La administración de Donald Trump marcó un hito en la política exterior hacia América Latina, no por su eficacia, sino por la rehabilitación de una rancia retórica de Guerra Fría, aplicada a un contexto de crisis humanitaria por demás compleja en Venezuela. La estrategia de “máxima presión” que utilizó su gobierno contra el régimen de Nicolás Maduro, se vendió públicamente con el lema de la restauración democrática en aquel país sudamericano, pero, en la práctica, se transfiguró para terminar siendo un asfixiante ejercicio de poder, que priorizó el espectáculo político sobre los resultados tangibles.
De inicio, al imponer sanciones económicas masivas, particularmente sobre la industria petrolera venezolana, el gobierno de Trump no solo golpeó a la élite gobernante en Caracas; también asestó un golpe demoledor a una economía ya maltrecha, cuyas consecuencias terminaron recayendo sobre los hombros de la población civil más vulnerable. En su momento esa historia, que trató de ser de suspenso, basada en el argumento: “Todas las opciones están sobre la mesa”, fue un arma de doble filo: por un lado, alimentó falsas expectativas en sectores desesperados de la sociedad venezolana y, por otro, consolidó la narrativa de la “plaza sitiada” que el gobierno de los herederos de Chávez aún utiliza para cohesionar a sus fuerzas internas y justificar la represión bajo el pretexto de la seguridad nacional.
El regreso de la vieja retórica de la Guerra Fría, sumada a una aplicación agresiva de la Doctrina Monroe, con el lema “América Primero”, fue el escenario con el cual el gobierno estadounidense ejecutó el derrocamiento de Nicolás Maduro, aunque para tristeza de quienes esperaban ver ya a María Corina Machado en el poder, lo que ocurrió finalmente fue que siguió en el mando venezolano, toda la cúpula chavista que acompañaba a Maduro antes de su caída y que continúa ejerciendo el poder con el manto del mismo discurso antiimperialista de siempre.
Aunque en los hechos le ha dado importantes concesiones al inestable e incongruente presidente Trump, quien para no variar y haciendo gala de una total incoherencia en su presunta cruzada moralista por la democracia y la lucha contra las drogas, continúa dando protección a sus aliados estratégicos, como el expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, acusado de los mismos cargos que Nicolás Maduro, pero él sí perdonado por el inefable Trump, evidenciando con ello que el uso de la justicia transnacional fue, en toda regla, una herramienta de poder político y no un fin ético en sí mismo.
No puedo ni quiero defender a un régimen como el que tiene Venezuela. Desde mi perspectiva es innegable que, con el mandato de Nicolás Maduro, ese país experimentó un desmantelamiento de sus instituciones democráticas, hiperinflación, persecución política a los opositores, ataques constantes a la libertad de expresión y una crisis humanitaria y migratoria sin precedentes. No obstante, la respuesta de la administración Trump cruzó todos los límites de la diplomacia tradicional, rompió las reglas del Derecho Internacional y vulneró la Carta de las Naciones Unidas, para entrar en el terreno de una injustificable intervención directa.
Pero veamos la demagogia de las proclamas trompistas: Desde el año 2020, el Departamento de Justicia de Estados Unidos formuló acusaciones contra Nicolás Maduro por “narcoterrorismo”, con una recompensa ofrecida por su aprehensión. Esa acción, vista entonces como una medida para deslegitimar a su gobierno y ejercer presión, terminó en el uso extraterritorial de las leyes estadunidenses y en la vulneración de la soberanía nacional de un país independiente de Estados Unidos.
En contraste, en ese mismo período, la situación en Honduras bajo la presidencia de Juan Orlando Hernández también fue objeto de atención. A pesar de las acusaciones de fiscales estadunidenses sobre sus vínculos con el narcotráfico, sin que importaran el juicio y la condena que cayó sobre él, la relación entre la administración Trump y Hernández se mantuvo indisoluble.
Previa extradición, encarcelamiento y enjuiciamiento, Hernández fue hallado culpable y condenado a 45 años de prisión por una Corte Federal en Nueva York, acusado de aceptar sobornos millonarios para permitir la operación de bandas de narcotraficantes en Honduras, mismas que traficaban drogas a Estados Unidos.
Pero el pasado 28 de noviembre de 2025, el mismo sujeto que señala a Nicolás Maduro como narcotraficante, el mismo señor que dice que va a intervenir en México para exterminar a los carteles, porque asevera que no permitirá que Estados Unidos reciba más drogas, el mismo personaje que acusa al gobierno de Colombia de facilitar la operación de bandas de delincuentes que también contribuyen a que las personas adictas en Estados Unidos consuman drogas, indultó a Juan Orlando Hernández, quien salió libre de prisión tres días después.
Esa doble postura frente a un mismo hecho me hizo recordar la anécdota que suele atribuirse al presidente estadunidense Franklin D. Rooselvet, quien, en referencia al entonces dictador nicaragüense, Anastacio Somoza García, dijo: “Sí, es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta.”
La cita describe a la perfección la política exterior estadunidense de antaño, que es la misma de hoy, porque el gobierno norteamericano no tiene empacho en apoyar a cualquier dictador, a cualquier genocida y a cualquier delincuente, siempre y cuando proteja sus intereses. El suceso también explica la diferencia en los enfoques hacia Venezuela y Honduras.
Los casos de ambos países con la administración Trump han generado discusiones sobre la aplicación de la justicia transnacional. Las acciones contra Maduro fueron presentadas como parte de la lucha contra el crimen organizado y para promover la democracia, mientras que la postura final hacia Hernández, a pesar de las acusaciones probadas y la condena de la que fue objeto, han llevado a reflexionar sobre cómo la justicia se aplica de manera desigual y está cínicamente influenciada por consideraciones de lo que eufemísticamente se llama Realpolitik.
Las políticas aplicadas por el gobierno de Trump hacia los dos países tuvieron consecuencias significativas en la dinámica regional. La presión sobre Venezuela contribuyó a su aislamiento internacional y exacerbó la crisis interna, con impactos en la migración regional.
