Inteligencia Artificial: de la Cumbre de Delhi a la guerra en el Golfo Pérsico
Colaboradores, Internacionales, Tecnología

Inteligencia Artificial: de la Cumbre de Delhi a la guerra en el Golfo Pérsico

Tanius Karam*

La Cumbre de Impacto de la Inteligencia Artificial (CIIA) 2026, celebrada en la capital india (16-20 de febrero), reunió a cerca de medio millón de personas de más de cien países, entre ellos 20 jefes de gobierno (como Emmanuel Macron y Lula da Silva), decenas de CEOs de grandes tecnológicas (Google, OpenAI, Anthropic…), representantes de la ONU y de organizaciones internacionales. Los organizadores acordaron firmar la Declaración de Delhi (DD) signada por casi 90 países, donde se establece un marco ético no vinculante de principios orientados hacia la democratización tecnológica con la idea de promover una IA segura, fiable, inclusiva y con beneficios distribuidos globalmente. Esta declaración es uno de los consensos multilaterales acordados más amplios recientes sobre inteligencia artificial. 

A diferencia de otras cumbres más concentradas en la seguridad o en los riesgos de frontera, Delhi 2026 desplazó el eje hacia la “IA para el crecimiento y el bien social”. En DD aparecen tres directrices importantes: “más cooperación internacional”, “participación multiactor” y “respeto a la soberanía nacional”. Esto importa porque intenta equilibrar dos tensiones del debate global sobre esta tecnología: por un lado, la necesidad de reglas compartidas; y por la otra, la resistencia de los Estados a ceder control regulatorio sobre tecnologías estratégicas. 

Del mismo documento, destacan los “siete pilares”: democratización de recursos de IA; crecimiento económico y bien social; IA segura y confiable; IA para la ciencia; acceso para el empoderamiento social; desarrollo de capital humano; y sistemas de IA resilientes, eficientes e innovadores. Aquellos pilares indican la orientación de la Cumbre: La IA no solo es un asunto de regulación, también es tema de infraestructura, empleo, servicios públicos, investigación y desarrollo. 

La IA como una tecnología que debe ser “asequible, accesible y energéticamente eficiente”, y no solo poderosa, eficiente o competitiva. Se reconoce expresamente la importancia de los ecosistemas “abiertos o accesibles”, de la infraestructura digital y de la eficiencia energética, lo cual conecta la agenda de IA con desigualdad global, costos de cómputo y sostenibilidad.

La Cumbre aceptó sus limitaciones, se trata de un marco “voluntario y no vinculante”. No crea obligaciones legales ni un régimen internacional obligatorio. Su peso, por tanto, es sobre todo es más político, programático y simbólico: establece un lenguaje común, identifica algunas prioridades y busca convertir la discusión global sobre IA en una agenda más cercana al desarrollo y al Sur Global.

La Cumbre de IA de Delhi 2026 debe entenderse como el resultado de una secuencia de esfuerzos previos por construir un marco internacional de gobernanza. Un primer antecedente importante fue la Declaración de Líderes del G20 en Nueva Delhi” (septiembre de 2023), donde se sostuvo que la IA debía aprovecharse “para el bien y para todos”, con los principios de responsabilidad, inclusión, centralidad humana, transparencia, rendición de cuentas, supervisión humana y respeto a los dere chos. Ese momento fue relevante porque colocó a la India, desde temprano, en una posición visible dentro del debate global.

Poco después, la AI Safety Summit de Bletchley Park (noviembre de 2023) desplazó la atención hacia los “riesgos de la IA avanzada”, especialmente los asociados con los modelos de frontera. La Declaración de Bletchley reconoció el potencial transformador de la IA, pero insistió en la necesidad de cooperación internacional para mantenerla segura. Con ello comenzó una etapa, donde la palabra clave de la diplomacia tecnológica fue safety

En 2024, la discusión se amplió. La Asamblea General de la ONU adoptó su primera resolución sobre IA, orientada a promover sistemas seguros, confiables y compatibles con el desarrollo sostenible. Lo importante de ese paso fue que la IA dejó de verse solo como problema de riesgo extremo y empezó a discutirse también en términos de “acceso equitativo, reducción de brechas y beneficios compartidos”. En la misma línea, la AI Seul Summit (mayo de 2024) mantuvo la preocupación por la seguridad, pero añadió con más fuerza los ejes de “innovación” e “inclusión”, mostrando que la agenda internacional comenzaba a institucionalizarse. 

