Sheinbaum y Trump: una Jefa de Estado y el matón del barrio
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Sheinbaum y Trump: una Jefa de Estado y el matón del barrio

Ivonne Acuña Murillo*

El pasado 7 de marzo Donald Trump, Presidente de Estados Unidos, convocó a un grupo de mandatarios de Nuestra América para celebrar lo que él llamó la cumbre “Escudo de las Américas”. A esta reunión no asistieron los Presidentes de Brasil, Colombia y México, situación que fue aprovechada por medios y comunicadores de oposición para, en tono de burla, festejar que la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo no hubiera sido invitada, pasando por alto el origen de derecha y ultraderecha de los mandatarios asistentes.

A partir de lo dicho por Trump ese día y de la respuesta de la Presidenta Sheinbaum puede marcarse una diferencia clara entre lo que es ser una persona de Estado y un político que no alcanza tal categoría.

Para comprender mejor la diferencia entre una estadista y un político conviene hacer algunas anotaciones previas. El dramaturgo irlandés George Bernard Shaw, solía decir que el político está atento a las próximas elecciones y que un estadista lo está de las generaciones futuras. Esto es, que el rango de visión, proyección y planeación de un estadista es más amplio que el de un político más preocupado por los resultados de su gestión a corto plazo que por el futuro del país al que gobierna.

Cabe aclarar que todos los estadistas son políticos pero no todos los políticos son estadistas. Un/una estadista es un político(a) que conoce todas las partes que conforman al Estado, las facultades de cada uno de los poderes de la Nación, las leyes que los rigen, las posibilidades de relación entre éstos; la relación entre el poder político y el económico; la manera de acercarse a la ciudadanía y lograr su apoyo; la forma de equilibrar el ejercicio presupuestal para no beneficiar a unos más que a otros.

Quien alcanza la calidad de estadista actúa con prudencia y estrategia, a partir de un marco de valores que no cambia con los tiempos, que sabe gestionar y administrar los asuntos del Estado sin perder de vista las consecuencias de sus acciones.

A la capacidad prospectiva se suma una clara visión del futuro deseable, desprendimiento de las ambiciones personales en pos del bien común, una lectura adecuada del contexto para discernir en qué momento hay que actuar para lograr que las cosas “sucedan” con miras a lograr la prosperidad del pueblo al que considera, no como un beneficiario mudo sino como un sujeto político capaz de incidir en la gestión de gobierno.

Por supuesto, existen políticos que a pesar de no tener las características de un estadista son capaces de administrar de manera adecuada los asuntos públicos en función de objetivos precisos. Cierto también es que una persona con dimensión de estadista tiene que aplicar cierta dosis de pragmatismo al momento de tomar decisiones importantes. Como el espacio de esta colaboración no alcanza para exponer un tratado que permita comparar de manera exhaustiva las gestiones de la Presidenta Sheinbaum y el Presidente Trump y decidir quien cumple el rol de esta dista y quien de político se tomó la decisión de comparar algunas de sus declaraciones y, en algunos casos, el marco en el que fueron dichas.

Al inicio de este escrito se mencionó la cumbre “Escudo de las Américas”, convocada por Trump, donde anunció la formación de una nueva coalición militar con 17 países para erradicar a los cárteles del narcotráfico. Para empezar, la reunión no se realizó en instalaciones oficiales como la Casa Blanca, sino en el Trump National Doral Miami, el club de golf propiedad de Trump como si se tratara de una actividad privada y no de una reunión de Estado con mandatarios de la región. Al inicio del evento Trump aclaró a sus invitados que: “No voy a aprender su maldito idioma. No tengo tiempo. No tengo problema con los idiomas, pero no voy a dedicar tanto tiempo a aprender el suyo”, en referencia al español, idioma hablado por la mayoría de los presentes, para después afirmar:

“En este día histórico nos reunimos para anunciar una nueva coalición militar para erradicar los carteles criminales que azotan nuestra región. (…) Donde podamos, vamos a actuar con más dureza (…) La única forma de derrotar a estos enemigos es desatando el poder de nuestros ejércitos. Tenemos que usar nuestro ejército”.