En Honduras, las acusaciones de corrupción y narcotráfico contra el expresidente Juan Orlando Hernández, que habría cometido durante su mandato, terminaron en su indulto, hecho que además terminó influyendo en los resultados de las pasadas elecciones presidenciales en ese país. Pero a Trump y a quienes lo aplauden y todavía tienen la inocencia de esperar algo bueno de él, no les importa que existan dos varas para una misma medida.
El análisis de la política de la administración Trump hacia Venezuela y Honduras presenta un cuadro complejo, donde interactúan consideraciones de soberanía, intereses económicos, la aplicación de la justicia, el doble discurso, la falsedad, la corrupción y la posibilidad de tomar o no en serio el Derecho Internacional. Las distintas aproximaciones a Maduro y a Hernández muestran cómo las prioridades políticas pueden moldear las decisiones en materia de relaciones exteriores y las formas bajo las cuales se abordan de dos maneras incompatibles, cuestiones como la democracia, la corrupción y el crimen organizado en el escenario internacional.
Para mí no hay otra forma de entender la inconsistencia política de la intervención de Trump en Venezuela, sin dejamos de mirar hacia Honduras. Mientras Washington señalaba a Venezuela como un “narcoestado” para justificar el desconocimiento de su gobierno, la Casa Blanca mantiene una relación de complicidad y respaldo con Juan Orlando Hernández. La contradicción es flagrante.
Mientras el Departamento de Justicia de Estados Unidos acusó y extraditó al expresidente hondureño por participar en una “conspiración de narcotráfico” que “…movió toneladas de cocaína durante años…”, el gobierno de Trump lo elogió como un “socio confiable” en la lucha contra las drogas y la migración.
Esta doble vara de medir despoja de toda autoridad moral a la política exterior estadunidense. Si el objetivo fuera realmente la justicia y la lucha contra el crimen organizado, el trato hacia el expresidente de Honduras habría sido tan severo como el aplicado al de Venezuela.
La diferencia radica en que Juan Orlando Hernández es un aliado ideológico y geopolítico. Esta hipocresía revela que el interés de Trump no era, no es y nunca será la democracia, sino el control regional, el acceso al petróleo venezolano, la satisfacción de un electorado específico en Florida y el aplauso de la derecha latinoamericana, que por lo demás le es muy fácil de obtener.
Por otra parte, no quiero dejar de lado la mención sobre otro de los fenómenos más alarmantes de estos eventos, que fue la mutación de una parte de la oposición venezolana y sus simpatizantes, quienes pasaron de la resistencia civil activa al ruego por una intervención militar extranjera, en una petición que paradójicamente incluyó a la flamante premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, quien terminó haciendo el ridículo al ir entregarle a Trump su premio y recibir como intercambio una bolsa de mano de la marca que fabrica el propio presidente. Esta postura, no solo representa una claudicación de la política como herramienta de cambio, sino que demuestra una desconexión peligrosa con la realidad bélica moderna.
Pedir una intervención militar estadunidense es, en esencia, pedir que el territorio de su país abra la puerta para convertirse en un campo de batalla de potencias globales. Quienes aplaudieron desde la comodidad del activismo de sillón en los teléfonos celulares y las cuentas de Facebook y “X”, o desde burbujas de privilegio, la posibilidad de una invasión, omitieron deliberadamente valorar el costo en vidas humanas inocentes.
Una intervención no es un proceso quirúrgico ni estético; implica bombardeos, destrucción de infraestructura, desplazamientos masivos y una inestabilidad que puede durar décadas, como bien lo demuestran las experiencias en Irak, Libia o Afganistán. La ligereza con la que se invocó el uso de la fuerza es un síntoma de una dirigencia que, frustrada por su propia incapacidad de movilización, decidió hipotecar la soberanía y la vida de sus conciudadanos a cambio de una salida rápida.
La retórica intervencionista ignora deliberadamente el concepto de “daño lateral”. En la Venezuela sumida en varias crisis de servicios públicos, desempleo y carestía, una nueva intervención militar destruiría lo que queda de las vías de comunicación, pondría más trabas en el suministro de agua, de electricidad y en el sistema de salud. La población civil, que ya sufre de desnutrición y falta de medicinas, sería la primera en padecer bajo el fuego cruzado o por las hambrunas derivadas del bloqueo de suministros que conlleva una guerra.
Además, el vacío de poder generado por una intervención militar en un país con la geografía y la proliferación de grupos armados no estatales, como ocurre en Venezuela, podría derivar en una guerra civil prolongada o en una “balcanización” del territorio. No hay garantía alguna de que las fuerzas interventoras de Estados Unidos puedan instaurar el orden; no pudieron antes en Vietnam, Afganistán, Libia e Irak, así que lo más probable es que se genere una anarquía donde las facciones criminales y paramilitares prosperen a expensas de la gente común.
El olvido histórico; las sombras de Maximiliano
La memoria histórica es, a menudo, la primera víctima de la desesperación política. Los sectores que claman por una intervención extranjera en Venezuela parecen ignorar las lecciones del siglo XIX latinoamericano, específicamente el desastroso experimento del Segundo Imperio Mexicano con Maximiliano de Habsburgo.
Aquella intervención, impulsada por potencias europeas, y solicitada por sectores conservadores locales que se sentían incapaces de derrotar el proyecto liberal, terminó en tragedia. El gobierno de Maximiliano nunca logró legitimidad real, dependió enteramente de las bayonetas francesas y, en cuanto los intereses geopolíticos de Napoleón III cambiaron, el emperador fue abandonado a su suerte, sumió al país en una guerra civil más y terminó fusilado.
La lección es clara: un poder impuesto desde fuera por una potencia extranjera nunca podrá sostenerse sin la coacción permanente. La historia demuestra que las intervenciones extranjeras no traen democracias estables, sino protectorados frágiles que colapsan en cuanto el interventor se retira, dejando tras de sí un tejido social destruido y un resentimiento nacionalista que suele fortalecer a los sectores más radicales.
