Salvador Noriega
Estudioso de la realidad deportiva de México y el mundo, el doctor Daniel Añorve advierte acerca de la atmósfera política y económica que rodea a los grandes eventos deportivos como los mundiales de futbol. Convencido de que el deporte es una puerta para fortalecer las relaciones internacionales y la paz, acepta también que la política y el dinero son protagonistas inherentes en este tipo de encuentros de impacto global.
– En su libro El deporte como observatorio de cambio social y político, usted ha desarrolla do la idea de que el deporte es una oportunidad para construir la paz. Sin embargo, en breve se realizará el Mundial de Futbol en un ambiente de guerra e incertidumbre. ¿Qué opinión tiene de este contexto?
– El uso del deporte no es monolítico ni unívoco. El deporte tiende al conflicto o a la cooperación, y podríamos decir que se trata de un uso instrumental. En mi libro escribo cómo el deporte es una actividad eminentemente política: puede tener una arista positiva, de colaboración e inclusión, pero también puede incubar la semilla del nacionalismo, la xenofobia, el clasismo y el racismo. Muy poca gente sabe que en México el deporte es un derecho constitucional desde 2011, un derecho social y humano.
– Los Mundiales de Futbol y las Olimpiadas son llamados “juegos de la paz”, pero no siempre ha sido así, por ejemplo, durante la dictadura argentina se realizó un Mundial, en la Alemania nazi se discriminó a atletas como Jesse Owens, y hoy en día Estados Unidos e Israel provocan guerras. Estas competencias no necesariamente son juegos de la paz o de la fraternidad, se le comenta al catedrático e investigador de la UNAM (FCPyS).
– Aquí se registra claramente un doble estándar. Rusia y Bielorrusia no pudieron participar en las eliminatorias para Qatar ni para la FIFA 2026, mientras Israel y Estados Unidos, pese a violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad, participan: uno como anfitrión y el otro sin restricción alguna, aunque no haya podido calificar al Mundial. Me parece que es momento de que el mundo del de porte sea asertivo, congruente y consistente. Si el deporte será entendido como una vertiente más del mundo político, que así sea, pero entonces debe existir un organismo democrático especializado -como la Agencia Mundial Antidopaje- que determine, con criterios claros y objetivos, quién es sancionado y por qué. Yo no estoy en contra de sancionar a Bielorrusia o a Rusia, pero entonces sancionemos también a todos quienes infringen el derecho internacional. Partiendo de ahí cuestionarnos: ¿se sancionaría a individuos, equipos concretos o a delegaciones nacionales? Pero sin dobles reseros. La narrativa de que no hay que mezclar política y deporte es un mito: la política ha estado presente desde los inicios del deporte moderno.
– Irán es un país agredido por Estados Unidos e Israel, y debe jugar sus partidos del Mundial en territorio estadunidense. México ofreció ser sede alternativa, pero la FIFA lo negó. ¿Qué opina?
– Existe un contrato privado entre la FIFA y el país organizador que históricamente se ha honrado. El país que es distinguido como sede se compromete a aceptar el ingreso de todas las delegaciones y facilitarles su tránsito. Sin embargo, cobra lógica permitir una permuta en este caso: cuando Irán clasificó al Mundial, no existía una situación de guerra. Hoy podemos temer por la integridad física y psicológica de los jugadores. ¿Por qué no permitirles jugar en México? Aquí es donde se mezclan la razón deportiva, la razón de Estado y la razón de mercado. No hay que olvidar que el futbol es tan político como económico. ¿De qué otra forma explicamos que la mayoría de los mega eventos deportivos se realicen solo en Europa Occidental, Estados Unidos y Canadá?, y casi nunca en Centroamérica, África o Europa del Este. El mundo del deporte materializa las relaciones de poder y las razones de mercado, que pueden ser tan poderosas -o más- que las políticas. Por eso creo que estos ajustes (cambiar de sede) son difíciles: políticamente podrían hacerse, pero logística y comercialmente serían un tsunami.
– VIX está vendiendo acceso a los partidos del Mundial en su plataforma, cuando antes la transmisión era en televisión abierta para todos. ¿Qué opina?