Evidentemente lo que para él fue tan sólo un chiste, fue una agresión y una enorme des cortesía para sus invitados, quienes al parecer no se incomodaron lo suficiente, pero que en algunos medios de comunicación se ha considerado una falta de respeto diplomático hacia toda la región. Aquí es pertinente hacer la lista de los mandatarios latinoamericanos asistentes a la cumbre: de Argentina, Javier Milei; Bolivia, Rodrigo Paz; Costa Rica, Rodrigo Chavez; Re pública Dominicana, Luis Abinader; Ecuador, Daniel Noboa.

También, de El Salvador, Nayib Bukele; Guyana, Irfaan Ali; Honduras, Nasry ‘Tito’ Asfura; Panamá, José Raúl Mulino; Paraguay, Santiago Peña; Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar; y el presidente electo de Chile, el ultraderechista José Antonio Kast. Mandatarios que han sido calificado de “dóciles” (“Escudo de las Américas’: Trump reúne a su club de presidentes dóciles”, La BaseLatam 1×150”, YouTube, 10 de marzo) y que yo llamaría los perritos falderos del matón del barrio.

Trump convocó a los líderes de la derecha latinoamericana cuidando de dejar fuera de la cumbre a los mandatarios progresistas de México (Sheinbaum), Brasil (Luiz Inácio Lula da Silva) y Colombia (Gustavo Petro), pasando por alto que el primer y tercer país son asiento de los grandes cárteles que dice combatir y cuyos mandatarios deberían haber sido convocados para encarar conjuntamente el problema. Días más tarde, Trump dijo creer que sí se les invito pero que, al parecer, no fueron.

Esta cumbre se da en el contexto de lo que Trump ha denominado la “Doctrina Donroe”, una especie de actualización de la Doctrina Monroe que busca consolidar la hegemonía de Estados Unidos sobre la región latinoamericana. En este contexto, Trump insistió en que Cuba “está al final de la línea de supervivencia”, al tiempo que aprovechó para amenazar a México por ser el “epicentro del narcotráfico” y para presentar a la Presidenta como una hermosa mujer con hermosa voz, quien siente miedo de enfrentare a los cárteles de la droga.

Pero no le bastó con decirlo, se tomó la libertad de imitar la voz de la presidenta Sheinbaum al decir:

“Mira, todo llega por México y me gusta mucho la Presidenta, es muy buena persona, tiene una voz hermosa, es una mujer hermosa, pero la hermosa voz “presidente, presidente, presidente” (president, president, president). Yo le dije: ‘Permítame erradicar los cárteles’, ella dijo “No, no, por favor presidente” (No, no please president). Tenemos que erradicarlos, tenemos que acabar con ellos porque están empeorando, los cárteles se están apoderando de su país, los cárteles están controlan do México. No podemos permitir eso, está demasiado cerca de nosotros. Demasiado cerca de ustedes”.

Sin hacer alusión al tono burlón y misógino con que, según él, la Presidenta de México ha respondido a sus intentos de intervención en México, Sheinbaum respondió, días después y “con cabeza fría”, como suele decir:

“Qué bueno que el Presidente Trump dice públicamente que cuando nos ha propuesto que entre el ejército de Estados Unidos a México, hemos dicho que ¡no!, porque es la verdad. Hemos dicho que ¡no! Y, orgullosamente, seguimos diciendo que ¡no! Que colaboramos y cooperamos en inteligencia y en otras actividades relacionadas con la seguridad, pero que las operaciones en México las realizan las Fuerzas Armadas o la Secretaría de Seguridad, la Guardia Nacional o las policías estales y las fiscalías. Entonces en efecto hemos dicho que ¡no!”

La presidenta de México no acusó recibo ni de los falsos elogios, ni de la manera poco formal, burlona y misógina con la que el Presidente de Estados Unidos trató de imitar su voz en un tono pequeño, lastimero y timorato. Bien ha podido contestar un insulto con otro insulto, pero en esta ocasión y en otras, cuando Trump ha insistido con que la mandataria tiene miedo de tomar acción en contra de los cárteles, a pesar de los evidentes resultados en la materia, la mandataria ha dado respuestas contundentes sin subirse al rin ni ponerse los guantes como Trump esperaría, comportándose como una jefa de Estado y no como una persona particular involucrada en una reyerta.

