Venezuela y la fábrica de la desinformación
Internacionales, Medios Públicos

Venezuela y la fábrica de la desinformación

Gabriel Sosa Plata*

El pasado 4 de enero, una publicación viral en X aseguró que el regulador de las telecomunicaciones en Venezuela, la CONATEL, había ordenado la suspensión “temporal” de las señales abiertas de GlobovisiónTeleven y Venevisión en la región capital, por lo que exhortaba a la población a informarse únicamente por “canales oficiales”.

Horas después, el propio CONATEL desmintió públicamente la versión: la calificó como “absolutamente falsa”, negó haber emitido orden alguna y confirmó que los canales seguían transmitiendo con normalidad. El desmentido fue retomado ese mismo día por medios venezolanos y por los propios canales aludidos (véase: https://www.eluniversal.com/venezuela/223505/conatel-desmiente-suspension-de-senal-abierta-de-canales-privados-en-caracas).

Este episodio es un ejemplo de cómo se han presentado innumerables casos de desinformación tras la captura del presidente Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, con el objetivo de detonar más enojo, confusión, sospecha y, claro, miles de interacciones.

El 3 de enero, WIRED documentó contenidos engañosos en XTikTok e Instagram, como imágenes generadas con inteligencia artificial, videos antiguos de otros conflictos presentados como actuales y clips sin contexto amplificados por cuentas con alta visibilidad. El medio subrayó que las plataformas han reaccionado tarde y de manera insuficiente (aquí el reporte de Wired: https://www.wired.com/story/disinformation-floods-social-media-after-nicolas-maduros-capture).

A su vez, los verificadores comenzaron a desmontar decenas de piezas falsas.

VerificaRTVE desmintió ese mismo día supuestas imágenes del arresto de Maduro con claros indicios de manipulación digital, así como videos de explosiones que no correspondían a Venezuela (RTVE: https://www.rtve.es/noticias/20260103/bulos-desinformacion-ataque-eeuu-venezuela/16881567.shtml).

El 4 de eneroNewtral documentó otros casos paradigmáticos: un video atribuido a Diosdado Cabello, ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, supuestamente “huyendo”, así como grabaciones presentadas como celebraciones en Caracas que habían sido filmadas en realidad en Santiago de Chile (aquí la nota: https://www.newtral.es/bulos-captura-maduro-ataques-venezuela/20260104/). El Sabueso, de Animal Político, también precisó que dicho funcionario y Vladimir Padrino, ministro del Poder Popular para la Defensa de Venezuela, no fallecieron durante los ataques estadounidenses (aquí el desmentido: https://animalpolitico.com/verificacion-de-hechos/desinformacion/falso-diosdado-vladimir-fallecen).

Maldita.es sumó más ejemplos de imágenes falsas y material reciclado difundido como “prueba” de hechos no verificados (https://maldita.es/malditobulo/).

Como ya es costumbre, la desinformación fue ganando espacio público, desplazó información comprobable y ha empujado narrativas emocionales, de confrontación, justo cuando más claridad e información de calidad se necesita.

A este fenómeno se suma otro factor: carecemos de evidencia visual clara, verificable y contextualizada sobre los hechos centrales que alimentaron la narrativa pública, en particular sobre los ataques que se vivieron en Caracas.

Ese vacío informativo potencia la desinformación y deja el terreno libre para rumores, contenidos sintéticos y material fuera de contexto.

El problema se agrava cuando estos contenidos saltan de cuentas anónimas a perfiles con prestigio periodístico o académico. En ese tránsito, el bulo adquiere estatus de “probable” y se impone la irresponsabilidad. Revertir esto ante los intereses políticos y económicos que están en juego es una tarea titánica y más aún cuando los dueños de las poderosas tecnológicas están alineadas a la política expansionista de Trump.

Control del relato, control del poder

Otra vertiente a considerar en el ámbito periodístico es qué ocurrirá con los medios de comunicación venezolanos afines al gobierno de Maduro en los próximos días, semanas y meses.

Trump afirmó que Estados Unidos “dirigirá” Venezuela durante cierto tiempo, lo que implica algo más que decisiones políticas o militares. Implica conducir el marco interpretativo, ordenar la narrativa.

En ese escenario, los medios tanto públicos como comerciales, presumiblemente enfrentarán presiones para alinearse, ya sea por supervivencia económica, incentivos regulatorios o control de fuentes.

Trump y su gobierno saben que el control mediático y, en lo posible, de las fuentes visibles en redes puede reducir el costo político del dominio material; saben también que el colonialismo contemporáneo no se despliega sólo con tropas o sanciones, sino con arquitectura informativa, con aparatos ideológicos al servicio del poder

¿Y TeleSUR?

En este tablero, el futuro de TeleSUR es una incógnita. Fundada en 2005 como un proyecto multiestatal impulsado por Hugo Chávez, TeleSUR ha sido financiada principalmente por el Estado venezolano, con aportaciones variables (económicas, técnicas o institucionales) de países aliados como Cuba, Nicaragua y Bolivia. Otros países, como Argentina, se retiraron formalmente del proyecto en 2016 por desacuerdos editoriales y financieros.

Aunque se presenta como una red internacional, Venezuela ha sido su principal sostén financiero y político, lo que ha marcado su línea editorial.

Hoy, su cobertura, centrada en la denuncia de una violación a la soberanía y en el rechazo a la intervención estadounidense, es coherente con ese ADN y ha sido, pese a las críticas, una opción indispensable de información para las audiencias de Venezuela y de todo el mundo.

Sin embargo, si el objetivo de Washington es no sólo incidir en la transición política, sino reordenar el ecosistema comunicacional y asegurar el control de recursos estratégicos como la energía, TeleSUR enfrenta un escenario incierto. Y esto es preocupante porque se trata de un proyecto comunicacional fundamental.

Así, en Venezuela, la disputa por el poder corre en paralelo a una disputa por el relato, en la disputa por las pantallas. Y en esa guerra, la labor informativa de medios responsables, creadores de contenidos éticos y audiencias, en ese país y el mundo, es cada vez más importante para evitar que la deliberación pública sea completamente secuestrada por los intereses afines a quienes hoy celebran con bombo y platillo la nueva era del imperialismo, la invasión de países y el secuestro de sus recursos naturales.

*Profesor e investigador de la UAM-Xochimilco y periodista. Defensor de audiencias. Conduce el programa Media 20.1 en TV UNAM.

5 de enero de 2026

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