscales despilfarrados).
El objetivo de esta próxima guerra es evidente, desmantelar al último rival de talla considerable que queda de Israel. Sin embargo, las justificaciones de Trump y sus allegados cambian constantemente: impedir que Teherán desarrolle un arma nuclear (Irán exige mantener el derecho, como cualquier nación, de enriquecer uranio para uso médico y fines pacíficos), evitar que Irán reconstituya sus alianzas con Hezbolá, Hamás y otros grupos “terroristas”, eliminar el programa de misiles de largo alcance que puedan afectar a Israel, proteger a la población de la represión del gobierno de la República Islámica o imponer un cambio de régimen. La realidad es que los pretextos no le importan a Trump y en particular es ridículo que el presidente estadounidense use la causa del bienestar del pueblo iraní (o cualquier otro) para llevar a cabo una masacre más.
Parece deliberado que Trump ha enviado a dos de los negociadores más incompetentes de la historia a tratar de encontrar una solución diplomática con Irán: el millonario con quien juega golf, Steve Witkoff y su yerno, Jared Kushner, quien también está a cargo de la limpieza étnica de Gaza y la reconstrucción de la franja como un inmenso Mar-a-Lago del Mediterráneo.
La política intervencionista estadounidense siempre ha sido eficiente, violenta y cruel (desde el golpe de estado de Mohammad Mosaddegh en Irán, en 1953, hasta el golpe en contra de Muamar Gadafi en Libia, en 2011) pero en este caso han eliminado a los diplomáticos y puesto el destino de una nación en manos de sátrapas, vividores y comerciantes incapaces de entender cómo funciona la política internacional. Su ideología, estrategia y entendimiento viene del cine de acción hollywoodense, los juegos de video y el juego de mesa de estrategia Risk.
Lo único que la administración Trump ofrece a cambio de programas esenciales para la defensa nacional y la supervivencia de la República Islámica es no imponer nuevas sanciones. Se trata de una extorsión. Las sanciones impuestas durante décadas han lesionado seriamente la economía iraní (así como la cubana, siria y norcoreana entre otras). La promesa de no aumentar el castigo no aportará nada a una economía devastada. Hasta ahora Irán ha tratado de apaciguar a sus enemigos y no provocar un conflicto mayor.
Cada vez que Israel, Estados Unidos o incluso Arabia Saudita los han atacado (ya sea asesinando científicos o militares, bombardeando las plantas nucleares de Fordow, Natanz e Isfahan o los radares y sistemas de defensa a lo largo del país) han optado por respuestas simbólicas, como lanzar drones y misiles pero avisando hacia donde están dirigidos para que causen el menor daño posible.
Así tratan de mostrar su capacidad de respuesta pero evitan que el conflicto escale. Después de la Guerra de los doce días, del 13 al 24 de junio de 2025, contra Israel y Estados Unidos, Teherán ha entendido que esas respuestas son ineficientes, ya que estos enemigos tienen como finalidad última la destrucción del régimen.
Es evidente que Israel y Estados Unidos tienen suficiente armamento y material para devastar Irán. Por su parte, Irán puede lanzar ataques contra Israel y contra bases y buques estadounidenses, donde puede causar bastante destrucción pero nada comparable al daño y muerte que le infligirán, especialmente ahora que casi no cuenta con defensas antiaéreas y que buena parte de la población se encuentra harta del gobierno. El plan de Trump esta vez ha sido hecho público y es muy probable que consista en un ataque inicial y si Irán se defiende, entonces habrá una guerra de largo aliento con la intención de decapitar al poder político y clerical, posiblemente para imponer al hijo de Shah Reza Pahlavi, quien jamás ha tenido la menor influencia en el país, o a un grupo de militares que servirán de títeres.
Los expertos coinciden en señalar que dada la ambigüedad de los objetivos y la incoherencia de Trump, una vez que comiencen los ataques, el régimen iraní ya no buscará evitar la escalada de violencia por lo que lanzarán todo lo que tienen para causar el mayor daño posible a Estados Unidos y sus aliados. Aparte de blancos militares buscarán cerrar el estrecho de Ormuz y de esa manera causar caos en el comercio mundial y las rutas marítimas, con lo que el precio del petróleo se dispararía.
Es muy difícil imaginar a cualquier país resistiendo el poder bélico estadounidense pero no podemos olvidar que Yemen logró soportar una ofensiva de ese país durante 31 días y sobrevivió, al tiempo en que seguían atacando con misiles y drones barcos que llevaban suministros a Israel, así como drones y embarcaciones estadounidenses.
Washington despilfarró más de mil millones de dólares en esa campaña que culminó con Trump reconociendo la destreza militar de los hutíes y diciendo que habían acordado una tregua. Es de esperar que tanto China como Rusia, que tienen intereses en Irán, no actuarán directamente (no son afectos a comprarse las peleas de otros) pero eventualmente puede que protejan sus intereses de hegemonía y comercio con Irán. Ambas potencias esperarán con enorme interés a ver las tácticas y estrategias (o ausencia de ellas) de Trump, un líder caprichoso, impulsivo y con pésima preparación en política internacional.
Cuando esto se escribe las bombas aún no han comenzado a caer. Ojalá que ese sea el caso también cuando esto se lea.
*Ensayista y escritor. Libro más reciente: El Planeta de los Hongos.





