La guerra como piratería y bufonería: Irán y el Líbano ante la amenaza existencial
Colaboradores, Internacionales

La guerra como piratería y bufonería: Irán y el Líbano ante la amenaza existencial

Naief Yehya*

Nueva York.- En su afán por abrir el estrecho de Ormuz, Trump decidió cerrarlo. Antes, mientras bombardeaba blancos civiles en Irán, el precio del petróleo aumentaba y la bolsa de valores caía. Optó entonces por retirar las sanciones a Irán, con la idea de que así el precio de petróleo bajaría. Para evitar que siguiera subiendo el precio del combustible retiró “temporalmente” las sanciones al petróleo ruso.

Luego amenazó con desaparecer a la civilización iraní si no abrían esa ruta comercial. De pronto se retractó y anunció que habían firmado una nueva tregua pero al día siguiente (después de imponer un bloqueo en los puertos iraníes) Irán volvió a cerrar el paso.

Las contradicciones e improvisación dominan la política exterior y guerrera de Estados Unidos. Faltando horas para que terminara el cese al fuego y reiniciaran las operaciones militares israelíes y estadounidenses contra Irán el presidente estadunidense anunció una prórroga indeterminada al cese al fuego. Teherán no ha mostrado gran interés en nuevas pláticas de “paz” ya que sabe que el gobierno de Trump no es digno de confianza.

Realmente no hay manera de anticipar la próxima acción de Donald Trump, un líder que sigue perdiendo control de la realidad, que un día se representa vía imágenes chatarra de inteligencia artificial como Jesucristo, al día siguiente se pelea con el Papa y después pasa una noche entera posteando insultos y conspiraciones en su red: Truth Social.

No son pocos los que aseguran que Trump padece de demencia, pero independientemente de ese diagnóstico, su errático liderazgo refleja años de insensatez y corrupción en los negocios, torpeza administrativa, narcisismo patológico y cinco bancarrotas, además de desconocimiento de la política internacional y ausencia de empatía. Con demencia o sin ella, Trump es siempre Trump.

Irán cerró el estrecho de Ormuz y de un flujo de más de 120 embarcaciones al día, el número bajó a menos de una docena y cuando esto se escribe a menos de seis. Furioso por su incapacidad de obligar a Irán a abrir el paso y al negarse a establecer una especie de sociedad con Estados Unidos para “administrar el estrecho”, Trump amenazó con destruir a la civilización iraní, una amenaza sin precedentes en la historia.

El estrecho corresponde a aguas territoriales de Irán y Omán. Estados Unidos ha tratado de bloquear el estrecho con navíos militares para impedir el paso de barcos iraníes o de aquellos que beneficien al régimen de Teherán. Esta estrategia es simplemente una forma más de piratería y con ella no han logra do detener a todos los barcos (algunos apagan sus sistemas de reconocimiento o los “falsifican con “spoofing”), aunque dicen haber detenido a más de treinta cuando esto se escribe.

En represalia Irán ha amenazado con atacar barcos también en el Mar Rojo. La ironía es que después de una violenta guerra y un dispendio enorme de recursos y vidas (del lado iraní), los agresores no han ganado nada y ahora Trump está desesperado para por lo menos regresar a las condiciones previas a la guerra ya que el aumento de precios, la inestabilidad financiera y su caída brutal en las encuestas de opinión amenazan los resultados de las elecciones próximas.

Un reporte de Bloomberg señaló que en este momento estamos viviendo la mayor disrupción del mercado del petróleo en la historia. Nunca antes nadie había cerrado este estrecho y las consecuencias para los mercados son impredecibles y muy probablemente a largo plazo. Diez millones de barriles de petróleo al día no llegan a los mercados debido a este conflicto y los más afectados son los países de Asia pero eso no quiere decir que no afecten al resto del mundo.

A pesar de que Trump afirma que su país no sentirá los efectos, California usa petróleo del Medio Oriente. Una buena indicación de lo que puede venir es que el barril de petróleo en Sri Lanka ha alcanzado un precio que es más del doble de lo que cuesta en el resto del mundo: $280 dólares. Aparte de petróleo y gas, también se anuncia una inminente crisis de aluminio (Abu Dabi es un gran productor), ácido sulfúrico (para fertilizantes y semi conductores) y helio (Catar es el principal productor).

Además, las aseguradoras han comenzado a suspender sus pólizas o aumentar sus premiums en todo el Medio Oriente. Estados Unidos dice estar buscando cómo ayudar a las aseguradoras para que sigan cubriendo a los barcos. Ofrecieron alrededor de 40 mil millones de dólares. Se estima que lo necesario sería 350 mil millones de dólares por lo que están muy lejos de poder resolver el problema.