Recordando ese episodio sangriento de nuestra historia se hace necesario criticar también a la base de seguidores del conservadurismo mexicano quienes, alimentados por algoritmos de redes sociales y propaganda, construyeron un culto a la personalidad alrededor de la figura de Trump, viéndolo como un “salvador” casi mesiánico. Este pensamiento mágico sustituyó el análisis político serio por consignas de “intervención humanitaria”, una contradicción en los términos que busca legitimar la violencia armada bajo un disfraz de altruismo.
Esta masa de conservadores ha ignorado sistemáticamente las advertencias de analistas y organismos internacionales sobre las consecuencias de la guerra.
Pero eso no les importa, porque han tratado de instalar una narrativa donde cualquier crítica a la estrategia de Trump es tildada de complicidad con el régimen de Maduro, anulando el espacio para el debate constructivo y para la búsqueda de soluciones negociadas que realmente pongan el bienestar de los venezolanos en el centro.
Conclusión: Hacia una política soberana
La intervención del gobierno de Trump en Venezuela, contrastada con la indolencia frente al narcogobierno de Honduras, deja una lección de cinismo político. La solución a la crisis venezolana no vendrá de la mano de generales extranjeros ni de políticas de asfixia que castigan a los inocentes.
La historia de Maximiliano en su aventura por México nos recuerda que la soberanía no es un capricho nacionalista, sino la base de la estabilidad política. Quienes piden una invasión desconocen que la democracia es un proceso de construcción interna que requiere paciencia, organización y, sobre todo, la preservación de la vida. La tragedia venezolana no se resolverá con más violencia externa que exacerbe la interna, sino con una diplomacia seria que reconozca la complejidad del terreno y que no utilice el sufrimiento de un pueblo venezolano como moneda de cambio para alimentar campañas electorales en nuestro vecino del norte.
La verdadera oposición debe ser aquella que ame a su país lo suficiente como para no desear verlo arder bajo el fuego de potencias ajenas. Y eso aplica para los desorientados que en nuestra patria claman por una intervención militar de los Estados Unidos. Los aplaudidores de la caída de Maduro en México, que festejaron hasta la saciedad la aprehensión y sometimiento a juicio de ese personaje acusado de narcotraficante y que ruegan porque aquí suceda lo mismo, quién sabe con base en qué, no dijeron una sola palabra frente a lo ocurrido con Juan Orlando Hernández.
Entiendo que la derecha mexicana carece en lo absoluto de coherencia en su discurso y en eso se parecen totalmente a Trump, pero al menos podrían intentar tener un poquito de disimulo. Reconozco sin embargo que eso se ve difícil, si no es que imposible.
*Abogado y analista
Mario A. Medina
Tras la acción para secuestrar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, y llevarlos a Estados Unidos para enjuiciarlos por presuntos cargos de narcoterrorismo, la derecha de ese país, la latinoamericana y, desde luego, la mexicana, celebró la acción del gobierno de Donald Trump.
No se dejaron esperar un sinnúmero de mensajes por la red social X donde aplaudían la acción injerencista. Mandatarios de gobiernos derechistas en América Latina como Javier Milei en Argentina; Daniel Bukele en El Salvador; Daniel Novoa en Ecuador, aplaudieron el secuestro.
Igual, otros tantos dirigentes de la derecha latinoamericana hicieron lo propio, lo mismo que opinadores. No cabían del entusiasmo. “¡Por fin! el gobierno del dictador” había caído, gritaban a los cuatro vientos; mientras que otros, en sus “análisis” buscaban darle la razón a Trump del porqué del secuestro de Maduro y enjuiciarlo en Nueva York: “Por una Venezuela democrática”, argüían.
“Saludamos la caída de una dictadura narco terrorista y comunista (…); la captura de Nicolás Maduro debe servir de lección para México y los países de la región”, escribió en su cuenta de X el dirigente del PRI, Alejandro Moreno, mientras que el panista Jorge Romero justificaba la operación: “…es consecuencia de una narcotiranía que abandonó la democracia para convertirse en una red criminal vinculada al narcotráfico …”.
Mientras que la senadora Lilli Téllez, además de celebrar la detención, advertía: “es un golpe para sus cómplices en México y una esperanza para nuestro país”.
Margarita Zavala, igual, justificó la intervención estadunidense: “utilizó (Trump) todos los medios legales y pacíficos para quitar al dictador” y, por el contrario, acusó: “Maduro fue quien violentó primero el derecho internacional”.
Al revisar la red social X, encontré decenas de expresiones de júbilo que respaldaban lo dicho por los políticos y articulistas que repetían a Trump. “Maduro es un narco terrorista”; “comanda el Cártel de Los Soles”.
Horas después del secuestro del presidente Maduro y su esposa, Trump le dio una patada en el trasero a María Corina Machado, dirigente opositora en Venezuela. La declaró incapaz: “creo que sería muy difícil para ella ser la líder”, no tiene el apoyo ni el respeto dentro del país”, le sorrajó Trump en la cara.
A pesar del desprecio, Corina se arrastró aún más. Anunció que quería “compartir su premio Nobel con Donald Trump por las ´valientes acciones´ del presidente de EU que condujeron a la captura de Nicolás Maduro”.
La oposición festinó que EU habría de gobernar el país sudamericano, pero no. Delcy Rodríguez juramentó -dos días después del secuestro- como presidenta encargada, y la Asamblea Nacional (Congreso) comenzó una nueva legislatura que debe de durar hasta 2031. El aparato político-administrativo chavista quedó intacto.
Más aun, el propio Trump ha considerado que no habrá elecciones en el corto plazo. Del festejo al desconcierto ha pasado la derecha venezolana, la internacional y la mexicana que volvieron a recibir otro revés.
