¡Ay, cuántas Claudias!
Colaboradores, Presidencia

¡Ay, cuántas Claudias!

Elvira Hernández Carballido*

La primera presidenta en México cumple dos años de mandato y aunque solamente hay una mujer llamada Claudia Sheinbaum Pardo la ciudadanía atisba a la mandataria que quiere, desea o exige ver, a veces influenciado por los medios, otras por los datos y acciones, algunas por los apoyos y otras por las utopías.

Pueden importar o no los resultados, posiblemente a veces se impongan las lealtades políticas o las ilusiones creados por la esperanza de un mejor país. Las imposibilidades o cualquier compromiso incumplido pueden provocar que se juzgue, rechace o exija… Ay, ¡cuántas Claudias!

Nos gobierna una mujer científica que se formó en la UNAM, una mandataria meticulosa y perfeccionista, formal y pragmática, leal al proyecto de la Cuarta Transformación. Es una mujer que nos representa pues afirma que llegó con todas hasta la silla presidencial. Apasionada de sus programas y propuestas. Tantas voces que repiten: es la presidenta que México merece… Ay, ¡cuántas Claudias!

Sin embargo, también están las críticas -algunos dicen que pagadas por la derecha, otros que son expresiones que garantizan la libertad de expresión- donde observan a una mujer fuerte, pero sola, dependiente, soberbia e intolerante, rígida y masculinizada, alejada del discurso feminista y nada comprometida con la causa de las mujeres, limitada para lograr cambios estructurales profundos y sin espacios reales de interacción con el pueblo que dice representar… Ay, ¡cuántas Claudias!

Una parte representativa de la prensa reconoce y admira su labor mientras otra hace descalificaciones ácidas, a veces despiadadas, otras con argumentos que logran advertir el cúmulo de dificultades que pocas veces ha sabido solucionar. Pueden escucharse voces de personas que manifiestan su admiración y gente que la cuestiona o rechaza. Jóvenes que la consideran en ejemplo y una juventud olvidada que prefiere mostrarse indiferente.

Objeto de estudio en la academia que intentan delatarla o justificarla con ensayos que subrayan las diferencias entre hombres poderosos y mujeres con poder. Reiteraciones que señalan a la sociedad patriarcal como una inmóvil barrera que nunca reconocerá su labor o le exigirá más por el simple hecho de ser mujer. Feministas que tachan de slogan vacío esa frase de “llegamos todas” y otras mujeres que insisten estar en la vanguardia gracias a ella… Ay, ¡cuántas Claudias!

Una mujer presidenta

 Que gobierne de manera distinta y que se note, declaró la investigadora de la UNAM Norma Blazquez a los pocos días de las elecciones de 2024. La calificó como un referente para que las niñas, jóvenes y mujeres tengan la certeza de que pertenecer al sexo femenino no representa un obstáculo para llegar a cualquier escenario, entre ellos la presidencia del país.

Pionera y experta en analizar la participación política de las mujeres, Anna María Fernández Poncela en su artículo “Mujeres presidentas: una mirada social” (2025) inició el texto con una tesis muy significativa: “El 2 de junio de 2024, en México, una mujer ganó la presidencia. El triunfo fue consecuencia del voto y de la decisión del electorado por una opción política.

La victoria no es consecuencia del hecho de que sea mujer”, sin embargo, esto es lo que ha despertado más interés por lo que el cuestionamiento primordial que sigue latente en su segundo año de gobierno es si una mujer está preparada para ser presidenta. Entonces vienen las argumentación que muestran datos fríos para decir que sí, que ella lo está demostrando con su trabajo y a la vez llegan las reflexiones subjetivas que muestran otros números para afirmar que no.

 Pero, la citada analista considera que también se debe hacer otra pregunta muy significativa: ¿la sociedad mexicana está preparada para tener a una mujer como primera mandataria? Yo sospecho que todavía no.

Al plantear Fernández estos dos aspectos, cabe recordar que en la historia mexicana la llegada de Sheinbaum a la presidencia no fue ocurrencia de unos meses, representa la suma de muchas épocas de lucha de las mexicanas por participar en la vida política del país.

Si trazamos una línea de tiempo quizá el punto de partida sea Leona Vicario quien denunció la forma como fue criticada y rechazada. Le siguen las maestras y periodistas del siglo XIX que mostraron su interés en la vida política. Hermila Galindo fue un ejemplo al empezar el siglo XX, mientras que el Frente Único Pro Derechos de las Mujeres sacudió la era cardenista.

Los temores e indiferencia presidenciales parecieron reaccionar el 17 de octubre de 1953 cuando nos convertimos en ciudadanas con derecho a votar y ser votadas. Poco a poco se fueron sumando las primeras diputadas, las primeras senadoras y las primeras gobernadoras y las primeras aspirantes a la presidencia como Rosario Ibarra.

