El periodismo deportivo mide su estado en el escaparate olímpico
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El periodismo deportivo mide su estado en el escaparate olímpico

José Luis Rojas Torrijos

Sevilla, España.- Informar sobre temas y eventos deportivos supone para el periodista, la capacidad de conocer y memorizar datos y estadísticas para vestir su trabajo frente a las audiencias, pero también implica capacidad artística, narrativa y descriptiva para ubicar a quien nos ve, nos oye y nos lee en medio del campo de la acción.

El 2020 será un año en el que todas las miradas estarán puestas en el periodismo deportivo. Como acontece en cada edición de los Juegos Olímpicos, la enorme expectación que se genera entre la ciudadanía para compartir la celebración de éxitos deportivos nacionales y ver qué posición ocupa su país en el medallero sitúa a los informadores deportivos en el centro de la atención mediática. El periodismo deportivo se erige así durante unos días como transmisor y altavoz de un éxito colectivo, y se convierte en el depositario de la confianza de una audiencia que exige estar informada con prontitud y al máximo detalle a través de una cobertura rigurosa, eficaz y de calidad.

Los Juegos Olímpicos se constituyen, además, como una verdadera oportunidad para que el periodismo deportivo se reivindique y despeje creencias que no siempre se ajustan a la realidad. Pese a su gran relevancia como ámbito informativo de alto impacto social y pese a ser actualmente uno de los principales sostenes del negocio mediático al cubrir un campo económico estratégico, el periodismo deportivo aún sigue siendo minusvalorado dentro y fuera de la profesión.

Por un lado, su consideración dentro del periodismo arrastra todavía la etiqueta de disciplina próxima a la farándula y al mero espectáculo, que solo suele abordar temas blandos, superficiales e in trascendentes. Incluso ha llegado a ser tildado como la “sección de juguete” (toy department) dentro de muchos medios generalistas. Todo ello se corresponde con la percepción unívoca y simplista de un tipo de periodismo cuya función natural es en realidad la de cubrir un enorme universo de modalidades y protagonistas, desde múltiples enfoques y soportes.

Pero es verdad que esta tendencia tan extendida a encasillar el periodismo deportivo como un campo profesional menos serio o riguroso que otros periodismos ha sido algo auspiciado desde los propios medios. La fijación por cubrir solo un reducido abanico de deportes, fútbol y poco más, ha estrangulado una agenda temática hasta alejarla de la amplitud, diversidad y riqueza que encierran las competiciones deportivas. Limitar en exceso, como a veces ocurre, el número de voces y protagonistas en el día a día informativo comporta el riesgo de ofrecer contenidos menos noticiosos y de tapar otras realidades deportivas interesantes.

También este enfoque reduccionista del periodismo deportivo, que acaba trasladándose al gran público, tiene que ver con la falta de una perspectiva amplia en mentalidades acostumbradas a entender sin matices que periodismo deportivo es sólo aquello que conocen o consumen en su país y, constriñendo aún más la visión, sólo aquello que sale por televisión o que se lee y se comenta en redes sociales o a través de Whatsapp.

Tampoco este periodismo ha tenido una consideración relevante dentro del ámbito académico, pese a que en los últimos tiempos ha aumentado de forma notoria el número de estudios y aproximaciones científicas a esta área informativa como una especialización que reúne una serie de características que la hacen especialmente singular y significativa por sus aportaciones in novadoras al conjunto del periodismo en el nuevo escenario digital.

A la vanguardia de la innovación digital

Y esa es la paradoja en la que se mueve hoy el periodismo deportivo: se le pide que sea más ‘periodístico’ –e incluso más deportivo-, mientras se coloca a la vanguardia de la innovación digital. Porque si el periodismo siempre ha sido una de las áreas más avanza das técnicamente (pionero en el uso del color, diagramación rupturista, formas de titulación atrevida, creatividad en el uso del lenguaje, gran escuela de fotoperiodismo,…), lo cierto es que internet no ha hecho más que acelerar el rol de los medios deportivos como líderes de la innovación.

De hecho, la paradoja mencionada se agrava más aún: ha pasado de considerarse toy department a ser un verdadero laboratorio de tendencias, referente incluso para otras secciones informativas más conservadoras. Actualmente, el periodismo deportivo se afianza a la vanguardia en el diseño de técnicas para buscar una mayor implicación de la audiencia (engagement), así como en el uso creativo de la tecnología y en la presentación experimental de las historias apostando por nuevos formatos.

