La diatriba y el pusilánime “debate” deportivo en televisión y radio
Colaboradores, Deportes

La diatriba y el pusilánime “debate” deportivo en televisión y radio

(A propósito del Mundial del próximo junio 2026, publicamos en revista Zócalo: “La diatriba y el pusilánime “debate” deportivo en televisión y radio, en marzo de 2020)

Miguel Ángel Lara Hidalgo*

Alberto Salcedo Ramos escribió en The New York Times un estupendo artículo que título: “El infierno de los debates en la televisión deportiva”, donde describe con enorme desazón lo que es el infierno que para él “sería un sitio donde estuviera condenado a ver todos los programas de futbol ruidosos que abunda hoy en la televisión hispanoamericana”. Coincidir con el enfoque de Alberto es una prueba desgarradora de como los programas mañaneros, de mediodía y nocturnos se han convertido en una danza ignorante de conceptos y de un limitado enfoque periodístico. En efecto, en un mundo cada vez más reducido, híper competido e híper informado y donde el periodismo deportivo se ha reducido a casi cero, lo que impera es la opinión, por encima de la investigación, el análisis cualitativo y cuantitativo de las noticias que se generan a través del deporte y por supuesto el monopolio egocéntrico y feudal de los “protagonistas” de la televisión en torno a un fenómeno deportivo.

El deporte es un escenario de múltiples oportunidades no sólo para contar historias que trasnversalicen todos los fenómenos sociales, sino que por su naturaleza de incertidumbre y agonística es un elemento fundamental para contar al mundo a través de él. Los debates televisivos, lo reducen a resultados y a coyunturas narcisistas donde lo importante, es lo que opine una persona que como señala Santiago Segurola, hoy es un “publicista barato del deporte”, pues además de dejar por nada el hígado en un debate infinitamente mediocre, hoy somete al verdadero periodismo deportivo a una precariedad intelectual a la que casi nadie ha puesto atención. El debilitamiento de uso del lenguaje, la descontextualización y reduccionismo de esos debates, acotados además a violencias reales y simbólicas, son un vector para que las audiencias que consumen estos “contenidos” deportivos reduzcan día con día el entendimiento del deporte. Por qué además el futbol, es el que monopoliza este tipo de programas.

Nadie se ha preguntado porque el periodismo deportivo no ha construido, aunque esten las bases intelectuales y metodológicas para hacerlo, un conocimiento que, por estar arraigado en la realidad, ofrece criterios éticos y de discernimiento en la búsqueda colectiva de situacionesdignas. Un conocimiento construido con otras y otros, desde la honesta aceptación de la fragilidad y contingencia del ejercicio diario de la nota deportiva, tan importante como otras fuentes. Las causas podemos pensarlas desde el sentido común y preguntarnos, que “Obedecen a las fuerzas del mercado”. Que hay que vender espacios publicitarios, que esos debates hacen entender a la gente el deporte porque lo hablan (no lo ejercen) personas de “probidad profesional” y un gran etc.

Hace tiempo que el paradigma acuñado intelectualmente por Marshall McLuhan de “el Medio es el Mensaje” ha sido rebasado por la diatriba de las redes sociales. La investigadora mexicana Sylvia Gutiérrez y Vera, experta en temas de comunicación global y tecnología lo ha reconvertido y acuñó el término, “El mensaje soy yo”, refiriéndose a que hoy, cada uno de nosotros podemos mandar mensajes, diseñar audio, video, editar palabras, sin necesidad de un medio de comunicación porque la tecnología nos permite eso. Más aún, nos permite hacerlo en cualquier lugar y en cualquier momento.

Eso da para una reflexión: uno de los escenarios donde más conversación existe en redes sociales es el deporte, la construcción monolítica y arquetípica de ídolos, equipos, marcas y un gran etcétera, permite que hoy las personas desde su hígado o cerebro, celebren y construyan historias alrededor del deporte. Ya no necesitan de los periodistas deportivos que se “parten la cabeza” debatiendo infiernos sin sentido y escupiendo litros de saliva, que llenan el escenario de superfluos comentarios acompañados de egolatrías vacuas. La conversación ahora es de tú a tú, con el insulto de por medio, por supuesto. Pero es un debate cuyas fuerzas vectoriales se anulan unas a otras, porque de la televisión pasa a las redes sin que se tenga claro lo que se debate, ni el resultado, ni el contexto de un partido o cualquier otro hecho deportivo.

