Imposible competir con un meme
Colaboradores, Educación, Energía y tecnología

Imposible competir con un meme

Gabriel Sosa Plata*

Durante varios años permití en mis clases de licenciatura el uso del teléfono celular, la tableta o la computadora portátil. Me parecía congruente con la vida universitaria y porque estos dispositivos pueden servir para consultar una lectura, buscar un dato, tomar apuntes o complementar la discusión.

Sin embargo, en el día con día, fue muy complicado mantener la atención de quienes tenían una pantalla frente a sí. Probé preguntas, debates, videos, ejercicios colectivos y otras técnicas persuasivas. Algunas funcionaban durante unos minutos, pero bastaba en sus dispositivos una notificación, un mensaje, un video corto o un meme divertido para perder nuevamente la batalla.

Tiré la toalla. La distracción era total. No necesariamente por desinterés en la clase, sino porque como se ha documentado ampliamente en los últimos meses, las plataformas digitales fueron diseñadas para capturar nuestra atención, retenerla el mayor tiempo posible y convertir cada segundo de permanencia en datos y ganancias.

Desde hace un tiempo establezco un acuerdo con el grupo desde la primera sesión de cada curso. Los dispositivos pueden utilizarse cuando una actividad concreta lo requiere, como consultar un texto, responder una encuesta, producir algún contenido o verificar información. El resto del tiempo permanecen guardados y alejados. Yo también mantengo mi teléfono fuera de alcance.

La reciprocidad ha sido indispensable. El acuerdo me ha funcionado. No de manera milagrosa ni perfecta, pero sí disminuyeron las interrupciones, aumentaron las miradas, las preguntas y las intervenciones. Se recuperó la conversación y el debate, fundamentales en cualquier proceso educativo.

Esta experiencia personal sirve de ejemplo por lo ocurrido el pasado 22 de septiembre, día en el que fue publicado el Acuerdo 09/09/26 de la Secretaría de Educación Pública, impulsado por la presidenta Claudia Sheinbaum y firmado por el secretario Mario Delgado Carrillo.

El documento, como se sabe, establece ¡por fin! y luego de un proceso amplio de consultas a nivel nacional condiciones para el uso responsable y seguro de dispositivos digitales personales y tecnologías de aprendizaje en las escuelas públicas y particulares del Sistema Educativo Nacional. Entrará en vigor el 3 de noviembre.

Para la educación básica se restringe el uso de celulares y otros dispositivos durante toda la jornada escolar, salvo por motivos pedagógicos, emergencias, salud, discapacidad, accesibilidad o inclusión. En el nivel medio superior, cada comunidad deberá establecer sus propias modalidades mediante el diálogo y la construcción de acuerdos.

En educación superior no se establece una prohibición. El artículo 4 dispone que se fomentará el uso responsable y seguro de los dispositivos conforme a los acuerdos de cada comunidad educativa. El artículo 5 añade que este proceso deberá realizarse con pleno respeto a la autonomía universitaria, administrativa y académica, la diversidad educativa y las brechas de conectividad.

Uno de los elementos valiosos del Acuerdo es el Decálogo de Educación Superior. Propone reconocerse como parte de una ciudadanía digital, favorecer la experiencia presencial sobre la digital, acordar cuándo, dónde y durante cuánto tiempo se utilizan los dispositivos, aprender con tecnología de manera ética y promover el pensamiento crítico frente a la información.

También plantea convivir con respeto y empatía, detectar riesgos, proteger la privacidad y el consentimiento y, de manera particularmente relevante, aprender a desconectarse. Su último principio resume el sentido del documento: cumplir desde la prevención y la formación, no desde la sanción.

El decálogo es un buen punto de partida, aunque requerirá de evaluaciones periódicas sobre sus resultados.

Algo similar se ha trabajado en otros países. Por ejemplo, recientemente, la Facultad de Derecho de la Universidad de Chicago decidió que durante el ciclo 2026-2027, sus cursos obligatorios del primer año se impartan sin computadoras, tabletas ni teléfonos, con excepciones pedagógicas y de accesibilidad. A su vez, la Universidad de Georgia adoptó el aula analógica como regla general, pero al mismo tiempo estableció una formación obligatoria en competencia tecnológica.

Las universidades tienen una gran oportunidad para difundir el decálogo y abrir también, como en la educación básica, una discusión seria sobre la economía de la atención, el diseño adictivo de las plataformas, el uso de inteligencia artificial y las condiciones que necesita el pensamiento crítico. ¿Cómo ven? ¿le entramos?

*Profesor e investigador de la UAM-Xochimilco. Defensor de Audiencias de Radio UdeG y Canal 44

24 de septiembre de 2026