Las opciones de Estados Unidos son limitadas. Y por ahora les queda disparar a los barcos que crean que son iraníes y de esa manera estarán violando el cese al fuego. Bloquear a Irán en sus aguas territoriales es una acción beligerante por lo que la respuesta casi seguramente será que Irán recomenzará a destruir blancos en tierra y océano, desde los Emiratos Árabes hasta Israel. Se cree que Irán tiene aún la capacidad para mantener una amenaza de largo plazo a quienes traten de desafiar su control.

El Pentágono ha anunciado que por lo menos 10,000 soldados más serán embarcados al Medio Oriente. Esto, de llevarse a cabo vendría a probar que tan sólo están ganando tiempo con este cese al fuego para rearmarse y preparase para más hostilidades y alguna forma de invasión terrestre. El plan es vago y la información ha sido tan pobre, errática, contradictoria y propagandística que es imposible corroborar lo que está sucediendo. Basta considerar la oscuridad que rodea el presunto rescate de los pilotos derribados en Irán el 3 de abril.

Tres semanas después de la operación, sus nombres aún no han sido revelados, no han aparecido en los medios, no han hecho declaraciones ni los han paseado como héroes. Por lo que se puede especular que quizá haya algo de cierto en la versión de que más que un rescate las acciones llevadas al sureste de la ciudad de Isfahán fue un intento por capturar el uranio iraní, que supuestamente está oculto o enterrado cerca de donde fue el presunto rescate.

No perdamos de vista que Irán sabe que esto es solo una pausa a las agresiones y a pesar del gigantesco daño que han sufrido por los bombardeos israelíes y estadunidenses, de dejar la situación así es obvio que habrá otras agresiones futuras (más bombardeos, sabotajes y asesinatos de líderes). Por lo que Irán deberá buscar una verdadera resolución del conflicto, ya que confronta una amenaza existencial, algo que va más allá de un cambio de régimen y de la inmensa destrucción que han sufrido. El deseo israelí, apoyado por Estados Unidos, es de dejar a esa nación en ruinas sin la posibilidad de tener autonomía, defensa o servicios básicos. La fantasía es reducir a Irán a una condición parecida a como quedó Libia después de la destrucción del régimen de Gadafi.   

 El mismo final le espera a El Líbano. Una nación que ha sufrido una cataclísmica guerra civil (entre 1975-1990), en gran medida porque Israel se dedicó a bombardear, atacar, ocupar y desestabilizar al país con el pretexto de perseguir a los milicianos palestinos que operaban desde ahí (la Organización de Liberación de Palestina tenía su sede en Beirut desde 1971).

A partir de entonces Líbano ha padecido de crisis tras crisis, invasiones israelíes (siete hasta ahora), la nación hebrea mantuvo ocupado el sur del país por 18 años (1982-2000), creó una milicia sanguinaria para hacer el trabajo sucio y ha seguido violando la soberanía de Líbano diariamente. En 1982 Israel asesinó a cerca de 19,000 libaneses en su intento de erradicar a la OLP, Hezbolá surge en ese momento como movimiento armado de resistencia nacional y en 2,000 lograron expulsar a los ocupadores sionistas de la misma región que ahora han vuelto a devastar y a tomar.

El último cese al fuego entre Israel y el Líbano fue violado por el régimen sionista más de quince mil veces, documentadas por la ONU, en acciones que han costado la vida a más de 2,500 libaneses, herido a más de 8,000 desplazando a más de un millón de personas e incluso han atacado a las fuerzas de paz de la ONU en varias ocasiones (una de ellas causó que Italia diera por suspendido su acuerdo de cooperación militar con Israel).

Antes de la más reciente invasión de Israel el país estaba hundido en una grave crisis económica. Cuando esto se escribe los israelíes han destruido más de 40 mil casas y todos los puentes que comunican con el sur del país. Israel ha anunciado que ocuparán el sur del Líbano de forma indefinida y numerosos políticos de ese país han dicho sin eufemismos que el objetivo es establecer colonias israelíes ahí y eventualmente anexar el territorio, por lo menos hasta el río Litani (situado a 2,400 kilómetros de la frontera).

El primer ministro de Israel David Ben-Gurión ya había expresado su deseo de apoderarse de esos territorios y expandir el país hasta ese río. Esta idea que hasta hace poco era un delirio de la derecha mesiánica más desquiciada es ahora una visión normal en Israel. Estados Unidos organizó una serie de pláticas de paz entre el gobierno de Tel Aviv y Beirut, pero Hezbolá no fue invitado (aunque supuestamente este ataque es para desarmar a ese grupo de resistencia) y las bombas no han dejado de caer sobre los civiles libaneses. Para muchos no queda duda que estas pláticas no tienen seriedad alguna.