Ahora bien, habrá que recordar que durante este primer año de gobierno de la presidenta, Claudia Sheinbaum y aún antes, en el del presidente Andrés Manuel López Obrador, los grupos conservadores se esforzaron en repetir dos palabras: narco presidente o narco presidenta y narco gobierno para reforzar la versión mentirosa, tramposa y electorera de Trump que a México lo controla el narcotráfico.
Y es que, después de que el Departamento de Justicia de Estados Unidos retiró la afirmación en la acusación contra Maduro que el “Cártel de Los Soles de Venezuela es un grupo real”, o sea, que es un invento, como publicó el martes pasado The New York Times, Trump los dejó en ridículo.
La derecha política y mediática mexicana simplemente no ha podido mostrar una prueba fehaciente de una relación entre políticos de la 4T, el Cártel de Sinaloa y el de Los Soles como imputan. Cuando se acusa a Maduro de brindar protección diplomática a narco vuelos que salían de México, aquello ocurrió entre 2006 y 2008 en el gobierno de Felipe Calderón y no en el de López Obrador como se quiere hacer creer y que el de México es un “narco gobierno”.
Así como Trump consideró a la opositora María Corina Machado como incapaz, de no tener apoyo ni respeto en su país, la derecha mexicana ha confirmado también su incapacidad para liderear a las y los mexicanos.
Su cuento de que “México va a ser como Venezuela” está más que desgastado, y es objeto de burla, de guaza.
Les ha faltado imaginación, argumentos y un proyecto de gobierno que construya empatía con la sociedad; que se muestren realmente como agentes de cambio; un cambio que no tenga que ver con el pasado corrupto y neoliberal, y no sólo repita mentiras por miles para ganarse a población.
Triste es el papel que están jugando aquí los “Huertas” modernos como el de Corina, de traidores, que ven como su última y única oportunidad -porque se saben perdedores electoralmente-, que el Tío Sam se meta a nuestro país en una expedición punitiva e imponga la banda presidencial a uno o a una de ellas y vuelvan a Palacio Nacional al poder.
Han de estar buscando una cita con algún personero de Trump para ofrecerle regresar a los tiempos de Calderón, de Peña Nieto, y revivir sus leyes privatizadoras, borrar las reformas de la 4T y ponerse, desde luego, “a sus órdenes jefe”.
Pero no deben olvidar, como ya lo sabe Corina, “Roma no paga traidores”; como ya, también lo supo la señora, su deslealtad a Venezuela, no será recompensada con Miraflores.
Que no le cuenten…
Frente a la incapacidad de la oposición prianista, para este lunes 13, el salinismo anuncia: “La Aurora de México”, “información para decidir en libertad”. Un medio de comunicación que tendrá como objetivo, más que claro, reposicionarse, ocupar el espacio que perdieron, tras la derrota que les propinó el proyecto de la 4T en 2018. Con sus textos “sesudos” pretenden tirar línea, hacerle la guerra al gobierno, desde luego, recuperar el poder.
Entre muchos colaboradores que se anuncia participarán de están, el peón de toda la vida, el que le hace el trabajo sucio en los medios a Carlos Salinas y sobrino de Augusto Pinochet, Pablo Hiriart, José Carreño Carlón, Otto Granados, Julián Andrade; Aurelio Nuño, Francisco Graue, Alberto Baz Baz, Lía limón, Roberto Gil Zuarth, Claudia Ruiz Massieu. Todos salinistas. “Pura fina persona”.
La mandataria Claudia Sheinbaum volvió a cuestionar la intervención militar estadunidense en Venezuela y reiteró su defensa de la soberanía en cualquier nación.
En alusión al secuestro del mandatario venezolano Nicolás Maduro, Sheinbaum dijo que “es un asunto de soberanía del pueblo de Venezuela, como es de México. No puede aprobarse eso. Más allá de esta opinión de esta persona, es un asunto de todos los mexicanos”.
Y, detalló: “para aquellos que no están de acuerdocon el régimen de Maduro y el chavismo. Eso es una cosa y otra cosa es que una potencia, un país utilice la fuerza para llevarse a un presidente”.
En su conferencia matutina, Sheinbaum reivindicó la política exterior mexicana de no intervención; solución pacífica de las controversias e igualdad jurídica de los Estados, “sin importar el tamaño de los países y de sus economías”, consideró.
Ante el riesgo de una eventual intervención estadunidense en México, reiteró que “no estamos de acuerdo con el intervencionismo sino con la cooperación. Es un asunto de soberanía, de la defensa de la soberanía nacional, pero no serviría de nada (una intervención) para erradicar la violencia, y disminuir esta violencia. Nuestra estrategia se basa en dos ejes: que el crimen no es una opción de vida, sino de muerte. El Estado debe dar opciones. Esperanza y visión de futuro, y cero impunidad”.
Con relación al proceso legal en contra de Maduro en Estados Unidos, Sheinbaum dijo que con independencia de que las imputaciones que se le hacen al mandatario tengan sustento, lo que se requiere es que haya un juicio justo y haya celeridad en el proceso.
Durante la conferencia, reporteros insistieron en preguntar acerca de una eventual intervención estadunidense en nuestro país, tema que Sheinbaum consideró como muy lejana. Dijo que México tiene una buena relación y existe un diálogo fluido entre la Secretaría de Relaciones Exteriores (“que por cierto ya regresó Juan Ramón de la Fuente al frente de la cancillería”) y el Departamento de Estado; entre las secretarías de Defensa Nacional y de Marina con el Comando Sur.
“Hasta ahora ha habido muy buena comunicación. Diálogo no quiere decir que estemos de acuerdo con todo. No es un asunto de ser omisos. Frente a una declaración de Trump (sobre hacer más con México), se requiere más comunicación.
“Si Estados Unidos afirma que en México hay que hacer más, también en México se considera que ellos deben hacer más. Si bien recientemente ha habido incautación de armas en Estados Unidos, creemos que ellos deberían de hacer más en este tema. Es claro que México hay que hacer más pero también del otro lado, en perseguir a quienes distribuyen la droga en su territorio o bien sancionar el lavado de dinero en Estados Unidos. México hace su parte pero que pasa en Estados Unidos cuando entra allá, cómo se distribuye, cómo se vende, cómo se lava el dinero allá”, dijo.