Un antecedente más directo fue la Global India AI Summit” (julio de 2024), organizada también por India, donde se reafirmó el compromiso con una IA confiable y se impulsó una articulación más estrecha entre GPAI y la OCDE. Ese momento fue importante porque permitió a India perfilarse ya no solo como anfitrión, sino como actor interesado en coordinar marcos de gobernanza global. Más adelante, la AI Action Summit de París (febrero de 2025), copresidida por Emmanuel Macron y Narendra Modi, amplió la agenda: además de la seguridad, subrayó la acción, la ciencia, las solu ciones, los estándares, la desigualdad digital y el desarrollo sostenible. 

Así, entre G20 Nueva Delhi, Bletchley, Seúl, Asamblea ONU, India 2024 y París 2025, se ha ido configurando un tránsito conceptual claro: de la preocupación por la seguridad y el control de riesgos, hacia una visión más amplia de la IA como asunto de desarrollo, inclusión, cooperación y go bernanza global. La cumbre de Delhi recogió esa trayectoria por lo que se avanza en la conversación social, económica y geopolítica de la IA. Esta reunión quiere presentarse como un punto de convergencia más amplio a las reuniones anteriores, lo cual pa rece entendible en aspectos donde quizá sea difícil encontrar equilibrios entre gobiernos, corporaciones y la sociedad.

La prensa internacional leyó la cumbre de Delhi 2026 como una operación de posicionamiento geopolítico. Para Reuters y AP, el dato clave no fue solo la agenda tecnológica, sino el intento de India por presentarse como “voz del Sur Global” en la gobernanza de la IA y como actor capaz de influir en reglas inter nacionales, no únicamente de adaptarse a las que formulan Estados Unidos, China o Europa. En ese sentido, la cumbre fue vista como una exhibición de liderazgo diplomático y como una apuesta por convertir el peso demográfico, económico y político de India en autoridad tecnológica global. 

Varios medios subrayaron la brecha entre ambición política y capacidad tecnológica real. El Financial Times insistió, acerca del protagonismo de India, que una cosa es organizar una cumbre exitosa por su convocatoria, visibilidad e inversión, y otra muy distinta consolidar un liderazgo propio con modelos de frontera, cómputo avanzado e investigación. The Economist fue todavía más duro al sugerir que India seguía siendo, en buena medida, un actor periférico en la carrera de los modelos más avanzados, aunque muy relevante como mercado, infraestructura y destino de inversión. 

Otro eje fue la discusión sobre “soberanía tecnológica y dependencia”. El diario inglés The Guardian destacó que India busca aprovechar alianzas con OpenAI, Google, Anthropic (recordó aquella imagen donde Sam Altman CEO de OpenAI y Dario Amodei CEO de Anthropic aparecen entre los líderes mundiales sin darse la mano, lo que recuerda su viejo conflicto) y otros gigantes estadounidenses para acelerar su desarrollo, pero advirtió que esa vía también puede producir una nueva subordinación basada en el control externo de chips, infraes tructura, modelos y estándares; de ahí el uso del término AI colonialism.

En una línea cercana, Le Monde interpretó la cumbre como el intento de impulsar una “tercera vía” entre la hegemonía tecnológica de Estados Unidos y China, apoyada en modelos más abiertos, cooperación internacional e infraestructura pública digital. Lo relevante aquí es que el debate mediático desplazó la atención desde la mera innovación hacia la pregunta política decisiva: quién controla la IA y quién captura sus beneficios.

Otro punto fue el contenido normativo de la cumbre. Al Jazeera puso más atención que otros medios en la narrativa de “gobernanza inclusiva”, cooperación y desarrollo, subrayando los llamados a evitar que el futuro de la IA quede en manos de “unos pocos multimillonarios” y a promover un acceso más abierto. Esto es importante porque muestra que Delhi 2026 no se leyó únicamente como una feria de negocios o una competencia entre potencias, sino también como un intento de reorientar la discusión internacional hacia el bien público, inclusión y sostenibilidad.

