En crisis, quienes se creen periodistas deportivos sin serlo
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En crisis, quienes se creen periodistas deportivos sin serlo

(A propósito del Mundial del próximo junio 2026, publicamos en revista Zócalo: “En crisis, quienes se creen periodistas deportivos sin serlo, en marzo de 2020)

José Luis Tapia*

Un momento que refleja la llamada crisis del periodismo deportivo mexicano: Mientras el ex director de Pemex, Emilio Lozoya, era apresado en España, un hecho precedido de grandes investigaciones periodísticas que revelaron su estela de corrupción como funcionario público, por la noche del mismo día, un trending topic “sacudía” al medio deportivo nacional al grado de lograr colocar #Puente cerquita de #Lozoya: unas declaraciones del entrenador de futbol, Rafael Puente Jr, quien palabras más palabras menos, criticaba a los periodistas deportivos por vivir en una zona de confort, con menos riesgos, y argumentaba que esta profesión —la cual, presumió, ha “ejercido”— es menos estresante y demandante que la de director técnico.

Su declaración provocó reacciones del gremio, de la afición. Puente, quien también ha fungido como comentarista de futbol, fue tachado de “prostituto”, de malagradecido, de desleal. Otros se sumaron a su crítica e inundaron Twitter de definiciones de lo que para muchos esta rama del periodismo se ha convertido.

Sí, por una declaración, el periodismo deportivo fue tendencia.

No fue por una investigación de meses que de jaba al descubierto la forma con la que los clubes lavan dinero del crimen organizado, ni por una entrevista reveladora de un futbolista desechado por el profesionalismo o vendido a un club al que no quería ir, o por una nota de esas que antes llamábamos de Primera Plana y que guardábamos como secreto de estado porque sabíamos que al día siguiente iba a provocar algo importante, porque estaba llena de datos, de declaraciones confrontadas, descripciones… de periodismo.

Sí, fue por una declaración a la ligera, que horas más tarde acabaría en disculpa. Una declaración que, sin embargo, dejó en evidencia varias cosas: La percepción generalizada entre mucha gente, tuiteros en este caso, de que nuestra profesión cada vez es más un show que un trabajo serio; de que hay más “reporfans”, —aficionados disfrazados de reporteros, que usan su posición para satisfacer su gusto personal—, que profesionales de la información; de que en la lucha por el rating, los clicks, los shares y los views, se ha dejado de lado la profundidad, la investigación, la opinión informada… el periodismo.

A ninguna de las opiniones les falta algo de razón, en todo caso, les falta información, claridad sobre los roles que cada uno de los profesionales de la comunicación jugamos en esta industria, inentendible sin nuestra existencia. Para la Real Academia Española, ser periodista es ejercer el periodismo, actividad que describe como “la obtención, tratamiento, interpretación y difusión de informaciones a través de cualquier medio escrito, oral, visual o gráfico”.

Bajo esa premisa, la gran mayoría de los personajes a las que fueron dirigidas las críticas en redes sociales, no ejercen la labor de periodistas o lo hacen parcialmente, porque no “obtienen” información, es decir, no reportean, solamente opinan de los temas del momento, y aunque sí manejan información de la disciplina de la cual hablan, se trata de datos a la vista de cualquiera con un poco de curiosidad (estadísticas, declaraciones, resultados) y no precisamente de descubrir y divulgar lo que “alguien no quiere que se sepa”, una de las premisas de la profesión.

Así, llegamos a la definición de dos cosas totalmente distintas: el periodista deportivo y el narrador o cronista deportivo, aunque habrá que sumar una tercera, el comentarista, función que desempeñan, en su mayoría, futbolistas, entrenadores o árbitros en retiro, quienes de alguna manera ejercen uno de los géneros del periodismo, el de la opinión.