Cuestionó la postura de los partidos políticos de oposición aquí en México, frente a la intervención de Estados Unidos en Venezuela, “porque pueden estar en contra del gobierno de México pero no pueden estar de acuerdo con esta intervención que además no lleva a nada”.
“Para aquellos que están buscando una intervención en México “que vean Venezuela. ¿Qué pasó con la oposición de Venezuela? ¿Qué hizo Estados Unidos con la oposición de Venezuela? Sin opinar, la hizo a un lado.”
“En México no necesitamos a nadie del exterior. Es buenísimo que haya relaciones internacionales, que venga inversión extranjera, que haya colaboración con muchos países del mundo pero de ahí al injerencismo. Hay una distancia, agregó.
Redacción
El insólito e inopinado ataque militar de la madrugada del sábado ordenado por Donald Trump en contra de Venezuela y el secuestro del Presidente Nicolás Maduro, puso en jaque a los diarios de la Ciudad de México, quienes por la hora de la incursión militar (2:00), la mayoría de los periódicos habían cerrado edición.
Sin embargo, La Jornada fue el único periódico que el mismo sábado publicó en portada la agresión con la frase: “Ataque sobre Caracas” acompañada de dos imágenes donde se levantan columnas de humo producto de bombardeos. En notas secundarias se agrega: “Culpa Venezuela al gobierno de Trump de la gravísima agresión militar”; “Bombardeos en la capital y los estados de Miranda, La Guaira y Aragua”.
Junto a las frases, se publica una foto donde aparece el mandatario Maduro saludando al chino Qiu Xiaoqi, representante para América Latina y el Caribe, reunidos horas antes. El resto de la información, se refiere a lo ocurrido durante los bombardeos y el contenido de un comunicado del gobierno donde se condena el ataque. Se asegura que el objetivo de la incursión militar es, “los recursos estratégicos de Venezuela” y se convoca a la resistencia. Todavía se desconocía el destino del mandatario Maduro. En esta ocasión La Jornada les ganó una partida importante al resto de la prensa escrita capitalina.
El sábado 3 Reforma publicó como cabeza principal en portada: “Ejerce como jueza ex abogada de Mayito” y como nota secundaria las secuelas del sismo del viernes. El Universal, “Remesas, en caída libre, y se estrena impuesto de Trump” y como nota secundaria: “Crece en América Latina la amenaza de narcodrones”. Excélsior difundió: 2026 sorprende con sismo y 1,071 réplicas.
En Milenio, el principal titular consigno: “Unas 500 casas dañadas y dos muertos por el sismo”. Su segunda nota en importancia decía: “México, líder productor de droga sintética: estudio global”. El Heraldo de México tituló: “Lleva las mañaneras a los Estados”, refiriéndose al anuncio de Sheinbaum de que los jueves y viernes próximos realizará sus conferencias en los estados del país.
El Sol de México, informó: “Impulsarán jueces sin rostro contra el crimen; “arranca el año con sismo y susto”. La Razón: “Sismo de 6.5 deja 2 muertos, más de 360 casas dañadas, miedo y confusión”.
Al siguiente día, el domingo 4 de enero, los diarios con sus respectivas líneas editoriales consignaron en sus portadas, la intervención armada; el traslado de Nicolás Maduro a Estados Unidos y la postura de rechazo de la Presidenta Claudia Sheinbaum.
La Jornada tituló: “Trump al mundo: dominamos Occidente”. En el lado izquierdo de la portada aparece un Trump sonriendo y del derecho a Maduro ya como prisionero. “Advertencia a cualquier amenaza a la soberanía estadunidense”. “Gobernará Venezuela hasta lograr una “transición segura”; descarta a Machado: “no cuenta con apoyo”. En notas secundarias se cabecea: Delcy Rodríguez: el líder chavista, único presidente” y “Sheinbaum condena la intervención armada. Además, se incluye el mensaje que el expresidente Andrés Manuel López Obrador envió a Trump titulado: “Grave error histórico de EU: AMLO”.
El Universal, tituló: “Trump ´se hace cargo´ de Venezuela con una foto a media plana difundida por Donald Trump donde Maduro aparece detenido con los ojos cubiertos y con auriculares. Como notas secundarias: “Operativo contra el régimen divide a la comunidad internacional”; “EU lanza advertencias a México, Cuba y Colombia” y “López Obrador reaparece y condena tiranía; le llueven críticas”.
Excélsior, cabeceó: “EU regirá Venezuela: Maduro, “terrorista”. Acompañada de una enorme foto con Maduro prisionero. Mientras que Reforma informó: “Va Trump por petróleo”, con foto del estadunidense satisfecho y un Maduro custodiado por policías gringos. Como notas secundarias: “Y amaga a México, Colombia y Cuba” y “Coordinó narcovuelos Maduro desde México: EU”.
La Crónica, tituló: “EU invade y toma control de Venezuela; México condena acción”. Ilustra con pequeñas fotos de Sheinbaum y de Trump junto a una enorme foto de Maduro, esposado. El Heraldo de México, cabeceó: “Derroca a Maduro Asume EU control de Venezuela” con foto del venezolano a toda la plana. Lo mismo ilustró El Sol de México con la frase: “Cae Maduro”.
Este lunes, la agresión estadunidense siguió siendo la nota principal de los diarios capitalinos. La Jornada detalló en portada: “Venezuela quiere la paz; Trump, acceso total a su petróleo”. En un balazo de la principal se agrega: “Merecemos el diálogo, no la guerra: Delcy Rodríguez”. Como secundaria, este diario incluye la declaración de la Presidenta Sheinbaum: “Ya sabe EU que no es opción intervenir aquí”. Otras cabezas secundarias indican: “Movilizaciones demandan la liberación de Nicolás Maduro”. “Homenaje en Caracas y 2 días de duelo en Cuba por 32 combatientes de la isla abatidos en el secuestro del mandatario”.