Varios medios recordaron que la reunión también dejó ver limitaciones de ejecución y fragilidades reputacionales. Reuters informó sobre problemas logísticos en la apertura; Reuters y Al Jazeera cubrieron el escándalo del robot chino presentado como desarrollo local. También destacaron la cancelación de Bill Gates, que desvió parte de la atención mediática. Estos episodios fueron relevantes no por su anécdota, sino porque revelaron una tensión de fondo: India quiere ser reconocida como potencia de IA, pero esa aspiración también exige credibilidad organizativa, capacidad institucional y legitimidad técnica

Justo pocos días después del relativo optimismo que pudo haber dejado la Cumbre de Delhi, comenzaron los ataques de Israel y Estados Unidos. Este hecho nos llevó a considerar y reflexionar que la IA no flota en una nube abstracta, sino que depende de una compleja infraestructura material que justo se ha tensado en el conflicto del Golfo Pérsico.

La IA no puede entenderse solamente como código, algoritmos o chips, sino como una industria sostenida por energía, materiales críticos, transporte marítimo, centros de datos, minas, plantas de licuefacción y cadenas logísticas globales. 

Todos los días desde aquél 28 de febrero, escuchamos hablar del famoso Estrecho de Ormuz -brazo de mar angosto en el Golfo de Omán y el Golfo Pérsico-, de escasas decenas de kilómetros y que sabemos es una vía marítima muy estratégica por la que pasa una porción decisiva del comercio mundial de crudo y gas natural licuado. Las consecuencias del conflicto tienen el precio del petróleo subiendo, que puede impactar sobre en el abastecimiento que sostiene a las fábricas de chips y, en consecuencia, a toda la economía de la IA.

El gas que circula por el Golfo Pérsico transporta también otro elemento del cual se habla poco: el helio. El gas que hemos mencionado es indispensable para procesos de fabricación de semiconductores, especialmente en la refrigeración de obleas durante el grabado. Qatar, que ha sido afectado por los drones desde Irán, aparece como productor central de helio, de modo que una perturbación regional afectaría este insumo. 

La guerra con Irán nos ha mostrado esta dependencia estructural. La operación militar conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán, seguida por ataques, represalias y amenazas al tránsito por Ormuz, desencadena un problema que va mucho más allá de la política militar en la región. El conflicto puede llegar a un punto de alteración en cuanto el flujo de petróleo, gas y helio; lo que encarecería la energía; golpearía infraestructuras estratégicas; y pondría bajo presión a los centros de datos y a la fabricación de semiconductores. En esa lógica, la guerra no sería un asunto externo al sector tecnológico, sino un factor directamente vinculado con su viabilidad material. 

El analista y economista catalán Marc Vidal -a quien solemos citar frecuentemente en sus análisis-, advierte que la guerra de Irán nos ha hecho pensar que quizá no estemos solo ante una posible burbuja tecnológica, sino ante una burbuja geopolítica, algo que fue poco señalado en Delhi, al menos desde su dimensión más física, geográfica y material. 

Las valoraciones y las inversiones masivas en IA que se han venido haciendo en los últimos años se habrían hecho bajo el supuesto de que el mundo seguiría siendo estable, con energía abundante, cadenas logísticas confiables y rutas marítimas seguras. Esta guerra ha interpelado de manera importante ese supuesto y pone al descubierto la vulnerabilidad de una IA quizá sobrevalorado, ignorando la vulnerabilidad material que la sostiene.

La IA no es un fenómeno puramente digital ni posindustrial. Depende de barcos, estrechos marítimos, combustibles, minerales, plantas industriales y equilibrios geopolíticos. Por eso, la guerra con Irán importa no solo por sus efectos militares o diplomáticos, sino porque ilumina una verdad incómoda: el futuro de la IA también se juega con la energía, geografía y en el control de recursos estratégicos. La próxima gran crisis de la IA podría no venir de un error de software, sino de un conflicto geopolítico que interrumpa la infraestructura material que la hace posible.

*Catedrático de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y de la Universidad Anáhuac México Norte

10 de abril de 2026

Warning: Trying to access array offset on null in /home/xyekt5rw5e7e/public_html/wp-content/themes/citynews/tpl/tpl-related-posts.php on line 11

Warning: Trying to access array offset on null in /home/xyekt5rw5e7e/public_html/wp-content/themes/citynews/tpl/tpl-related-posts.php on line 26