Casi al empezar el siglo XXI destacó la propuesta de crear las cuotas de género y pese a la violencia contra las mujeres que aspiran o están en puestos políticos, los logros se fortalecen con una paridad que prometía equidad de género en la política mexicana.

De cada uno de esos momentos que representan avances, derrotas, retrocesos y vuelta a la lucha, la llegada de una mujer a la silla presidencial parece más el comienzo que el cierre con broche de oro de una larga lucha.

Es cierto, es y será siempre simbólicamente representativo tener a una mujer presidenta ya que confirma la ruptura con mitos y prejuicios machistas que todavía hoy descalifican el arribo de las mujeres en la política. Entonces surgen los argumentos que celebran la ruptura del techo de cristal, un nuevo modelo de ser mujer, el borrado de esas ideas que las menosprecian y dudan de su capacidad para gobernar.

En diferentes espacios digitales la celebración de este logro fue constante, esperanzadora y festiva: “En un hito histórico, el día de ayer México presenció un cambio trascendental en su panorama político: la elección de su primera presidenta mujer.

Este evento no solo marca un cambio en el liderazgo político del país, sino que también representa un hito simbólico de enormes proporciones. La victoria de una mujer en las elecciones presidenciales representa un triunfo para todas las mujeres mexicanas, un símbolo de progreso y un paso adelante en la lucha por la igualdad de género”.

Diferentes encuestas hacen referencia a una aprobación mayoritaria, por ejemplo Fernández Poncela en su análisis dio un toque cuantitativo al preguntar a un grupo de 57 encuestados si una mujer está preparada para ser presidenta y advierte que “la población más joven es la que más firmemente sostiene que las mujeres están capacitadas para la presidencia (92,06 %), en contraste con el grupo de mayor edad, en el que el apoyo desciende (77,18 %). Este último segmento también presenta un mayor porcentaje de opiniones negativas (10,74 %) y de respuestas de incertidumbre (12,08 %).

En tanto, al cuestionar si el país está preparado para tener una mujer presidenta destaca en las respuestas abiertas que existe un cúmulo de prejuicios, estereotipos y roles asignados que pesan demasiado para aceptar a una mujer en el poder: “persiste la discriminación y los retos culturales. Entre estos, el género, la crítica, la persistencia de la tradición, la falta de costumbre son los de mayor obstáculo”.

La Claudia que quieren

Diferentes espacios periodísticos destacan un apoyo popular hacia Claudia Sheinbaum como ningún hombre Presidente tuvo en sus gestiones, afirmación que se apoya en cifras oficiales y diversas encuestas.

En su Segundo informe de Gobierno, hizo referencia a la manera como se ha fortalecido la seguridad, una cifra impresionante en Inversión Extranjera Directa e incrementos representativos al salario mínimo. Una admirable infraestructura médica o proyectos que garantizan el derecho a una mejor vida tanto en vivienda, educación.

Su política exterior ha enfrentado al más siniestro vecino, pero en su discurso insiste en que “mientras yo tenga el honor de servir como presidenta de la República, defenderé con toda firmeza nuestra soberanía, nuestra dignidad y nuestra independencia. Porque México es un país soberano y la soberanía no se negocia, no se entrega y no se comparte”.

Continuando la tradición de su antecesor, cada mañana se reúne con periodistas del país con la seguridad de llevar a cabo un ejercicio de transparencia y un espacio de aclaraciones ante algún comentario crítico a su gestión.

Marcando su estilo, así como su sello personal de gobernar, siendo calificada por un experto como “una presidenta menos confrontativa y más conciliadora que su antecesor”.

Posiblemente por ello, los números fríos reportan que poco más de 8 de cada 10 mexicanos apoya el desempeño de Sheinbaum. A juicio de Daniel Pardo, corresponsal de BBC Mundo en México, ella “ha demostrado que tiene una agenda propia que la diferencia de AMLO; un método riguroso y ecuánime, un temple ponderado y calculador que dan la impresión de que es responsable y tiene las cosas bajo control”.

Claudia ¿feminista?

En su tesis de maestría en la UNAM, la alumna Rocío González, recorre la vida de la Presidenta donde observa que no hay ninguna referencia o relación alguna con el movimiento feminista. La estudiante analiza la respuesta de la jefatura del gobierno de la Ciudad de México, en el periodo 2019-2023, ante las acciones colectivas feministas y de mujeres contra la violencia y observa en su discurso tres vertientes representativas:

  1. Molestia ante los tipos de actitudes al manifestar sus demandas, sobre todo por los rayones a paredes y monumentos. 2) Argumentos sutiles para suavizar la gravedad de la problemática. 3) Coincidencias con el discurso patriarcal.