Entonces, ¿el periodismo deportivo está en crisis? Si tomamos en cuenta que en los programas con mayor alcance, se hace todo menos periodismo, la respuesta es sí. Y peor aún si consideramos que los periodistas deportivos que cumplen a cabalidad con las máximas de la profesión, cada vez tienen menos espacios o los han perdido ante quienes se asumen como periodistas sin serlo, y arrastran con su actuar a todo el gremio. Tomo prestada esta reflexión de Alberto Salcedo Ramos, periodista colombiano, ganador del Premio Ortega y Gasset 2013:

“Muchos de esos programas (deportivos) combinan las peores plagas: pereza investigativa, prejuicios, verborrea. En este espacio un reportero insidioso desliza un chisme que enemista a dos jugadores; en aquel, un comentarista petulante le da cátedra de táctica a un entrenador; en el siguiente, un analista ofuscado insulta a una estrella venida a menos; en el otro, un jefe envanecido maltrata ante las cámaras a uno de sus colaboradores. El plato fuerte, aquí y allá, son los debates estrepitosos al estilo de las grescas de mercado. Los integrantes de estas discusiones suelen darse golpes de pecho en nombre de la verdad, pero se comportan más como fanáticos que como periodistas. Cuando gana el equipo de sus afectos caen en el ditirambo, y cuando pierde conforman hordas de linchamiento”.

José Luis Rojas Torrijos, profesor de periodismo en España y ferviente defensor del periodismo deportivo como profesión, tiene un diagnóstico claro de lo que ha sucedido con éste, sobre todo en las últimas dos décadas: “(…) este crecimiento generalizado de programas y páginas de temática deportiva también se ha visto acompañado por una progresiva tendencia a la espectacularización de la información, hasta el punto de dejar a esta supeditada al entretenimiento como una fórmula que prioriza por encima de todo la búsqueda del éxito comercial, aunque para ello sea preciso renunciar a hacer periodismo”.

El periodismo deportivo, agrega en su artículo La Creciente Banalización de los Contenidos Deportivos (https://bit.ly/3bYYqZw), “pierde una valiosa oportunidad de convertirse en un área especializada cuando descuida el uso del lenguaje, cuando descontextualiza y magnifica las declaraciones de los protagonistas, cuando no maneja ni analiza los datos estadísticos para dotar de nuevos enfoques a las historias, cuando da pábulo al rumor o asume la versión oficial de las fuentes sin ampliar ni contrastar las informaciones, cuando ni cita ni atribuye correctamente, cuando desatiende muchas modalidades y colectivos que generan noticias a diario, cuando no cuenta con especialistas en una variedad de disciplinas que le imprima músculo para hacer frente a cualquier tipo de cobertura, cuando ni cultiva cultura deportiva ni hace nada por contribuir a la formación del público al que se dirige”.

En la misma semana, la situación del periodismo deportivo en México fue debatida dos veces en Twitter de manera intensa. Primero, a raíz del siguiente post del cronista Paco Villa, de Televisa Deportes.

En sentido figurado, el periodismo deportivo está de luto una vez más. Ya no le quedan muchas vidas a lo que algún día fue una profesión.

Su publicación generó más de 200 comentarios, muchos en el mismo sentido. Y ahí afloraron los nombres de quienes, a juicio de muchos, han dañado a la profesión: Álvaro Morales, David Faitelson, José Ramón Fernández, todos ellos de la, irónicamente, cadena especializada en deportes ESPN, y algunos otros de TUDN y Fox, como André Marín. Uno de los comentarios fue de Gerardo Liceaga, ex reportero y ex conductor de Televisa:

El periodismo deportivo empezó a morir cuan do “empezamos” a improvisar… Cuando el dios “rating” no tenía tiempo para preparar a nuevas generaciones… De la escuela a las calles, para aprender el oficio de reportero… Al menos así nos tocó a nosotros Paco… Es triste verlo!

Y este otro de Iván Pérez, uno de los más destaca dos periodistas deportivos de investigación mexi canos, tanto en medios impresos como digitales.

(…) todos hemos contribuido a que así sea. Hay buenos periodistas, pero son devorados por la cantidad de “infoentretenimiento” que existe. Los tomadores de decisiones (supongo que es lógico) optan por el dinero y mientras eso suceda, el periodismo difícilmente remontará…

 Pocos días después, apareció Rafa Puente Jr., Director Técnico del Atlas, con sus declaraciones, y de nuevo la andanada contra los periodistas deportivos. La constante fue la misma: la mayor parte de quienes estuvieron de acuerdo con él, englobaron a todo el gremio con los mismos nombres. Sin embargo, ese exabrupto contra sus “colegas”, desnudó algunas realidades de la profesión. Aquí algunos testimonios:

Jesús Castro @Jesus_CastroC Déjenme regresar a mi zona de confort con horas de trabajo que exceden las que dicta la ley. De crecimiento lento y de años y años de espera; de “picar piedra”. Déjenme volver a mi profesión de largo estudio, pocas oportunidades y de la cual, sí, estoy orgulloso de ejercer.