Según Jim Brady, el último defensor de la audiencia que tuvo ESPN, “los metabolismos de lo digital y lo deportivo encajan perfectamente”, al aplicar mecanismos de conexión directa con el fan/lector aprovechando las pasiones que hay en juego y también al ser un periodismo que lleva en su ADN unos ritmos de trabajo (acostumbrado a cierres tardíos y novedades de última hora) que han facilitado mucho su adaptación de lo analógico a lo digital, más y mejor incluso que otros periodismos.

El poder visual, infográfico y de datos de las coberturas deportivas ha potenciado el liderazgo innovador de este periodismo en el llamado digital storytelling. De esta forma, del rol residual que históricamente le otorgaron muchas empresas periodísticas esta área especializada ha pasado a desempeñar un papel clave y a ocupar un lugar preeminente en la web. Los deportes, aquí también, son los temas que más visitas generan. El periodismo deportivo ha pasado así a situarse en el mismo centro de un escenario informativo cambiante.

Son muchas y variadas las contribuciones del periodismo deportivo como laboratorio de nuevas formas de contar en la web las que luego habrían de ser emuladas por otras áreas informativas. La mayoría de esas innovaciones provienen de la cobertura de mega eventos, los cuales se convierten en un verdadero escaparate internacional donde probar ideas y exhibir narrativas.

Así, por ejemplo, el liveblogging (crónicas minuto a minuto o directo), que se ha convertido en uno de los formatos puramente digitales que más tráfico suelen aportar a las webs deportivas y generalistas, nació en 2001 en la sección de Deportes de The Guardian. El diario londinense primero probó el formato con el fútbol y a continuación con el críquet durante el Mundial de 2002 para ir perfeccionando la técnica hasta convertirse en un éxito que más tarde se extendería a otros deportes y, de ahí, al resto de las áreas informativas del periódico, sobre todo para las noticias de alcance de última hora.

También el periodismo de datos halló muy pronto un terreno propicio para su expansión dentro de la información deportiva, dado su ingente sustrato estadístico y la naturaleza cíclica de las competiciones, fijadas por un calendario. Primero en el béisbol y luego en otros deportes como el baloncesto y el fútbol, ha proliferado el manejo de complejos métodos científicos para analizar y visualizar las estadísticas del juego. Hoy medios como Financial Times, FiveThirtyEight o, más recientemente, El País emplean modelos matemáticos a partir de datos estructurados para medir probabilidades y proyectar resultados de un equipo en una gran competición.

Otra narrativa puramente digital que se forjó en Deportes fue el llamado reportaje multimedia longform. A finales de 2012 la edición web de ESPN (‘The Long, Strange Trip of Doug Ellis’2) y The New York Times (‘Snow Fall: The Avalanche at Tunnel Creek’3) publicaron sendos relatos de largo formato basados en la narrativa scroll. Reportajes, perfiles y otro tipo de historias se vienen apoyando desde entonces en la combinación de elementos multimedia que aparecen y desaparecen a medida que se mueve el scroll creando novedosas experiencias de lectura al usuario.

Otro claro exponente de la innovación es el nativo digital deportivo Bleacher Report, que avanzó tendencias en el periodismo móvil (ya en 2015 se convirtió en el primer gran sitio mobile first al diseñar su web pensando en las pequeñas pantallas y al recibir más del 75% de su tráfico a través de smartphones y tablets) y en la distribución de contenidos por redes sociales. Su apuesta por llevar el contenido a todas las plataformas posibles para llegar a audiencias más jóvenes se fundamenta en la creatividad, esto es, desarrollando nuevos formatos y narrativas diferenciadas con un equipo específico para cada red social.

Por tanto, el periodismo deportivo se viene comportando estos últimos años como una de las áreas periodísticas más dinámicas y versátiles, lo que le ha permitido conseguir una mejor adaptación al Digital First. Esa adaptación ha pasado por atender los hábitos de consumo de información de las nuevas generaciones, mucho más visuales, de forma que ha reformulado géneros periodísticos tradicionales (video crónica, video reportaje o video-obituario) y ha creado microformatos ideados para su lectura o visionado en las redes sociales, allí donde está la gente, a cualquier hora y desde cualquier sitio.

En ese paso a lo digital, el periodismo deportivo también ha evidenciado tener capacidad para ofrecer respuestas a situaciones de crisis y de cambio estructural en el sector. Así, han florecido multitud de nuevos medios e iniciativas periodísticas en distintas plataformas promovidas por profesionales emprendedores. En muchos casos, sea una web, un podcast o una newsletter, los nuevos proyectos volcados en la cobertura del deporte han contribuido a ensanchar la oferta informativa ofreciendo productos que atienden nichos temáticos o que están más segmentados desde un punto de vista geográfico para atender públicos con unas necesidades más específicas.