Milenio informa en portada: “Plana mayor de AL y España: no al ‘control’ de EU en Venezuela”. Reforma: Rubio: vigilará EU cambio venezolano” y como secundaria: Pide Delcy diálogo a Trump”.
El Universal: “Oposición venezolana rechaza plan de Trump”. Y como secundaria: “Sheinbaum descarta intervención militar de EU”. Excélsior: “EU exige acceso total a Venezuela”. El Financiero: “Exige Trump a Delcy Rodríguez colaborar con Estados Unidos. El Economista: “Venezuela días decisivos”. El Heraldo de México: “Rechazan control sobre Venezuela, seis países”. El Sol de México: “La presidenta interina pide cooperación a EU”.
Redacción
Gabriel Sosa Plata*
El pasado 4 de enero, una publicación viral en X aseguró que el regulador de las telecomunicaciones en Venezuela, la CONATEL, había ordenado la suspensión “temporal” de las señales abiertas de Globovisión, Televen y Venevisión en la región capital, por lo que exhortaba a la población a informarse únicamente por “canales oficiales”.
Este episodio es un ejemplo de cómo se han presentado innumerables casos de desinformación tras la captura del presidente Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, con el objetivo de detonar más enojo, confusión, sospecha y, claro, miles de interacciones.
El 3 de enero, WIRED documentó contenidos engañosos en X, TikTok e Instagram, como imágenes generadas con inteligencia artificial, videos antiguos de otros conflictos presentados como actuales y clips sin contexto amplificados por cuentas con alta visibilidad. El medio subrayó que las plataformas han reaccionado tarde y de manera insuficiente (aquí el reporte de Wired: https://www.wired.com/story/disinformation-floods-social-media-after-nicolas-maduros-capture).
A su vez, los verificadores comenzaron a desmontar decenas de piezas falsas.
El 4 de enero, Newtral documentó otros casos paradigmáticos: un video atribuido a Diosdado Cabello, ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, supuestamente “huyendo”, así como grabaciones presentadas como celebraciones en Caracas que habían sido filmadas en realidad en Santiago de Chile (aquí la nota: https://www.newtral.es/bulos-captura-maduro-ataques-venezuela/20260104/). El Sabueso, de Animal Político, también precisó que dicho funcionario y Vladimir Padrino, ministro del Poder Popular para la Defensa de Venezuela, no fallecieron durante los ataques estadounidenses (aquí el desmentido: https://animalpolitico.com/verificacion-de-hechos/desinformacion/falso-diosdado-vladimir-fallecen).
Maldita.es sumó más ejemplos de imágenes falsas y material reciclado difundido como “prueba” de hechos no verificados (https://maldita.es/malditobulo/).
Como ya es costumbre, la desinformación fue ganando espacio público, desplazó información comprobable y ha empujado narrativas emocionales, de confrontación, justo cuando más claridad e información de calidad se necesita.
A este fenómeno se suma otro factor: carecemos de evidencia visual clara, verificable y contextualizada sobre los hechos centrales que alimentaron la narrativa pública, en particular sobre los ataques que se vivieron en Caracas.
Ese vacío informativo potencia la desinformación y deja el terreno libre para rumores, contenidos sintéticos y material fuera de contexto.
El problema se agrava cuando estos contenidos saltan de cuentas anónimas a perfiles con prestigio periodístico o académico. En ese tránsito, el bulo adquiere estatus de “probable” y se impone la irresponsabilidad. Revertir esto ante los intereses políticos y económicos que están en juego es una tarea titánica y más aún cuando los dueños de las poderosas tecnológicas están alineadas a la política expansionista de Trump.
Control del relato, control del poder
Otra vertiente a considerar en el ámbito periodístico es qué ocurrirá con los medios de comunicación venezolanos afines al gobierno de Maduro en los próximos días, semanas y meses.
Trump afirmó que Estados Unidos “dirigirá” Venezuela durante cierto tiempo, lo que implica algo más que decisiones políticas o militares. Implica conducir el marco interpretativo, ordenar la narrativa.
En ese escenario, los medios tanto públicos como comerciales, presumiblemente enfrentarán presiones para alinearse, ya sea por supervivencia económica, incentivos regulatorios o control de fuentes.
Trump y su gobierno saben que el control mediático y, en lo posible, de las fuentes visibles en redes puede reducir el costo político del dominio material; saben también que el colonialismo contemporáneo no se despliega sólo con tropas o sanciones, sino con arquitectura informativa, con aparatos ideológicos al servicio del poder
¿Y TeleSUR?
En este tablero, el futuro de TeleSUR es una incógnita. Fundada en 2005 como un proyecto multiestatal impulsado por Hugo Chávez, TeleSUR ha sido financiada principalmente por el Estado venezolano, con aportaciones variables (económicas, técnicas o institucionales) de países aliados como Cuba, Nicaragua y Bolivia. Otros países, como Argentina, se retiraron formalmente del proyecto en 2016 por desacuerdos editoriales y financieros.
Aunque se presenta como una red internacional, Venezuela ha sido su principal sostén financiero y político, lo que ha marcado su línea editorial.
Hoy, su cobertura, centrada en la denuncia de una violación a la soberanía y en el rechazo a la intervención estadounidense, es coherente con ese ADN y ha sido, pese a las críticas, una opción indispensable de información para las audiencias de Venezuela y de todo el mundo.
Sin embargo, si el objetivo de Washington es no sólo incidir en la transición política, sino reordenar el ecosistema comunicacional y asegurar el control de recursos estratégicos como la energía, TeleSUR enfrenta un escenario incierto. Y esto es preocupante porque se trata de un proyecto comunicacional fundamental.
Así, en Venezuela, la disputa por el poder corre en paralelo a una disputa por el relato, en la disputa por las pantallas. Y en esa guerra, la labor informativa de medios responsables, creadores de contenidos éticos y audiencias, en ese país y el mundo, es cada vez más importante para evitar que la deliberación pública sea completamente secuestrada por los intereses afines a quienes hoy celebran con bombo y platillo la nueva era del imperialismo, la invasión de países y el secuestro de sus recursos naturales.