Antonio Sempere @FinisimaPersona Sin defender a Rafa Puente Jr., tiene razón: la seguridad laboral de un DT de futbol es mucho menor que la del periodista deportivo, y por ende hay más presión. Gente como Faitelson y Joserra la han regado docenas de veces y ahí siguen, seguros en sus puestos.

@Tyowilin ¿Por qué les dolió tanto lo de Rafa Puente Jr? Los periodistas deportivos de ahora: No investigan. Roban contenido. Hacen notas de situaciones falsas. Venden humo. Todos quieren ser Joserras y Faitelson con polémica barata. Son payasos. Sus programas son como Laura en América

@BlancaRios_7 Lo de Rafa Puente Jr Al parecer el señor no conoce los sacrificios del medio y por eso se le hace tan sencillo pasar de actor a director técnico, de entrenador a comentarista Lamentable

Sempere toca un punto importante: la inmunidad con la que cuentan varios que se asumen como periodistas deportivos, quienes usan sus espacios para proferir insultos, incluso a sus mismos cole gas de mesa, a aficionados; los que se erigen como jueces y exigen a los deportistas “retirarse” por un mal partido, o incluso aquellos que han aparecido a cuadro en condiciones extrañas o que usan sus redes sociales para enfrascarse en discusiones con los deportistas, todo a partir de opiniones personales y amparados por su profesión.

Esos que se convierten en tendencia o, peor aún, en los protagonistas de la noticia. La formación periodística impone códigos, y desde esa perspectiva, pocos de ellos los respetan en aras de mayores audiencias sin reparar en el daño que provocan a la profesión que dicen ejercer. El usuario @Tyowilin elaboró un hilo (https://bit.ly/2HJGc08) en Twitter con momentos icónicos con varios de los conductores más destacados de programas deportivos.

Ahí es posible ver cuando José Ramón Fernández le da un coscorrón a un niño con síndrome de Down cuando éste se mete al cuadro en una transmisión en vivo, por lo cual varios tuiteros pidieron al Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación que lo castigara; en otro clip, el mismo personaje critica la actuación “desastrosa” de un árbitro y utiliza como argumento que “tiene Síndrome de Down”, lo que determinó su mal desempeño. En otro video, se ve a Carlos Albert, ex futbolista y comentarista de futbol, decirle “pendejos” a sus compañeros por una crítica a los seleccionados nacionales con la que él no estuvo de acuerdo. Uno más expone una discusión en un programa de ESPN entre Faitelson y Francisco Gabriel de Anda, donde el primero tacha de borracho a su compañero de mesa y éste le responde que el que “toma chochos” es él, aludiendo a un problema de drogadicción.

Adrián Marcelo, un comentarista de Multimedios, se fue al extremo, y sin ningún tipo de conciencia sobre el momento que atraviesa el país en materia de seguridad y violencia contra las mujeres, hizo el siguiente comentario, en vivo, durante un partido entre Chivas y Pachuca, del torneo Clausura 2019:

“Un error que prácticamente se puede considerar como un feminicidio; la deja muerta —refiriéndose a la pelota— ahí en el área, y es donde llega el jugador de Pachuca para anotar (sic)”

Si el periodismo deportivo fuera lo que todos estos personajes hacen, no solamente diría que está en terapia intensiva, secundando lo escrito por Paco Villa, sino que con muy pocas esperanzas de sobrevivir. Y un signo más de su degradación es ver a estos personajes convertidos en la materia prima de sus propios programas o a sus exabruptos en “fuente de información” para otros medios de comunicación o tendencia en medio de temas de mayor relevancia noticiosa.

“La profesión que Don Manuel Seyde creó…. Tener un micrófono o una pluma frente a ti es una responsabilidad, más que un privilegio. Lástima de pseudo periodistas que se la pasan avergonzando tan loable y necesaria interacción con los aficionados”, escribió Marco Seyde en Twitter. Don Manuel, uno de los precursores del periodismo deportivo en México, fallecido en 1994, era hermano de su abuelo.