Este ataque tan sólo confirma que Israel ha dejado de ser un país para convertirse en una maquina bélica con numerosos frentes, un mecanismo destructivo en fundado en la parafernalia religiosa de un etnoestado militarizado. La estrategia empleada por ese ejército ha sido la “doctrina Gaza” que consiste en la total destrucción de la infraestructura (con énfasis en el domicidio o destrucción indiscriminada de hogares para impedir que la población pueda volver) y la masacre general de civiles en una sociedad multicultural y diversa, con el pretexto de erradicar a Hezbolá. Esta doctrina a su vez es una variante de la “Doctrina Dahiya” que consiste en el uso desproporcionado de la fuerza y deliberado ataque a la infraestructura y población civil, que fue nombrado así por el suburbio de Dahiya que era una zona de Beirut controlada por Hezbolá que destruyeron brutalmente en 2006.

Ahora han bombardeado barrios residenciales, mayoritariamente poblados por cristianos, de la capital. En un solo día, el 8 de abril pasado, que ha sido llamado “miércoles negro”, un día después de la declaración de cese al fuego en la guerra contra Irán, Israel lanzó un ataque blitz, en diez minutos las bombas israelíes (100 ataques aéreos) asesinaron a 357 personas, en uno más de sus crímenes de guerra.

Mientras tanto el Congreso estadunidense aprobó (con siete votos demócratas) el envío de más Bulldozers, con los que los israelíes destruyen sistemáticamente toda construcción para dejar tan sólo polvo y escombros en el sur del país, haciendo que sea imposible el regreso de los locales. La posición de Israel es que Hezbolá debe ser desarmado. Pero las exigencias de Israel están diseñadas para no poder ser cumplidas y con la agresión orillar a ese país nuevamente a la guerra civil. Este es un objetivo que ni siquiera se molestan en ocultar.

Mientras tanto y siguiendo con amenazas existenciales, el genocidio en Gaza sigue adelante, imparable, incontrolable y cada vez más ignorado por el mundo. Durante este cese al fuego, no hay día en que el ejército sionista no asesine por lo menos a diez palestinos. Israel sigue ocupando el sesenta por ciento de la franja.

El acceso a alimentos, medicinas, tiendas de campaña, casa móviles, materia les de construcción, equipo para desenterrar a los muertos y todo lo demás sigue entrando a cuentagotas. Y caprichosamente Israel detiene el acceso de productos constantemente. En Cisjordania la limpieza étnica continúa a todo vapor con nuevas leyes que permiten establecer asentamientos en más lugares, más asesinatos de palestinos y destrucción de propiedad por parte de colonos y soldados.

El plan de Israel, como hemos menciona do aquí antes, es un proceso expansionista de limpieza étnica y de consolidación de una hegemonía dominante regional, para lo que necesitan “neutralizar” a sus vecinos al desmantelar gobiernos e imponer títeres. Estados Unidos es cómplice en esta aspiración que ha consistido en destruir Irak, Siria y Líbano, por lo que deben seguir con Irán y Yemen.

Todo esto ha sido posible ya que gran parte del mundo lo ha permitido, tolerado e ignorado. Israel no ha sido obligado a rendir cuentas de sus acciones en décadas, no se le ha limitado y cuando alguien se atreve a criticar, como el gobierno de Pedro Sánchez, es acusado de antisemitismo inmediatamente. Acaso sanciones, boicots, ruptura de contratos y terminación de inversiones podrían presionar a ese estado a respetar las leyes internacionales pero a estas alturas eso parece cada vez menos posible.

En una nota relacionada con las guerras estadounidenses, se ha anunciado que el gobierno de Trump piensa deportar a los afganos que ayudaron a las tropas de Estados Unidos en la guerra en ese país, a la República Democrática del Congo, que ha estado hundida en una grave crisis humanitaria desde hace décadas. De esa manera Trump piensa castigar a los ciudadanos afganos que traicionaron a su país (como guías, intérpretes, trabajadores de ser vicios y milicias) al ayudar a las fuerzas de agresión e invasión, deportándolos a un país con muy pocos recursos, violencia y con el que no tienen ningún vínculo ni conocen el idioma. La otra opción es regresar a estos ex aliados a Afganistán donde corren el riesgo de ser víctimas de represalias por sus acciones.

*Ensayista, escritor y periodista.

19 de mayo de 2026

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