Enrique Iturralde Chaparro*
La Copa de Fútbol de la FIFA 2026 se ha caracterizado por ser un evento hipermercantilista y profundamente excluyente, como parte de un escenario global distópico que lo cobija. Varias son las estampas que, al juntarlas en el álbum del juego político, quizás ayuden a tener una perspectiva más amplia sobre el asunto.
Un mundial de capitalismo salvaje
El mundial 2026 llegó a nuestro país en el marco de un capitalismo salvaje. Mientras que en “México 70” los costos de los boletos a un partido equivalían de uno, a 2.5 salarios mínimos diarios de la época, en 1986 la paridad era de 8 veces una jornada laboral por una entrada individual suelta.
Es decir, fueron celebraciones relativamente accesibles para las clases populares. En 2026, el precio de un boleto individual para un partido del mundial en México osciló entre los 6 mil 773 y los 35 mil pesos, precios oficiales, lo que se equipara a pagar entre 21.5 a 111 salarios mínimos diarios (sin tomar en cuenta los precios de hasta 50 mil pesos que costó un boleto a la inauguración en el Estadio Ciudad de México).
Con Gianni Infantino, la Federación Internacional de Fútbol (FIFA) convirtió la justa deportiva en un evento ultra excluyente para la mayoría de los mexicanos, mientras que la asociación recibe este año una exención total de impuestos de nuestro país, derivada de los acuerdos realizados durante el gobierno de Peña Nieto para albergar a la justa deportiva.
El organismo internacional tiene además a 41 entidades y ex directivos acusados por la justicia de Estados Unidos por corrupción y fraude por más de dos décadas. Por otro lado, Infantino ha sido muy criticado por su servilismo al régimen supremacista de Donald Trump, a quien entregó el “Premio FIFA de la Paz”, en Washington.
Otra de las imposiciones de la FIFA a México durante el Mundial fue el cobro de multas de hasta 23 mil pesos a restaurantes, cafeterías o bares que transmitieran los partidos sin una licencia especial o prohibir la venta de piratería en un rango menor a 3 kilómetros de los estadios donde se disputaron los juegos.
Escenario distópico
El recrudecimiento del autoritarismo global de Esta dos Unidos, otra de las tres sedes mundialistas junto con Canadá, en el segundo gobierno de Trump, ha ensombrecido el panorama mundial. La Copa FIFA no es la excepción. La deportación de un árbitro somalí por “motivos de seguridad nacional”, los exhaustivos controles migratorios sobre selecciones como Senegal y Uzbekistán o negarle la visa a parte del cuerpo técnico de Irán y prohibir que sus jugadores pernoctaran en el país del norte, son parte del trato que el gobierno estadounidense ha dado a sus “invitados a la fiesta deportiva”.
En cambio, durante el partido Estados Unidos contra Paraguay, en Los Ángeles Stadium, se realizó una pasarela donde muchas de las celebridades de Hollywood estuvieron en tribunas, como parte de esa aristocracia mediática construida por los aparatos ideológicos de occidente y en contraste con las mayorías precarizadas que no tuvieron acceso a comprar un boleto en nuestro país.
El México profundo y la indiferencia de la 4T
La inauguración de la Copa FIFA, con el partido México Sudáfrica, en el Estadio Ciudad de México, el jueves 11 de junio, se dio dentro de la trama de las protestas de distintos colectivos sociales cuyas demandas no han sido atendidas integralmente por el segundo gobierno de la Cuarta Transformación (4T), en el contexto de 133 mil desaparecidos en el país desde el 2006, además de obras apresuradas e inconclusas para arreglar la capital.
La Jefa de Gobierno, Clara Brugada, sacó a las fuerzas del orden público para poner cercos que impidieran las manifestaciones de los normalistas de Ayotzinapa, las madres buscadoras y profesores de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación en zonas cercanas al estadio. Claudia Sheinbaum, por su parte, no estuvo presente en la ceremonia inaugural.
Las maquinaciones del conservadurismo radical
En el caso del segundo mandato de la 4T, un régimen orientado a cuestiones como la autonomía energética, ha sufrido los embates constantes del trumpismo. Cuestión que se intensificó después de que trascendiera la operación de la CIA y otras agencias estadounidenses en el estado de Chihuahua, bajo la complicidad de una oposición mexicana cada vez más radicalizada a la derecha, entreguista y representada por figuras como la gobernadora Maru Campos o el empresario ultra derechista, Ricardo Salinas Pliego.
Antes de la inauguración del Mundial se desplegó una campaña en redes y medios financiados por Salinas Pliego, como La Derecha Diario, para tratar de boicotear la ceremonia y llamar a la violencia pública, aprovechando el descontento de grupos como la CNTE. Se repartieron pañuelos blancos afuera del estadio para protestar contra la “narcodictadura” de Sheinbaum.
Este nuevo intento desestabilizador del conservadurismo radical terminó solo en abucheos de la gente contra Salinas, quien se presentó al juego. Mientras tanto, varias figuras de la oposición entreguista, como Xóchitl Gálvez, Alessandra Rojo de la Vega o Alejandro Moreno, se exhibieron impúdicamente en lugares preferenciales dentro del estadio.
Cierre y colofón
La Copa Mundial FIFA 2026 derivó en un evento hipermercantilizado, dirigido solo a las élites del poder político y económico. La inauguración ocurrió dentro del entramado de las diferentes tensiones políticas dentro y fuera de México: un gobierno federal progresista que no abraza a varias de las luchas sociales que lo apoyaron en campaña; el intervencionismo extranjero y el oportunismo golpista de una ultra derecha aliada con las viejas estructuras del poder nacional, que se exhibieron obscenamente en los juegos como parte de nuestra aristocracia cipaya y decadente.
*Catedrático y analista





