Alicia Alarcón Nava*
Cuando tocó el turno a Olga Tokarczuk, escritora polaca, Nobel de Literatura 2018, en el foro Impact´26 de Poznán, hizo una confesión que cimbró al auditorio: ha utilizado la Inteligencia Artificial para escribir.
En ese momento se hizo un silencio sepulcral. Los líderes e intelectuales, entre ellos Daron Acemoglu, Premio Nobel de Economía y Timothy Snyder, historiador, que habían acudido al Foro el pasado mayo, para debatir sobre la actualidad internacional y el mundo digital, se acomodaron sus corbatas, se encontraron sus miradas y sosteniendo el aire, siguieron escuchando a la autora de Los errantes (2007).
Antes, la premio Nobel había comenzado su intervención señalando que cada vez el número de lectores se ha reducido drásticamente. Hoy leer un libro extenso, supone un verdadero reto para concluir su lectura, a la vez que muchos jóvenes descubren el final de la historia gracias a los resúmenes, dijo, al poner de ejemplo su obra Los libros de Jacob (2014), que tiene más de mil páginas.
En su ponencia hizo hincapié en la precariedad de los escritores, comparando su salario con el de un minero. La conversación fluía sobre la literatura en general y la narración de su futura novela (Territorios recuperados), la cual será la última porque después sólo escribirá relatos cortos. De frente al auditorio y con una mirada pro funda, Tokarczuk confesó que en ocasiones le pregunta a su modelo de lenguaje versión LMM, “Cariño ¿cómo podrías desarrollar esto de forma elegante?”.
Al día siguiente, los periodistas que cubrieron la intervención de la Nobel de literatura se centraron principalmente en la IA. El periódico Rzeczpospolita, fundado en 1920, de línea conservadora tituló: “Tokar czuk coqueteó con la IA mientras escribía su nueva novela”. La polémica empezó a crecer.
La red social X hizo eco de lo mismo, a través de voces como Jonathan Birch y Grzegorz Janoszka, quienes señalaron que “esta es una opinión muy desafortunada de Olga Tokarczuk. Escritores, tengan cuidado si su trabajo está lleno de tic´s y de IA.” Asimismo, el escritor polaco Remigiusz Mróz, aventó su declaración en Instagram, la cual se viralizó.
Una semana después, la es critora compartió un comunicado a través de la web Literaty Hub abordando la controversia. Dijo: “como cualquier otra conversación, los comentarios realizados en directo durante un evento público pueden malinterpretarse. Declaro breve y firmemente que utilizo la inteligencia artificial siguiendo los mismos principios que la mayoría de la gente: la considero una herramienta que permite documentar y verificar los hechos con mayor rapidez. Siempre que la uso verifico la información, tal como lo he hecho durante décadas leyendo libros y consultado bibliotecas y archivos.
Asimismo, ninguno de mis textos, incluida la novela que se publicará en polaco este año, ha sido escrita con la ayuda de la IA. A veces me inspiran los sueños, pero antes de que esta frase sea acorralada y hecha pedazos por los expertos, me apresuro a informar que son mis propios sueños”.
¿Por qué generó ruido Olga Tokarczuk al pedir ayuda a la IA para desarrollar ideas?
En literatura, la expresión del libro de Roland Barthes, La muerte del autor, dio forma por primera vez a este concepto; hace referencia a la idea de que el texto escrito no pertenece a su autor, sino que es patrimonio de la cultura universal y, sobre todo, del lector.
Obviamente, el texto en sí tiene un autor que le da forma. Sin embargo, lo que propone es que todo texto recoge una serie de conceptos que ya aparecieron en su momento en otros textos. Se trata de ideas entrecruzadas que se retroalimentan y que, por tanto, pertenecen al patrimonio histórico, y no a una persona con creta e individual.
De esta forma, se puede decir que el uso de la IA hace visible (y acelera) ese mismo fenómeno: la escritura como recombinación de discursos ya existentes. También la IA podría actuar como una “máquina” de intertextualidad ¿Por qué? Porque ningún texto nace de la nada: todo texto es un tejido de citas, ecos, géneros, tópicos y formas ya disponibles en la cultura.
Un escritor que usa la IA puede presentarse como alguien que trabaja explícitamente con ese tejido: la IA opera recombinando patrones lingüísticos aprendidos de muchos textos, lo que encaja con la idea de que la obra es siempre heredera de un archivo cultural.
Por otra parte, el escritor catalán Jorge Carrión, ha integrado profundamente la IA en su obra. Autor de Campos electromagnéticos, coescrito con GPT-2 y GPT-3; y Membranas, escrito por él, pero la narradora es una IA del año 2100, que ha creado en secreto el museo del siglo XXI. Historia que en su momento fue ficción especulativa y distópica, pero se ha convertido en hechos reales.
Carrión dijo en una entrevista que siempre que ha habido una in novación tecnológica, ha habido un tipo de crisis que ha sido estimulante para unos, y paralizantes para otros; “las tecnologías siempre tienen que ver con industrias. Cuando nació la agencia de noticias con periodistas como Charles Dickens, fue una suerte de shock que hubiera una producción industrial de noticias.
Pero eso no significó que el periodismo no siguiera adelante. Lo mismo puede decirse con la fotografía, con la televisión y ahora con las redes sociales, las cuales consiguieron que muchos autores encontraran nuevas audiencias. Por otro lado, supuso la irrupción de una suerte de producción, una gran cantidad de contenidos, que fue bueno, y malo a la vez”.
Ahora ocurre lo mismo con la IA, que tiene ventajas increíbles y es herramienta portentosa. Explica que “nuestro deber como creadores y periodistas es intentar ir hacia la utopía y no hacia la distopia porque, aunque la utopía sea imposible, ese impulso sí que hace que el mundo sea mejor, en ese ámbito, al menos, de la creatividad y de la producción de discurso”.
En conclusión, si observamos la parte negativa de la IA, podemos afirmar que hay una crisis de confianza: desinformación, deepfakes, sesgos y saturación de contenido. Sin embargo, como bien afirma Olga Tokarczuk y Jorge Carrión, hay que utilizar la IA como una herramienta que permite documentar y verificar los hechos con mayor rapidez.
Por otra parte, Roland Barthes, de acuerdo a su teoría, el texto puede gozar de múltiples interpretaciones, tantas como lectores tenga. El significado de un texto no descansa sólo sobre los hombros de su autor.
Sin embargo, desde la parte filosófica, tenemos que Byung Chul Ha, afirma que vivimos una era post-humana, un mundo sin alma donde la IA desaparece la posibilidad de pensar. ¿Acaso el uso de la IA pone en duda el talento del pensador creativo? Usted, qué opina.
*Escritora y periodista