Otro elemento que acompaña a estos debates es la ausencia de mujeres o donde la sexualización de las mismas impera, para deleite de los machos deseosos de espetar sus “sagradas opiniones”, luego de que el lenguaje televisivo nos enseñe a la dama en cuestión, reducida a piernas y escote, y en donde un simple “gracias fulana” da lugar a vociferantes opiniones de la nada. Es decir, la conciencia de género no aparece ni quiera en el mapa institucional ni mucho menos estratégico de estos “grandes debates”. Volviendo al paradigma de McLuhan en este caso, el Medio sí es el mensaje ya que construye imaginarios que son el objeto del deseo de mucha gente. Sin embargo, el ambiente de un estudio de televisión, esa seductora atmósfera, aunque sea del canal más mediocre del mundo, es lo que hace que muchas mujeres también utilicen un limitado lenguaje y cierto ritmo y tono, que como una mala herencia oral no distingue entre hombres y mujeres para expresar “ideas” sobre el deporte.

 Lo que seduce no es el estudio, es el hecho de que muchas personas te estarán mirando y hay que aprovechar la ventana para decir cualquier clase de estupideces, las cuales hay que hacer que parezcan las grandes verdades del periodismo deportivo. Sobra decir que las escuelas de periodismo en México y otras partes de Latinoamérica, forman periodistas deportivos justamente bajo el modelo del debate televisivo, convirtiéndolo en un peligroso y oscuro objeto del deseo, pues forman chicas y chicos reducidos intelectual y profesionalmente que además son enviados a un mercado lleno de precariedad laboral, sin prestación alguna y humanamente reducidos a la nada.

Esas chicas y esos chicos se forman en un ambiente lleno de ira, desde la verticalidad que una redacción periodística supone. Los pocos que llegan lo hacen con el enojo que les dejo su paso por uno de los peores ambientes laborales y cuando hablan en los debates televisivos, la carga de violencia que traen es enorme. El resultado: la reducción de las ideas, la ausencia de conocimiento profundo, la ausencia de capacitación constante y un desconocimiento enorme de los contextos del deporte.

Por lo anterior, y especialmente porque en el mundo se vive en momento cargado de tensiones sociales y políticas, agravadas por altos índices de violencia –no sólo delictiva– nos sentimos obligados a construir puentes con caminos de ida y vuelta, que superen la esterilidad monológica de los debates deportivos y sienten las bases para la construcción compartida para tejer un periodismo deportivo que proponga, debata, investigue, considere a los datos como un modelo estratégico para generar noticias con irrefutable calidad y sobre todo a ejercer la profesión con ética, decisión y valentía.

Por suerte, los vacuos debates televisivos en torno al deporte, nos dejan muchas lecciones. Una de ellas es no sólo la esperanza de retomar el verdadero periodismo que construya historias que nos haga preguntarnos y analizar al mundo desde el deporte. La otra, cuando se hable de periodismo deportivo es situarnos desde adentro de la noticia, o bien desde el afuera con criterios que hagan una minería de procesos que podamos mostrar en cada historia deportiva, para que las audiencias híper informadas, puedan recuperar un preciado bien que ahora se ha perdido viendo cualquier deporte: La atención.