Un ejemplo en este sentido es SembraMedia, organización sin ánimo de lucro que ha mapeado el ecosistema de medios digitales en Latinoamérica, España y el mercado hispano de Estados Unidos, y ha construido una red regional que representa a más de 800 publicaciones digitales. De todos esos nuevos medios registrados en este directorio, más de la cuarta parte publican contenido de temática deportiva, si bien solo medio centenar son pura mente especializados en esta área informativa.

También en medio de una transición obligada del periodismo hacia modelos de pago por suscripción, los medios deportivos han arrojado algo de luz y esperanza. The Athletic, digital deportivo nacido en 2016, ha alterado el ecosistema informativo en Estados Unidos, Canadá y Reino Unido al ‘arrebatar’ a periodistas deportivos de reconocido prestigio de medios de referencia de esos países. Además, ha supuesto una disrupción en cuanto al modelo de negocio conocido hasta ahora en este tipo de periodismo: aspira a sumar una gran cantidad de suscriptores dispuestos a pagar un precio moderado o bajo por contenidos de alta calidad.

Para lograr este objetivo, The Athletic adopta una estrategia de producto enfocado en lo local sirviendo a los fans una cobertura en profundidad de cada uno de los equipos de las ligas profesionales de 45 ciudades en Norteamérica. Se trata por tanto de un modelo que plantea la diferenciación de los contenidos como clave para ofrecer un pro ducto atractivo y original que incentive el pago de suscripciones. Es un modelo arriesgado pero inspirador que ofrece claves para monetizar el periodismo local, como la de estrechar el foco en menos temas en lugar de ser generalista en pequeña escala.

Los grandes eventos como oportunidad

No obstante, al margen de hitos particulares protagonizados por algunos medios estos últimos años, donde el músculo innovador del periodismo deportivo sale a relucir de verdad es cuando ha de cubrir grandes acontecimientos deportivos. Juegos Olímpicos o Mundiales de fútbol son la excusa perfecta a la hora de explorar nuevas maneras de contar y conectar directamente con el fan.

Además, para los medios internacionales de referencia, muy especialmente aquellos que ya disponen de laboratorios de innovación periodística o potentes departamentos de Datos, Gráficos e Interactivos, la celebración de un mega evento deportivo de repercusión global es una ocasión perfecta para afianzar aún más su liderazgo innovador, hacer marca periodística y seguir definiendo tendencias.

Como se explica en el estudio El legado periodístico de los megaeventos, que repasa las aportaciones más innovadoras del periodismo deportivo en las últimas ediciones de los Juegos Olímpicos y Mundiales de fútbol, el seguimiento informativo de estas grandes citas difiere mucho de las coberturas de antaño. Ya no basta con limitar la crónica de la competición a la reseña de resultados, sino que es necesario ampliar y diversificar la cobertura, tanto en la previa como durante el evento, con historias de cosecha propia (más reportajes y entrevistas) y piezas más analíticas que ofrezcan nuevos ángulos desde las interioridades de la competición y sus protagonistas.

De esta forma, sobresalen las nuevas formas de contextualizar y explicar la a veces compleja o menos conocida faceta de algunas disciplinas (guías interactivas, gráficos comparativos, video gráficos, animaciones o newsgames), así como el aprovechamiento de los últimos avances tecno lógicos con los que se siguen ofreciendo nuevas experiencias al usuario en todo tipo de pantallas (cobertura en directo en 360, vídeos con realidad aumentada o uso de software avanzado de escritura automática).

Pero además de ser una gran oportunidad para innovar, la celebración de grandes eventos, muy especialmente los Juegos Olímpicos y los consiguientes Juegos Paralímpicos, representa siempre una ocasión inmejorable para que el periodismo contribuya a expandir la cultura deportiva entre la ciudadanía, haciendo pedagogía y desarrollan do una cobertura más equilibrada y responsable.

Se trata de aprovechar la magnitud global de un evento como este para acercar al público disciplinas que durante cuatro años permanecen alejadas de la agenda temática de los medios deportivos, pero de las que es preciso explicar el reglamento, la técnica, la terminología o el propio formato de competición para hacer aún más partícipe al público, que acude a la convocatoria mediática atraído por la fiesta de las medallas, los himnos y las banderas.

Yendo un poco más allá, es en estos casos donde los medios de comunicación pueden ayudar a construir nuevas realidades deportivas dentro de un país. En primera instancia, lo pueden hacer dando visibilidad a esos atletas olímpicos, ellos y ellas, sus historias y sus logros, sus pruebas, en la previa y en la crónica de la competición, haya medalla o no. Porque una cobertura meramente resultadista priva al aficionado de saber el porqué de lo ocurrido y acaba siendo incompleta.