*Profesor e investigador de la UAM-Xochimilco y periodista. Defensor de audiencias. Conduce el programa Media 20.1 en TV UNAM.
Luego de difundirse la incursión militar estadunidense en Venezuela y el secuestro del Presidente Nicolás Maduro, la mandataria Claudia Sheinbaum condenó la orden de su homólogo Donald Trump y defendió los principios de la Doctrina Estrada.
“Nosotros defendemos la doctrina Estrada y lo que representa la política exterior de nuestro país que está establecida en la Constitución, que está en contra de las intervenciones y a favor de la solución pacífica de cualquier conflicto”, precisó.
Acerca del bombardeo en ciudades venezolanas, Sheinbaum citó la Carta de las Naciones Unidas, donde se establece la no intervención militar en contra de países y que las controversias internacionales, se resolverse por la vía multilateral. “Por eso condenamos esta intervención en Venezuela y vamos a estar atentos a los acontecimientos”, adelantó.
Sobre la advertencia de Trump de que Estados Unidos “debe hacer algo con México” -con relación al tráfico de drogas y sus acusaciones de que el país “es gobernado por cárteles”-, la Presidenta reiteró lo dicho en otras ocasiones de que existe una relación de cooperación con Washington: “Él ha declarado varias veces esto. Sin embargo, tenemos una muy buena relación en términos de la seguridad y otros temas con Estados Unidos. Hay comunicación, hay un entendimiento en temas de seguridad” “Colaboración, coordinación pero no subordinación”, insistió.
Acerca del comentario de Trump de que Estados Unidos administrará Venezuela, la mandataria dijo que el tema será revisado con su equipo y la Cancillería. Comentó que se tiene contacto con otros países y que en las próximas horas o días se dará a conocer un posicionamiento.
En tanto, gobernadores y gobernadoras de la 4T respaldaron la respuesta de Sheinbaum al secuestro de Maduro y la agresión militar: “convencidos de que todo conflicto debe resolverse por la vía del derecho y mediante los organismos internacionales”.
El posicionamiento fue suscrito por los 23 mandatarios estatales y la jefa de gobierno de la Ciudad de México. Reconocieron la coordinación permanente y eficaz, con el gabinete de seguridad del gobierno federal.
Los mandatarios estatales reconocieron el liderazgo de la mandataria, quien “ha encabezado con responsabilidad, visión de Estado y compromiso social” y la aplicación de la estrategia nacional de seguridad. Esa conducción ha comenzado a generar resultados claros y verificables, como la reducción del 37 por ciento en el promedio diario de homicidios dolosos, así como una importante, disminución en delitos de alto impacto.”
Firmaron el pronunciamiento, los gobernadores de Baja California, Baja California Sur, Campeche, Chiapas, Colima, Estado de México, Guerrero, Hidalgo, Michoacán, Morelos, Nayarit, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo y San Luis Potosí, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tabasco, Tamaulipas, Tlaxcala, Veracruz, Yucatán, Zacatecas y la Jefatura de Gobierno.
En tanto, los grupos parlamentarios de Morena, el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde (PVEM) en el Senado, condenaron la agresión militar ordenada por Trump, y dieron su respaldo “absoluto” a la política exterior del Estado mexicano, conducida por Sheinbaum Pardo.
De acuerdo con los legisladores, los principios de la política exterior de México “han permitido que México sea un actor político respetado y confiable en el escenario internacional por nuestro compromiso con la paz y la estabilidad regional”.
Dijeron que la mandataria Sheinbaum ha demostrado con temple, inteligencia y liderazgo, que está a la altura de los tiempos que está viviendo el mundo.
Por separado, el Partido Acción Nacional pidió una “transición pacífica a la democracia” en el país sudamericano, pero no condenó el secuestro ni el ataque militar en territorio venezolano.
“El PAN expresa su más firme condena al régimen que ha oprimido sistemáticamente al pueblo venezolano y ha cancelado las libertades democráticas”, señaló el partido de derecha en un comunicado.
“Asimismo, exigimos la liberación inmediata de todas y todos los presos políticos, como condición indispensable para iniciar un proceso genuino de reconciliación nacional y restitución del Estado de derecho”, se agregó en el texto.
Sin embargo, Jorge Álvarez Maynez, presidente de Movimiento Ciudadano, en su cuenta de X escribió: “Las guerras no democratizan. Las guerras no pacifican. América Latina debe reivindicar su derecho a la libre autodeterminación. Ese objetivo pasa también por sacudirse a los regímenes autoritarios y criminales que se han instaurado en la región. No hay soberanía sin democracia”.
Redacción
El gobierno de Estados Unidos, encabezado por el presidente Donald Trump, confirmó este lunes 29 de diciembre a través de una rueda de prensa, el primer bombardeo terrestre a Venezuela.
El ataque se habría llevado a cabo en contra de una instalación portuaria, en el marco de la campaña estadounidense en contra del narcotráfico. El presidente estadounidense dijo que el bombardeo “destruyó un área utilizada para cargar embarcaciones con drogas”. Este bombardeo se produce tras el reciente refuerzo de la presencia militar estadounidense en el Caribe y frente a las costas de Venezuela para eliminar embarcaciones que supuestamente trasladaban drogas en la región y un bloqueo para interrumpir las exportaciones de petróleo venezolano.
Gustavo Petro, presidente de Colombia ya se ha pronunciado al respecto y afirmó que el objetivo del ataque fue una fábrica en Maracaibo, donde se procesaría pasta de coca para su exportación.
La operación, de la que aún se desconocen varios detalles, habría sido realizada a través de drones. De acuerdo a personas que presenciaron el ataque, no había personas dentro de las instalaciones del lugar en el momento que sucedió el impacto, por lo que no hay víctimas mortales.