– Es lamentable, pero no me sorprende. Cuando uno estudia seriamente la economía política del deporte, se da cuenta de que este es un fenómeno mundial neo liberal. Todo se convierte en mercancía: los partidos, los horarios para ver los partidos… Yo tenía 10 años en el Mundial de 1986 y, aunque no pude ir al estadio, vimos todos los partidos por televisión abierta. Después pasó al cable, luego a plataformas, y hoy no basta con una suscripción: hay cuota sobre cuota sobre cuota, desde suscripciones básicas hasta platino o diamante. Necesitas pagar hasta tres mil pesos al mes para poder seguir toda la gama deportiva, no gracias.
Quizás por eso hoy tengo un creciente desafecto con el deporte como espectáculo. Durante tres décadas me la pasé viendo eventos deportivos cada fin de semana, pero hoy prefiero estudiar el deporte desde las ciencias sociales. Es lamentable que la esfera privada se adueñe de lo que antes era público, dejando solo un resquicio para quienes no pueden pagar.
– ¿En qué sentido ha generado el futbol cambios culturales en México y en el mundo?
– Uno de los cambios más visibles es la penetración del mundo corporativo. Cuando era niño, los estadios llevaban nombres de personajes históricos o referencias locales.
Hoy el 90% obedece a nombres corporativos: Gillette Stadium, AT&T, BBVA, Caliente, Santos Modelo. Ya no sabe uno si asiste a un estadio o a un centro comercial.
Pero también hay cambios muy positivos. Fui socializado en una cultura deportiva misógina: las niñas no debían jugar con nosotros. Hoy las grandes glorias del deporte mexicano son en gran parte mujeres, y si contabilizamos las medallas olímpicas del siglo XXI, son más las obtenidas por mujeres que por hombres. Además, espacios como las utopías deportivas en zonas populares, permiten el acceso a instalaciones que antes eran solo un sueño para esos sectores de la población.
– ¿A qué se deben las diferencias salariales, de infraestructura y de promoción entre la Liga MX varonil y la femenil?
Bajo la lógica mercantil, las diferencias se “naturalizan” perversamente. Se ponen puntos de partida desiguales -horarios no estelares, instalaciones de segundo nivel, sin venta de cerveza, con poca accesibilidad- y luego se invoca la falta de asistencia o de derrama económica para justificar que las mujeres ganen menos y jueguen en peores condiciones. Es absurdo generar de facto una liga de oro y otra de bronce, y luego esperar resultados económicos iguales. Así se cumple una profecía que nosotros mismos diseñamos para que se cumpla, preservando el status quo con la excusa permanente de que “así lo dicta el mercado”.
– ¿Es Charlyn Corral la figura más emblemática del futbol femenil en México? ¿Qué opinión tiene usted de ella como profesional?
En la actualidad, es innegable que no hay nadie como Charlyn. Sin embargo, creo que el lugar de máxima jugadora mexicana de todos los tiempos todavía le pertenece a Maribel Domínguez, quien por la falta de una liga profesional tuvo que hacer toda su carrera fuera del país. Son dos épocas distintas e incomparables. Lo que hace a Charlyn excepcional es su desempeño en el tiempo que lleva: cinco campeonatos de goleo en los últimos seis torneos, 160 goles desde 2021 -con apenas 16 menos que la líder histórica Alicia Cervantes, quien lleva cuatro años adicionales de trayectoria. Su promedio en los tres torneos más recientes supera un gol por partido, lo que es extraordinario a sus 34 años. Es como los buenos vinos: a mayor edad, mejor calidad.
Y más allá de los números, su trayectoria lo dice todo: en 2005 estableció el récord mundial de dominadas de balón con 8,671 toques en una hora y 40 minutos. En 2006, la FIFA la reconoció como niña prodigio del balompié mundial. En la temporada 2017- 2018 de la Primera División de España, obtuvo el Trofeo Pichichi con 24 goles jugando en el Levante, no en el Barça, no en el Real Madrid. Es impresionante lo que ha logrado.





