
Gabriel Sosa Plata*
Días de cine, a nivel federal y en la Ciudad de México.
En principio, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo anunció la iniciativa de una nueva Ley Federal de Cine y el Audiovisual, acompañada de estímulos fiscales, con el objetivo de fortalecer la producción nacional, modernizar el marco legal de 1992 y reconocer al cine como derecho cultural, no solo como mercancía.
¿Estamos realmente ante un salto estructural o frente a un ajuste necesario, aunque todavía moderado, en comparación con lo que ya hacen otros países?
Vayamos por partes.
La Ley Federal de Cinematografía vigente establece en su artículo 19 que los exhibidores deben reservar 10% del tiempo total de exhibición para películas nacionales, con un periodo mínimo de permanencia de una semana en cartelera.
Lo que la iniciativa federal plantea, según lo difundido públicamente, es mantener ese piso del 10%, fortalecer los mecanismos para evitar simulaciones (horarios marginales o permanencias simbólicas) y elevar el periodo mínimo de exhibición a 14 días.
Si esto se confirma en el texto final, habría un avance en condiciones de visibilidad y permanencia, pero no en el porcentaje mismo. En términos estrictos: el número no cambia; lo que se busca es que el 10% sea real y verificable.
Donde sí aparece un cambio relevante es en el ámbito del streaming. La ley vigente no contempla obligaciones claras para plataformas digitales. La nueva iniciativa, en cambio, plantea que las películas mexicanas tengan al menos 10% de espacio en plataformas y que existan mecanismos de “prominencia”, es decir, visibilidad en vitrinas o secciones destacadas.
Aquí el avance es evidente frente al vacío normativo anterior. Sin embargo, la comparación internacional obliga a matizar el entusiasmo.
La Directiva europea de Servicios de Comunicación Audiovisual (AVMSD) establece que los servicios de video bajo demanda deben garantizar al menos 30% de obras europeas en su catálogo, además de asegurar su prominencia.
Otros países europeos (Francia es el caso emblemático) han ido más lejos. Además de cuotas y prominencia, obligan a las plataformas a invertir entre 20% y 25% de su facturación local en producción audiovisual europea o nacional. No es solo exhibición; es financiamiento estructural del ecosistema cultural.
En contraste, el modelo mexicano apuesta principalmente por incentivos fiscales: un crédito al ISR de hasta 30% del gasto realizado en México, con un tope de alrededor de 40 millones de pesos por proyecto y condiciones de gasto nacional.
Se trata de un estímulo atractivo, pero no una obligación de reinversión directa por parte de las plataformas.
En otras palabras, México se mueve hacia una política audiovisual más robusta, pero todavía distante del estándar europeo en términos de cuota e inversión obligatoria.
¿Soberanía cultural o equilibrio comercial?
Para nadie es un secreto que las plataformas globales operan bajo lógicas algorítmicas que privilegian lo que maximiza consumo y permanencia. Por ello, el cine local compite en condiciones asimétricas frente a catálogos dominados por producciones estadounidenses.
Un 10% puede ser un paso razonable en términos políticos y comerciales, pero, comparado con el 30% europeo y con esquemas de inversión obligatoria, aún hay retos para tener una robusta política pública al respecto.
También (ya veremos cómo viene la ley) habrá que tener mecanismos efectivos de supervisión y sanción, tanto en la cuota de pantalla, como en los estímulos fiscales.
La capital también se mueve
Y mientras los reflectores se concentraron en los anuncios de nuestra presidenta, en el Congreso de la Ciudad de México también hubo noticias sobre cine.
Ahí, la Comisión de Derechos Culturales aprobó la expedición de la Ley de Fomento, Promoción y Desarrollo del Cine Mexicano de la Ciudad de México, así como la Ley de Filmaciones de la Ciudad de México.
El proyecto local busca fortalecer instrumentos como PROCINECDMX, establecer apoyos financieros, capacitación, promoción internacional y regulación de filmaciones en la capital. La intención es convertir a la Ciudad de México en un polo competitivo para producción audiovisual, que genere empleo y derrama económica.
Aquí también el desafío será presupuestal, ya que una ley cultural sin recursos suficientes se convierte en declaración simbólica. Estaremos atentos de lo que venga.
Desafíos de la radio universitaria
Y en medio de este debate sobre cuotas, pantallas y soberanía cultural, conviene no perder de vista otro territorio estratégico de la comunicación pública: la radio universitaria.
Este jueves, en Media 20.1, de TV UNAM, entrevistaremos a Gabriela Hernández Nieto, presidenta de la Red de Radios Universitarias de México, sobre el papel de esta red, los desafíos que enfrenta y el horizonte que se abre para las emisoras universitarias en un ecosistema mediático atravesado por la digitalización, las plataformas y la inteligencia artificial.
La cita es este jueves a las 21:00 horas y el domingo a las 20:30 horas. También habrá el día del estreno la transmisión simultánea por streaming a través de las cuentas de TV UNAM en Facebook y YouTube.
¡Cordialmente invitadas e invitados!
*Profesor e investigador de la UAM-Xochimilco y periodista. Defensor de audiencias. Conduce el programa Media 20.1 en TV UNAM.