Sin embargo, la presión de Trump continúa. El 13 de marzo, dijo que “la mandataria mexicana no debió rechazar la ayuda de Washington para acabar con los cárteles, y aseguró que por alguna razón ella no quiere hacerlo”.

Lo mismo ha hecho en temas como el apoyo a Cuba y la puesta en duda de su liderazgo al frente del gobierno de México. En el primer caso, la Presidenta afirmó que la decisión soberana de enviar petróleo a Cuba fue tomada por Petróleos Mexicanos (PEMEX), en función de convenios previos, evitando entrar en polémica en torno a su propia decisión de sus pender el suministro a la isla priorizando el interés y la seguridad de México ante las amenazas de Trump, asumiendo una posición estratégica con miras al largo plazo.

Las amenazas de Trump se dirigen a países que envíen petróleo a la isla, la Presidenta ha encontrado una vía alterna para seguir apoyando al pueblo cubano, haciendo hincapié en una larga tradición mexicana, con el envío de toneladas de alimentos y productos de primera necesidad.

En la “Mañanera del Pueblo” del 9 de febrero sostuvo que: “Sí, sí va a haber más apoyo. El pueblo de México siempre es solidario. Nadie puede ser omiso a la situación que está viviendo en este momento el pueblo de Cuba por las sanciones que se están imponiendo a cualquier país que envíe petróleo por parte de Estados Unidos, de una manera muy injusta (…) Vamos a ayudar al pueblo de Cuba como siempre se ha ayudado en cualquier momento a pueblos que lo necesitan”.

En lo que respecta al cuestionamiento sobre quién gobierna México hecho por Trump en días recientes, durante un acto de Pensiones del Bienestar en Santa María del Oro, Nayarit, realizado el 14 de marzo, la respuesta de la Presidenta Sheinbaum fue contundente: “Hay quien dice que: ‘En México, ¿quién sabe quién gobierna?’. No. ¡En México, gobierna el pueblo de México!, esa es la diferencia”.

Antes se gobernaba para unos cuantos y la Cuarta Transformación somos gobiernos del pueblo, por el pueblo y para el pueblo de México”. Al día siguiente en la inauguración del Centro Libre para las Mujeres en Ixtlán del Río, Nayarit, Sheinbaum se refirió nuevamente al tema: “En México gobierna el pueblo, pero también gobernamos las mujeres”.

Sobran ejemplos con los que es posible constatar los dichos informales, groseros y hasta grotescos del Presidente de Estados Unidos y las respuestas sensatas pero claras y directas de la Presidenta Sheinbaum.

Pero no se trata únicamente de calificar el tono de como las cosas se dicen, sino los contextos (la cumbre “Escudo de las Américas”), y la manera en la que se hacen evidentes una política de Estado y las ocurrencias de un mandatario que ha encontrado en el ejercicio del poder presidencial ocasión para desbordar su egolatría y megalomanía y hacer de su gestión un gran negocio familiar, como apunta el aumento de la riqueza del mismo Trump en el primer año de su segundo mandato, estimada en un rango de 2,900 y 4,500 millones de dólares dependiendo la fuente, y de su esposa e hijos a través, entre otras acciones, de la organización Trump que utiliza la marca “Presidente Trump” para la venta de diversos productos que llevan su nombre, imagen y sello presidencial y de la venta de criptomonedas, entre otros negocios.

Pero, si hablamos de presidentes con visión de Estado no puedo dejar fuera al ex presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), quien en dos ocasiones ha salido de su retiro para hacer declaraciones públicas. La primera vez en apoyo de Nicolás Maduro presidente constitucional de Venezuela, secuestrado por la administración Trump el 3 de enero de 2026; la segunda, el sábado 15 de marzo, donde AMLO se dirigió al pueblo de México para solicitar donativos a favor de las y los cubanos, depositando lo que cada quien pueda a una cuenta bancaria a nombre de la Asociación Civil Humanidad con América Latina.