La acción, que podría ser el primer ataque terrestre confirmado por parte de Estados Unidos en Venezuela, ha generado rechazo y alarma a nivel internacional. Organizaciones de derechos humanos y expertos en derecho internacional han expresado preocupación por lo que podría pasar en el futuro.
Por el momento, las autoridades venezolanas no han emitido una confirmación oficial sobre los hechos descritos por Trump.
Hania Guerrero
La Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) de Venezuela informó este lunes que destruyó ocho aeronaves en el estado Amazonas (sur, fronterizo con Brasil y Colombia), presuntamente vinculadas al narcotráfico y señaladas de incumplir con leyes del espacio aéreo local.
El comandante estratégico operacional de la FANB, Domingo Hernández Lárez, detalló que la operación se llevó a cabo en el municipio Alto Orinoco, en límites fronterizos con Brasil, donde también se hallaron cuatro campamentos que fueron destruidos.
Por otro lado, las autoridades venezolanas también informaron este lunes sobre la destrucción de una aeronave que presuntamente era empleada en actividades de narcotráfico, tras una operación realizada en el municipio Pedro Camejo, en el estado Apure, al oeste del país y próximo a la frontera con Colombia.
La Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) explicó, mediante un comunicado difundido en su cuenta de Instagram, que la acción formó parte de la Operación Escudo Bolivariano “Independencia 200”, precisó que el avión fue localizado mientras permanecía oculto en la zona.
Por su parte, el comandante estratégico operacional de la FANB, Domingo Hernández Lárez, detalló que la aeronave fue hallada cerca de un terraplén que funcionaba como una pista clandestina improvisada, señaló que no tenía matrícula visible ni permisos ni plan de vuelo, motivo por el cual fue catalogada como “hostil”.
Hernández Lárez destacó además que, con esta intervención, Venezuela alcanza un total de 422 aeronaves inutilizadas desde la entrada en vigor de la Ley de Control para la Defensa Integral del Espacio Aéreo en 2012.
“Con esta inutilización, Venezuela registra un acumulado de 422 aeronaves inutilizadas desde la promulgación de la Ley de Control para la Defensa Integral del Espacio Aéreo venezolano desde 2012, en la protección a la soberanía nacional, sumándose la cantidad de 31 aeronaves durante el año 2025”, afirmó.
Finalmente, las autoridades venezolanas reafirmaron su compromiso en el combate al tráfico de drogas, especialmente frente a las acusaciones de Estados Unidos, país que, en los últimos meses, ha realizado bombardeos contra supuestas “narcolanchas” en el mar Caribe y el océano Pacífico, e incluso ha llegado a amenazar con una posible invasión militar.
Abraham Pensamiento
La presidenta Claudia Sheinbaum recalcó que la postura de México frente al conflicto Venezuela-Estados Unidos es de no intervención y respeto a la soberanía de los países.
Durante la conferencia de prensa matutina en Palacio Nacional, se cuestionó a la mandataria si México participa en el frente de países por la paz mediante el cual se han manifestado Rusia, China, Colombia y Brasil, al considerar como un “error” un ataque de EU a la nación gobernada por Nicolás Maduro.
“Estamos en contacto (con esos países). Nuestra posición es, como lo he dicho en los últimos días, no a la intervención, y lo que pueda ayudar México, como lo ha hecho siempre, ahí vamos a estar, pero es una posición soberana basada en nuestra Constitución”, refrendó Sheinbaum.
Por separado, este viernes se informó que el presidente de EU, Donald Trump, dijo que mantiene sobre la mesa la posibilidad de una guerra con Venezuela, según una entrevista con NBC News.
“No lo descarto, no”, dijo Trump a la televisora. El mandatario estadunidense también adelantó que habrá incautaciones adicionales de petroleros cerca de aguas venezolanas. La semana pasada, EU incautó un tanquero sancionado frente a las costas de Venezuela.
Las declaraciones de Trump reafirmarían su postura sobre el uso de las fuerzas armadas sin autorización del Congreso de EU, y su desconfianza hacia los legisladores federales.
Redacción
La presidenta Claudia Sheinbaum cuestionó la acusación del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre un presunto robo de crudo por parte de Venezuela, por lo que aseguró que México mantendrá una postura de no intervención en los conflictos internacionales, al mismo tiempo que se opone a cualquier solución armada.
Respecto al tema de Cuba, luego de que la Casa Blanca llamó al gobierno mexicano a reconsiderar su apoyo a la isla, la mandataria reiteró que la posición de México es soberana y se basa en principios humanitarios.
“Un bloqueo es una acción muy compleja para los pueblos, quien sufre es el pueblo”, afirmó Sheinbaum durante la conferencia matutina, y defendió la postura histórica de México frente al embargo estadunidense contra Cuba.
La titular del Ejecutivo recordó que, a pesar de las diferencias con EU, la relación con Cuba ha sido constante a lo largo de las diferentes administraciones en el país.
Sheinbaum también se refirió a las recientes medidas del país vecino contra Venezuela, como el bloqueo a buques vinculados a su industria petrolera. La mandataria explicó que las restricciones sólo afectan a los barcos sancionados, y reafirmó el compromiso de México con la solución pacífica de los conflictos a través de la diplomacia y el diálogo.
Al ser cuestionada sobre las críticas de Trump a la política exterior de México, Sheinbaum insistió en que la postura del gobierno mexicano no se define por afinidades políticas, sino por principios constitucionales.
“Nosotros no estamos de acuerdo con intervenciones ni querencias”, subrayó la mandataria y dejó en claro que la política exterior de México es una cuestión de soberanía.
Igualmente, la jefa del Ejecutivo defendió el acuerdo de brigadas médicas con Cuba como parte de un enfoque humanitario, y negó que se trate de “trabajo forzado”, como sugirió la administración estadunidense.
Sheinbaum aseguró que México seguirá defendiendo su derecho a decidir su política exterior de manera independiente, sin que las presiones externas alteren sus principios; afirmó que México prioriza la paz y el bienestar de los pueblos.