Jesús Galindo Cáceres en el libro “Ingeniería en Comunicación Social y Deporte”, dibuja una matriz situacional muy importante que ayuda a una configuración más creíble para el ejercicio del periodismo deportivo en México y Latinoamérica y por el lado de las audiencias, ser más críticos hacía los debates deportivos que pasan por televisión y radio, en ella este ingeniero social describe que la información es vertical y que la comunicación es horizontal. Los debates de los sportcasters, categoría asignada para lo que hablan desde la nada sobre deporte, son claro ejemplo del análisis de Galindo pues en ellos sólo encontramos información y de la información surgen los análisis, que rebotan en las audiencias como diapasón generando un vacío, que no beneficia a ninguna de las dos partes, pues la información deportiva se acota desde el caos de los opinadores, y se pierde desde el caos de las audiencias que debaten en redes, con y en contra de ellos.

Es necesario configurar el objeto problemático para entender lo anterior. Las fuerzas opinadores-audiencias viven en constante tensión, es decir la convivencia entre ambos vectores, cuyas opiniones sobreviven a múltiples violencias, construyen sistemas de información que se pierden en un sinsentido informativo. ¿Qué es lo que pasa? ¿Cuál es la propuesta? ¿Por qué tanta pelea contra sportcasters? ¿Vamos a tumbar el modelo de opinacionitis nada porque sí? Respuesta contundente: ¡No! ¿Entonces? Necesario entender que desde el paradigma de el “Mensaje soy yo”, es imperante un modelo de intervención periodística que no quede a merced del mercado, sino a merced de audiencias que compartan las posibilidades de construir nuevos modelos de comunicación deportiva, cuya arborescencia sea esencial en el desarrollo de una nueva comunidad que vea en el deporte no sólo información, sino cambios sociales.

El modelo operativo

Por ello y buscando un modelo operativo que busque audiencias más críticas e inteligentes que no sólo consuma historias deportivas, sino que las configure. Consideramos tres puntos para ello: la acción, la interacción y la enacción. La acción para desarrollar un periodismo deportivo efectivo, se concentra la sistematización de ideas periodísticas que puedan intervenir en las audiencias, es decir, la acción es un espacio donde una sistematización de lo posible y de lo hecho en el deporte construirá un mejor escenario de acción, diagnosticando el problema, ejerciéndolo y aplicándolo para un resultado concreto.

En cuanto a la interacción del periodismo deportivo, es aquella que entienda que el mundo no es sólo resultados y problemas de jugadores, atletas, directivos y entrenadores, sino que configure modelos periodísticos que interactúen con otros contextos de la sociedad, es decir que trasnversalicen el deporte y que no lo aíslen de lo que pasa en el mundo. Insistimos que hoy la misma tecnología ayuda a contar historias de calidad donde el periodista pueda usar diversas herramientas que le ayuden a contar más y mejores historias deportivas. Por último, la enacción es el cambio no previsto en los fenómenos particulares, pero si previsto en lo general porque para ello se trabajaron condiciones que la posibilitan. El deporte y su construcción periodística posee características que posibilitan condiciones de análisis general y en lo particular puede ser un sorprendente mundo para contar historias.

El periodismo deportivo es una actividad prioritaria para muchas personas en el mundo, el agón, la mimicry, el azar, tres aspectos fundamentales de la configuración de cualquier deporte son elementos con los cuales se puede jugar. Muchas industrias construyen hoy día el deporte-espectáculo, el vértigo convertido en un negocio de millones de dólares, intereses mediáticos que obedecen al capital más que a la información, periodistas que hoy son vilipendiados por los presidentes de los equipos, precarización de la actividad. Todo eso supone hoy en día la justificación de los opinadores deportivos con aires de grandeza. La paradoja es que ni su obediencia a los sistemas de información capitalista ni su ineptitud para construir audiencias críticas, harán posible que las bases periodísticas en el deporte desaparezcan. No estoy hablando de una cruzada que hiperventile mi ilusión por acabar con este tipo de programas, lo dije líneas arriba esto no se va a terminar. Sin embargo, las mismas audiencias y los mismos periodistas que sí quieren hacer del deporte, una configuración no sólo más intelectual, sino más crítica, no necesitan fagocitarse con esos programas, sino que necesitan hacer periodismo deportivo.

*Profesor investigador en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México. Fundador de la Red de Investigadores sobre Deporte, Cultura Física, Ocio y Recreación.

11 de abril de 2026

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