Y en segundo término, para que no sea sólo algo ocasional, el periodismo haría bien en dar seguimiento informativo a esos deportistas más allá de los quinces días de los Juegos y durante toda su preparación a lo largo del ciclo olímpico, haciéndose eco de sus progresos y sus resultados. Así, desde luego, daría todo el sentido a su cobertura llegado el gran momento; no solo habría proporcionado al público todos los conocimientos para contextualizar mejor la información, sino que además se reconciliaría con su verdadera misión social de atender el deporte en sus múltiples manifestaciones.

Retos en el nuevo escenario mediático

Sin duda, la consecución de un periodismo deportivo más diverso, tanto en la composición de las personas que trabajan en una redacción como en la confección de la agenda informativa es otro de los grandes desafíos del periodismo deportivo actual. Se trata de un asunto capital que, sin embargo, parece haber quedado aplazado e incluso desatendido entre las prioridades de las empresas periodísticas actuales, acuciadas por la disrupción permanente que ha provocado la digitalización.

Han surgido nuevos perfiles periodísticos como el analista de datos, el video periodista o el editor de bots, que son consecuencia de una reorientación de las tareas que se realizan ya en las redacciones con el fin de ajustar lo mejor posible los contenidos y las coberturas a los requerimientos del público. A este respecto, los profesores Tom Bradshaw y Daragh Minogue advierten en su obra Sports Journalism. The State of Play (2019) de la “desnaturalización” que puede ocasionar en los contenidos deportivos esa obsesión creciente de muchos responsables de medios por el big data que proporcionan los usuarios en su navegación.

Bradshaw y Minogue plantean una cuestión que es clave: ¿hasta qué punto la aplicación de la tecnología al periodismo está afectando negativamente al contenido que se pueda estar produciendo desde los medios? La competencia creciente por llegar a un público cada vez más fragmentado hace que también parte del periodismo deportivo abrace coberturas que priorizan el entretenimiento, la información cortoplacista de ‘minuto y resultado’ y declaraciones pospartido, la controversia como foco de atención, y todo aquello que tenga que ver, sea competición o no, con lo que digan o hagan las estrellas y celebridades del deporte, que son prioridad en la selección de contenidos para muchos editores.

El periodismo deportivo, pese a que necesita las métricas para subsistir, no debe desatender cuál es su naturaleza, cuáles son por definición sus contenidos, que son las competiciones deportivas y todo aquello que las rodea. En pleno debate sobre modelos de negocio y sobre aprovechamiento tecnológico, es preciso que los medios incorporen la ética a la ecuación y busquen soluciones in formativas desde la asunción y cumplimiento de los postulados deontológicos más elementales, recogidos en los códigos de la profesión.

Así, pueden resolverse muchos de los dilemas y debates que se plantean a diario en esta especialización periodística, tales como la autocensura, el partidismo, el empleo insuficiente de fuentes o la prevalencia de viejos sesgos y estereotipos que impiden que los medios reflejen mejor en sus respectivas coberturas la diversidad, desde un punto de vista de raza, etnia y nacionalidad, de las comunidades a las que se dirigen.

En ese camino para la confección de una agenda más plural y representativa, también resulta necesario incluir a otros colectivos que habitualmente quedan fuera del foco mediático. Mientras los estudios académicos sobre periodismo deportivo desde una perspectiva de género han sido numerosos en los últimos años, no han sido tantos los que se han ocupado de otros grupos infrarrepresentados, como el colectivo LGBT, o las personas con algún tipo de discapacidad.

Y aunque se ha avanzado bastante en el camino, todavía queda mucho por hacer. Ciertamente, la economía de los medios deportivos digitales, que sigue midiendo el éxito a partir del número de clics y páginas vistas que un artículo genera, no ayuda a paliar una agenda informativa a veces plana y predecible, que gravita sobre el fútbol y sus terrenos aledaños.

Como hemos planteado aquí, la manera de caminar hacia una mayor calidad de las coberturas deportivas debe ir fraguándose poco a poco a partir de la incorporación de nuevos temas y enfoques, de historias interesantes bien buscadas y mejor contadas, pero sobre todo desde el rigor y la ética aplicada en todo momento a los procesos de producción y distribución de los contenidos.

Y aunque es cierto que hay mucho camino por recorrer, también se encuentran razones para ser optimista de cara al futuro. Quizá en todo este proceso que ha de construirse, o más bien ya se está construyendo, tiene un papel fundamental la capacitación profesional que se imparte desde universidades a través de la transferencia de investigación y de conocimiento a la sociedad. Esta formación especializada ha de servir también para cambiar mentalidades y adaptarlas a las necesidades de innovación de un periodismo más acorde al actual ecosistema informativo.

(Texto publicado en nuestra edición 241 – marzo 2020)

9 de abril de 2026

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