Mis inicios como periodista fueron en la sección deportiva del diario Reforma, un medio que contaba con un rígido manual de estilo y normas de comportamiento. Violar cualquiera, implicaba sanciones o despido. Eran inicios de los 90, una época en la que ser reportero de deportes era, incluso, desdeñado por los egresados de la carrera en la UNAM.

Eran años, al menos en la prensa escrita, en los que a diario se competía por llevar la mejor nota, trabajar varios días un reportaje, una entrevista o una crónica. La competencia era diaria. Además de la recopilación de hechos, se trataba de escribirlos de la mejor manera, porque ahí podía radicar la diferencia con el resto. Muchas de las grandes plumas de México, comenzaron en las secciones de deportes. El futbol, el boxeo, el deporte olímpico, los toros, fueron los talleres donde pulieron su lenguaje, su estilo. La descripción era el sepulcro de los adjetivos; la observación, de la especulación.

Ir a unos Juegos Olímpicos, pelea de título mundial o Copa del Mundo, requería un proceso como el de los mismos deportistas: Iban los mejor capacitados, los de mejor pluma, los de mayor conocimiento, los de alto rendimiento para soportar las largas y extenuantes jornadas. Asistí a más de 30 peleas de título mundial, dos ediciones de Juegos Olímpicos, un Mundial, e hice viajes de cobertura previos a los JJOO de 2008 y del Mundial de 1998.

Era la época cuando una “exclusiva” no eran 3 minutos después del entrenamiento con la figura de la semana, sino encontrar a un JC Chávez prófugo de la justicia y entrevistarlo en la habitación de un hotel en Las Vegas; era viajar una semana por la frontera con Estados Unidos para seguir la pista de los traficantes de boxeadores y entrevistar a una de las víctimas; eran los tiempos de perseguir al primer golfista mexicano en la PGA por Estados Unidos para contar su historia. Una época en la que un periodista de deportes podía trabajar en cualquier sección, porque su formación así se lo permitía, mientras que para los de otras secciones era complicado hacer lo contrario, por las habilidades requeridas.

Era una época en la cual comenzamos a entender en el diario que nuestro trabajo no solamente era ir a un partido el fin de semana o a los entrenamientos a poner la grabadora; en lo importante que es ser de los primeros en llegar y los últimos en irse, y que a los deportistas se les debía tratar con respeto pero con rigor, porque no eran ni nuestros enemigos ni nuestros amigos. Y si uno era fan de cierto equipo, se callaba, o al menos no lo gritaba a los cuatro vientos, para evitar malas interpretaciones en nuestras coberturas.

También entendimos que no bastaba con conocer estadísticas o sistemas de juego, también era necesario el soporte de otras especialidades del periodismo para entender el fenómeno de la industria del deporte, desde economía hasta política, religión incluso, entre otras.

Hay oasis en medio de esta crisis. Beatriz Pereyra en la revista Proceso, que justo por los mismos días en los que escribía esto, publicó una investigación sobre corrupción en la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte; el mismo Iván Pérez, y algunos más cuya aspiración principal es posicionar sus trabajos como TT’s, no sus nombres u opiniones.

El mismo Pérez ve la salvación en estos oasis: “La única manera de hacer contrapeso es seguir haciendo periodismo, intentando ofrecer una mirada analítica, crítica, veraz. Si dejamos de hacerlo nos enterramos. Como gremio nos hace falta unión y colaboración”.

La lucha siguiente es por los espacios.

Por los apoyos.

Porque pese a su trascendencia en la sociedad actual, los emprendimientos de periodismo deportivo aún no los encuentran. Dirigí JUGOtv, una plataforma multimedia de contenido de futbol, y ha cerrado. Iván Pérez confiesa que ha buscado apoyos de organizaciones nacionales e internacionales que apoyan proyectos periodísticos diversos, y la suerte no ha sido mejor.

Mientras tanto, somos varios, pero no demasiados, los que no podemos sentirnos agraviados cuando se habla de pseudo periodistas o de reporfans. Lo que hace sentir mal es que cualquiera se auto nombre periodista, solo porque trabaja en un medio de comunicación.

*Fundador de Reforma, Récord, El Centro y JUGOtv. Ha publicado en Gatopardo, “Domingo” de El Universal, Quo y Chilango, entre otros.

10 de abril de 2026

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