Tremenda es la palabra
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Tremenda es la palabra

Sergio Lugo

Hoy cumples 94 años, estimada Elena Poniatowska Amor. Lo celebro porque estás viva y lúcida.

Gracias por mostrarme la historia desde la perspectiva de las mujeres y de los olvidados, de quienes no eran catrines ni “niños bien”.

El libro que más me impactó es Fuerte es el silencio, porque ahí conocí la utopía de mi paisano el “Güero Medrano” y su colonia “Rubén Jaramillo”, cerca de Cuernavaca. El profesor Gonzalo me contó que vivió ahí de niño. Me imagino sus horas de trabajo comunitario y alegría colectiva, pero también lo trágico de cuando llegaba la policía a pervertir y destruir todo, porque al gobierno no le convenía que ese modelo de vivienda popular se replicara.

Con tu lectura también abracé la lucha de las madres en huelga frente a la Catedral, donde creció hasta volverse gigante la figura de Rosario Ibarra de Piedra, junto a todas esas mujeres llegadas de distintos rincones del país. Dicen que el dolor más grande del ser humano es el de una madre que pierde a su hijo, y el gobierno del PRI les arrebató a sus muchachos. Gracias a esa huelga de hambre se logró una amnistía para los presos políticos, a pesar de que la Iglesia católica no les abrió sus puertas.

Tú escribiste que la lluvia de agosto era diferente, y yo lo comprobé cuando viví en el plantón de AMLO en el Zócalo, en el campamento de Guerrero, justo frente a la Catedral. Cuando llovía en agosto, me acordaba de las lágrimas de esas madres en huelga, casi en el mismo lugar. Ahora esa lluvia me sabe a tristeza. De esas crónicas del fraude electoral de 2006 nació Amanecer en el Zócalo. Aún recuerdo esos días vividos en el ombligo de la luna, de los mejores de mi vida.

En ese libro de 1980 también hablaste de los jóvenes estudiantes y de la gente de izquierda. Me impactó la forma en que torturaban a las mujeres, a veces frente a sus hijos, a veces a sus propios hijos. Esas páginas las leía desde mi carpa de credencialización del “gobierno legítimo”, en 2009, en mi natal Taxco, para que la gente supiera de las atrocidades de la policía. Esa obra la deberían conocer los jóvenes de hoy.

En uno de tantos mítines de AMLO, frente al Hemiciclo a Juárez, me firmaste El tren pasa primero. Me escribiste que “Taxco es precioso” porque te invité a mi pueblo y querías visitarlo. Está fechado el 6 de octubre de 2013. Cierro los ojos e imagino la lucha ferrocarrilera de tu amigo Demetrio Vallejo y tus visitas a la cárcel de Lecumberri. Cada vez que camino por ahí, ese asfalto me sabe a sangre.

En 2015, mis paisanos de la Asamblea Popular de los Pueblos de Guerrero (APPG) te dieron la presea “Sentimientos del Pueblo”, junto a Taibo, en Chilpancingo, en el mismo lugar donde José María Morelos redactó los Sentimientos de la Nación. Era una fiesta del pueblo y de los de abajo, como a ti te gusta. En esa ocasión te regalé un brazalete de mariposa que hizo mi papá, que es artesano. Quizá no lo sabes, pero te tomé una foto donde Paco Taibo te está “chuleando” el brazalete, con el profesor “Nico” de testigo. Mis amigos del Sindicato de Mineros te llevaron de regreso a la Ciudad de México y me contaron que, en todo el camino, no parabas de presumirles tu mariposa. Ese detalle lo guardo en el corazón.

Recuerdo también cuando, allá por 2017, me enviaste a casa de mis tíos en Xochimilco tu libro autografiado de La noche de Tlatelolco. Ahí, en ese mismo librero, encontré Hasta no verte Jesús mío. Lo tomé pensando que era un libro de ateos, por el título y por la imagen del Niño de Atocha, pero gracias a ese malentendido conocí la vida de Jesusa Palancares y tu énfasis en rescatar a las soldaderas de la Revolución Mexicana, no solo a los hombres como Zapata, a quien admiras igual que yo.

Leí también tu prólogo en Peregrina, sobre la vida de la periodista Alma Reed, quien inspiró a Felipe Carrillo Puerto para mandarle componer esa canción de amor. El autor de ese libro, Michael Schuessler, también escribió tu biografía Elenísima, donde destaco lo que podría ser tu resumen de vida.

Elenita, soy como tú en algo: no me gusta hablar de mí, sino contar historias de los demás. Eres periodista y siempre estás preguntando. Yo igual. También me gusta platicar la historia de México. Mi amiga Eva me deja ir a la biblioteca en Cozumel para hablarles a los estudiantes; Atenea me brinda un espacio en el Centro Comunitario de Isla Mujeres para lo mismo; y “Nía” me dejó hablarles a 500 personas en Puerto Aventuras sobre la batalla del 5 de mayo. Ese formato ya lo estoy replicando. Siempre es un reto dirigirme a los jóvenes.

Retomo lo que escribiste en La noche de Tlatelolco: que el dolor es un acto absolutamente solitario, que hablar de él resulta casi intolerable, que indagar y horadar tiene sabor de insolencia. Sin embargo, tú lo hiciste, y gracias a eso esos testimonios nos pertenecen a todos.

Gracias, Elena Poniatowska. Aquí sigo hablando y escribiendo, como tú, porque sé que fuerte es el silencio, pero tremenda es la palabra.

19 de mayo de 2026

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