En otro trabajo académico, Areli Abigail Flores, para titularse en la licenciatura de ciencias de la comunicación en la UNAM, indica que “Sheinbaum invalida, cuestiona, deslegitima, reprime, tanto física como discursivamente, las protestas feministas… Y aunque Sheinbaum destacó su identidad de género, para expresar su interés con las demandas de las manifestantes; el que sea mujer no la exime de ejercer violencia a otras mujeres, más aún si se encuentra en la estructura del Estado, que por ende es patriarcal… Cabe mencionar que la intención no es demeritar la declaración de Sheinbaum como feminista, pues sería patriarcal, pero sí se debe reconocer que hubo una apropiación del movimiento en su discurso para la construcción de su imagen. Y aunque su frase actual “Presidenta con A” es significativa en el discurso, porque es la primera mujer que gobierna el país, el fondo sigue siendo el mismo aunque la forma haya cambiado”.

En un analítico texto en torno a las acciones de Sheinbaum, la periodista Sara Lovera hizo un sondeo con varias feministas sobre el trabajo realizado hasta la fecha por la primera mandataria con relación a las mujeres, entre algunas respuestas que obtuvo, podemos mencionar:

Este es un momento de parálisis del movimiento feminista en México, donde las mujeres que están en el poder no toman decisiones; el “llegamos todas” es la expresión del feminismo esencialista, mujerista, una masa informe que sólo sirve de fachada. Alejandra Rojas Pérez.

El gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo, sostengo, se ha beneficiado de la cultura feminista, su narrativa encuadra perfectamente en la que utilizaron los gobierno priistas o panistas, desde 1975, para “incluir a las mujeres en el desarrollo”. Sin cambios profundos. Eso todas lo sabemos. Mireya Toto.

Estamos ante una ofensiva antifeminista muy fuerte tanto internacional como nacionalmente, expresada de diferentes formas, como la austeridad del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, proyectos para fortalecer y generar políticas de género desaparecieron de la noche a la mañana. Además, la política del borrado de las mujeres, por lo que muchos derechos están en peligro; se desarticularon las categorías de hombres y mujeres biológicamente hablando, y estos conceptos y sus argumentos se tergiversan. Alma Oceguera Rodríguez.

Ante esta postura crítica de las feministas mexicanas cabe plantear la interrogante que plantea Nuria Alabao en su texto “Por una democracia feminista (siempre por hacer): ¿qué cambia esta presencia de mujeres en lugares de poder, más allá de las cuestiones simbólicas?

La autora responde que “desde los feminismos de base respondemos que el poder que necesitamos no es el poder de «representar» a las mujeres en los escalones más altos de la estructura social, sino el que emana de los proyectos colectivos, la única posibilidad real de mejorar la vida de todas las mujeres, sobre todo de las que están más abajo”.

No queremos, como señala Lovera, que la presidenta se enamore de su frase “llegamos todas”, sino que a través de proyectos colectivos -donde debe contar con las feministas- consolide la forma del diálogo con su pueblo, con las mujeres que hemos luchado para evitar que esta sociedad nos siga haciendo invisibles, queremos que nos vea, nos oiga y comprenda el sentir feminista. Ay, esa Presidenta es la Claudia que yo quiero.

Entre logros y exigencias

“No estoy sola, hay un pueblo que nos respalda el pueblo”, afirma Claudia Sheinbaum. Por ello, reitera que” mientras no traicionemos al pueblo, va a haber un pueblo que nos va a seguir respaldando. Eso es lo que ellos no entienden. Aquí tenemos tres principios: no robar, no mentir y no traicionar al pueblo, y hasta el último día de mi mandato y el último día de mi vida lo voy a cumplir”.

Unas voces valoran ese discurso y afirman Claudia Sheinbaum “se consolida como la primera mujer de izquierda en la presidencia con un liderazgo firme y ha logrado interpretar las políticas de la Cuarta Transformación sin confrontarse con Andrés Manuel López Obrador, a la vez que ha ampliado el alcance de los programas estatales dando la estabilidad económica del país, resaltando el crecimiento en comparación con otras naciones y desmintiendo perspectivas pesimistas” (Felipe López Veneroni).

Otras advierten con dureza: “Si quiere ser legítima, Claudia Sheinbaum Pardo, deberá romper con el pacto patriarcal y gobernar en diálogo y democracia” (Sara Lovera).

Ay, ¡cuántas Claudias!

*Doctora en comunicación por la UNAM y catedrática en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.

23 de octubre de 2026