El embajador de Cuba en México, Eugenio Martínez Enríquez, agradeció el gesto señalando que el pueblo cubano “se siente acompañado por los hermanos mexicanos”. Ante las críticas que esto suscitó entre integrantes de medios opositores a los gobiernos de la 4T, la Presidenta Sheinbaum defendió, durante la “Mañanera del Pueblo” del lunes 16 de marzo, la postura del ex presidente afirmando que ella misma haría una aportación. Cabe apuntar, que aunque haya quien asuma que el posicionamiento de AMLO en este momento de tensión entre México y Estados Unidos no ayuda a la Presidenta, se puede asumir que contrario a lo afirmado la postura de López Obrador refuerza el enérgico posicionamiento de Sheinbaum respecto del apoyo a Cuba.

Un argumento más que permite afirmar que Trump no es un estadista, sino un empresario metido a Presidente, se forma a partir de las medidas que desde el inicio de su segundo mandato ha tomado para obligar al resto del mundo a hacer su voluntad: la elevación de aranceles sin tomar en cuenta que algunos de estos perjudican directamente a sus propios conciudadanos quienes tienen que pagar el aumento en los precios de ciertos productos; su brutal embestida en contra de los migrantes hispanos que afecta la fuerza laboral integrada a empresas y familias estadounidenses, lo que además disminuye el consumo de esta parte de la población migrante en Estados Unidos.

Además, sus medidas económicas y las guerras que impulsa beneficiando de alguna manera a otras potencias como China y Rusia y no a Estados Unidos. Un verdadero estadista tendría que estar pensando en todo, en cómo sus decisiones afectan a su población y al crecimiento económico de su Nación. Y qué decir de su pretensión de hacer de Palestina un Trump Resort más después de expulsar a su población y masacrar a quienes no pudieron huir.

Por si no bastara, Trump el “comunicador”, que no el político, es capaz de invadir un país y secuestrar a su Presidente, Nicolás Maduro; declarar una guerra a Irán por ejemplo; amenazar a sus vecinos, México y Canadá, para desviar la conversación pública de temas como los expedientes Epstein y su enorme fortuna y para darse el gusto de ejercer el poder al que nunca debió tener acceso.

¿Cómo podría Trump ser un estadista sin causas ni principios sólidos, sin una visión de futuro, más allá de su slogan Make America Great Again que no tiene bases en la realidad de la vida estadounidense, sin respeto por sus iguales y que ante todos se comporta como el matón del barrio, aquel que amenaza, golpea, humilla, a amigos y enemigos por igual? Esto comienza a ocasionar res puestas de países como Alemania y la Unión Europea, que se niegan a apoyar a Trump en su guerra contra Irán.

Para ir cerrando, se puede decir que tomar a la política como ocupación no convierte en automático a la persona que lo hace, en un individuo político y muchos menos en estadista. A diferencia de Sheinbaum cuya trayectoria política es bien conocida, Trump no salió de la estructura de un partido político ni llegó a la presidencia después de ocupar importantes cargos públicos. Saltó directamente de la actividad empresarial a la política cargando en su maleta las habilidades de un comunicador eficaz y un negociador rudo acostumbrado a golpear primero, para ablandar a su oponente, y después salirse con la suya.

La presidenta Sheinbaum, por el contrario, llega a la política a raíz de su activismo estudiantil, inicio de una larga carrera en puestos de gobierno, y con una arraigada convicción ética en favor del pueblo y las causas justas, arropada por un movimiento social, el lopezobradorismo, y un partido político de izquierda, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).

No es una improvisada como Trump, ni toma para actuar lecciones de una experiencia ajena a la política. Tampoco utiliza su gestión gubernamental para enriquecerse. Los niveles de aprobación de uno, 41%, y otra, 75 %, son un indicador más de quien si tiene visión de Estado y quién no.

Finalmente, no hay en Trump prudencia, una estrategia clara, un marco de valores y principios inamovibles más allá del interés personal, no hay una gestión de los asuntos del Estado que beneficie al pueblo estadounidense y no sólo a las élites más ricas del país, como si los hay en la Presidenta Claudia Sheinbaum que resiste sus embates con el carácter de quien se asume como una estadista y no simplemente como una política que cede, sin chistar, a las presiones del matón del barrio.

*Doctora en Ciencia Social, maestra en Sociología Política y experta en temas de género.

8 de abril de 2026

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