México mantendrá los envíos de crudo a Cuba bajo un contrato comercial abierto vigente desde 2023, siempre que exista disponibilidad de producción, confirmó el director general de Pemex, Víctor Rodríguez Padilla. La decisión se mantiene pese a un contexto internacional adverso y ajustes en la política energética nacional.
Durante 2025, los envíos alcanzaron un valor de 496 millones de dólares. La cifra es marginal para Pemex. Representa menos del 1% de la producción total de crudo y apenas 0.1% de sus ventas. La petrolera aseguró que estas operaciones no han generado adeudos. Cuba ha cumplido puntualmente con todos los pagos y no existen facturas vencidas.
Pemex, sin embargo, prevé una reducción gradual de exportaciones a partir de marzo de 2026. La prioridad será el procesamiento interno del crudo. El objetivo es abastecer a las refinerías mexicanas. Esta medida impactará también a otros destinos, como Estados Unidos y Europa.
Desde el ámbito político, el gobierno federal defendió la continuidad del suministro a la isla. La presidenta Claudia Sheinbaum lo enmarcó como una acción de carácter humanitario. También recordó la tradición histórica de solidaridad de México con Cuba. Esto ocurre pese a las amenazas de aranceles anunciadas por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
En el plano internacional, Rusia confirmó que continuará suministrando petróleo a Cuba. El embajador ruso en La Habana señaló que su país ha mantenido envíos constantes en los últimos años. Aseguró que esta práctica seguirá. No obstante, reconoció el déficit energético que enfrenta la isla. También señaló la necesidad de diversificar proveedores tras la caída de los suministros venezolanos.
El escenario se agrava con la alerta de la Organización de las Naciones Unidas. El organismo advirtió sobre un posible colapso humanitario en Cuba. La causa principal es la escasez crítica de petróleo. La ONU alertó que la situación podría empeorar si no se cubren las necesidades energéticas básicas.
A la crisis se suman los daños por huracanes recientes y terremotos. También pesan los apagones prolongados y la interrupción de envíos desde Venezuela. Además, solo una parte de la ayuda humanitaria ha logrado movilizarse. La falta de combustible ha frenado el transporte, hospitales y sistemas de agua.
Gilberto Solorza





