
Gabriel Sosa Plata*
La regulación de la radiodifusión puede girar ¡por fin! hacia una agenda social real.
¿Por qué digo esto?
Por lo que vimos (y no vimos) de las mesas de trabajo que hace algunos días sostuvo el pleno de la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT) con representantes de radios comunitarias, indígenas y afromexicanas.
Se hicieron anuncios relevantes, pero destacó un mensaje político: se impulsará como nunca antes este modelo de radio, pese a la oposición histórica de los empresarios del sector.
Y así debía ser.
El espíritu de la nueva Ley en Materia de Telecomunicaciones y Radiodifusión se fincó en parte importante en el enfoque social, de inclusión y por lo tanto en el desarrollo de las radios sociales, comunitarias, indígenas. Por eso, ahora podrán comercializar hasta el tres por ciento de sus transmisiones y tendrán mayores facilidades para acceder a las frecuencias, entre otros beneficios.
El pleno de la CRT, integrado por Ledénika Mackensie Méndez González, María de las Mercedes Olivares Tresgallo, Adán Salazar Garibay, Tania Villa Trápala y Norma Solano Rodríguez, como presidenta, fue sensible a las demandas y propuestas de quienes asistieron a las mesas.
De ese proceso ya salió un primer resultado concreto.
La CRT presentó las “Guías de Cumplimiento” para la radio comunitaria, social, indígena y afromexicana. Se trata de documentos que, con lenguaje claro, explican qué debe hacerse para operar legalmente: trámites, tiempos, registros de equipos, avisos de suspensión o normalización del servicio, solicitudes de frecuencias auxiliares, reportes técnicos, estructura organizativa, obligaciones jurídicas.
Para muchas de estas emisoras, que han navegado durante años entre la informalidad, la buena voluntad y la precariedad, esas guías son oro molido.
La CRT informó que el siguiente reto es el diseño de los nuevos lineamientos de concesionamiento. Es decir, las reglas para otorgar concesiones de radio a proyectos sociales, comunitarios, indígenas y afromexicanos.
La promesa es que esas reglas incorporen las opiniones y propuestas de quienes ya hacen radio en las comunidades y de quienes quieren empezar a hacerla.
Si se cumple, estaríamos ante una regulación construida “desde abajo”, algo muy poco común en la historia de la radiodifusión mexicana.
Recordemos que la radio mexicana tiene problemas estructurales históricos, que fueron resultado de las relaciones corporativas entre el poder político y los principales grupos empresariales y que eso explica el por qué la radio comercial es la “preponderante” en el sector.
De acuerdo con un reporte de cobertura de servicios de radiodifusión, realizado por el extinto Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), las estaciones de uso comercial de FM alcanzan al 91% de la población, las de uso público cubren al 78%; las de uso social al 55%, y las comunitarias apenas llegan al 31% de la población. Las radios indígenas alcanzan sólo al 4%.
Si nos asomamos al total de frecuencias concesionadas, las de uso comercial representan el 60%, mientras que las de uso social comunitario, indígena y afromexicano sólo el 12%.
Los números hablan solos. La mayor parte del espectro radioeléctrico, de la infraestructura y de la influencia simbólica sigue concentrada en la radio comercial.
Por eso este momento es importante.
Si las guías de cumplimiento se convierten en herramientas reales, si las nuevas reglas de concesionamiento se construyen de forma participativa, si el acompañamiento técnico y jurídico llega a tierra y no se queda en discurso, si el famoso 3% de publicidad local y el porcentaje de entre uno y 10% de la publicidad gubernamental realmente fluye hacia estas emisoras sin trabas absurdas, entonces sí podríamos estar ante el inicio de un modelo de radiodifusión más incluyente y plural.
La radio comunitaria, indígena y afromexicana es esencial para garantizar el derecho a comunicar y a estar informados desde los territorios. Es también fundamental para preservar lenguas, memorias, identidades, el medio ambiente y para dar a conocer al país y al mundo su riqueza cultural y sus opiniones sobre todos los temas de coyuntura.
La CRT tendrá que probarse con hechos. Si logran sus objetivos, las audiencias podrían ganar algo más que nuevas frecuencias: ganarían nuevas miradas, nuevas lenguas, nuevas formas de contar el mundo. Y eso, en tiempos de concentración mediática, sería un enorme logro del que podrá ufanarse el proyecto de la llamada 4T.

Ernesto Villanueva, Defensor del Lector
El destacado académico e investigador Ernesto Villanueva fue nombrado Defensor del Lector de la Organización Editorial Mexicana (OEM), que publica los afamados “soles” en muchas entidades. Que alguien de su perfil ocupe esa figura en un gran conglomerado editorial es una gran noticia para las audiencias, para la ética y el periodismo responsable. Pese a su utilidad, prácticamente han desaparecido las defensorías de audiencias de los medios impresos (y digitales) en México. OEM va contracorriente y pone el ejemplo ¿quién sigue?
* Profesor e investigador de la UAM-Xochimilco y periodista. Defensor de audiencias. Conduce el programa Media 20.1 en TV UNAM.





