José Reveles*
Como ocurrió con Rafael Caro Quintero hace más de cuatro décadas y después con Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, en enero de 2016, fue una mujer, pareja sentimental de Nemesio Oseguera Cervantes “El Mencho” el instrumento involuntario que utilizaron los servicios de inteligencia para localizar a este jefe del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) en una de las villas de lujo de Tapalpa, Jalisco, tal como lo describió el general secretario de la Defensa Nacional Ricardo Trevilla Trejo.
Caro Quintero fue atrapado en Costa Rica, a donde había huido en compañía de Sara Cosío tras la muerte del agente de la DEA Enrique “Kiki” Salazar Camarena, porque ella se comunicó con su familia en México para decir que estaba bien y en dónde se hallaba. “El Chapo” fue sorprendido en Los Mochis luego que se movió de su zona de confort cuando visitó a Lucero Guadalupe Sánchez, con quien tenía un hijo y ella solía visitar con falsa credencial para votar a visitar al capo cuando estaba preso en el penal del Altiplano, del que también huyó en 2015 al igual que en enero de 2001 lo había hecho de Puente Grande, en Jalisco.
El ejército mexicano ya sabía que el 20 de febrero pasado un chofer de todas las confianzas de “El Mencho” trasladó hasta Tapalpa a una mujer, la cual se retiró del lugar al día siguiente, pero los servicios de investigación y seguimiento del ejército se dieron cuenta de en cuál de las cabañas se quedó Oseguera Cervantes e irrumpieron en el lugar antes de que se dispusiera a desayunar.
Al huir hacia el monte, el capo fue protegido por sus sicarios y lugartenientes, quienes abrieron fuego contra las tropas que habían llegado al lugar a pie, en transportes terrestres y helicópteros, y se inició un fuego cruzado en el que perecieron unos 30 militares y otros tantos delincuentes. “El Mencho” y dos de sus hombres fueron heridos de bala y subidos a un helicóptero que los llevaría a un hospital, pero murieron durante el trayecto.
De esa manera fue eliminado el único capo de renombre y capacidad de aglutinar a un grupo delincuencial en su entorno y andar huyendo durante más de diez años de las autoridades de México y Estados Unidos. Los anteriores con los que se podría comparar su poder eran los sinaloenses Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera e Ismael “El Mayo” Zambada García, ambos ya en poder de las autoridades del vecino país del norte.
Nemesio Oseguera creó un imperio de tráfico de todo tipo de drogas que distribuía en los cinco continentes. La misma droga tiene un precio del doble en Canberra del que logra obtener en Europa y en los Estados Unidos, razón por la cual el CJNG es un grupo que se enriqueció exponencialmente enviando sustancias ilícitas hasta aquellos confines.
Expertos en el tema contabilizan a no menos de cien mil operadores, distribuidores, cobradores y lavadores de dinero en todos los continentes, que servían unos al Cártel de Sinaloa y la mayoría al Cártel Jalisco Nueva Generación.
También hay personeros mexicanos de estos grupos en Colombia, en donde ya han desplazado a los traficantes nativos en trabajos de siembra y cultivo de coca y en la elaboración de toneladas de cocaína que luego envían a Estados Unidos y a todo el mundo.
Tras la caída de “El Chapo” de “El Mayo” y ahora de “El Mencho”, traficantes mexicanos, y de Pablo Escobar y los hermanos Rodríguez Orejuela en Colombia, continúa siendo un misterio en dónde estaban escondidos y depositados los miles de millones de dólares o euros que pudieron haber acumulado durante toda una vida criminal y de negocios ilícitos. Ni los gobiernos de México, Estados Unidos o Colombia o alguno europeo logran saber, para incautar, el paradero de esas fortunas inconmensurables.
Sigue ocurriendo lo que se registró fehacientemente entre los años 2003 a 2007 cuando a través de casas de cambio mexicanas y en forma directa, el Cártel de Sinaloa logró depositar la fabulosa cantidad de 378 mil millones de dólares en un solo banco de Estados Unidos, el Wachovia Bank. El departamento del Tesoro del país vecino logró confirmar esos depósitos del narco mexicano en la citada institución bancaria, que hoy no existe, absorbida ya por Wells Fargo, pero hizo pagar al Wachovia la ridícula multa de 110 millones de dólares por semejante irregularidad de recibir y, por tanto lavar, esa monumental fortuna que equivalía en ese momento a un tercio del Producto Interno Bruto de México o en su caso a las ganancias de unos 10 años de todo el narcotráfico mexicano. Esa cifra, citada en un libro de mi autoría, también fue mencionada por el escritor italiano Roberto Saviano en su libro “Cero, Cero, Cero” y en entrevistas que dio a los medios diciendo que Sinaloa salvó a los bancos europeos y también a la economía italiana.
Si el fin último del trasiego nacional e internacional de todo tipo de drogas, incluyendo ahora al fentanilo, que tanto preocupa a Washington y que mata a más de 100 mil estadunidenses cada año por ser una droga sintética sumamente poderosa contra la salud de los adictos, se puede vaticinar que sus integrantes no dejarán morir al CJNG, porque es un negocio milmillonario en dólares. En todo caso, quienes quieran disputar el liderazgo que dejó Nemesio Oseguera Cervantes tendrán que hacerlo con violencia, eliminando a sus competidores que ahora son sus compañeros de negocios.
O también ocurrirá lo que ya sucedió con el cártel de los Beltrán Leyva, una vez que se escindieron de Sinaloa: que se atomicen y de ahí surjan varios grupos locales o regionales, dejando en el pasado a un CJNG monolítico, de una sola pieza y mando, como logró mantenerlo por más de dos lustros “El Mencho”, y entonces aparezcan por diversos rumbos de la geografía mexicana nuevas organizaciones, ya no de carácter nacional, que sigan peleando entre sí y que además hagan más difícil descabezarlas por parte de las autoridades.
*Periodista de investigación, escritor y especialista en derechos humanos y seguridad.





